Spaw's por siempre♥


    ¿Te acuerdas de mí? ADAPTADA

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    Cherey Valentina
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    Re: ¿Te acuerdas de mí? ADAPTADA

    Mensaje  Cherey Valentina el Dom Mar 31, 2013 8:34 am

    Yo propongo que subas mas cap Smile fjdhjdhs,s,s,s,dfmdfhdfgdjfhgjhdf manu no la puede dejar ir.
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    Paola casandra
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    Re: ¿Te acuerdas de mí? ADAPTADA

    Mensaje  Paola casandra el Lun Abr 01, 2013 11:31 pm

    CAPITULO 16

    Lucero salió conmocionada del ascensor. Las piernas apenas la sujetaban y tenía las manos heladas. Funcionaba con el piloto automático y su cerebro apenas respondía.
    Las palabras de Manuel resonaban en su mente.

    «La utilicé».

    «La seduje».

    Se tambaleó hacia la puerta donde el conserje le bloqueó el paso y le sujetó el brazo.
    —Señorita Hogaza, si fuera tan amable de esperar aquí…
    — ¿Para qué? —ella lo miró confusa.
    —Espere aquí, por favor.
    Ella sacudió la cabeza y reanudó la marcha hacia la puerta, pero él la sujetó de nuevo.
    — ¡No me toque! —la ira empezaba a abrirse paso entre la conmoción y dio un paso atrás.
    Al hacerlo, tropezó con alguien y, al girarse se encontró con la mole humana que tenía Manuel como jefe de seguridad.
    —Señorita Hogaza, no tenía ni idea de que estuviera en la ciudad —él frunció el ceño—. Debería haber informado al señor Mijares para que yo pudiera ir a buscarla al aeropuerto.
    El conserje respiró aliviado ante la presencia de Ramón y se apresuró a regresar a su puesto junto a la puerta.
    —No voy a quedarme —le aclaró ella secamente—. En realidad iba de camino al aeropuerto.
    Ramón la miró perplejo en el instante en que aparecía Daniel Corona.
    —Gracias, Ramón, ya me ocupo yo de la señorita Hogaza.
    —De eso nada —murmuró Lucero mientras se volvía de nuevo hacia la puerta.
    Daniel la agarró en cuanto puso un pie en la calle y la miró con dulzura.
    La simpatía que sintió emanar de ese hombre hizo que los ojos se le llenaran de lágrimas.
    —Vayamos a dar una vuelta —le ofreció amablemente—. Hace frío y no deberías subir a un taxi sin tener ni idea de adónde ir.
    Seguramente no habrás reservado hotel, ¿tengo razón?
    —Tenía pensado quedarme con Manuel —Lucero sacudió la cabeza y estalló en llanto.
    —Vamos —insistió él—, te llevaré a mi casa. No está lejos y tengo una habitación libre.
    —Quiero regresar al aeropuerto —exclamó ella—. No hay motivo para que me quede aquí.
    —De acuerdo —él dudó un instante antes de agarrarla por el codo—. Te llevaré al aeropuerto, pero no te dejaré sola hasta que te vea subida al avión.
    Seguramente no habrás comido.
    Ella lo miró confusa ante tanta amabilidad.
    — ¿Por qué haces esto? —preguntó.
    —Porque sé cómo te sientes —los ojos de Daniel reflejaban dolor—. Sé lo que es descubrir algo sobre alguien que te importa mucho. Sé lo que es que le mientan a uno.
    —Voy a echarme a llorar.
    —Puedes llorar todo lo que quieras —él sonrió y señaló hacia un coche aparcado—. Por lo que he oído, te has ganado el derecho a hacerlo.
    —Ya puedes irte —insistió Lucero junto al mostrador de facturación de equipaje.
    —Aún te sobra tiempo. Vayamos a comer algo. Estás muy pálida y sigues temblando.
    —No creo que pueda comer nada —Lucero apoyó una mano en la barriga.
    —Pues entonces bebe algo. Un zumo. Me aseguraré de que llegues a tiempo al embarque.
    Ella suspiró. Era mucho más fácil simplemente ceder a la insistencia de Daniel, aunque no comprendiera tanto empeño.
    En un instante estuvo sentada en una mesita redonda con un enorme vaso de zumo de naranja enfrente.
    —No irás a echarte a llorar otra vez, ¿no? —preguntó él al ver que sus ojos se humedecían.
    —Lo siento —Lucero respiró entrecortadamente—. Has sido muy amable y no te mereces aguantar todo esto.
    —No pasa nada. Lo entiendo.
    —Dijiste que sabías cómo me sentía —ella hablaba con un hilillo de voz—. ¿Quién te engañó?
    —La mujer con la que me iba a casar.
    —Vaya… —Lucero hizo una mueca—. Es un asco, ¿verdad? Al menos Manuel nunca me prometió matrimonio. Sí que lo insinuó, pero no llegó tan lejos. ¿Y qué pasó?
    —Se acostó con mi hermano unas semanas después de prometernos.
    —Lo siento —dijo ella—. Es asqueroso que la gente en quien confías te haga algo así.
    —Eso resume más o menos cómo me siento —contestó Daniel con una risotada.
    Lucero apuró el zumo y dejó el vaso sobre la mesa.
    —Traeré algo de comida. ¿Crees que podrás retenerlo?
    —Gracias —las atenciones de Daniel resultaban conmovedoras—. No tengo hambre, pero debería comer algo.
    Minutos después, Daniel regresó con una selección de sándwiches y otro vaso de zumo de naranja. En cuanto Lucero dio el primer mordisco, se dio cuenta del hambre que tenía.
    — ¿Qué vas a hacer? —Daniel la contempló con gesto de simpatía.
    —Volver a casa —Lucero hizo una pausa para tragar un trozo de sándwich—.
    Tener un hijo. Intentar olvidar. Pasar página. Tengo a mi abuela y a toda la gente de la isla. Estaré bien.

