Spaw's por siempre♥


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    Mensaje  GMijaroLucerina el Mar Ene 08, 2013 6:52 pm

    'I'll be your protector''
    Prólogo

    Manuel se aclaró la garganta.
    - ¿Manuel? – murmuró el presidente.
    - ¿Me mando a llamar, señor? - preguntó rigiendo bien su cuerpo. Con compostura.
    - Sí, sí…ven pasa.
    Abrió un poco más la puerta, y entró. Bajo la cabeza, sin querer ser indiscreto. El presidente, aquel hombre con problemas, fumaba aquel Derby, disfrutándolo al máximo.
    - Un avión vendrá por ti, hoy. – habló por fin. Mirando a la ventana.
    - ¿Para qué, señor?
    - Te irás. Lejos. – se volteó para mirar su expresión. Le jodía que Manuel lo dejara. Era el mejor recluta que tenía. – estamos en guerra, Mijares. Mi familia corre peligro y…
    - Tengo que quedarme, señor. Sabe que me necesitara. – Manuel golpeó la madera maciza de la mesa. Fuerte.
    - No, no…está bien. Sé que quieres cumplir con tu deber. Pero yo podré con esto solo. Te necesito para otras cosas, Manuel. – tragó saliva. Asustado, y afligido por todo lo que ahí estaba pasando. – necesito que cuides a mi hija.
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    Mensaje  GMijaroLucerina el Mar Ene 08, 2013 6:59 pm

    Capitulo 1.

    ¿A él de niñero? , ni en sus sueños más jodidos. ¿Cómo era posible que el presidente le hubiera encargado cuidar de su hija? …mientras él era buenísimo desactivando bombas o armando alguno que otro punto de quiebre.

    - ¡Hey Manuel! – gritó Ryan desde la entrada del avión. – pero, ¿Qué mierda haces tú aquí?

    - Lo mismo me pregunto yo. – murmuró Manuel. Para nada satisfecho. – no sé que hice mal, en qué jodida cosa falle. No entiendo porque no estoy haya, junto a los demás.

    - Ni yo. – Ryan se encogió de brazos. Escondió la maleta de manos entre los asientos. - ¿sabes a donde vamos a parar con esto?

    - Kapaa, Hawaii.

    - ¿Y eso?

    - Ideas del presidente.

    Se volteó. Mientras miraba por la ventana, como aquellos carros verdes con manchas negras empezaban a alborotarse por el aeropuerto. Le jodía estar ahí…y no abajo, haciendo lo suyo.

    - ¿Ya la viste? – Ryan codeó el brazo de Manuel.

    - ¿A quién?

    - A la chica…- murmuró con cuidado. Mientras miraba disimuladamente para atrás. Una sonrisa se formo en sus labios, mientras asentía sigilosamente.

    Lucero rebuscaba algunas cosas entre sus maletines. Aquella falda le apretaba las caderas, subiendo hasta su abdomen. Y aquellas piernas, preciosas y largas, dejaban boquiabierto hasta al más santo. Traía el cabello largo, precioso. Ella era preciosa.

    - Es la hija del presidente. – Ryan sonrió. Aún con aquel pensamiento morboso en su mente. – Está buenísima, no me digas que no.

    - No he dicho nada. – dijo sin quitarle la mirada. Disfrutando de aquella buena vista que tenía desde ahí. Disfrutando de aquella perfecta figura que veían sus ojos. Relamió sus labios, involuntariamente.

    - Ves…al menos no todo es tan malo. – sonrió. Manuel volteó la cabeza, por fin. Concentrándose en pensar otra cosa. Basta de mujeres. Basta de esa mujer. La nación corría peligro, y él no iba a estar ahí. ¿Qué aventuras contaría? ¿Qué diría cuando le pregunten aquella la guerra?

