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    LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

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    Majo
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  Majo el Vie Jul 19, 2013 8:07 pm

    asdashdsg Me encantaa!!! cjas6'
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    diana lucerina
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  diana lucerina el Sáb Jul 20, 2013 3:13 pm

    :OOOOOO!! siguela!!! lu es virgen?

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    cap 16

    Mensaje  alelucerina el Jue Jul 25, 2013 9:19 pm

    CAPITULO 16
    Lucero hubiera podido perderse en aquellos ojos topacio, hubiera podido sentir la debilidad que la clavaba a una hipnótica quietud. Manuel tomó de nuevo sus labios abriéndoselos con la punta de la lengua. El corazón de Lucero retumbó y toda ella tembló, incapaz de respirar. Su sumisión fue absoluta, instintiva. No hubiera podido resistirse a la tentación de aquel beso ni aunque su vida hubiera dependido de ello. Era como volver a nacer, y cada nueva sensación le resultaba tan fresca e intensa que se sentía atada sin remedio, esperando deseosa la siguiente.
    -Tan dulce -jadeó él en voz baja mientras Lucero gemía y respiraba sofocadamente bajo su experta boca, con respuestas temblorosas.
    Manuel se quitó la camisa y elevó a Lucero hacia él, haciéndola sentarse. Ella se puso tensa. Todo su campo de visión estaba lleno con aquel pecho ancho y bronceado y aquel espeso y oscuro vello rizado que marcaba cada músculo antes de serpentear para convertirse en una fina línea sedosa sobre el estómago plano. Chris levantó sus manos y las puso sobre su pecho como si el hecho de que ella lo tocara fuera lo más natural del mundo.
    -Manuel... -dijo ella temblorosa mientras asombrosas olas de excitación la recorrían al conocer su calor con los dedos.
    Había tanto por conocer, pensó Lucero sintiendo de pronto que todo aquello se le escapaba, que él la alentaba y esperaba a una amante experta.
    -Tócame -la invitó él. Lu se examinó las manos como si esperara que ellas solas, sin ninguna orden consciente, se apartaran de él. Pero Manuel era tan fascinante, la hacía sentirse tan bien que fue incapaz.
    -Vas... vas demasiado rápido para mí -musitó seria, sin comprender cómo podía ser que estuvieran casi desnudos en la cama.
    -Si quieres que me vaya me iré -dijo él poniendo una mano sobre las de ella.
    Un miedo helado agarrotó a Lucero, que levantó la cabeza para encontrarse con aquellos ojos oscuros y aquel rostro firme y anhelante. Apartarse o quedarse. No había término medio. Y si él se marchaba quizá nunca volviera a pedirle nada. Quizá pensara incluso que ella lo había provocado en vano. Por fin Lucero pensó que si Manuel no veía razón alguna para no disfrutar el uno del otro era porque no la había.
    -Pero es que yo... -comenzó ella a decir sin saber muy bien cómo terminar, atemorizada pensando en que iba a parecer una virgen puritana y lo iba a echar todo a perder.
    -Decídete -insistió Manuel con urgencia, lleno de necesidad-. No soy de piedra, y ahora mismo me muero por ti...
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    Bryta
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  Bryta el Jue Jul 25, 2013 9:32 pm

    Deos, y luego? Go nena go , subi mas xD
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  Majo el Jue Jul 25, 2013 9:37 pm

    Oh May Globiu tenes que colgar mas, x3333
    me encantaa! :D'

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    capitulo 17

    Mensaje  alelucerina el Sáb Jul 27, 2013 3:48 pm

    CAPITULO 17
    Las manos de Lucero temblaron bajo las de él. No podía apartar los ojos de Manuel. La intensidad de su mirada la derretía en su interior.
    -Yo también te deseo... tanto.
    Manuel la posó con cuidado de nuevo sobre la cama.
    -No te haré nada que tú no quieras que te haga.
    -Por supuesto, pero...
    -Abre tu boca para mí -la urgió él con voz rota.
    Y Lucero lo hizo, captando de inmediato su fuego ardiente. No notó, en cambio, cuando él le deslizó los tirantes del camisón por los brazos. De pronto Manuel se apartó para seguir bajando la prenda por sus caderas, y Lucero vio con asombro sus pechos desnudos y llenos, sus pezones rosas tensos.
    -Eres exquisita -jadeó él. Manuel volvió a ella y dejó que su dedo pulgar acariciara el hinchado pecho, que la palma de su mano lo abrazara con firmeza por debajo y, por fin, que su boca se cerrara sobre él. Y le causó tal cúmulo de sensaciones que Lucero gritó. Su cabeza cayó sobre la almohada, todo pensamiento se suspendió. Las manos de Lucero agarraron a Manuel de los hombros mientras él acariciaba su sensible carne con la lengua, los dientes y los labios. De pronto era ella la que se moría por él, la que ardía como una loca por cada caricia certera, llevada por la más urgente necesidad, dejándose consumir por el fuego.
    Manuel rodó por la cama sin previo aviso y deslizó las sábanas hasta abajo, con los ojos dorados fijos en la pálida y rosada piel del cuerpo de Lu. Era como ser consumida visualmente. Lucero estaba excitada, apenas podía respirar, y sentía tal necesidad como nunca en la vida la hubiera podido imaginar. Los ojos de Lucero observaron a Manuel, siguieron cada uno de sus movimientos. No podía soportar que se alejara de ella.
    -¿Manu...? -musitó insegura.
    -Respondes como si te murieras por mí -dijo él con orgullosa satisfacción.
    Lucero lo observó bajarse la cremallera del pantalón. Sus ojos se abrieron inmensamente, sintiéndose de pronto cohibida. Segundos más tarde unos calzoncillos negros se deslizaron por las estrechas caderas, y Lucero vio por primera vez un sexo masculino excitado y completamente erecto. Y aunque Manuel era aún más bello de lo que jamás hubiera imaginado también le resultó amenazador. Tardíamente consciente de su propia desnudez, Lucero se sentó y tiró de la sábana para ocultarse bajo ella. Su corazón latía acelerado.
    Saber que no era sino una inexperta le producía pánico. Manuel volvió a la cama con movimientos naturales, sin ninguna inhibición. En realidad Lucero dudó que él, en alguna ocasión, hubiera necesitado de un dormitorio en el que esconderse.
    -Eres tímida -murmuró Manuel casi con ternura, quitándole la sábana para unirse a ella, concediéndole poca importancia a ese sentimiento.
    -Sí... Manu...
    -Quiero verte -confesó él estrechándola contra su cuerpo duro, poderoso y abrasivo, con un brazo posesivo-. Estás temblando...
    -Me pones nerviosa.
    Manuel enredó los dedos en el espeso cabello de Lucero y atrajo su boca hacia sí saboreándola en profundidad hasta que la cabeza de ella se inclinó llena de pasión y todos sus nervios desaparecieron. Y entonces él elevó la mirada y sus ojos dorados quedaron prendados en los de ella.
    -Esto no es simplemente una noche de locura, es algo excepcional, algo especial. Yo no tengo por costumbre acostarme con las mujeres así -aseguró él con ronca sinceridad.
    Lucero levantó una mano temblorosa y le apartó el cabello de la sien. Tenía el corazón en un puño. No podía creer que él pudiera tener tanto poder sobre ella, que al fin un hombre la tuviera pendiente de cada una de sus palabras, esperando y rezando para que fuera digno de su confianza. Saberlo resultaba aterrador, pero cuando él sostenía su mirada o la acariciaba ni una sola fibra de su cuerpo podía resistírsele.
    Manuel recorrió con una mano todo su cuerpo tembloroso. Ella se estremeció y jadeó. Su cuerpo estaba tan completamente preparado que una sola caricia bastaba para despertarlo. Cuando él jugueteó con el triángulo de plata que formaban sus piernas ella gimió y dejó que su rostro se hundiera sobre el hombro de él. Manuel siguió el rastro hasta el mismo centro de su ser, cálido e hinchado, con devastadora experiencia, llegando al punto más sensible. Y en ese momento Lucero se vio perdida sin remedio, atormentada por un cúmulo interminable de sensaciones que pronto se convirtieron en una tortura sin fin.
    -Estás tan cerrada - musitó Manuel con un gemido sensual y gozoso.
    La urgencia de aquel deseo resultaba insoportable. Lucero estaba completamente fuera de sí, con la respiración entrecortada, sujetándose a cualquier parte de él que lograba agarrar.
    -Manu, por favor... -gimió desesperada. Manuel se deslizó sobre ella colocándola sobre la cama. Lucero se debatió con ojos brillantes, exultante de feminidad, sintiendo el férreo control de Manuel y su rendición. Un hambre fiera la abrumaba en ese instante sin vergüenza. Y entonces él la penetró y el punzante y apasionado dolor de aquella invasión la hizo llorar de sorpresa.
    Manuel se quedó muy quieto. Unos ojos negros atónitos la miraron de lleno.
    -¡Cristo... es imposible que seas...!
    -Ya no...
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  diana lucerina el Sáb Jul 27, 2013 9:00 pm