    —Me pregunto si eso fue lo que hizo Kelly —murmuró él—. Pasar página.
    — ¿Kelly? ¿Tu ex novia?
    Él asintió.
    — ¿De modo que no se quedó? Con tu hermano, quería decir. Supongo que resultaría muy incómodo en las reuniones familiares.
    —No, no se quedó. No tengo ni idea de adónde fue.
    —Tanto mejor, seguramente. Si es la clase de persona que se acuesta con el hermano de su prometido, no merece ni que pienses en ella.
    Lucero siguió comiendo mientras las palabras de Manuel resonaban sin parar en su cabeza.
    La había humillado. Estaba furiosa, pero sobre todo, destrozada. En dos ocasiones le había permitido manipularla y hacer que lo amara.
    Peor aún, se había enamorado aún más profundamente de él la segunda vez. Incluso habría estado dispuesta a concederle lo que había buscado desde el principio.
    Era un estúpida por creerle y no pedirle un acuerdo por escrito.
    Y era aún más estúpida por amarlo.
    Una lágrima resbaló por su mejilla. Se apresuró a enjugársela, pero, para su desesperación, otra ocupó su lugar.
    —Lo siento, Lucero, no te mereces esto —la consoló Daniel—. Manuel es mi amigo, pero se pasó de la raya.
    Siento que te vieras mezclada en todo este asunto.
    —Yo también lo siento —ella agachó la cabeza—. No debería haber venido a Nueva York. Debería haber confiado en mi instinto.
    Me utilizó para conseguir lo que deseaba y yo lo sabía. Si me hubiera quedado en mi casa, todo habría terminado ya.
    — ¿Seguro que lo habrías superado ya?
    —No lo sé. Quizás… desde luego no estaría aquí llorando a kilómetros de mi casa.
    —Cierto —le concedió Daniel mientras consultaba el reloj—. Es hora de embarcar. ¿Lista?
    El móvil de Daniel sonó, pero, tras consultar la pantalla, rechazó la llamada.
    —Gracias, Daniel, en serio. No tenías por qué ser tan amable. Te lo agradezco.
    Él sonrió y la acompañó al control de seguridad.
    —Bueno, pues hasta aquí hemos llegado —respiró hondo.
    Le acarició una mejilla e, inesperadamente, la atrajo hacia sí para abrazarla.
    —Cuídate, y también a ese bebé —se despidió con voz ronca.
    —Gracias —Lucero se apartó y le dedicó una sonrisa.
    Cuadrando los hombros, pasó los controles. En unas horas estaría en casa.