    La respuesta la conocía. Miró por el rabillo del ojo a aquella mujer que lo había dejado provocando. Era preciosa, realmente…las piernas lo decían todo, expuestas con aquellos tacones blancos. No quería ponerse a pensar que cosas pasarían en esos días…
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    Mensaje  GMijaroLucerina el Mar Ene 08, 2013 7:08 pm

    Capitulo 2.

    Lucero se sentó cruzada de piernas. Ya había desempacado todo lo que en su maleta había hecho entrar. No quería ponerse a pensar cuanto tiempo se quedaría en Kaapa. Sin su padre. Sola.

    Froto sus manos. No se podía creer que afuera de aquella casa de campo, dos hombres…sin clase, y sin nada de estilo, cenaran de lo más normal.

    - La casa es grande. – sonrió Ryan.

    - Sí, no está mal. – farfulló Manuel. A pesar de todas las comodidades, él prefería estar en otra parte, con otra gente, en otras circunstancias.

    Lucero salió de la habitación. Ninguno de los tres había intercambiado palabras.

    - Ah… ¿Ryan? – preguntó Lucero. Señalando equivocadamente a Manuel.

    - Manuel, nena. – dijo fuerte y claro. En un tono nada amable.

    - Sí, bien…Manuel. ¿Me podrías decir cuánto tiempo me voy a quedar aquí?

    - El tiempo que sea necesario. – tomó de su lata de RebBull. Mientras se volteaba a mirarla. Aquellos shorts le hacían recordar que…Lucero realmente estaba buena.

    - Hola, soy Ryan. – saludó él. Se le acercó. Amable. Como sea…al menos él no era tan duro. Lucero le sonrió. Preciosa sonrisa.

    - Qué bueno que saliste de tu habitación. - Manuel la miró. Frío. Como era siempre. Pero no tardaba en darse cuenta de aquella preciosa y limpia mirada que ella tenía en los ojos. Y él…Dios, Manuel era guapísimo. – tenemos que hablar.

    - ¿Sobre, qué?

    - Las reglas. – farfulló aún más fuerte. Aún tenía esa crueldad impregnada en la sangre, en la voz. – no saldrás de aquí, mientras tu padre no me de ninguna orden. ¿Entiendes?
    Se la quedó mirando. ¿Pero qué mierda miraba? No podía quitar sus ojos de aquel escote que Lucero traía en esa fina blusa de seda. Dejando ver más de la cuenta. Dejándolo ver esos excitantes senos.

    - Tú no eres nadie para darme órdenes. – murmuró ella. Sin ni siquiera prestarle atención.

    - ¿Ah, no? – la miró. Tensando la mandíbula. - ¿sabes quién soy?

    - Me da lo mismo.

    - Tu padre me dio la orden de que cumplieras todas mis reglas. ¿Ahora lo entiendes? , no puedes salir de aquí, si no es conmigo o con Ryan.

    - Y si lo hago… ¿Qué? – preguntó retándolo. Mirándolo a los ojos. Atrás Ryan era el único que podía ser testigo de todo lo que ahí estaba pasando.

    Pero qué bonito carácter tenía.

    - ¿Quieres morir, acaso? ¿Quieres que algún Ruso de mierda te mate? No lo creo. – se volteó para darle la espalda. Era duro. Frío. Ni siquiera podía tener un poco de tacto, tratándose de este tipo de cosas. Tratándose de muerte, tratándose de ella. – es justo lo que estoy tratando de evitar. Que mueras, que te pase algo. Que algún imbécil venga a secuestrarte. Estás en peligro y ni siquiera eres consciente.
    Lucero se puso de pie. Molesta. Molestísima. Odiaba escuchar gritos de otras personas, odiaba que alguien la dejara tan enfadada como ahora…y ni siquiera parecía que él quería disculparse.