    :OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO"!!!! siguelaaa!

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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  Leysdania el Dom Jul 28, 2013 12:53 am

    jajaaja ok, solo me reiré

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    capitulo 18

    Mensaje  alelucerina el Dom Jul 28, 2013 1:19 pm

    CAPITULO 18
    -Te gusta sorprenderme, ¿verdad? -preguntó él con una llama de fuego primitivo en la intensa mirada.
    Lucero estaba ruborizada al máximo, era completamente consciente de cada uno de los pequeños movimientos que él hacía abriéndose paso hambriento por su interior.
    -Ahora no puedo hablar -musitó atenta por completo a cada uno de los detalles de aquella nueva experiencia fascinante.
    Manuel rió a carcajadas. La besó en lo alto de la cabeza y comenzó a demostrarle cuán excitante podía ser aquello. Una necesidad cruda, fuera de control, iba poseyendo a Lucero cada vez con más fuerza. Apenas podía respirar. El mundo hubiera podido tocar a su fin y nada hubiera importado excepto aquella vibrante penetración. La intensidad del placer la volvió loca hasta que, finalmente, llegó al borde de la excitación y una ola de paroxismo la liberó.
    -Deberías de haberme dicho que era la primera vez -pronunció Chris apenas sin aliento.
    -No me pareció importante -musitó Lucero evasiva, disfrutando del modo en que él la abrazaba contra su cuerpo ardiente, cálido y húmedo, llorando contenta de que él no pudiera verlo.
    ¿Acaso era posible enamorarse en el plazo de veinticuatro horas?, se preguntó Lucero ensoñadora, luchando por reconocer a la nueva persona que sentía nacer en su interior, pero demasiado contenta y satisfecha como para sentir como una amenaza aquel cambio.
    ¿Algo especial? ¿Pero cómo de especial? Lucero sabía perfectamente cuánto de especial era Manuel para ella. Hubiera deseado poder envolverlo en una sábana de amor y abrazarlo hasta la muerte, nunca había sentido nada igual.
    -Para mí sí lo era -le confió Manuel en voz baja-. ¿Tienes hambre?
    -No, en realidad no.
    -Pues yo no recuerdo cuándo comí por última vez -musitó él reflexivo.
    -¡Qué sensible!
    Manuel la soltó y rodó por la cama hasta alcanzar un teléfono interno por el que ordenó que les llevaran comida. Luego, tomando su mano, la arrastró fuera de la cama junto a él. Con los brazos envueltos sobre sí misma, como si tuviera frío, Lucero caminó hasta el baño y lo observó abrir el grifo de la ducha. De pronto se sintió tremendamente tímida. Se veía arrastrada hacia la más profunda intimidad sexual. Manuel la metió en la ducha con él ignorando su vergüenza deliberadamente, o quizá sin darse cuenta.
    -Eres menudita de verdad -suspiró.
    -Mido uno cincuenta y uno -musitó Lucero añadiendo un centímetro más, sintiendo que Manuel la contemplaba de arriba abajo.
    -Estabas tan graciosa en el aeropuerto con aquel abrigo tan largo... eras como una niña pequeña toda vestidita - Lu no supo qué responder-. ¿Por qué te has quedado tan callada?
    -No llevo nada de ropa, y no tengo por costumbre mantener conversaciones en la ducha.

