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    LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

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    alelucerina
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    capitulo 29

    Mensaje  alelucerina el Lun Ago 05, 2013 12:21 am

    CAPITULO 29
    Posiblemente fuera el estrés y las noches en vela lo que le habían provocado aquel retraso en su ciclo menstrual. Llevaba una semana de retraso. Pero cuanto más pensaba y se preocupada por la posibilidad de estar embarazada más fácil le parecía.
    Aquella misma noche, al entrar en el edificio de la Mijares International, Lucero vio a Manuel por primera vez en el plazo de casi tres semanas. Alto, moreno, bien vestido, se dirigía al ascensor con otros tres hombres. El susto la obligó a dejar de respirar. Se detuvo de pronto, involuntariamente, y comenzó a sudar.
    -¿Qué tal estás, Lucero? -inquirió él con la mayor naturalidad.
    Lucero parpadeó con la mirada fija en el suelo y levantó el rostro lentamente. Su enormes e incrédulos ojos se centraron en Manuel, parado junto a ella, mientras el corazón le latía como un loco. Unos ojos negros la miraban insondables.
    -Parece como si acabaras de ver un fantasma - continuó Manuel en un murmullo.
    Lucero observó que los tres ejecutivos esperaban a Manuel sujetándole la puerta del ascensor, atentos a la escena. Aquello la hizo reaccionar.
    -¡Vete, por el amor de Dios! ¡Se supone que no me conoces!
    -¡Da igual lo que haga, todo te parece mal! ¿Por qué tendrán que ser las mujeres tan irracionales?
    -¿Y por qué serán los hombres tan increíblemente estúpidos? -respiró Lucero apresurándose a pasar por su lado con la cabeza gacha.
    Antes de escapar, no obstante, Lucero notó que había cerca otras mujeres de la limpieza. Y todas la miraban. Entonces sintió que se hundía.
    Cuando más tarde bajó a disfrutar de su descanso habitual se sintió muy incómoda. Nada más llegar ella se produjo un silencio, y hubo miradas y murmullos cuando se marchó. ¿Pero qué otra reacción hubiera podido esperar de sus compañeras de trabajo? Gabriela la siguió hasta el ascensor.
    -¿Podemos hablar tú y yo? -Lu asintió-. Lucero, las chicas han estado atando cabos y han llegado a ciertas conclusiones antes incluso de que comenzaras hoy a trabajar. Todo el mundo sabe que cambiamos de planta aquella noche y que desapareciste una semana.
    -Pues no creí que le interesara a nadie.
    -Por lo general no, pero algunas chicas habían comentado precisamente cómo te parecías a la rubia que salió en los periódicos con el señor Mijares. No es que nadie sospechara, pero hoy... esa forma de detenerse del señor Mijares y de acercarse a ti... es tan sospechosa...
    -Yo haré que dejen de murmurar.
    -Hace un par de semanas el señor Mijares pasó por mi lado y me saludó. ¡Me llamó por mi nombre! Fue la primera vez en la vida. Algo ha cambiado, de alguna forma. Antes hubiera jurado que ni siquiera sabía cómo me llamaba, te aseguro que siempre he pensado que ni siquiera me veía -suspiró-. No tengo tiempo para los rumores, Lucero. Eres tú quien me preocupa...
    -Yo estoy bien... estoy más triste, y soy más madura -le confió Lucero mientras el ascensor de servicio llegaba a su planta.
    -Me gustaría poder ayudarte... -añadió Gabriela con una mueca.
    -Ya no soy una niña, Gabi.
    Una sola noche podía cambiar el curso de una vida. Su madre había sido una madre soltera, y nadie mejor que ella sabía lo difícil que era criar a un hijo en esas condiciones. Pero probablemente estuviera siendo demasiado pesimista. Lucero decidió comprar un test del embarazo y hacérselo al día siguiente. Sería más rápido que esperar a la cita del ginecólogo.
    Estaba saliendo de uno de los ascensores de la octava planta cuando se abrió otro en la zona de recepción. Volvió la cabeza esperando ver al guardia de seguridad y se quedó helada. Manuel Mijares caminaba a grandes pasos hacia ella.
    Lucero se dio la vuelta y comenzó a abrillantar el suelo con el aparato eléctrico, decidida a seguir con su trabajo.
    La máquina se puso en marcha pero de pronto se paró, como sin fuerzas. Lucero se volvió. Manuel la había desenchufado y la miraba con ojos desafiantes.
    -Deja de huir de mí.
    -No sé de qué estás hablando -tartamudeó ella, poco preparada para un ataque como aquél.
    -Sí, lo sabes muy bien. Estás tratando de esconderte tras el hecho de que trabajas para mí, pero es demasiado tarde -continuó él con una fría ironía.
    -Yo sólo quiero que me dejes en paz.
    -Cada vez que me miras tus ojos me dicen lo contrario -respondió él sosteniendo su mirada tranquilo y alcanzando la mano de Lucero antes de que ella pudiera darse cuenta de cuáles eran sus intenciones -. Tienes el pulso acelerado. Estás temblando...
    -¡De ira! -respondió ella soltándose y dándole la espalda-. Sé lo que quiero en la vida y, créeme, tú no estás incluido en el lote.
    -¿Y qué hay en ese lote?
    -¿De verdad quieres saberlo?
    -Sí, de verdad quiero saberlo.
    -Muy bien. Pues quiero comprar una librería. Ésa es la razón por la que tengo dos trabajos. Llevo mucho tiempo ahorrando y pronto pediré un crédito.
    -Te lo doy yo ahora mismo, con contrato legal -se ofreció Manuel.
    Lucero dio un grito de frustración, entró en la oficina más cercana y vació la papelera.
    -¿Es que no lo entiendes? -preguntó saliendo de nuevo-. No quiero ningún favor, no necesito ninguna ayuda.
    -Pero estás dejando que tu trabajo aquí sea una barrera entre nosotros dos.
    -Manuel... serías incapaz de reconocer que una sólida muralla de ladrillo es una barrera.
    -No debería de haberte pedido que fueras mi amante -murmuró Manuel.
    Lucero estuvo tentada de mirarlo a los ojos. La tensión de su cuerpo se desvaneció ligeramente.
    -No...
    -Era demasiado pronto -añadió Manuel.
    -¡De verdad que eres lento a la hora de comprender!
    Un brillo divertido cruzó los ojos negros asombrados de Manuel.
    - Te he echado de menos.
    Aquella sonrisa era como el calor del sol. Lucero apartó los ojos de él como si se quemara.
    -Así que estás aburrido de tanto servilismo y necesitas algo nuevo. ¿Se te ha ocurrido alguna vez llamar a una agencia matrimonial?
    -Pronto terminarás tu trabajo aquí. Déjame que te lleve a cenar a algún sitio.
    Lucero lo observó, apoyado contra la puerta, como un depredador que se hubiera tomado un rato de descanso. Manuel era capaz de hacer surgir en ella el hambre y la pasión más poderosas. Lucero recordó todas las noches pasadas en vela, tratando de olvidarlo a él y odiándose a sí misma por su debilidad. Y sin embargo ahí estaba de nuevo esa excitación, ese anhelo doloroso que iba mucho más allá del mero deseo físico...
    -Lucero... -comenzó a decir él en voz baja.
    -Cuando termino mi trabajo me voy a la cama, Manuel -contestó ella escueta, agachándose para seguir abrillantando el suelo.
    -Bien, entonces nos saltamos la cena.
    Lucero se enfadó ante aquella sugerencia y se enderezó de pronto. Pero lo repentino del movimiento le produjo un mareo. La vista se le nubló, se sentía incapaz de enfocar las cosas correctamente. De pronto sintió que se caía, que caía en la oscuridad, que le fallaban las piernas.
    Más tarde Lucero comenzó a recuperar poco a poco la conciencia, pero seguía mareada y sentía náuseas. Abrió los ojos lentamente. Manuel estaba muy cerca de ella. Estaban en el ascensor, y él la llevaba en brazos, comprendió finalmente sintiéndose aún más confusa.
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  diana lucerina el Miér Ago 07, 2013 5:21 pm

    siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa me encata Very Happy

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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  Leysdania el Jue Ago 08, 2013 1:26 am

    continúale ... muy rara pero bella wn

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    capitulo 30

    Mensaje  alelucerina el Sáb Ago 10, 2013 10:12 pm

    CAPITULO 30
    -Manuel...
    -¿Sí? -preguntó él sin disimular su agresividad, agarrándola con brazos firmes contra su pecho.
    -¿Qué ha ocurrido?
    -Te has desmayado.
    -Yo nunca me desmayo... -aseguró ella luchando por recobrar el sentido.
    -Ya has tenido bastante con esa abrillantadora, es evidente que eso no es para ti.
    -¡Manuel... suéltame!
    -Si te suelto te volverás a caer. Tienes un aspecto horrible, pero no es sorprendente, ¿no te parece? -continuó Manuel en tono acusador-. Trabajas seis días a la semana en la librería, y te pasas más de la mitad del tiempo sola, arreglándotelas sin nadie.
    -¿Y cómo sabes tú eso? -jadeó Lucero asombrada.
    -Me he molestado en enterarme -contestó él con un brillo en los ojos-. Tu otro jefe se lo ha montado bien. Se pasa por la librería hacia mediodía y luego, a media tarde, se vuelve a casa. ¿Cómo esperas poder trabajar todo el día y después cinco noches a la semana en un trabajo físico agotador?
    -Soy joven y saludable -protestó Lucero mientras las puertas del ascensor se abrían -. ¿A dónde diablos me llevas?
    -A casa -contestó él dando gigantescos pasos y dirigiéndose por el vestíbulo hacia el exterior.
    Lucero hizo un esfuerzo y apartó la mirada de él para fijarse en los guardias de seguridad del área de recepción. Uno de ellos se apresuraba a abrirles las puertas mientras el otro observaba la escena tratando de no delatar su reacción.
    -¿Cómo crees que voy a poder seguir trabajando aquí después de esto? -inquirió Lucero.
    -Buenas noches, señor Mijares -dijo el guardia que les abrió la puerta.
    -Mm... sí, es una buena noche -contestó Manuel sin inmutarse.
    Lucero cerró los ojos y sintió el frío del aire nocturno quemarle las mejillas.
    -Si no me sintiera tan mal te estrangularía por esto, Manuel.
    Manuel la dejó en el asiento trasero de la limusina y se sentó a su lado sin ninguna muestra de arrepentimiento.
    -Tenemos que esperar, Demetrios está vaciando tu taquilla -advirtió él.
    Lucero comprendió lo que decía, pero no le dio importancia. La puerta del coche se cerró y el vehículo arrancó minutos más tarde. Sólo cuando logró calmarse y volver a la normalidad Lucero abrió los ojos. Manuel la observaba desde el otro rincón de la limusina con una sonrisa de satisfacción.
    -¡No me mires así!
    -¿Cómo te miro? -murmuró él con voz ronca.
    Igual que un hombre que contemplara su coche nuevo, pensó Lucero. Con un orgulloso sentido de la posesión.
    -Nada ha cambiado -advirtió ella airada.
    -A veces eres terriblemente ingenua -respondió él con fría indolencia.
    -Lo fui, en la isla, pero no volveré a serlo -lo corrigió Lucero ácida-. Y si lo que buscas es ingenuidad, bueno... estoy segura de que con tanto dinero habrá mucha gente dispuesta a vender.
    Una lenta y ardiente sonrisa curvó los sensuales labios de Manuel.
    -¿Y dónde iba yo a encontrar a una mujer con tanto coraje y tan mordaz como tú?
    -Si yo estuviera en tu pellejo comenzaría a preocuparme por las cosas que te resultan atractivas en una mujer.
    -Eres un continuo desafío para mí -rió él-. Me encanta ver que no te impresiona lo más mínimo quién sea yo ni qué posea. No tienes ni idea de lo escasa que resulta esa cualidad entre la gente que me rodea.
    Lucero apartó la mirada de aquellos rasgos de devastador atractivo y magnetismo con un enorme esfuerzo. Recordó el trato que Manuel tenía con la gente que lo rodeaba y con sus familiares y comprendió que entre ellos había una barrera. Manuel era tan reservado que todos mantenían con él una distancia formal. Excepto ella. Su orgullo había exigido siempre que la tratara como a un igual.
    Y sin embargo, si se hubiera mantenido reservada y en silencio ella también, nada de aquello habría ocurrido. No tendría que enfrentarse a un casi seguro desastre. Porque si estaba embarazada, ¿cómo diablos iba a arreglárselas? Sus planes de futuro nunca habían incluido esa posibilidad. Sin embargo era una estupidez dejarse llevar por el pánico mientras no se hiciera la prueba.
    -De repente estás a miles de kilómetros de distancia -dijo Manuel. Lu parpadeó y le devolvió la mirada, comprendiendo de pronto que la limusina se había detenido-. Claro, estás agotada.
    -No, creo que estoy embarazada -soltó Lucero sin pensarlo siquiera. Manuel se quedó helado, paralizado por el susto-. Quizá... quizá hubiera debido de decírtelo... de otro modo - musitó Lucero incapaz de pensar en otro modo de soltar aquella bomba sin que le estallara en la cara.