    Caminó, a duras penas, hasta su habitación. Mientras cerraba la puerta con fuerza.Manuel negó con la cabeza. Era lo mínimo que podía aguantar…primero, ir hasta ahí, con una niña engreída, y luego tener que soportarla. Nadie, jamás se había atrevido a contestarle. Bueno, ahora ya no era tan imposible. Las cosas no podían estar peor.

    - ¿Qué mierda hiciste? – Ryan se volteó a mirarlo. Después de observar como Lucero desaparecía.

    - Ella quiso que pasara.

    - Se lo va a contar a su padre.

    - Solo le dije lo que tenía que hacer. – Manuel abrió las mamparas, dejando ver aquel perfecto paisaje de otoño. Se sentó en esas sillas alrededor de la pequeña mesa. Quería paz. Al menos por un momento.

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    Mensaje  Leysdania el Mar Ene 08, 2013 7:16 pm

    CONTINÚAAAAA (GRITANDO) JAJAJJA
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    Mensaje  GMijaroLucerina el Mar Ene 08, 2013 7:22 pm

    Capitulo 3.

    Espero a que Manuel o Ryan ya no estuvieran despiertos. Eso deseaba. No podía dejar de reconocer que se sentía incomoda con todo esto…ni siquiera conocía bien a Manuel y ya sentía que este podía llegar a odiarla. Sentía su rencor. Y no entendía por qué llegaba a dolerle tanto.

    Estaba sola. Sin nadie. Más que dos hombres altos, y fornidos, de seguridad, que ni siquiera podía llamar como sus amigos. La situación era difícil. Sin contar con que su padre corría peligro de morir. Al igual que ella.

    Se puso de pie, a pesar de la oscuridad, conocía a la perfección aquella casa, aquella que le traía recuerdos…de lo fácil que podía resultar ser su vida antes.

    Abrió la puerta de su habitación, en bragas y aquella fina blusa de seda que Manuel se había comido con los ojos.
    Preparó el café más fuerte de toda su vida. Dos o tres cucharadas. Esa noche no quería dormir, y tampoco…tampoco podía.

    Manuel se sobo los ojos. Aún con el sueño encima. Sabía que no podía dormir con Lucero ahí afuera. Con ella de responsabilidad. Y sobre todo… con ella enfada. Molesta. Preocupada. ¿Pero que esperaba? ¿Qué Manuel le explicara con papel y lápiz que podían matarla? … él nunca había cuidado de nadie, más que de sí mismo. Y ahora, de ella.

    Salió de la habitación. Con el torso desnudo. Confundido. Caminó por aquel pasillo que ni siquiera sabía a dónde lo llevaba. Y la vio ahí… preparando café. Aquella inocencia tremenda no combinaba con su aspecto…Dios, era preciosa. Solo llevaba bragas, finas bragas que remarcaban ese perfecto trasero, levemente alzado. Provocador. Excitante. Con la misma blusa, que no había dejado de mirar. Podía mirarla y excitarse al instante. Tanto y como lo estaba ahora.

    Se aclaró la garganta. Lucero volteó a mirarlo.

    - Perdón. – se disculpó al instante. Ruborizándose. Manuel sonrió.

    - Yo tampoco sabía que estabas aquí. – le dijo sin dejar aquella fantástica sonrisa. Trato de desviar su mirada, de su figura. Preciosa figura.

    - No pasa nada. - Lucero puso los ojos en blanco. Mientras se daba la vuelta, para continuar preparando el café. ¿Qué acaso no se daba cuenta que Manuel se la comía con la mirada?

    - ¿Tampoco puedes dormir? – la miró de pies a cabeza.
    Dándole la espalda. Aquellas piernas le excitaban tanto, como nunca…nunca había estado así…Dios, ella era fantástica. ¿Cómo mierda iba a saber que la hija del presidente estaba así de buena?

    - No.

    - Tal vez sea por lo que te dije. No quería ser duro.