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    capitulo 19

    Mensaje  alelucerina el Dom Jul 28, 2013 1:20 pm

    CAPITULO 19
    Manuel rió. Luego la abrazó y la levantó como si fuera una muñeca, enlazándole los brazos a su cuello. La sujetó a su altura y la miró a los ojos, intensamente.
    -¿Estás tomando la píldora anticonceptiva?
    Lucero frunció el ceño y se ruborizó. No entendía por qué le hacía semejante pregunta cuando era él quien había tomado precauciones en aquella ocasión.
    -No.
    -Eso pensé. El preservativo se ha roto -la informó Manuel sin parpadear, escueto.
    -¡No...! -exclamó Lucero perdiendo el color al comprender las consecuencias que ello le podría acarrear.
    -Si ocurre algo... lo cual, creo, es poco probable lo solucionaremos entre los dos, juntos -añadió Manuel admirando sus labios abiertos y besándola lenta, dulcemente y con boca experta.
    Asustada por un instante ante la pesimista imagen de una vida arruinada por un embarazo no deseado Lucero trató de pensar en algo más alegre. Llevaba veinticuatro horas viviendo fuera de la realidad, y no tenía ninguna prisa por volver a ella.
    -Tengo planes para ti -admitió Manuel entre beso y beso, mientras ella temblaba -. Vas a disfrutar de estar conmigo.
    Juntos hicieron un picnic sobre la cama. Comieron langosta y ensalada griega. Lucero no había probado nunca la langosta, y estuvo a punto de desmayarse cuando la vio sobre el plato. No dejó de dar pequeños sorbos de vino hasta que Manuel tomó su vaso, y entonces ella lo imitó. Su ignorancia la hacía sentirse violenta y le recordaba lo diferentes que eran los mundos de ambos.
    -Gracias por lo que me dijiste antes en la playa - murmuró Manuel-. Me ha ayudado a ver las cosas con más perspectiva. Si mi padre o yo hubiéramos sospechado en algún momento el poco tiempo que nos quedaba habríamos corrido a reconciliamos. La gran ironía de la vida es que en realidad yo ya estaba trabajando en esa dirección.
    -¿En qué sentido?
    -Esa conversación que oíste -le recordó Manuel-. La empresa que había planeado comprar perteneció a mi padre, él la había perdido hacía tiempo. Pensaba ofrecérsela como una rama de olivo.
    -¡Oh, Manuel! -suspiró Lu enternecida-. Por eso era tan importante que te acompañara.
    -Pero aún tengo mis recuerdos. Mi padre era una persona fuerte, vital. Vivía la vida plenamente. Y no hubiera querido que lo recordara con tristeza.
    -Explícame la importancia de esa conversación que escuché -lo invitó Lucero tratando de evitar la tristeza y la oscura vulnerabilidad de sus ojos y de distraerlo.
    -Digamos que tenemos dos empresas, A y B -comenzó a explicar Manuel-. Primero compras el stock de la empresa A, y después dejas correr el rumor de que estás interesado en adquirirla. Los precios de ese stock suben. Entonces vendes el stock a un precio más alto. Y luego, sin previo aviso, te lanzas sobre la empresa B, en la que los valores del stock no se han incrementado, y te sitúas como propietario de una empresa a un buen precio.
    Es enrevesado.
    -Sí, así es como me consideran en los negocios - confirmó Manuel sin ofenderse lo más mínimo -. Pero si mis verdaderas intenciones salieran a la luz el precio del stock de la compañía B se dispararía y no compraría.
    Lucero apartó los platos de la cama. Cuando volvió al dormitorio Lucero estaba dormido. Su corazón, que se había derretido como el caramelo, volvió a agarrotarse al verlo. Parecía exhausto, pero mucho más en paz de lo que lo había estado a lo largo de todo aquel día. Por una vez en su vida Lucero se iba a dejar llevar. Por norma era muy precavida, prefería verlo todo en nítidos tonos blancos y negros antes de arriesgarse. Pero en esa ocasión era demasiado tarde...