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    capitulo 31

    Mensaje  alelucerina el Sáb Ago 10, 2013 10:13 pm

    CAPITULO 31
    Lo cierto era que no había tenido la intención de decírselo, ni siquiera lo había pensado, pero el estrés y la ira la habían traicionado. Lucero estaba en tal estado de nervios que ni siquiera se había dado cuenta de que había salido del coche y de que estaba a punto de salir de un ascensor desconocido.
    -Dijiste que me llevabas a casa...
    -Pensé que estarías más cómoda en mi apartamento.
    -Me llamaste escurridiza, no sé cómo te atreviste.
    El silencio se hizo tenso de pronto. Lucero no quería ni pensar en lo que, impulsivamente, le había dicho en la limusina. Y definitivamente no quería hablar de ello. ¿Qué esperaba de Manuel? En aquellas circunstancias compartir un problema no significaba en absoluto solucionarlo.
    Manuel vivía en el ático. Un mayordomo griego les abrió la puerta. Los muebles eran elegantes y había una importante colección de obras de arte. Lucero se fijó en un óleo. Se parecía a una pintura de Picasso que había visto en una ocasión en un libro. Apartó la mirada comprendiendo que podía ser el original y dijo:
    -Quiero cambiarme.
    Manuel le enseñó una lujosa habitación de invitados. Lucero se quitó la ropa y los zapatos. Se aseó en el baño y notó que le temblaban las manos. Luego sacó la ropa que Demetrios había recogido en su taquilla y se la puso, dejando la otra en el suelo. Nunca volvería al edificio Mijares International a trabajar. Bajo ningún concepto. Pero tenía que haber muchos otros trabajos nocturnos que pudiera hacer. Aunque quizá no todos estuvieran disponibles para una mujer embarazada.
    Lucero caminó de vuelta por el pasillo buscando a Manuel.
    Fue entonces cuando vio una foto grande enmarcada. Estaban Manuel, otro hombre mayor muy parecido a él al que creyó su padre, y Helena Teriakos. La morena había estampado su firma en una esquina. Dulce respiró hondo y buscó el salón. Y comenzó a hablar antes de que Manuel se diera la vuelta y la mirara.
    -No pensaba decírtelo, ha sido una estupidez. Voy a hacerme el test del embarazo mañana.
    -¿Tienes ya una cita con tu ginecólogo?
    -No.
    -Yo te conseguiré una...
    -No es necesario -replicó Lucero tensa.
    -Yo creo que sí -la contradijo él con calma-. El examen de un médico siempre es mucho más fiable.
    -Pero...
    -Yo estoy tan involucrado en esto como tú -insistió Manuel cabezota.
    No, no lo estaba. Lucero podía sentir la distancia que lo separaba de él. Él decía lo correcto, hacía exactamente todo lo que se suponía que debía de hacer una persona decente, la apoyaba, pero naturalmente no dejaba de rogar en su interior para que fuera una falsa alarma.
    -Aquí hace mucho calor. ¿Puedo salir al balcón? Me vendría bien un poco de aire fresco.
    -Hace frío esta noche.
    -¡Pues entonces cierra en cuanto haya salido!
    Manuel pulsó un botón del mando a distancia. Las puertas de cristal del balcón se deslizaron. Manuel salió, pero ni siquiera se fijó en las vistas sobre el Támesis. Se agarró a la barandilla con fuerza. Sólo veía los ojos negros de Chris, aquellos bellos ojos oscuros como la media noche que la perseguían en sueños. Lo escuchó detrás de ella.
    -¡Entra, por el amor de Dios! ¡Estás helado! -exclamó ella sin volver la cabeza.
    -No, no lo...
    -Escucha, me asfixié en la casa de Grecia cuando tú apagaste el aire acondicionado en mitad de la noche. No encajamos ni siquiera en esos detalles -explicó Lucero tragando fuerte.
    -Lu...
    Chris dejó escapar el aire contenido y la abrazó por la espalda obligándola a apoyarse contra su cuerpo masculino. Cada fibra de Lucero ardía en deseos de sentir aquel contacto, pero apretó los dientes y se puso rígida, negándose a rendirse a su debilidad. Lo amaba, lo cierto era que lo amaba. Era estúpido esperar que todos aquellos sentimientos y emociones desaparecieran por arte de magia. Y Manuel no estaba enamorado de ella. Mnauel, como mucho, había deseado una aventura, y en aquel momento ni siquiera eso. Todo lo había echado a perder al no marcharse a casa a media noche como Cenicienta.
    -Estás helada -dijo Manuel dejando que sus dedos recorrieran los brazos de Dulce a todo lo largo-. Ven dentro.
    -Sólo quiero irme a casa.
    -Esta noche no, no deberías de estar sola.
    -No seas tonto, siempre he estado sola -vaciló ella-. Esta vez sí que te he sorprendido, ¿verdad?
    -¿Qué quieres decir?
    -Lo que te dije en la playa la otra noche: nunca esperas que te ocurra a ti.
    -No es así exactamente como yo describiría esta situación -contestó Manuel perdiendo la paciencia y estrechándola con fuerza entre sus brazos para hacerla entrar-. Tienes que comer algo.
    -No tengo hambre -contestó ella soltándose y sentándose sobre el sofá.
    Manuel pulsó el mando y cerró las puertas del balcón. Luego la observó con ojos insondables.
    -No tiene remedio, ha ocurrido - murmuró él.
    -Pero tú no creías que te iba a ocurrir a ti.
    -Tengo que admitir que estoy tan acostumbrado a tratar con mujeres que se protegen del embarazo y que no había tenido en cuenta realmente el riesgo que estábamos corriendo.

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    capitulo 32

    Mensaje  alelucerina el Sáb Ago 10, 2013 10:14 pm

    CAPITULO 32
    -¿Por qué sigues hablando de los dos? Me dejas helada. Después de todo tú y yo no tenemos ningún tipo de relación.
    -Aún estás enfadada conmigo -Lucero se ruborizó al encontrarse con su mirada. Sentía una especie de rabia interior que luchaba desesperada por salir, y él lo había comprendido antes que ella-. Ven aquí -insistió Manuel con el tono de voz de un adulto que hablara con un niño difícil.
    Lucero sintió que las lágrimas se agolpaban en sus ojos y trató de reponerse.
    -Es muy tarde, si voy a quedarme aquí será mejor que me vaya a la cama... porque tú no pretenderás nada ahora, ¿verdad?
    -No sin el látigo y la silla -concedió Manuel.
    Manuel se alejó un par de pasos, pero en realidad no sentía deseos de alejarse de él.
    -Pensé que a estas alturas estarías dándote de cabezazos contra las paredes y jurando -confesó ella sin volverse.
    -Bueno, entre el colegio y las escuelas de negocios he aprendido a controlar mis impulsos.
    -Pues a mí no me gusta verte actuar así. Me molesta. ¡No he visto ni una sola reacción emocional tuya desde que te lo he dicho!
    Sin embargo, mientras lo decía, Lucero se daba cuenta de que era una exigencia estúpida. ¿Cómo podía Manuel mostrar su verdadera reacción? ¿Acaso deseaba realmente ver la ira tras aquella máscara de frialdad? Sí, eso era. Cualquier cosa con tal de tener una excusa para odiarlo. Todo hubiera sido mucho más soportable entonces.
    Manuel apretó su mano, cerrada en un puño, y la obligó a volverse hacia él. Lucero dejó caer la cabeza y luchó por controlar sus emociones. Pero Manuel levantó su rostro y sus miradas se encontraron.
    -Tienes pánico -dijo él tras un gemido que escapó de su garganta-. ¿Por qué? No estás sola en esto, confía en mí.
    -¿Cómo puedo confiar en un tipo que me ha pedido que sea su amante? -exigió saber ella con fiereza.
    -¿Y qué tiene eso que ver?
    -¡Todo! Cuando me dijiste eso estabas pensando en ti mismo, no en mí. ¿De verdad crees que soy tan estúpida, Manuel? ¿Cómo voy a confiar en ti? Si estoy embarazada la solución que me vas a proponer es terminar discretamente con el niño... ¡exactamente lo mismo que planeó mi adorable padre para mí!
    Manuel se quedó helado. Lucero rompió a llorar y sus ojos se nublaron, girándose a otro lado. Pero él volvió a tomarla en sus brazos. Lucero trató desesperadamente de soltarse, pero él era mucho más fuerte.
    Por fin Lucero cedió, sintiéndose débil. Se dejó caer sobre su pecho y escuchó los latidos de su corazón. Su fragancia le resultaba familiar. Cerró los ojos con fuerza y deseó que el mundo se detuviera.