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    Mensaje  Paola casandra el Mar Abr 02, 2013 12:05 am

    CAPITULO 17

    Manuel se arrastró hasta la ducha y se fustigó con quince minutos de agua helada. Había intentado localizar a Daniel, pero su amigo no contestaba. Tenía que preparar su defensa. Era el negocio más importante de su vida. Ni el hotel ni la fusión con Copeland. Ni siquiera la sociedad con sus amigos.
    Lucero y el bebé eran más importantes que todo eso. Se odiaba por haberse comportado como un bastardo frío y calculador. Pero si se dignaba a escucharle, si le daba otra oportunidad, le demostraría que nada en el mundo le importaba más que ella.
    Salió de la ducha con las ideas claras, congelado y con un firme propósito: recuperarla.
    Tras vestirse regresó al salón, y descubrió a Gustavo y a Alex recostados en los sillones.
    —Tenéis un aspecto horrible —observó camino de la cocina.
    —Mira quién habla —bufó Alex —, don Alcohol en persona. ¿Nadie te ha dicho que ya eres demasiado mayor para esas cosas? Bonita manera de envenenarte.
    —Cuéntame algo que yo no sepa —murmuró Manuel.
    — ¿Y ahora qué? —insistió Gustavo.
    —Tengo que recuperarla —contestó él—. Es la mujer que amo. Mi hijo. No puedo renunciar a ellos por un ridículo proyecto de construcción.
    —Hablas en serio… —observó Alex.
    —Por supuesto que hablo en serio —rugió Manuel—. No soy el mismo bastardo capaz de cualquier cosa por cerrar un trato. No sé cómo me aguantasteis durante tanto tiempo.
    —De acuerdo —Alex sonrió—, pero no te pongas pesado.
    — ¿Sabéis algo de Daniel? Le envié tras ella, pero el hijo de perra no contesta el teléfono.
    —Quizás lo que no contesta son tus llamadas —Gustavo sacudió la cabeza.
    Aquello, desde luego, no tranquilizó a Manuel.
    Gustavo marcó el número en el mismo instante en que las puertas del ascensor se abrían. Manuel se volvió bruscamente, conteniendo el aliento en espera de ver aparecer a Lucero. Sin embargo lo dejó escapar al ver a Daniel… solo.
    — ¿Dónde demonios está Lu? —rugió—. Llevo dos horas llamándote. ¿Dónde has estado?
    —Escuchando los sollozos de Lucero—los ojos de Daniel reflejaban ira y censura—. Espero que estés contento por haberte cargado lo mejor que te ha pasado en la vida.
    — ¡Un momento! —Intervino Gustavo—. Eso no es asunto nuestro, Daniel. Ya se ha mortificado bastante él solo sin necesidad de que añadas nada más.
    —Claro, eso lo dices porque no la has oído llorar durante dos horas.
    — ¿Dónde está? —exigió saber Manuel. La imagen de Lucero llorando le provocaba un intenso dolor en el pecho—. Necesito verla,Daniel. ¿Dónde la llevaste?
    —Al aeropuerto.
    — ¿Al aeropuerto? ¿Ha despegado ya? ¿Tengo tiempo de alcanzarla?
    —Seguramente ya estará volando —Daniel sacudió la cabeza.
    Manuel soltó un juramento antes de estrellar un puño contra la pared intentando contener la rabia que rugía en su interior.
    Al levantar la vista sintió una especie de paz interior. Miró a sus amigos, sus socios, y supo que seguramente sería el fin de su relación.
    —Tengo que ir tras ella.
    —Desde luego —asintió Gustavo.
    —Voy a anular el trato. Me importa un bledo cuánto me cueste, aunque me cueste todo. Ya lo he perdido todo. Voy a devolverle esa maldita tierra. Jamás creerá que la amo si se interpone entre nosotros. Tengo que deshacerme de ella.
    —Estoy de acuerdo —Alex asintió—. Es la única manera de convencerla de que la amas.
    Para sorpresa deManuel, los tres amigos asintieron al unísono.
    — ¿No estáis enfadados como demonios? Nos jugábamos mucho en todo este asunto.
    — ¿Qué te parece si nos dejas hablar con los inversores? —Preguntó Gustavo —. Tú ve tras tu mujercita. Sienta la cabeza. Ten hijos. Sé asquerosamente feliz. Yo veré qué puedo hacer para salvar algo del trato. Quizás encontremos otro lugar en el que construir.
    —No sé qué decir —contestó Manuel —. Les debo un montón.
    —Ya, bueno, pues no te creas que no me lo voy a cobrar. Más adelante. Después de que hayas hecho las paces con Lucero—Gustavo sonrió.
    — ¿Necesitas que te lleven al aeropuerto? —preguntó Daniel.
    —Claro, iré a por mí billetera.
    — ¿No vas a llevarte siquiera un bolso de mano? —preguntó Alex.
    —Ni hablar. Lucero me comprará más vaqueros y chanclas cuando esté allí.
    — ¿Después de patearte? —inquirió Gustavo.
    —Dejaré que me haga lo que quiera mientras me acepte de nuevo.
    —Cielo santo —exclamó Alex asqueado—. ¿Hay algo más patético que esto?
    —Al parecer el amor provoca estos efectos en un tío —Gustavo soltó una carcajada—. Acepta un consejo. Cásate por dinero y contactos, como yo.
    —Creo que es mejor aún no casarse nunca —observó Alex—. Te evitas un costoso divorcio.
    —Y yo soy el bastardo —Manuel sacudió la cabeza—. Vamos Daniel, tengo que tomar un avión.
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    Mensaje  Paola casandra el Mar Abr 02, 2013 12:24 am