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    capitulo 20

    Mensaje  alelucerina el Dom Jul 28, 2013 1:22 pm

    CAPITULO 20

    Lucero no abrió los ojos hasta las ocho de la mañana del día siguiente. Manuel estaba aún profundamente dormido. Y aún así era guapo, pensó Lu contenta de que no la viera echa un desastre. Manuel, en cambio, era la versión masculina de la perfección. Hasta su piel aceitunada brillaba contra el blanco de la sábana.
    Lucero salió de la cama con menos valentía de la que había entrado la noche anterior. A la clara luz de aquella mañana griega era perfectamente consciente de que se había decidido por un camino del que no había marcha atrás. Sus sentimientos habían llegado a un nivel muy alto, y eso le asustaba.
    Se puso el pantalón corto y se asombró al ver que era su talla exacta. Se sirvió un vaso de agua y picó un trozo de naranja y de manzana. Necesitaba aire fresco, distanciarse de Manuel, de modo que fue a dar un paseo por la playa.
    Un hombre que confesaba tener planes para una mujer desde el principio resultaba digno de confianza. Manuel parecía una persona honesta y abierta. Bien, no le hacía feliz haberse rendido y caído en su cama tan deprisa, pero sí le gustaba el hecho de que él hubiera sido su primer amor. Al menos no tendría la sensación de que era una mujer fácil.
    Más aún, imaginar que ellos dos hubieran podido mantener esa relación teniendo en cuenta que ella era la mujer de la limpieza de su edificio de oficinas rayaba casi en el snobismo. Pero eso a él no parecía importarle. Además ella era la encargada de la librería del señor Barry, aunque no ganara mucho. En cuanto volviera a casa iría al banco y solicitaría el préstamo. Sólo el miedo a que no se lo concedieran la había estado reprimiendo.
    Lucero miró el reloj y se dio cuenta de que llevaba dos horas paseando. Caminó de vuelta a la casa y vio a Manuel apoyado sobre la barandilla, aparentemente esperándola. De pronto se le quedó la boca seca. Cuanto más se acercaba y lo miraba más la absorbía él. El aspecto de Chris era sensacional. Llevaba ropa elegante y sencilla, de diseño. Con chinos ajustados a sus poderosos músculos. Hubiera deseado que no llevara las gafas de sol que ocultaban sus ojos.
    -Me han llamado por el móvil -dijo él cuando ella estaba aún a unos pasos.
    Lucero se dio cuenta inmediatamente de que algo no iba bien. Su tono de voz era helado, tan carente de emoción que le causaba escalofríos. Se detuvo. Sus ojos verdes traicionaron su ansiedad e inseguridad.
    -¿Qué ocurre?
    -En el mismo instante de abrirse las bolsas el precio del stock de la Palco Technic ha comenzado a subir -informó Manuel con una calma letal. Lucero se quedó mirándolo inquieta, demasiado temblorosa como para comprender de inmediato lo que había querido decir-. Dijiste que no habías conseguido hablar por teléfono desde el aeropuerto, pero es evidente que mentías - añadió Manuel con el mismo tono de voz indiferente-. Filtraste esa información confidencial y naturalmente alguien se ha aprovechado de ella. Espero que te haya producido importantes beneficios.
    -¡La única llamada que hice desde el aeropuerto fue con tu móvil! -se defendió Lucero-. ¡Por el amor de Dios, Manuel...! Si algo va mal no tiene nada que ver conmigo, yo no he filtrado ninguna información... ¡Ni siquiera hubiera sabido a quién contárselo!
    -Son demasiadas coincidencias, Lucero. Por ejemplo, ¿dónde estabas esta mañana cuando me desperté?
    - Yo... -Lucero parpadeó desconcertada.
    -Venga, ¿a que tenías miedo de mi reacción cuando me enterara de todo? -inquirió Manuel directo-. Sabías que me iba a enterar antes de que tú abandonaras la isla, pero eras demasiado avariciosa como para pararte a pensarlo, ¿verdad?
    El sol caía sobre Lucero con fuerza, haciéndola sudar, pero en su interior un asombroso frío se extendía como un glaciar. Por fin comprendía de qué la acusaba y aquello, si acaso, la aturdía.
    -Manuel, lo has mal interpretado todo -protestó Lucero-. Siento mucho que esa información haya salido de tu oficina, pero no me gusta que me acusen de algo que no he hecho. Te advertí de que había alguien más escuchando...
    -No insultes mi inteligencia... -contestó Manuel curvando los labios con un hondo desprecio.
    -¿Qué inteligencia? -preguntó Lucero entre irritada y asustada-. Si tuvieras alguna te darías cuenta que es imposible que sea yo la responsable de esa filtración.
    -Has arruinado mis planes, y después prácticamente te has metido en mi cama prostituyéndote para tratar de aplacar mi ira -la acusó Manuel amenazador.
    Aquella acusación heló el aire. Lucero tembló, se puso pálida hasta la muerte. Manuel se quitó las gafas de sol y la escrutó con ojos brillantes y negros.
    -No... ahora que te miro veo que se trata de algo más personal que eso -argumentó Manuel con una insolencia de seda.
    -¡Eres un bastardo! -susurró Manuel reaccionando a aquella crueldad calculada con una instintiva defensa.
    -Así que por una noche he ido de visita a los barrios más bajos -concluyó Manuel-. Ha sido toda una experiencia, pero no pienso volver a repetirla.
    -No, he sido yo la que ha ido de visita a lo más bajo, Manuel -le contradijo Lucero con ojos brillantes, de esmeralda, echando atrás la cabeza-. Tú lo único que tienes es una abultada cuenta bancaria, porque desde luego clase tienes tanta como un pastor de cabras.
    Manuel hizo una mueca y se quedó helado en su sitio. Lucero subió al porche pasando por su lado y entró en la casa. Lo único que deseaba era ponerse unos zapatos y escapar. Se apresuró a entrar en el baño, donde tenía la ropa, y al cruzar un poderoso brazo la detuvo.
    -Vuelve a decir eso otra vez -la invitó Manuel en voz baja, en tono de amenaza.
    -Tienes tanta clase como un pastor de cabras - repitió Lucero mirando al espacio-. Y desde luego no me cabe duda de que, con esa comparación estoy insultando al pobre pastor. Él puede que sea pobre, pero si no es honrado al menos tiene una justificación.
    -Mientras que yo en cambio... -continuó Manuel en un tono de voz más alto.
    El corazón de Lucero latía tumultuoso. Podía sentir la rabia de Manuel, cruda como un huracán, crujiendo en el aire. Sin embargo no podía reprimir su deseo de contestar.
    -Mientras que tú eres rico y privilegiado, un cerdo ignorante. ¡Y ahora quítame las manos de encima!
    Una décima de segundo más tarde Lucero dejó escapar un gemido estrangulado al sentir que él la levantaba del suelo y la ponía sobre la cama. Aterrizaron a tan increíble velocidad que se le cortó la respiración. Lucero se quedó clavada. Él estaba pálido a pesar del tono aceitunado de su piel, y sus ojos negros brillaban intimidándola.
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  diana lucerina el Dom Jul 28, 2013 5:36 pm

    :O siguelaaaaaaaaaaaa
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  Hicat el Dom Jul 28, 2013 11:03 pm

    Omg. Tienes que subir 10 capitulos de una vez. Jajaja Seguila hoy si podes.