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    capitulo 33

    Mensaje  alelucerina el Sáb Ago 10, 2013 10:16 pm

    CAPITULO 33
    -Te prometo que no voy a sugerirte esa solución -respiró Manuel con espeso acento griego.
    -Es sólo que no quiero sentir esa presión... no es justo -musitó ella temblorosa, sintiendo que el nudo de su estómago se iba desatando.
    -Tu madre sí que soportó bien esa presión...
    -Sólo porque le asustaba terriblemente lo que hubiera podido ocurrirle de haberlo hecho -rió Lucero-. Ni siquiera se daba cuenta de que mi padre no quería que yo naciera. Él le dijo que no iba a poder soportar verla como a una madre soltera, y ella lo creyó.
    -Nunca terminaste de contarme la historia.
    -No tuvo un final feliz.
    -¿Y bien?
    Lucero levantó la cabeza y lo miró. Luego contestó:
    -Mi madre fue su amante durante dieciséis años...-Manuel silbó-. Así que no diste en el clavo precisamente cuando me hiciste esa oferta - señaló Lucero con una leve sonrisa -. Aunque al menos tú no estás casado con otra... –Manuel estaba perfectamente inmóvil, con los párpados entrecerrados-. Bueno, no era eso lo que yo hubiera deseado oír, pero supongo que fuiste sincero, cosa que él nunca fue...
    Manuel se puso tenso y apretó el abrazo. Lu se sintió de nuevo completa. Y comprendió que el lazo que la unía a Manuel era más fuerte de lo que pensaba.
    -Tienes razón - murmuró él-. Cuando te pedí que fueras mi amante no estaba pensando en ti. Sólo quería que volvieras a mi cama, ésa era la razón.
    -Bueno, pues no quiero ser tu amante -susurró ella temblorosa, hambrienta del roce de su piel-. Pero sí que quiero estar contigo esta noche...
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  diana lucerina el Sáb Ago 10, 2013 10:48 pm

    :OOOOOOOOOOOOOOOOOOO siguela me encanta

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    capitulo 34

    Mensaje  alelucerina el Lun Ago 12, 2013 12:57 am

    CAPITULO 34
    Manuel no fue capaz de ocultar su sorpresa. Atónita ante su propio atrevimiento, Lucero se ruborizó sin saber muy bien de dónde salía aquella confesión.
    -No te merezco, Lu -aseguró Manuel tomándola en brazos.
    Lucero enterró el rostro en su hombro y se vanaglorió de su fuerza física. En aquel instante lo único que deseaba era estar con él. Manuel la dejó sobre un diván en un dormitorio escasamente alumbrado y le quitó las botas. Luego se enderezó con gracia y comenzó a desvestirse. Lucero, observándolo, ardía en deseos de estar con él. Se quitó los pantys y el jersey y lo escuchó decir:
    -Espera, eso quiero hacerlo yo.
    Lucero sintió que se le secaba la boca viéndolo acercarse desnudo, con su sexo completamente excitado. Manuel le desabrochó el sujetador. Los ojos negros de él ardieron de tentación ante aquella carne rosada. Pero de pronto Manuel gimió:
    -¡Cristo... no debería de estar haciendo esto!
    Lucero frunció el ceño. Tras aquel ataque de rabia Manuel levantó la mirada y contempló sus labios abiertos y la expresión confusa de sus ojos verdes. Y de pronto pareció tomar una decisión. Tomó las manos de ella y la estrechó entre sus brazos. Y poseyó su boca con crudo, ardiente anhelo. Lucero jadeó. Después él comenzó a quitarle el resto de la ropa.
    -Te quiero toda entera -dijo él haciéndola recostarse sobre las almohadas y dejando que sus seguras manos acariciaran los sensibles pechos de ella -. Pero con tranquilidad. Lucero sintió una excitación recorrer todo su cuerpo incluso antes de que él acariciara sus prominentes pezones. Sólo pudo gemir y jadear y levantarse para tirar de él y volver a besarlo en la sensual boca. Dejó que sus dedos se detuvieran en el estómago plano mientras sentía cómo los músculos del torso de Manuel se tensaban al acariciarle el vello.
    Manuel sonrió al ver la audacia que mostraba Lucero y se tumbó para observarla con ojos dorados, dejando que lo explorara. Y después la atrajo a sus brazos con lento erotismo y le enseñó lo que más le gustaba. Lucero, tensa e insegura como estaba, se dejó llevar por una intensa necesidad de darle placer.
    -Basta -gimió Manuel al poco rato, levantándola con poderosos brazos para besarla apenas sin aliento y escrutar su rostro-. Aprendes demasiado deprisa.
    -¿En serio? -preguntó Lucero temblorosa. Se apoyó sobre el torso plano de él y se dejó llevar por los besos. Manuel rodó por la cama y comenzó a acariciarla hasta volverla loca. Nada existía para ella excepto Manuel y aquella tumultuosa necesidad que la poseía.
    -Por favor... -jadeó ella impotente. Manuel, con ojos dorados como el oro, se deslizó entre sus muslos abiertos y la penetró con un gruñido terrenal de satisfacción. Aquello le causó a Lucero una intensa sensación de placer. El se movía deprisa, llegaba a lo más hondo. Cada embestida de él la hacía arder como fuego líquido. Lucero se colgó de él abandonándose salvajemente, estaba fuera de sí mucho antes de que él la condujera al clímax. Y cuando volvió en sí fue con lágrimas en los ojos y llena de extrañeza.
    -Me haces sentirme tan especial... -susurró con voz trémula comprendiendo que se sentía así por primera vez en su vida. Justo entonces sonó el teléfono-. No contestes.
    -Estoy esperando una llamada -respondió Manuel rodando por la cama para levantar el auricular.
    Lucero lo observó hablar y, aunque no veía sus ojos, sintió de pronto una distancia entre ellos. Él hablaba en griego, y sus facciones estaban tensas. Segundos más tarde colgó.
    -Voy a tomar una ducha, y luego puede que trabaje un poco -anunció él-. Trata de dormir, Lucero.
    -¿Qué ocurre? -preguntó Lucero al verlo levantarse de la cama sin decir nada más.
    -Nada que deba preocuparte.
    -¡Quizá prefieras que desaparezca por arte de magia! -exclamó Lucero.
    Manuel se pasó la mano por los cabellos y juró largamente en voz baja, en griego. Sus ojos negros brillaban. Respiró hondo, entrecortadamente, tratando de controlar su carácter, visiblemente alterado, y dijo:
    -Lucero, tú túmbate y duerme...
    -Me voy a casa -contestó ella furiosa, temerosa y confundida, sacando las piernas de la cama.
    -¡Yo quiero que te quedes!
    -Pues no es lo que parece.
    -No estoy dispuesto a suplicar -advirtió Chris.
    Aquella forma de dirigirse a ella la aplacó. Al menos Lucero creyó que se trataba de un término cariñoso en griego. Escuchó el ruido del agua correr y reflexionó. Sin embargo su inseguridad fue en aumento. No pudo evitar cuestionarse su comportamiento, la renovada intimidad a la que lo había invitado, sus errores.
    Se había arrojado a los pies de Manuel buscando desesperadamente convencerse de que entre ellos dos había una relación. Lo amaba, pero eso no era excusa para que se humillara. Hubiera debido de resistirse a su propia debilidad. ¿Por qué tenía que equivocarse siempre con él?
    Lucero salió de la cama y recogió aprisa su ropa. Recorrió el pasillo hasta encontrar la habitación en la que se había cambiado y se tumbó en esa cama. Si Manuel quería que estuviera con él la buscaría. Y si no era así entonces había hecho lo mejor.
    Lucero estuvo despierta durante mucho tiempo, pero Manuel no apareció ni trató de persuadirla para que volviera a sus brazos.