    CAPITULO 18

    —¡LUCERO!
    La aludida se volvió y vio a su abuela saludando desde la terraza con Silas a su lado.
    Llevaba un par de horas contemplando el agua, sola con sus pensamientos. Sabía que Silas y su abuela estaban preocupados.
    Les había dado una versión abreviada de todo lo sucedido, sin entrar en detalles.
    Sabían que Manuel la había humillado y que construiría en sus tierras, algo que Lucero había estado dispuesta a permitirle de todos modos.
    De manera que el resultado habría sido el mismo, salvo que había perdido al hombre que amaba.
    Lucero devolvió el saludo con la mano y se giró de nuevo hacia el mar. Aún no estaba preparada para enfrentarse a ellos.
    Estaba agotada y necesitaba dormir durante un día entero, pero cuando cerraba los ojos, oía de nuevo las palabras de Manuel.
    El móvil volvió a sonar y, tal y como había hecho las otras veinte veces que Manuel había llamado, pulsó el botón para rechazar la llamada.
    ¿Qué más podía decirle? ¿Que lo sentía? ¿Acaso no había pretendido abandonarla? ¿Esperaba que lo perdonara porque había olvidado lo idiota que era?
    ¿Cómo podía estar segura de que no era otra estratagema para conseguir que cerrara el pico?
    Si la mantenía callada el tiempo necesario, el trato quedaría sellado.
    No le gustaba lo cínica que se había vuelto. Antes nunca se le habría ocurrido pensar así de nadie, pero Manuel le había enseñado mucho sobre el mundo
    de los negocios y hasta dónde eran capaces de llegar algunas personas por dinero.