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    capitulo 21

    Mensaje  alelucerina el Lun Jul 29, 2013 4:01 pm

    CAPITULO 21
    -¡Si fueras un hombre te habría matado por insultarme de ese modo!
    -¡Me estás asustando...! -musitó Lucero.
    Una expresión de terrible desagrado cruzó el rostro de Manuel, que se enderezó instantáneamente
    -El helicóptero te está esperando en la villa -añadió entre dientes -. ¡Haz tu maleta y márchate! ¡Y no vuelvas a poner un pie en el edificio Mijares International!
    Lucero, tan pálida como la sábana, sacó las piernas de la cama y se sentó.
    -Pensé que podría amarte, pero ahora te odio - musitó con voz espesa.
    Manuel dejó caer un montón de billetes sobre la alfombra, a los pies de Lucero, con un gesto de desprecio. Lucero los miró incapaz de pronunciar palabra.
    -Como tú misma has dicho muy bien los negocios son lo primero y lo último en tu vida. Así que, si te sirve de consuelo, he pasado una noche fantástica.
    Por un momento Lucero se sintió devastada, pero después su reflejo innato de supervivencia la hizo reaccionar.
    -¿Es eso lo que cuesta el billete de avión desde Atenas?
    -Cristo, ¿qué significa eso?
    -La pobre gente como yo tiene que ser práctica. No sé cuánto cuesta un billete en avión de aquí a casa -explicó Lucero negándose a mirarlo, negándose a sentir nada.
    -Puedes recoger tu billete de vuelta en la terminal.
    -Entonces lo único que necesito es dinero para el transporte a casa una vez que llegue a Londres -dijo Lucero tomando un billete del suelo y resolviendo mandarle el cambio-. ¿Qué hay de Gabriela?
    ¿De la otra mujer de la limpieza? ¿Tú qué crees?
    -Que si echas también a Gabriela vas a lamentarlo -Lucero levantó la cabeza despacio, muy despacio, con una mirada tan fría como la de él. Era el momento de proferir la peor amenaza de su vida-: Acudiré a los periódicos, Manuel. Les contaré toda esta historia en verso, ya que parecen tan interesados en ti. Y con lo que saque compensaré a Gabriela...
    Manuel la observó con un disgusto y una incredulidad inconfundibles. Lucero estaba sobrecogida, pero se puso en pie por miedo a delatar su debilidad. Le dio la espalda, recogió sus zapatos viejos y se los puso. Luego, con la bolsa de la ropa de trabajo en la mano, pasó por delante de él con la cabeza bien alta.
    Llegar hasta el ascensor de la villa se le antojó eterno, y lo mismo atravesar el vestíbulo. El helicóptero estaba aparcado a cierta distancia de la casa.- Subió a él tratando de mantener el control y, sobre todo, de no pensar en lo estúpida que había sido echando sobre sí aquella desgracia. Pero el primer suspiro de autocompasión escapó de su boca mucho antes de que abandonara Atenas. Lucero no estaba acostumbrada a cometer errores, y menos aún con los hombres. Era una persona cauta. Por eso, cuando volvió a recordar todo lo ocurrido, no pudo creer que se hubiera comportado de un modo tan tonto. De inmediato decidió que había recibido lo que se merecía. Ella misma había invitado toda aquella humillación.
    ¿Cómo había podido olvidar que aquel hombre era el modesto chico que, pavoneándose, había asegurado ser capaz de persuadirla para que se acostara con él? Y, lo que era aún peor, Lucero se veía obligada a reconocer que se había sentido muy próxima a una persona capaz de sojuzgarla y malinterpretarla. Manuel ni siquiera la había escuchado.
    ¿Pero qué se podía esperar de alguien tan estúpido y con tantos prejuicios, por otro lado? El problema era que nunca nada le había dolido tanto como aquello...
    Aquél era un día húmedo, y en la tienda no había un solo cliente.
    -¿Una taza de té, Lu? -preguntó Horace Barry.
    -Gracias, sí.
    Lucero observó caer la lluvia mientras sorbía el té desde detrás del mostrador. Había vuelto a casa dos días atrás, pero lo ocurrido en la isla de Chindos la obsesionaba cada día más. El sexo era algo demasiado peligroso como para jugar con él, eso siempre lo había sabido. Siempre había creído que la intimidad física era algo que pertenecía por entero a las relaciones estables. Era humillante reconocer que se había acostado con un hombre al que conocía sólo desde un día antes. Había hecho una elección y, confiando en los sentimientos más que en la razón, se había equivocado. Hubiera debido de mantener a Manuel a distancia, y si el accidente de sus relaciones tenía consecuencias la culpa sería únicamente suya.
    El señor Barry se fue pronto a casa. Justo antes de la hora de cerrar llegó un repartidor con un ramo de flores.
    -¿La señorita Lucero Hogaza?
    -No creo que sea yo la Lucero Hogaza que tú buscas.
    -Pues la dirección es ésta.
    El corazón de Lucero comenzó a martillear deprisa al comprender que sólo había una persona que pudiera mandarle flores. Lu suspiró y sacó la tarjeta del sobre. Sólo había escritas seis palabras: «De parte del pastor de cabras». Primero se puso blanca, luego colorada. Después rompió la tarjeta en pedazos y la tiró a la papelera.

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    capitulo 22

    Mensaje  alelucerina el Lun Jul 29, 2013 4:02 pm

    CAPITULO 22
    Evidentemente las rosas significaban para Manuel una disculpa. ¿Acaso había descubierto que no había sido ella la fuente de la filtración? Alguien, seguramente, se lo había demostrado, porque él no había albergado duda alguna sobre su culpabilidad. No, Manuel no había vacilado en creer que aquella escurridiza mujer de la limpieza le había mentido, engañado y finalmente traicionado. Esperaba que hubiera perdido un montón de dinero en aquella operación.
    De pronto el teléfono sonó.
    -Quisiera hablar con Lucero...
    Lucero se quedó helada al reconocer la voz. El silencio pareció llenar la atmósfera.
    -¿Qué quieres?
    -Estaré de vuelta en Londres esta noche, hacia las nueve. Quiero verte.
    -No hay nada que hacer - tartamudeó ella tras una pausa.
    -Lu... -respiró Manuel, pronunciando su nombre de un modo que la hizo temblar.
    -¿Sigue Gabriela en su puesto de trabajo?
    -Sí.
    -Bien... -suspiró ella aliviada, soltando el aire contenido-. ¿Significa eso que puedo volver yo también a mi empleo?
    -Eso lo discutiremos más tarde...
    -Manuel, no vamos a volver a vernos nunca más -aseguró Lucero acalorándose por momentos-. Todo lo que tengo que decirte te lo puedo decir ahora mismo, por teléfono: ¡me debes un puesto de trabajo!
    -Puedo buscarte algo alternativo...
    -Escucha, ¿qué hay de malo en que siga trabajando en la octava planta? ¿Crees que voy a ir por ahí cuchicheando sobre ti? ¡Debes de estar de broma! ¡No confesaría ni aunque me dieran una descarga eléctrica!
    -Hablaremos de eso esta noche.
    -No voy a volver a verte. ¡No quiero volver a verte! Estás tratando de asustarme, y no voy a permitirlo. Si no me dejas volver a mi puesto de trabajo iré a un tribunal y te acusaré de despido improcedente. Conozco mis derechos, Manuel.
    -Lucero, acabas de decirme que no confesarías ni aunque te dieran una descarga eléctrica -le recordó él.
    -¿Acaso has creído que pensaba decir toda la verdad? ¿Una mentirosa tan escurridiza y convincente como yo? ¡Por supuesto que mentiría ante un tribunal!
    Un silencio tenso volvió a reinar.
    -Si quieres volver al trabajo la semana que viene yo no voy a interponerme en tu camino -contestó Manuel haciendo una concesión con evidente exasperación.
    -Voy a volver esta noche. Tú sencillamente olvídate de que nunca nos conocimos. Yo, desde luego, ya lo he olvidado -afirmó Lucero colgando el teléfono.