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    capitulo 35

    Mensaje  alelucerina el Lun Ago 12, 2013 12:58 am

    CAPITULO 35
    A la mañana siguiente el mayordomo le llevó el desayuno a la cama. Después Manuel la llamó por el interfono y le dijo que había concertado una cita con un ginecólogo para aquella misma mañana.
    -Marcelo Córdoba es amigo personal mío. Si eso te hace sentirte incómoda trataré de arreglarlo de otro modo -aseguró Manuel con tacto.
    -No me importa qué ginecólogo me vea -respondió Lucero.
    Lucero se mostró indiferente ante todos los intentos de Manuel por mantener una conversación mientras recorrían Londres. No podía soportar la mera cortesía entre ellos dos. Quizá lo amara, pero en aquel preciso instante lo odiaba por haber sucumbido a su debilidad. Lo odiaba por sucumbir con entusiasmo y hacerla después sentirse diez veces peor. Hubiera deseado no haberlo conocido.
    Lo deseó con tanta fuerza que lo dijo en voz alta, justo antes de salir del fabuloso Ferrari.
    -Pues yo no lo deseo -contestó Manuel mientras caminaba a grandes pasos para alcanzarla -. Y estoy seguro de que tú tampoco.
    -¿Y tú cómo sabes qué siento yo? ¿Y para qué has salido del coche?
    -Para ir contigo, naturalmente...
    -¡Al diablo! ¡Esto voy a hacerlo yo sola!
    Veinte minutos más tarde la incertidumbre llego a su fin.
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  diana lucerina el Lun Ago 12, 2013 3:50 pm

    siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  ultra lucerina el Lun Ago 12, 2013 6:41 pm

    No me queda nada mas que decir sino que tu WN esta genialllll!!! Siguelaaaaaa Porfaaaa *O* affraid 

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    capitulo 36

    Mensaje  alelucerina el Lun Ago 12, 2013 7:01 pm

    CAPITULO 36
    -Estás embarazada -le informó Marcelo Córdoba.
    -¿Seguro? ... Es decir, ¿no cabe ninguna duda?
    -Definitivamente. No cabe ninguna duda. Al principio es normal que te sientas un poco mal -continuó el médico-. Lo que no me acaba de gustar es tu peso. Estás muy delgada.
    -Me he saltado algunas comidas últimamente -admitió Lucero.
    -La náusea suele restar apetito, tienes que tratar de comer con regularidad. Eso suele ayudar. ¿Vas a llevar a término este embarazo?
    Lucero asintió sin levantar la cabeza. Había creído que estaría preparada para aquella noticia, pero de pronto descubría que no era así. Estaba confusa, tenía miedo. Diez minutos más tarde estaba en la sala de espera vacía tratando de calmarse. Podía ver el Ferrari por la ventana. Al salir a la calle Manuel caminó a grandes pasos hacia ella. Sus ojos intensos la miraron expectantes. Lucero se quedó mirándolo.
    -Así que hay algo que celebrar -dijo Manuel abriendo la puerta del coche y haciéndola entrar.
    -¿Podrías por una vez en tu vida decir algo sincero?
    -Vamos a ser padres -explicó Manuel-. Yo, personalmente, creo que la concepción de mi primer hijo es un hecho importante, pero si tú no tienes nada positivo que decir será mejor que te calles.
    Lu rió. Manuel se giró a su lado e inmediatamente puso en marcha el motor del vehículo. Luego ella se mordió el labio y preguntó:
    -¿Cómo te sientes en realidad?
    -Destrozado... orgulloso de mí mismo, en cierto sentido... sentimental -enumeró Manuel con voz ronca, tomándola de la mano en el semáforo.
    -Yo me siento sencillamente muy confusa.
    -Pareces cansada. Te llevaré de vuelta a mi apartamento para que puedas dormir.
    -No, le prometí al señor Barry que iría en cuanto pudiera... y de todos modos tengo que cambiarme de ropa -añadió insegura.
    -Preferiría que te quedaras en mi apartamento - insistió Manuel soltándole la mano al cambiar la luz del semáforo-. Esta tarde tengo que volar a París, y dudo mucho de que pueda volver antes de mañana por la noche.
    Consternada por la noticia, Lucero miró a Manuel de reojo. Estaba tenso, pero lo cierto era que había admitido con franqueza que se sentía destrozado. Si ella estaba confusa, ¿por qué no podía estarlo él también?
    -Creo que estaré más cómoda en mi casa -añadió con firmeza.
    -Espero que cuando seas mi esposa hagas todo lo que te diga -murmuró Manuel inexpresivo. Un silencio pesado se apoderó de ambos. Lucero abrió enormemente los ojos. No podía creer que él hubiera dicho lo que había dicho-. Sobre todo cuando lo que me preocupa es tu bienestar.
    -No estarás pidiéndome en serio que me case contigo, ¿no?
    -Muy en serio.
    -Pero si apenas nos conocemos...
    -Nos conocemos lo suficiente. Tú me gustas, te respeto. Te deseo. ¿Qué más quieres?
    -¿Y qué hay del... amor?
    -¿Qué hay de nuestro hijo? -Lucero se puso pálida-. Quiero casarme contigo -añadió Manuel con énfasis.
    -No, en realidad no. Hoy en día la gente ya no se casa porque esté embarazada - protestó Lucero con el corazón acelerado.
    -La gente como yo sí.
    -Manuel, yo... -Lucero tragó.
    -Tú sabes que lo que digo tiene sentido.
    -Sí, pero...
    -Nos casaremos en cuanto lo haya arreglado todo -afirmó Manuel resuelto.
    -Lo pensaré - respondió ella.
    Manuel detuvo el Ferrari frente a la librería. Luego le soltó el cinturón de seguridad a Lucero y dijo:
    -Deberías de estar avergonzada de ti misma. ¿Dices que lo pensarás? Anoche no podías esperar a...
    -¡Manuel! -gimió Lucero medio riendo, medio en tono de reproche.
    -Lucero, o eres una sinvergüenza que me ha utilizado para disfrutar del sexo o... o... o eres una mujer decente que sencillamente no puede resistírseme.
    Lucero se ruborizó, hipnotizada por su proximidad. Levantó una mano sin darse cuenta y trazó con el dedo la sensual y prohibida curva de los labios de Chris diciendo:
    -No puedo resistirme... y tú lo sabes -reconoció desesperada por que él la besara.
    Pero Manuel se echó atrás.
    -Te llamaré mañana.
    Lucero parpadeó perpleja al ver que la dejaba libre. ¿Cómo era posible que Manuel quisiera casarse con ella?
    -No puedo dejar que te cases conmigo -dijo de pronto.
    -Pues yo no pienso casarme con una mujer que lo discute todo.
    -No bromees con cosas tan serias -rogó ella.
    -Tú y yo... funcionará -aseguró Manuel con voz espesa.
    -Sí pero... ¿serás feliz? -insistió Lucero obsesionada con aquella pregunta cuando, en el fondo, lo único que deseaba era arrastrarlo de inmediato a la primera iglesia.
    Manuel gruñó lleno de frustración.
    -Es evidente que debería de haberte hecho una proposición en regla, con una romántica cena, flores, anillo...
    -No, esas cosas no son importantes -contestó Lucero haciendo una mueca.
    -Entonces es que mi proposición ha debido de ser excesivamente torpe -explicó Manuel con ojos brillantes y rasgos ansiosos-. Quiero casarme contigo, Lucero. Y la única palabra que necesito oír ahora es sí.