    - Estoy bien. – sonrió mirándolo a los ojos, por primera vez él pudo concentrarse en sus ojos Lucero. – no pasa nada. Creo que ya lo sabía. Moriré. No tenías que decirlo. – se sentó en la encimera de la cocina. Manuel relamió sus labios…

    Lucero empezaba a ponerlo. Realmente.

    - No va a pasarte nada. – le dijo sin mirarla. Esta vez para él. Para él solo. – para eso estoy aquí.

    Lucero sonrió. Aquel hombre podía ser detestable…
    pero…tal vez por un momento podía pensar que era diferente. Que era amable. Que era…dulce.

    - Sabes que igual no será suficiente.

    - Lo será. – se volteó a mirarla. – confía en mí. – se acercó a ella. Poco a poco podía percibir aquel perfecto aroma que transmitía su cuerpo. Ese exquisito perfume de rosas. La tenía a escasos centímetros de su cuerpo, de su boca, de sus labios. – yo voy a protegerte. – le quito la taza de café de las manos. Acariciando las suyas, lento, suave. Mientras probaba un sorbo de ahí. Sintió el adormecedor sabor de sus labios en el filo de la taza. Explotaría…debía hacer algo. Quería hacer algo, quería sentir su cuerpo junto al de él. Quería sentirla a ella.

    Lucero lo miró aturdida… ¿Qué mierda hacía? … Manuel…Manuel empezaba a coquetearle. O eso creía. Y es que era guapo, guapísimo. Más que eso. Era irresistible, tenía el físico de un militar estadunidense, por no decir que verdaderamente lo era, y era tan seductor como un jodido galán de película.

    - Buenas noches. – se despidió. Tomando de la taza de café por última vez. No podía ocultar sus ganas…quería tumbarla sobre esa jodida encimera, por no decir otra cosa, sentir ese penetrante perfume sobre su piel. Pero vamos…era un simple oficial de seguridad. Un recluta. Un peón. Un militar de mierda. Y ella…ella era todo lo contrario, era una mujer preciosa, delicada, una princesa.

    - Buenas noches. – se despidió ella. Viéndolo entrar…se preguntaba si él habría sentido lo mismo que ella esa noche. Que bah…tonterías. Pronto esa guerra de porquería acabaría. Ella volvería. Y el regresaría a su puesto. Así todo sería más fácil.

    Ojala y después…todo suene igual de sencillo.

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    Mensaje  Leysdania el Mar Ene 08, 2013 7:47 pm

    SOnará igual de sencillo??? jajajaja ... ahora ya no es malo???... Hombres tenían que ser!!!!
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    Mensaje  AmandaHLucero el Mar Ene 08, 2013 10:07 pm

    Siguelaa porfis esta muy buena
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    Mensaje  GMijaroLucerina el Miér Ene 09, 2013 7:50 pm

    Capitulo 4.

    Lucero despertó temprano. Quien sabe por qué tenía esa sonrisa en los labios. Pero hoy, al menos solo por hoy, dejaría de pensar en todas esas complicaciones de alto calibre. Basta de guerras. Basta de muertes. Solo quería descansar, ya había tenido mucho.

    Aunque igual no podía dejar de preocuparse por su padre… de lo mucho que lo extrañaba. Tenía miedo de a verlo dejado solo. Por lo que ella contaba, tenía a dos hombres protegiéndola. Nada de qué preocuparse.

    Manuel ajustó las cámaras de seguridad. Estratégicamente puestas en cada esquina de la cabaña. No quería correr peligro. Él siempre iba primero, a dos o tres pasos del enemigo. Si algo pasaba en aquella cabaña, él lo sabría. Encendió su laptop, verificando una vez más los puntos en los que las cámaras enfocarían. ¿Y si ponía una en la habitación de Lucero? …sonrió. La idea le daba vueltas en la cabeza…anoche…con tan solo recordarlo, empezaba a estremecerse. Igual si ponía una cámara en su habitación, ella nunca lo notaría, y él…sí que lo disfrutaría.