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    capitulo 23

    Mensaje  alelucerina el Lun Jul 29, 2013 4:05 pm

    CAPITULO 23
    ¿Acaso creía que le importaba si había encontrado o no a la persona responsable de la filtración? ¿De verdad imaginaba que una disculpa iba a cambiar las cosas? ¿Es que todos los hombres ricos eran igual de arrogantes? Lucero cerró la tienda sintiendo un tumulto de emociones en su interior y subió a su casa.
    Lo último que necesitaba era ver a Manuel Mijares. ¿Quién hubiera querido enfrentarse a la persona en cuya presencia había cometido el peor error de su vida? Lucero se preparó un sándwich y veinte minutos más tarde se dirigió al edificio Mijares Intemational a trabajar. Al entrar en el vestíbulo la enorme fotografía de él la ofendió. La supervisora, una mujer mayor, frunció el ceño al verla.
    -Te tomaste el lunes libre sin decir nada a nadie - la censuró-. Ni siquiera llamaste para avisar que estabas enferma. Tendré que ponerlo en el informe para personal.
    -Sí, lo sé, lo siento -se excusó Lucero culpando a Manuel en silencio.
    A mitad del turno Lucero se tomó un descanso y bajó a tomar café a la planta baja. Gabi se dejó caer en un asiento a su lado.
    -¿Dónde diablos te metiste el lunes por la noche? Me preocupé mucho cuando no bajaste a tomar café. Estaba asustada, como me contaste eso del ejecutivo...
    -¿Qué ejecutivo?
    -Ya sabes, el que te molestaba, ese rubio que se llama Fernandez. El otro día, en cuanto me puse a trabajar en tu planta, se me acercó y me preguntó dónde estabas.
    -¿Cómo dices? -preguntó Lucero pálida.
    -Tuve que decírselo, cariño. ¿Subió a buscarte?
    -No lo sé... yo no lo vi -musitó Lucero preguntándose de pronto si habría sido Pedro Fernandez quien había escuchado la conversación de Manuel.
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  diana lucerina el Lun Jul 29, 2013 5:47 pm

    siguela me encanta!!
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  Hicat el Mar Jul 30, 2013 4:38 pm

    Ya quiero continuación. Es mi favorita. <3

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    capitulo 24

    Mensaje  alelucerina el Mar Jul 30, 2013 9:00 pm

    CAPITULO 24
    De pronto otra conversación entre dos mujeres de la limpieza llamó la atención de Lucero.
    -Apuesto a que es una secretaria o algo así...
    -No tal y como iba vestida, con ese sombrero y todo eso -argumentó la otra vehemente-. Y de todos modos, ¿para qué iba a llevar a una secretaria al funeral de su padre?
    -¿De quién estáis hablando? - preguntó Lucero aclarándose la garganta.
    -De la misteriosa rubia con la que llegó el señor Mijares a Atenas -rió Gabi-. ¿Una secretaria? De eso nada, no con esa ropa.
    -Muchas secretarias están muy cualificadas y ganan mucho dinero -aseguró Lucero.
    -Esa rubia se parecía mucho a ti -bromeó otra-. Y tú desapareciste la noche del lunes. ¿Tienes algo que confesar?
    -¿Yo... yo? -repitió Lu desconcertada.
    -¡Lucero hubiera estado demasiado ocupada dándole clases sobre sexismo al señor Mijares como para acompañarlo! -rió alguien.
    -Esta noche voy muy retrasada, será mejor que me ponga a trabajar -comentó Lucero.
    Al acabar su turno Lu tomó el autobús a casa. Nada más llegar vio una limusina aparcada. La tensión se apoderó de ella y el corazón le latió acelerado. Al acercarse Manuel Mijares salió del coche con toda naturalidad.
    Y, como era habitual, su aspecto era sensacional. Traje sastre gris marengo, camisa de rayas, corbata de seda. El corazón de Lucero zozobró. Manuel parecía exactamente lo que era: un hombre de negocios rico y sofisticado. ¿Cómo podía haber imaginado, ni tan siquiera por un segundo, que podía relacionarse con una persona así? Lucero sacó las llaves con mano temblorosa.
    -No juegas limpio, Manuel. Te dije que no quería verte.
    -Te hice daño y lo siento -murmuró él tranquilo.
    Lucero ladeó la cabeza. No estaba preparada para escuchar aquella disculpa tan penosa para su ego. De sus ojos salieron lágrimas mientras trataba de meter la llave por la cerradura. Manuel le quitó las llaves, abrió y dio un paso atrás. Lucero entró y apagó la alarma.
    -No tengo ganas de hablar contigo, ¿de acuerdo?
    -No, no estoy de acuerdo. Yo quiero que hablemos.
    Lucero tragó saliva. Probablemente lo único que quería era ofrecerle una explicación y marcharse, pensó. Se encogió de hombros como si aquello no le importara y trató de mantener alta su dignidad. Manuel la siguió por las escaleras que había detrás del mostrador. Ella abrió la puerta de su casa y encendió la luz de la mesilla.
    Aquella era su casa, y tenía una sola habitación, pero estaba orgullosa de ella. Había pintado las paredes de amarillo, colgado pósters y cubierto un sillón con una bonita tela de color. Dejó las llaves sobre la mesa junto a la ventana y se volvió hacia él.
    Manuel la observó con una intensidad inquietante. Lucero se ruborizó y se cruzó de brazos, plenamente consciente de pronto de su pobre aspecto. Levantó la barbilla y sus miradas se encontraron. Ella se estremeció, sintió un calor inundar sus muslos, una necesidad despertar de pronto.
    -Ven a casa conmigo -rogó él con voz espesa.
    -¡No! -jadeó Lucero confundida ante aquella invitación.
    Las densas pestañas de Manuel descendieron lentamente sobre su intensa mirada mientras él respiraba hondo, lleno de tensión.
    -Tienes razón, tenemos que hablar primero -concedió él a su pesar.
    ¿Primero?, se preguntó Lucero volviéndose temblorosa, atónita ante la idea de que él pudiera obligarla a rendirse con una sola mirada.
    -El otro día, en la isla, me equivoqué totalmente contigo -admitió Manuel sin vacilar-. Cuando me llamó mi gerente con las malas noticias no le dejé ni explicarse. No quería discutir sobre ese asunto. Me temo que pensé que habías sido tú quien había hecho esa llamada desde el aeropuerto. Estaba furioso.
    -Sí.
    -Pero esta mañana he sabido que decías la verdad, había alguien más la otra noche. La cámara de seguridad del corredor lo tiene todo grabado -reveló Manuel-. Si yo hubiera estado más centrado aquél día me hubiera acordado de la cinta de vídeo y habría comprobado de inmediato que decías la verdad -Lucero asintió en silencio, sin mirarlo -. Tengo mucho carácter, pero normalmente no llego a juicios tan precipitados sobre la base de pruebas circunstanciales únicamente.
    -Bueno, es cierto que las circunstancias no me favorecían, ¿verdad? -respondió Lucero tratando de no darle importancia, deseosa de acabar con aquella visita -. Tú no me conocías, ¿cómo ibas a saber que yo no hago esas cosas?
    -Eres muy generosa, pero no voy a esconderme tras esa excusa. Hemos pasado el suficiente tiempo juntos, yo debería de haberlo sabido -la contradijo Manuel-. Lamento terriblemente la forma en que te traté. Fui... brutal.
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  diana lucerina el Miér Jul 31, 2013 7:28 pm