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    capitulo 37

    Mensaje  alelucerina el Lun Ago 12, 2013 7:02 pm

    CAPITULO 37
    -Sí.. -respondió Lucero casi sin darse cuenta.
    -No ha sido tan difícil, ¿no? -la media sonrisa de Manuel hizo estallar el corazón de Lucero. Luego él se volvió y miró el reloj-. Y ahora me temo que tengo que irme directo al aeropuerto. Nos vemos mañana.
    -¿Y qué pasa esta noche? -preguntó Lucero mientras salía del coche.
    -Estaré ocupado.
    -Está bien, lo comprendo -asintió Lu ruborizada, mintiendo.
    Manuel se marchó y Lucero sintió que le habían sucedido demasiadas cosas aquel día como para poder siquiera pensar. Le parecía mentira que Manuel le hubiera pedido que se casaran y que ella le hubiera contestado que sí.
    ¿Acaso los cuentos de hadas se hacían realidad? Manuel quería casarse con ella, pero no la amaba. Sin embargo el amor acabaría por surgir en él, pensó decidida a no echar a perder su felicidad.
    Al día siguiente, por la tarde, una limusina se detuvo delante de la librería. Lucero creyó que Manuel había vuelto antes de lo esperado, pero enseguida se puso tensa al ver que Helena Teriakos salía del vehículo y entraba en la tienda.
    -¿Hay algún lugar en el que podamos hablar? -inquirió la griega a modo de saludo.
    Lucero, desconcertada ante aquella exigencia desdeñosa, se ruborizó.
    -Lo siento pero, ¿de qué se trata...?
    -Podemos hablar en mi coche -continuó Helena Teriakos girándose y saliendo de la tienda, esperando, evidentemente, que Lucero la siguiera.
    Lucero vaciló. No le gustaba que la trataran de aquel modo, pero al fin y al cabo Helena era pariente de Manuel, y si se había molestado en buscarla era porque conocía la situación y tenía algo que decir. Lucero tomó su chaqueta y salió. El chofer le abrió la puerta. Helena Teriakos la escrutó durante unos instantes antes de decir:
    -¡Dependienta de una librería y mujer de la limpieza! ¡Manuel debía de estar verdaderamente perturbado aquella noche en Chindos! Confieso que no me gustó que te llevara el otro día al funeral de su padre, pero en tan penosas circunstancias estaba dispuesta a hacer la vista gorda sobre una pequeña indiscreción...
    -¿Pequeña indiscreción...? -inquirió Lucero ruborizada, elevando el mentón -. ¿Y por qué ibas tú a hacer la vista gorda en relación al comportamiento de Manuel?
    -Los hombres siempre serán hombres. Yo quiero mucho a Manuel, por supuesto, pero no soy una persona celosa. Ni soy tampoco posesiva en lo relativo al sexo. Siempre supuse que Manuel tendría una amante después de nuestro matrimonio...
    -¿Vuestro matrimonio? -la interrumpió Lucero incrédula.

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    capitulo 38

    Mensaje  alelucerina el Lun Ago 12, 2013 7:03 pm

    CAPITULO 38
    -No lo sabías, ¿verdad? -rió Helena observando su confusión-. Manuel y yo estamos comprometidos prácticamente desde la cuna. Toda nuestra vida hemos sabido que algún día nos casaríamos...
    -No... ¡eso no es verdad! -la interrumpió Lucero temblorosa-. Manuel me lo hubiera dicho... -añadió mientras su voz se iba debilitando y recordaba la conversación que había tenido con él en la playa.
    -¿Y por qué iba a decírtelo a ti? Tú no eres sino una más de la larga lista de diversiones de Manuel, ninguna de las cuales tiene verdadera importancia para su vida -replicó Helena-. Si pertenecieras a nuestro círculo social sabrías que nuestras familias llevan tiempo esperando el momento de anunciar formalmente nuestro compromiso.
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  ultra lucerina el Lun Ago 12, 2013 7:24 pm

    Siguelaaaa.....!!!
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  Bryta el Mar Ago 13, 2013 12:38 am

    agggh esa Helena! ¬¬

    Seguiiila! xD
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  diana lucerina el Mar Ago 13, 2013 4:19 pm

    :OOOOOOOOOOOO siguelaaaaaaaaaaaaaa

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    capitulo 39

    Mensaje  alelucerina el Mar Ago 13, 2013 10:00 pm

    CAPITULO 39
    La neblina de la confusión se había aclarado por fin en la mente de Lucero. Se sentía absolutamente hundida, traicionada, enferma de dolor y de mortificación. Helena Teriakos no era la pariente cercana que ella había supuesto. Manuel tenía concertado su matrimonio. Y sólo él podía haber llamado a eso «escoger a una compañera con inteligencia». José Mijares, por supuesto, tenía a una candidata en mente cuando presionó a su hijo para que se casara. Y Manuel le había contestado que «aún no estaba preparado». Estaba demasiado ocupado pasándoselo bien con bellas y apasionadas mujeres como para casarse. Y mientras tanto Helena esperaba pacientemente.
    -Lo que no comprendo es cómo puedes aceptar que Manuel esté... con otra mujer -tartamudeó Lucero impotente.
    -Manuel y yo tenemos lazos que tú nunca podrías soñar. Compartimos el mismo estatus, la misma cultura, expectativas. Somos la pareja perfecta -le informó Helena con aires de superioridad -. Por desgracia Manuel se siente atraído por cierta idea muy tierna, aunque destructiva. Cree que tiene que casarse contigo por el bien de su hijo.
    -¿Manuel te lo ha dicho...? -preguntó Lucero horrorizada ante la indiscreción de Manuel, sintiéndose avergonzada.
    -Ayer viajó a París y pasó la velada conmigo. ¿Es que eso tampoco lo sabías? -sonrió la morena-. Pues créeme, estaba destrozado. ¡Se siente tan culpable! Sin embargo yo soy una mujer práctica. ¿Cuánto me costaría persuadirte de que un aborto sería la mejor solución? ¿Quinientas mil libras? -Lucero miró incrédula a Helena Teriakos-. ¿Un millón? Soy una mujer muy rica, y estoy dispuesta a ser generosa. Siempre puedes decirle a Manuel que tuviste un accidente. Ni siquiera voy a insistir en que te alejes de él. Puedes seguir siendo su amante. ¡Porque, en serio, no durarías ni cinco minutos como su mujer!
    -¡No quiero tu dinero... y no voy a librarme de mi hijo! -aseguró Lucero inquieta ante la frialdad de la otra mujer.
    -¡Pero no puedes casarte con él! ¿Te imaginas los titulares? «Jose Manuel Mijares se casa con una mujer de la limpieza» -sugirió Helena con un gesto de repulsión-. Manuel es un hombre muy orgulloso, y tú no vas a ser para él más que motivo de vergüenza. Te odiará mucho antes de que los periódicos terminen de contar las circunstancias en que naciste y toda la larga lista de tus amantes.
    -¿Y qué sabes tú de las circunstancias en que yo nací? -exigió saber Lucero.
    -Sé todo lo que hay que saber sobre ti, Lucero. El dinero compra información. Estás enamorada de Manuel. Gracias a Dios yo nunca he sentido la necesidad de mezclarme en esas intrincadas emociones. Bien, decídete. Si te casas con Manuel acabará en divorcio. Cierto, serás su primera mujer, pero lo perderás sin remedio.
    -No voy a casarme con él.
    Ahora ya eres más sensata -concedió la morena con una fría sonrisa de satisfacción -. Cuando a un hombre se le tiende una trampa siempre se acaba en el odio y los tribunales. Y en cuanto al niño... deberías de haber aprendido de los errores de tu madre. Traerte a ti al mundo no le sirvió de mucho, ¿no crees? Y todos esos patéticos años de lealtad hacia tu padre... ¡todo para terminar viéndolo casarse con una secretaria, una mujer con la mitad de años que ella, en cuanto se vio viudo y libre!
    Airada ante aquella salvaje crítica que ni siquiera venía a cuento, Lucero se puso en pie y trató de salir del coche.
    -No voy a seguir escuchando ni una palabra más sobre esto...
    -La puerta está cerrada. Aún no he terminado. No quiero que tengas a ese niño...
    -¡Mi hijo es asunto mío! -exclamó Lucero-. ¡Y ahora abre la puerta y deja de amenazarme!
    Helena Teriakos le hizo un gesto al chofer con una lánguida mano.
    -Piensa en lo que te he dicho. Yo puedo ser una enemiga muy dura, y pronto descubrirás que Manuel siente un tremendo respeto por mí.
    Lucero salió a la calle deseosa de escapar. Subió las escaleras de la librería y se sentó al borde de la cama, pero una vez allí las lágrimas no salieron de sus ojos. En lugar de ello una especie de rabia y de dolor comenzaron a arremolinarse en su interior.
    Manuel no había sido honesto con ella. Ella se había visto arrastrada a una situación en la que su única defensa era la ignorancia. Estaba embarazada de un hombre que estaba virtualmente comprometido con otra mujer, se había metido involuntariamente en el terreno de otra, y de repente le echaban la culpa todo. Y en cuanto a Manuel... Manuel, con su detestable sentido del honor y su maliciosa y fría futura esposa tenía exactamente lo que se merecía. Y cuanto antes se lo dijera mejor.
    Lucero oyó a Manuel llegar. Al salir del trabajo había ido a su apartamento a esperarlo. Y se sentía como inestable gelatina. Cuantas más incongruencias recordaba del comportamiento de Manuel más se las iba explicando y más frustrada y resentida se sentía. Manuel entró en el salón a grandes pasos, con ojos insondables. Estaba tenso y estresado.
    -Creo que Helena te ha visitado -dijo ácido-. Ha sido muy generosa de su parte, pero claro, no se podía esperar otra cosa de ella.
    -¿Generosa? ¿Estás loco o es que eres tonto?
    Manuel se quedó muy quieto. De sus rasgos emanaba una expresión de disgusto que dejó a Lucero helada.
    -Te ha ofrecido su apoyo, y tú te has mostrado ofensiva y mal educada. No me ha gustado nada tener que disculparme por tu comportamiento.
    -¿Disculparte por mi comportamiento? -repitió Lucero comprendiendo de pronto que había subestimado a la morena. ¿Acaso era apoyarla ofrecerle dinero para abortar? Era evidente que Helena le había contado a Manuel su versión antes que ella, pero no podía dejar de preguntarse qué le importaba eso a ella-. Me ofreció un millón de libras a cambio de que abortara.