    Esperaba que ganara montones de dinero con su hotel, y que eso le diera calor por las noches.
    Esperaba que le compensara por todos los besos que iba a perderse.

    La idea le deprimió.
    El dinero no era más que papel.
    Sin embargo un hijo era precioso. El amor era precioso. Y ella se lo había ofrecido a Manuel sin reservas. ¡Qué idiota!
    Emprendió el regreso a casa de su abuela.
    Le aseguraría a Mama que estaba bien y se marcharía a su casa para, con suerte, dormir hasta el día siguiente.
    Al acercarse vio a Manuel en la terraza, pero no había rastro de Mama o Silas.
    ¿Cómo demonios había llegado tan pronto? ¿Para qué se había molestado siquiera? No reaccionó ante su presencia. No le daría esa satisfacción.
    Pasó junto a él y se dirigió por el camino de piedra hacia su propia casa.
    —Lucero—llamó él—. Espera, por favor. Tenemos que hablar.
    Ella aceleró el paso, consciente de que la seguía. En el instante en que abría la puerta de su casa, la mano de Manuel se cerró en torno a su muñeca.
    —Por favor, escúchame —le suplicó—. Sé que no merezco nada de ti. Pero, escucha. Te amo.
    Lucero cerró los ojos al sentir el intenso dolor que la inundaba.
    —Tú no sabes amar —susurró—. No tienes alma ni corazón.
    —No te mentiré —él dio un respingo, pero no la soltó—. Ni intentaré suavizar lo que hice.
    —Pues mejor para ti —contestó ella con amargura—. ¿Te sientes mejor así? Déjame en paz, Manuel.
    Ya tienes lo que querías. Si lo que quieres es la absolución, búscate un cura. Yo no puedo ofrecértela. La tierra es tuya. Construirás el complejo. Todo el mundo contento.
    —Tú no —observó él con dolor—. Y yo tampoco.
    —Por favor, Manuel—suplicó Lucero —. Estoy cansada, agotada. Sólo quiero dormir.
    —Te quiero, Lu. Y eso no va a cambiar. Duerme un poco. Pero esto no ha terminado. No voy a dejarte marchar. ¿Me consideras despiadado? Pues aún no has visto nada.
    Le acarició una mejilla y se dio media vuelta para marcharse hacia la casa de Mama.
    Lucero cerró los ojos. El dolor en el pecho resultaba insoportable. Tenía ganas de gritar. Tenía ganas de llorar.
    Pero no pudo hacer nada más que quedarse de pie viendo cómo el hombre al que le había entregado todo se marchaba.
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    Re: ¿Te acuerdas de mí? ADAPTADA

    Mensaje  Danny Centeno el Mar Abr 02, 2013 12:42 am

    Paolita paolitaaa porafooor (porfavor)
    sigueeelaaa otrooo cap pliiiis
    bounce bounce
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    Re: ¿Te acuerdas de mí? ADAPTADA

    Mensaje  Tefiiz el Mar Abr 02, 2013 10:08 pm

    ya leí todo lo que no pude por clases..!
    pero pfff todo tipo de emociones se apodero de mí jeje
    que buena WN.. sube cap please
    no la dejes ahí bounce bounce bounce bounce
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    Re: ¿Te acuerdas de mí? ADAPTADA