    siguelaaa

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    capitulo 25

    Mensaje  alelucerina el Jue Ago 01, 2013 12:45 pm

    CAPITULO 25
    Lucero no discutió ese punto. Se quedó mirando para abajo, resistiéndose a la tentación de posar los ojos sobre él. Manuel se lo estaba poniendo difícil. No quería servirse de la excusa que ella le ofrecía como hubiera hecho la mayoría de los hombres. No trataba de aminorar en nada su culpa, de negar su crueldad. El silencio era tenso. Lucero sabía que él esperaba una respuesta, pero no tenía nada que decirle.
    - El empleado que fue a la competencia con la filtración fue un ejecutivo llamado...
    -¿Pedro Fernandez? -preguntó Lucero de improviso, sin pensar.
    -¿Cómo lo sabes? Dijiste que no lo habías visto...
    -Y no lo vi. Esta noche, a la hora del descanso, Gabi me ha dicho que Pedro Fernadez le preguntó dónde estaba ese día y que...
    -¿Y por qué iba a preguntar Fernandez dónde estabas tú?
    -Es el tipo de la octava planta que siempre me estaba molestando -explicó Lucero con una mueca.
    -Pues se me ha negado el placer incluso de despedirlo, ha dimitido. Cambió la información por un puesto de trabajo mejor en otra empresa... aunque no creo que permanezca en ella mucho tiempo, desde luego.
    -¿Y por qué no?
    -Porque es incapaz de lealtad alguna a ninguna empresa - sonrió Manuel curvando sus sensuales labios -. ¿Cómo va nadie a confiar en él? A la primera excusa lo despedirán.
    -¡Ah! -exclamó Lucero contemplando y admirando por fin el rostro de él mientras sentía que se le secaba la boca-. Pues no pareces muy enfadado.
    -Bueno, he dejado mis planes de compra para más adelante. Y vendí el stock de la empresa A antes de que se enterara nadie... -añadió Manuel sosteniendo su mirada con brillantes ojos oscuros y utilizando los mismos términos que había empleado en la isla, en la cama, para explicarle a Lucero sus tácticas en los negocios. Lu se ruborizó-. Y en cuanto a la empresa B mis competidores han creído erróneamente que si yo estaba interesado en ella era porque contaba con una nueva tecnología. Han comprado una buena parte de sus stocks -continuó Manuel irónico-. Luego descubrirán que no es así, pero cuando vayan a deshacerse de la mercancía lo harán con pérdidas.
    -Así que al final lo más probable es que tú la compres por nada...
    Se hizo el silencio. Manuel observó los ojos de Lucero con una mirada intensa y oscura. Ella se puso tensa. Era insoportablemente consciente de su potente masculinidad. Bajo la ropa sus pechos estaban duros, hinchados, y los pezones tensos y deseosos. Un rubor rosado coloreaba sus mejillas. De pronto Manuel cruzó la distancia que los separaba con un solo movimiento.
    -No volveré a hacerte daño otra vez, Lu.
    -Creo que ahora deberías de marcharte, Manuel -contestó ella.
    -¿Por qué? -preguntó él sorprendido.
    Con sólo aquella palabra, que revelaba cuán fácilmente pensaba Manuel que se ganaría su perdón, Lucero se armó de valor. Toda su flaqueza desapareció.
    -Creo que es evidente -murmuró ella seca-. Lo que ocurrió en la isla no volverá a ocurrir más. No tenemos nada más que decirnos el uno al otro.
    -No te dejaré marchar -declaró Manuel en un tono de voz sedoso pero firme.
    -¿Y quién diablos te crees que eres para decirme eso a mí? -preguntó Lucero con ojos verdes brillantes de ira.
    -Tu amante -respondió él en voz baja. Lucero se puso pálida-. Te dije que yo no soy de los que se acuestan con mujeres una sola noche. Aún estás enfadada conmigo, Lucero, y lo comprendo, pero no es un problema insuperable.

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    capitulo 26

    Mensaje  alelucerina el Jue Ago 01, 2013 12:46 pm

    CAPITULO 26
    -No importa si yo sigo enfadada o no -protestó Lucero-. En la isla... tú y yo... bueno... fue más una fantasía que otra cosa.
    -Gracias -contestó Manuel sonriendo a medias.
    -Pero ahora estamos en el mundo real, Manuel.
    -Yo no sabía que lo hubiéramos abandonado ni tan siquiera en Chindos...
    -Pues yo sí -contraataco Lu con vehemencia-. Era mi paraíso idílico preferido: una playa a la luz de la luna, un guapo extranjero haciéndome justo los comentarios correctos y... ¡zas!, de pronto estamos en la cama.
    -¿Qué estás tratando de decirme?
    -Que los dos nos olvidamos de quienes somos - afirmó Lucero escueta.
    -¿Y qué somos, aparte de dos personas que se desean mutuamente? -exigió saber Manuel.
    -¡Yo soy una simple trabajadora, y tú eres un magnate de las finanzas griego! ¡Deja ya de endulzar la píldora! -se exasperó Lucero-. ¡Yo podría haberme pasado la vida limpiando la planta de arriba y tú no me habrías visto jamás!
    -Sí te hubiera visto...
    -¡No, no me habrías visto! ¡La gente como tú nunca mira realmente a nadie como yo!
    -Pero ahora que te he mirado no voy a echarme atrás -la interrumpió Manuel insistente-. Y en cuanto a eso de que eres una simple trabajadora me hará muy feliz arreglarlo.
    -¿Crees que es un problema? -preguntó Lucero divertida-. ¿De qué estás hablando?
    -Quiero que continuemos con esta fantasía, me las arreglo bien con las fantasías -confesó Manuel con calma mientras la rodeaba con los brazos por la estrecha figura-. Creo que eres adorable.
    -¿A...adorable? -repitió Lucero débilmente.
    -No hace falta que trabajes -murmuró Manuel con una voz íntima y ronca que pareció encender chispas en la piel de Lucero -. Te compraré un apartamento y...
    -¿Un apartamento? -tartamudeó Lucero atónita e irritada.
    Manuel deslizó un largo dedo por la barbilla de Dulce, alzó su rostro y miró hambriento sus enormes ojos.
    -Yo soy griego. Quiero cuidarte en todos los sentidos. Pareces sorprendida, ¿por qué? En Chindos te dije que tenía planes para ti.
    Lucero estaba seria. Abrió la boca, pero ningún sonido salió de su garganta. Al segundo intento consiguió pronunciar, en un tono demasiado alto:
    -Deja que trate de comprender lo que dices... ¿me estás pidiendo que sea tu amante?
    -Sí, te estoy pidiendo que sigamos viéndonos -replicó Manuel con frialdad.
    -Que sea tu juguete... -añadió Lucero casi incapaz de respirar, al borde del colapso, sin saber si echarse a reír o a llorar.
    Manuel escrutó la expresión de reproche de sus ojos verdes.
    -No, no es eso lo que deseo que haya entre nosotros.
    -¿Le pedirías a una mujer de tu misma clase social que fuera tu amante? -exigió saber Lucero, que no pudo resistirse a hacer la pregunta.
    -Tú eres la única mujer a la que se lo he pedido nunca -contestó Manuel echando atrás la cabeza arrogante.
    -Pues lo siento, pero no estoy disponible -replicó Lucero sin asomo de arrepentimiento.
    Manuel deslizó los dedos por la melena plateada haciéndola su prisionera.
    -Estás atrapada, sólo que ahora mismo eres incapaz de admitirlo. Tú me deseas tanto como yo...
    - En este preciso momento podría darte un buen puñetazo.
    - Veamos, ¿quieres que probemos?
    -¡Manuel, no...!
    Pero Manuel apretó sus labios contra los de ella. Y después introdujo su lengua en la tierna boca de Lucero en una experta exploración carnal. La penetró y retiró la lengua haciendo que todas las células del cuerpo de Lucero ardieran recordando el modo en que la había invadido en una ocasión. Lucero sintió que le temblaban las piernas. Impotente ante aquel abrazo y aquella excitación, se apretó contra el cuerpo duro y plano, caliente y masculino de él. Reconoció su erección al contacto y se derritió como miel caliente en su interior. Manuel jadeó y tomó su rostro con ambas manos, mirándola a los ojos con un crudo deseo sexual.
    -¿Por qué no quieres que te ayude económicamente? Sería tanto por mi conveniencia como por la tuya. Quiero que vengas de viaje conmigo, que estés siempre ahí, para mí...