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    capitulo 40

    Mensaje  alelucerina el Miér Ago 14, 2013 3:01 pm

    CAPITULO 40
    Manuel se quedó observándola durante diez segundos con enormes ojos negros llenos de incredulidad.
    -Si tienes que mentir al menos trata de inventarte algo más verosímil y menos melodramático. Helena nunca caería tan bajo.
    Manuel se quedó mirándolo en amargo silencio, atónita ante la seguridad que él mostraba.
    -Realmente te la mereces -dijo en un duro tono-. Y si es tan especial, ¿por qué has estado conmigo?
    Manuel se quedó helado.
    -No voy a discutir sobre Helena contigo, Lucero.
    -¡Es una lástima que a mí no me tengas el mismo respeto que a ella! -soltó Lucero tan ciega por la ira que apenas era capaz de pronunciar palabra.
    Un ligero rubor subió a las mejillas de Manuel, tensas.
    -Lo mínimo que le debía a Helena era una explicación sincera.
    -¡Pero a mí ni siquiera pudiste mencionarme su existencia! ¡Deberías de haberte dado cuenta de que el día del funeral de tu padre yo ni siquiera tenía idea de quién era! -lo condenó Lucero apasionadamente -. Creí sencillamente que era una pariente...
    -Es pariente lejana -concedió Manuel.
    -¡Qué bien! ¡No es de extrañar que no me la presentaras! ¡Qué relación tan enrevesada la vuestra! ¡Si ella hubiera sido una persona más amable hasta podría haberme compadecido de ella por estar tan desesperada por cazarte!
    Manuel posó una mirada dorada y brillante sobre Lucero, una mirada que parecía echar fuego.
    -No voy a seguir escuchando cómo la injurias. No sabes de qué estás hablando.
    -Y si fuera por ti nunca lo sabría, ¿no es eso? -rió Lucero desgarradamente-. Pero ahora ya no importa. Confié en ti. Pensé que eras un hombre libre. Nunca me hubiera relacionado contigo de haber sabido que ella existía.
    -Helena y yo no somos amantes -declaró Manuel serio-. En realidad nunca había hablado de matrimonio con ella hasta anoche. No obstante nuestras familias siempre pensaron que nos casaríamos.
    -¿Y por qué diablos no te casaste con ella cuando te lo dijo tu padre?
    -Me irritaba la presión que él ejercía sobre mí, pero debo señalar que Helena nunca trató de presionarme.
    -Y aquella noche que pasamos juntos... ¿sabías ya entonces que cumplirías ese deseo familiar y te casarías con ella?
    -En el fondo siempre pensé que me casaría con Helena. Por mucho que te duela es una realidad, es cierto y no puedo cambiarlo -aseguró Manuel con énfasis.
    -Pero no fuiste sincero conmigo. No me lo dijiste ni me diste la oportunidad de elegir, y eso no puedo perdonártelo. Además, ahora que lo sé, encuentro irritante que me pidieras que fuera tu amante cuando ni siquiera estabas casado con ella -explicó Lucero con un gesto de repulsión-. ¿Qué sentido tiene casarse con alguien a quien no se es fiel?
    Manuel enlazó ambas manos en un repentino y violento gesto de frustración.
    -Las últimas veinticuatro horas han sido un verdadero infierno para mí, no estoy de humor para soportar mucho más. Te guste o no aquí la víctima es Helena. La he herido en su orgullo y la he fallado, pero de sus labios no ha salido una sola palabra de reproche.
    -Sí, es una mujer muy inteligente, mucho más que yo.
    -Cristo... ¿Cómo puedes ser tan rencorosa? ¡Es contigo con quien me voy a casar!
    Lucero se inclinó para recoger su bolso con manos temblorosas y luego se enderezó y lo miró con ojos vacíos de toda emoción.
    -No me casaría contigo ni en bandeja, Manuel.
    -¡Juro que te estrangularé antes de llevarte al altar! -replicó Manuel mirándola de reojo con una expresión negra.
    -Hablo en serio -contestó Lucero tranquila, atisbando un primer brillo de perplejidad en los ojos de Manuel, que comenzaba a asimilar la información -. Ayer tenía pánico y fui lo suficientemente estúpida como para aceptar tu oferta de matrimonio. Pero tu lealtad está con Helena, no donde debería de estar, y no pienso formar parte de ningún sucio triángulo...
    -¡No seas irracional! -la condenó Manuel.
    -No, soy muy sensata.
    -Pero estás embarazada de mí...
    -Y ésa es la única razón por la que me pediste que me casara contigo... No es suficiente -añadió Lucero pasando por delante de él y caminando hacia el hall.
    -Hay algo más entre tú y yo -gritó Manuel.
    -Puedo arreglármelas sin el sexo -contestó Lucero.
    -¡Vuelve aquí! ¡Esto es ridículo!
    Lu se volvió para mirarlo con el rostro pálido como el mármol.
    -No... lo que es ridículo es que hayamos estado juntos.
    -Lu...
    -Por favor, dame tiempo -insistió ella-. No me llames por teléfono, no te acerques a mí. Quizá, cuando todo esto haya pasado, podamos hablar sobre el niño... ahora mismo no.