    Mensaje  Paola casandra el Miér Abr 03, 2013 5:22 pm

    CAPITULO FINAL

    —Ya ha pasado una semana —exclamó Manuel frustrado—. Y se niega a hablar conmigo. Aunque reniegue del hombre que fui, él no habría tenido reparos en forzar la situación.
    Manuel estaba sentado en la terraza de Laura, tomando una cerveza con Silas.
    —Tienes aguante, hijo —el sheriff rio—. No puedo negarlo. La mayoría de los hombres ya se habría marchado a estas alturas. Aún no me puedo creer que consiguieras convencer a Laura de que no te asesinara y hasta ponerla de tu parte.
    Lucero se había refugiado en su casa sin salir más que para dar paseos por la playa. La única vez que Manuel la había interceptado en un paseo, se había escabullido y él había decidido no molestarla más.
    —No me voy a marchar —aseguró Manuel—. No me importa cuánto tiempo haga falta. La amo, y creo que ella aún me ama, pero está dolida. Fui un auténtico bastardo. No me la merezco. Siempre me decía que no tenía por qué ser el mismo hombre. Pues, maldita sea, he decidido ser otro y quiero que ella lo vea.
    —Por aquí tenemos un dicho: «A lo grande o a casa» —Silas apoyó una mano en el hombro de Manuel—. Creo que debes ir a lo grande. Muy grande.
    — ¿En qué estás pensando? —Manuel frunció el ceño.
    —No es lo que yo esté pensando sino lo que deberías estar pensando tú. Nos has prometido a Laura y a mí que no vas a construir, pero ¿lo sabe ella? ¿Lo sabe el resto de la isla? Estás perdiendo la oportunidad de demostrar de una vez por todas que eres un hombre nuevo.
    —Creo que te entiendo —asintió Manuel.
    —No, creo que no. Convoca una reunión en el ayuntamiento. Yo dejaré caer que vas a anunciar algo importante sobre el complejo turístico. La gente acudirá porque querrán hacerse oír. Confía en mí, después de veinte años como sheriff aquí, sé de lo que hablo.
    —Pero no me servirá de nada si Lucero se niega a salir de su casa —señaló él.
    —Ya se encargará Laura de que esté allí. Tú limítate a pensar en cómo humillarte ante todo el mundo —concluyó Silas con una sonrisa.
    Manuel suspiró. Tenía la sensación de que no iba a ser uno de sus mejores momentos.
    Sin embargo, si con eso lograba que Lucero lo escuchara, se tragaría su orgullo.