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    capitulo 27

    Mensaje  alelucerina el Jue Ago 01, 2013 12:48 pm

    CAPITULO 27
    Aquella cándida confesión logró desvanecer el calor enfebrecido que había inundado a Lucero tanto como el cambio de conversación.
    -Tú lo que quieres es una esclava sexual...
    -Me aburriría hasta la muerte con una esclava sexual -replicó Manuel.
    Una cruda e involuntaria risa salió de labios de Lucero. Luego, levantando ambas manos, se apartó con firmeza de él y Manuel un paso atrás.
    -Eres demasiado simple, Manuel. Y esta ridícula conversación no tiene en absoluto sentido. Estás perdiendo el tiempo.
    -Tú me perteneces...
    -No, definitivamente -respondió Lucero echando atrás la cabeza en un gesto desafiante-. No tengo el menor deseo de pertenecerle a nadie. Con todo lo que trabajo no tengo tiempo para estar con ningún hombre. Debería de estar furiosa contigo por pedirme que fuera tu amante, pero como eres griego supongo que tendré que hacer alguna concesión a nuestras diferencias culturales...
    -Creo que lo que quieres es que te persiga... -afirmó Manuel con las venas hinchadas y el rostro airado.
    -Es tu ego el que habla. Lo que yo quiero es olvidar que nunca nos hemos conocido -lo contradijo Lucero con convicción -. Pero estás tan acostumbrado a que todas las mujeres te deseen que no puedes aceptar que si digo no significa no.
    -Si me marcho ahora todo habrá terminado -la amenazó Manuel con ojos negros brillantes.
    Lucero sintió que se le cortaba la respiración ante aquella advertencia. Hubo un silencio. Manuel caminó hasta la puerta sin decir palabra. Y de pronto se marchó.
    Dulce esperó unos minutos y luego bajó tras él para cerrar la puerta. Al volver la habitación le pareció fría y vacía. Era como si Manuel se hubiera llevado toda la luz y toda la fuerza con él. Lucero trató de olvidarlo. Al fin y al cabo no había argumento que hubiera podido convencerla para llevar el tipo de vida que él le proponía.
    Su madre había sido la amante de su padre durante dieciséis años. Aquella había sido una relación llena de mentiras y fingimientos. Luz Hogaza había decidido que no podía vivir sin el padre de su hija, aunque estuviera casado. Y aquella decisión había destrozado su vida.
    Lucero trató de olvidar todos aquellos recuerdos de su infancia. Nunca repetiría los errores de su madre. En un par de semanas Manuel ni siquiera se acordaría de ella, aunque por desgracia a ella le costaría más tiempo.

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    capitulo 28

    Mensaje  alelucerina el Jue Ago 01, 2013 12:49 pm

    CAPITULO 28
    Manuel la había llevado hasta un paraíso de fantasía romántica. Pero en cuestión de horas la había devuelto a la tierra con una fuerte caída. La había herido más de lo que nadie la hubiera herido nunca, y había comprendido que era mucho más ingenua de lo que creía.
    No era una mala lección. Por fin había conseguido resistirse a Manuel Mijares, había hecho lo correcto. ¿Cómo era posible, sin embargo, que se sintiera tan mal?
    A mediados de la semana siguiente Lucero le dijo al señor Barry que había fijado una cita con el encargado de la sucursal del banco.
    -¿Y eso?
    - Para pedir el crédito y comprar la librería –explicó Lucero sonriendo.
    -Deja eso para más adelante, Lucerito.
    -Bueno, supongo que puedo cancelar la cita - murmuro ella molesta.
    -Sí, es lo mejor -aconsejó el señor Barry mirando unos libros y marchándose enseguida a casa sin más explicación. Lucero frunció el ceño. El señor Barry siempre había estado deseoso por retirarse. ¿Acaso había cambiado de opinión? Barry le había dado a entender que si le hacía una buena oferta para finales de ese mismo año la librería era suya. Sin embargo Lucero no quería hacer una montaña de un grano de arena. No le haría ningún daño esperar.
    Pasaron dos semanas más. El señor Barry siempre había sido una persona callada, pero durante ese tiempo se mostró incluso evasivo. Distraída y preocupada, Lucero miró una noche el calendario. Fue entonces cuando, con retraso, notó que tenía otra cosa más importante de la que preocuparse.
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    Re: LA NOVIA EMBARAZADA-- ADAPTADA---

    Mensaje  diana lucerina el Jue Ago 01, 2013 2:23 pm

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