    Lucero continuó con su vida normal durante la semana siguiente de un modo automático. Anhelaba y odiaba a Manuel al mismo tiempo, y se sentía por completo apartada del mundo. Él la llamó a diario, pero Lucero llegó incluso a colgar el teléfono sin ni siquiera responder. No confiaba en sí misma, se sentía vulnerable.
    Saber de la existencia de Helena Teriakos la llenaba de celos, de mortificación y de culpa, pero comprender que Manuel confiaba en ella infinitamente más la destrozaba. ¿Acaso Manuel ignoraba sus propios sentimientos? Había rechazado a Helena en una ocasión. ¿No sería irónico que descubriera cuánto la valoraba justo cuando tenía que renunciar a ella?
    Ella nunca hubiera podido ser para Manuel más que una segunda y pobre alternativa, y sin el embarazo él nunca le hubiera ofrecido nada más que una aventura.
    Aquel fin de semana el sobrino de Horace Barry, Joe Barry, la llamó para contarle que su tío tenía un constipado y no iría a la librería. El domingo Lucero fue a ver a Gabriela para explicarle que no volvería a trabajar al edificio Mijares.
    -Haces bien en no volver, Lucero. Algunas chicas están muertas de envidia.
    -Pues si supieran cómo estoy no lo estarían. Todo ha terminado, Gabi. En realidad nunca comenzó.
    -Pues él está que arde, lo está poniendo todo patas arriba. Los ejecutivos de la última planta dicen que está verdaderamente de mal humor...
    -No quiero oír hablar de él, Gabriela, en serio.
    Al llegar a casa le esperaba una sorpresa. El sobrino de su jefe, un pomposo hombre de unos cincuenta años, estaba sentado en la oficina de la trastienda revisando las cuentas. Y, lo que era aún peor, le confesó que en realidad lo que quería era verla a ella.
    Joe Barry le informó a Lucero de que su tío se había retirado y de que él personalmente se haría cargo del negocio. Era lo último que le faltaba.
    -Pero si usted ya tiene un trabajo... -musitó Lucero.
    -Voy a acogerme al retiro anticipado. Pretendo invertir bastante dinero en remodelar todo esto, así que... siento tener que comunicártelo, pero no voy a seguir necesitando tus servicios.
    -¿Cómo dice? -inquirió Lucero casi en un susurro.
    -Que no necesito a ninguna dependienta a jornada completa.
    -¿Pero sabe usted que su tío acordó venderme el negocio? -preguntó de nuevo ella.
    -Mi abogado me ha asegurado que si no hay testigos ni nada escrito es casi imposible que pruebes que eso es cierto.
    -Pero...
    -Mi tío debería de habértelo dicho hace semanas, no puedes culparme a mí de que a él le diera miedo contarte que había un cambio de planes. Es natural que la familia prefiera que el negocio quede en casa. Por supuesto te pagaremos todo lo que te debemos. Te estoy avisando con un mes de antelación... ¡Ah!, y... también esperamos que dejes la casa de arriba. Nunca hicisteis contrato de alquiler, y yo la necesito para otros fines.
    -Me iré mucho antes -contestó Lucero alzando la cabeza, tensa y temblando.
    Tras aquella conversación Joe Barry se marchó. Eran sólo las seis. Lucero se dejó caer sobre un escalón, al pie de las escaleras. Tras cinco años sin apenas vacaciones y un salario ínfimo ése era el trato que recibía. Había demostrado ser una estúpida concibiendo aquellos sueños. Era el momento de hacer nuevos planes. Comenzó a subir las escaleras y justo entonces llamaron a la puerta. Lucero se volvió y vio Pedro Fernandez por el escaparate. No podía creerlo.
    -¡Vamos, Lucero... ábrete, Sésamo!
    -¿Cómo has sabido dónde vivía? -preguntó ella al abrir.
    -Eché un vistazo a los archivos antes de cambiar de trabajo. Llevo años pensando en llamarte, pero
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  diana lucerina el Miér Ago 14, 2013 5:07 pm

    siguelaaaaaaaaaaaaaaaa
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  ultra lucerina el Vie Ago 16, 2013 12:20 pm

    Siguelaaa Esta buenisimaa!!! *O*

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    con

    Mensaje  alelucerina el Vie Ago 16, 2013 3:00 pm

    ESTA ES LA CONTINUACION DEL CAPITULO 40

    alelucerina
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    conti

    Mensaje  alelucerina el Vie Ago 16, 2013 3:01 pm

    ya sabes cómo son estas cosas...
    -¿Demasiadas mujeres y demasiado poco tiempo?
    -Sí, eso es, bueno, no puedo evitar ser tan famoso. No, seré sincero, la verdad es que he estado saliendo con una chica que...
    -Cuenta, cuenta... ¿qué quería?, ¿otra cita?
    -¿Podría... quieres que pase dentro?, hace frío.
    -No lo creo oportuno, Pedro. Te comportaste como un tonto en la Mijares International. He oído decir que te marchaste en circunstancias no muy claras, ¿es eso verdad?
    -¡Por supuesto que no! -la contradijo él sonriendo satisfecho-. He tenido suerte y he conseguido ascender, eso es todo.
    -¿Y sigues estando en ese nuevo trabajo? -inquirió Lucero sin poder resistirse, preguntándose si Manuel tendría razón.
    -¡Claro que no! ¡Me he marchado de allí también! Era una empresa que no me convenía, ya me entiendes. ¿Quieres que demos una vuelta en mi coche?
    -Estoy embarazada, Pedro.
    -¿Que estás... qué? ¡Dios mío!, ¿qué ha ocurrido?
    -Pues...
    -¡Demonios! ¿Y quién es el padre? ¿Dónde está? -Lucero se encogió de hombros-. Ya comprendo. Bueno, bien... quizá vuelva a llamarte... el año que viene o algo así -musitó Pedro-. O quizá nunca. No estoy para niños en esta época de mi vida.
    -Gracias por tu sinceridad -respondió Lucero impotente y divertida, poniéndose de puntillas y besándolo en la mejilla.
    Pedro rió extrañado, bajó la cabeza y, con las manos sobre los hombros de ella, murmuró algo en su oído. Un segundo más tarde algo lo apartó violentamente de Lucero. Ella levantó la cabeza y llegó justo a tiempo de ver a Manuel insultándolo en griego y arrojándolo contra la pared tras darle un puñetazo.
    -¡Ya basta! -gritó Lucero.
    -¡Apártate de ella! -gritó Manuel acorralándolo -. ¿Me oyes? ¡O te apartas de mi mujer o te las verás conmigo!
    -¡Te estás comportando como un salvaje, Manuel! - gritó Lucero.
    Manuel soltó por fin a Pedro con un gesto de desprecio. Luego observó a Lucero con ojos brillantes y llenos de reproches.
    -Y tú pregúntate a ti misma de quién es la culpa. Te he visto besándolo...
    -En la mejilla -se apresuró a decir Pedro tratando de recuperar el aliento-. ¿Sabes? Podrías tener problemas si te acusara de asalto.
    -Haz lo que te dé la gana -replicó Manuel sin prestarle atención.
    -Y más aún si voy a los periódicos a contar cierta historia -musitó Pedro.
    -Tú lo que le mereces es un buen puñetazo por haberte aprovechado de esa información que oíste en la oficina -intervino Lucero por fin.
    -¿Éste es... Pedro Fernandez? -preguntó Manuel tras una pausa, helado.
    Pedro hizo gala entonces de su instinto de supervivencia y desapareció de improviso en su coche. En un minuto se había ido. Lu se estremeció. No podía dejar de mirar a Manuel. Su pelo negro brillaba a la luz de las farolas.cont
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  Bryta el Vie Ago 16, 2013 3:19 pm

    Super, sube mas va muy bien! xDDD

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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

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