    — ¿Te has vuelto loca? —Exclamó Lucero—. ¿Por qué iba a querer oírle hablar de sus planes?
    —¡Lu! Jamás pensé que fueras una cobarde —contestó Silas exasperado—. Todo el mundo sabe lo que ha pasado y están contigo.
    —No me importa lo que piensen —susurró ella—. Ya estaba preparada para ser el objeto de sus iras cuando fui a Nueva York para darle permiso a Manuel para que siguiera adelante.
    —Entonces, ¿cuál es el problema? —preguntó su abuela.
    —No quiero verlo. ¿Tan difícil es de entender? ¿Tenéis idea de lo que duele?
    —Lo mejor que puedes hacer es aparecer por allí con la cabeza bien alta. Cuanto antes termines con todo, mejor. Es como una tirita, lo mejor es arrancarla de golpe.
    —De acuerdo —Lucero suspiró—. Iré. ¿Me dejareis así en paz para que yo me ocupe de esto a mi manera? Sé que os preocupáis, pero esto no es fácil para mí.
    —Creo que todo irá mucho mejor después de hoy —Mama la abrazó—. Ya lo verás.
    Lucero no estaba tan segura, pero permitió que la arrastraran hasta el ayuntamiento y, cuando Silas la llevó directamente a la primera fila, tuvo que hacer un verdadero esfuerzo por no salir corriendo.
    Estaba en primera fila, a punto de oír cómo el hombre que amaba anunciaba sus planes para un complejo que sería posible gracias a su propia estupidez.
    Con un suspiro se dejó caer en una de las sillas, flanqueada a ambos lados por Mama y Silas. Varias personas se pararon a saludar a Silas e incluso la miraron con simpatía.
    Al menos nadie la estaba gritando por permitir que el forastero construyera. Todavía no.
    Rupert apareció poco después con una inusual sonrisa en los labios. No era su sonrisa de político, era una sonrisa sincera, encantada. Parecía casi extasiado.
    Alzó las manos para pedir silencio y frunció el ceño cuando no surtió efecto. A continuación se aclaró la garganta y puso más cara de enfado.
    Al final, Silas se puso en pie y gritó:
    —Silencio todo el mundo. El alcalde solicita vuestra atención.
    Todo el mundo quedó en silencio y Rupert le dirigió a Silas una mirada de contrariedad.
    —Tenemos hoy aquí a Manuel Mijares —se volvió hacia el auditorio y sonrió—, de Tricorp Investment Opportunities, que nos va a hablar de la propiedad que recientemente ha adquirido en la isla. Por favor, prestémosle toda nuestra atención.
    Manuel subió al estrado y Lucero quedó espantada ante su apariencia. En primer lugar, iba vestido con vaqueros y una camiseta. Parecía cansado y desastrado. Llevaba los cabellos revueltos y no daba la sensación de haberse afeitado aquella mañana.
    Unas oscuras sombras enmarcaban sus ojos y su piel tenía un tono grisáceo poco habitual.
    Se aclaró la garganta y echó un vistazo a la congregación antes de posar los ojos en ella.
    Parecía… nervioso. Algo imposible en semejante hombre de negocios.
    —Vine a esta isla con un único propósito: comprar la propiedad que Lucero Hogaza había puesto en venta.
    Varios insultos murmurados recorrieron la sala, pero Manuel continuó imperturbable.
    —Al hacerse evidente que ella ponía una serie de condiciones para vender la tierra, opté por seducirla. Básicamente, estaba dispuesto a cualquier cosa para convencerla de que cumpliría su voluntad, sin tener que ponerlo por escrito.
    Mama tuvo que sujetar a su nieta para que no saltara de la silla.
    —Siéntate. Debes escucharle. Déjale terminar. Manuel alzó las manos para acallar los airados murmullos de la gente antes de posar su mirada en Lucero quien, lentamente, se acomodó de nuevo en la silla.
    —No me siento orgulloso de lo que hice, pero así era yo antes. Me marché sin intención de regresar hasta el inicio de las obras. Pero mi avión se estrelló y perdí la memoria del tiempo que había pasado aquí. Agradezco a ese accidente haber cambiado mi vida.
    En la sala se hizo un silencio sepulcral.
    —Regresé con Lucero para intentar recuperar la memoria. Pero lo que hice fue enamorarme de la isla, y deLucero. Y en esta ocasión de verdad. Ella insistía en que yo no tenía por qué seguir siendo la persona que había sido, que podía cambiar y ser la persona que quisiera ser. Y tenía razón. Ya no quiero ser la persona que era. Quiero ser alguien de quien poder sentirme orgulloso, alguien de quien ella pueda sentirse orgullosa. Quiero ser el hombre al que Lucero Hogaza ama.
    Los ojos de Lucero se inundaron de lágrimas y Mama le apretó la mano.
    —He decidido devolverle a Lucero sus tierras para que haga con ellas lo que le plazca. Lo único que yo quiero es a ella. Y a nuestro hijo.
    Dejó de hablar con evidentes muestras de estar haciendo un esfuerzo por conservar la compostura. Sus dedos se aferraron al borde del atril, pero se notaba que temblaban.
    A continuación bajó hasta la primera fila, deteniéndose justo frente a ella y, apoyando una rodilla en el suelo, le tomó una mano, estirándole los dedos, que entrelazó con los suyos.
    —Te amo, Lucero. Perdóname. Cásate conmigo. Conviérteme en un hombre mejor de lo que era. Pasaré el resto de mi vida siendo ese hombre para ti y nuestros hijos.
    Un sollozo escapó de la garganta de Lucero en el instante mismo en que se lanzaba en brazos de Manuel enterrando el rostro en su cuello y llorando desconsoladamente.
    Él la abrazó con fuerza y se estremeció, a punto de desmoronarse también.
    Le besó la oreja, la sien, la frente, la cabeza. Y luego se apartó, tomándole el rostro entre las manos y cubriéndolo de besos.
    A su alrededor se oyeron suspiros y exclamaciones, incluso un amago de aplauso, pero Lucero sólo era consciente de aquello que más necesitaba en el mundo: Manuel.
    —Contéstame por favor, nena —murmuró él—. No me tortures más. Dime que no te he perdido para siempre. Puedo ser el hombre que quieres que sea. Dame una oportunidad.
    —Ya eres el hombre que quiero que seas —ella lo besó y le acarició el rostro—. Te amo, Manuel y sí. Sí me casaré contigo.
    — ¡Ha dicho que sí! —él se puso en pie de un salto y la levantó en vilo.
    Todo el mundo estalló en vítores. Mama hipó indecorosamente y, cuando Silas le entregó un pañuelo, se sonó la nariz ruidosamente antes de volver a hipar.
    Lentamente, Manuel depositó a Lucero en el suelo, pero sin dejar de abrazarla.
    —Lo siento, Lu. Siento haberte mentido y haberte hecho daño. Si pudiera volver atrás y cambiarlo todo…
    —Me alegra que no puedas hacerlo —contestó ella—. Al oírte hablar hace un rato me di cuenta de que, si las cosas no hubieran sucedido tal y como ocurrió, tú no estarías aquí ahora. Y lo importante es que me amas aquí, ahora. Y mañana.
    —Te amaré siempre —le aseguró él.
    Lucero miró a su alrededor mientras la gente empezaba a abandonar el salón de reuniones. Mama y Silas se habían marchado discretamente, dejándolos solos.
    — ¿Qué vamos a hacer, Manu? ¿Qué vas a hacer? Fui a Nueva York para decirte que podías seguir adelante con la construcción del hotel. ¿Qué pasará si no lo haces?
    —Daniel, Gustavo y Alex me apoyan —Manuel suspiró—. Y tú me apoyas. No necesito más. Supongo que buscarán otro lugar para construir. En realidad no me importa. Les dije que no te iba a perder, ni a mi hijo, por dinero. Vosotros sois lo más importante para mí.
    —Después del espectáculo que acabas de ofrecer, te creo —bromeó ella.
    —Estoy cansado —admitió él—. Y tú también. ¿Por qué no volvemos a tu casa, nos metemos en la cama y dormimos? Sólo puedo pensar en tenerte nuevamente en mis brazos.
    Ella lo abrazó con fuerza y cerró los ojos antes de sonreírle, sintiendo cómo desaparecía el peso y el dolor. Por primera vez en días, el grueso manto de la tristeza se disipó y le dejó una sensación de ligereza y gloriosa felicidad.
    Le tomó una mano y tiró de él, conduciéndolo por el pasillo hasta la puerta de la calle. Al salir recibieron un baño de sol que borró toda la oscuridad.
    Levantó la vista y se encontró con la escrutadora mirada de Manuel. Su rostro reflejaba el amor que sentía por ella, brillando en sus ojos más que el mismísimo sol.
    Era una mirada de la que jamás se cansaría, ni en un millón de años.
    —Vamos a casa.




    FIN

    bueno esta ya se acabo... ESPERO SUS OPINIONES Smile
    empece a subir otra, es mas larga espero la lean , " Nadie Como Tu! (ADAPTADA)"
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    Cherey Valentina
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    Re: ¿Te acuerdas de mí? ADAPTADA

    Mensaje  Cherey Valentina el Sáb Abr 06, 2013 5:03 pm

    BUENISIMA ME ENCANTO *se va a leer la otra*

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    Re: ¿Te acuerdas de mí? ADAPTADA

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