    - ¿Manuel? - Lucero lo sorprendió. Arrecostada en el borde de la puerta. Él se volteó a verla.

    - Buenos días. – dijo asustado. Nervioso. No la esperaba a esas horas.

    - Hola. – sonrió ella. Bajo la cabeza. No podía evitar sentirse atraída. A pesar de estar despeinado y adormecido…se veía igual de guapo. - ¿Qué haces?...


    - Nada importante. – se puso de pié. – oh bueno sí. Pero no creo que lo entiendas.

    Lucero puso los ojos en blanco.

    - Es muy difícil… ¿para mí? – se le acercó un poco. A paso lento. Manuel la miró de reojo. La sentía cerca. Cerca igual que anoche.

    - Sí. – le respondió. Una sonrisa se formó en sus labios.

    Casi nunca sonreía. Pero ahora, era diferente.

    - ¿Por qué?

    - Porqué son cosas de seguridad. – dijo aún concentrado en su laptop. Lucero mordió su labio inferior.

    - Te tomas tu trabajo muy a pecho.

    - Así es siempre.

    - Y nunca… ¿descansas? – la mirada de Lucero se hizo esta vez más profunda. Miraba directamente a sus labios. Manuel sentía aquellos reflejos que lo hacían ver cosas que…que lo harían perder el control. Ella se acercó más. Un poco más y dejaría todo ese trabajo a un lado, y terminaría por acostarse con ella. Lucero lo excitaba. Demasiado. ¿Quieres que descanse contigo, nena?, pensó, y no tardaría en hacerlo realidad si ella seguía así.

    - ¿Me dejas terminar con esto, por favor? – le preguntó serio. Frío. Perdiendo toda esa conexión…que por un momento había sentido con ella. Lucero dio unos cuantos pasos hacia atrás. Se sentía ridícula. Completamente. ¿Qué había pensado? ¿Qué un hombre como Manuel no se resistiría? ¿Qué lo dejaría todo por tener un buen rato con ella? – tengo cosas importantes que hacer.

    - Manuel, nada va a pasarme. – murmuró sonrojada. No sabía por qué demonios seguía hablándole.

    - Mientras andes provocando por ahí, tal vez sí.

    Ni si quiera la miró. Solo lo dijo…dijo lo que pensaba, lo que creía. ¿Pero es que acaso era tan insensible como para decirle eso? … Lucero sintió como aquellas palabras le resbalaban en el alma. Herida. Ridiculizada. Se sentía humillada, humillada por ese imbécil. Y no aguantaba ni un minuto más su jodida indecisión, cuando anoche le había parecido verle coquetear con ella.

    - Vete al infierno. – dijo fuerte y claro. Para que Manuel pudiera oírla. Le dedicó una última mirada, de las peores. Molesta. Esta vez, verdaderamente lo estaba.

    Salió de la habitación de Manuel, mientras tiraba la puerta con fuerza. Ese hombre podía hasta con su buen humor, la hacía perder el control, la hacía enfurecer tanto, como nadie nunca lo había hecho. Y lo mismo pensaba él. Lucero se encerró en su habitación. No saldría en todo el jodido día, o al menos eso quería ella. Odiaba a Manuel. Odiaba su maldito carácter. Mierda…todo parecía salir como una completa porquería. Ni siquiera empezaba el día, y ya empezaban a odiarse de nuevo.
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    Mensaje  GMijaroLucerina el Miér Ene 09, 2013 8:05 pm

    Capitulo 5.

    Y no seguiría aguantando más las porquerías de Manuel y su mal humor. Ella era Lucero. No cualquier mujer, a la que trataban como querían. Era la hija del presidente. Y él, tan solo…un jodido recluta que se creía el mejor.

    - Ya está. – farfulló Manuel. Acabando de colocar todas las cámaras de seguridad en su sitio. Satisfecho.

    - El GPS también está listo. – murmuró Ryan. Casi y podía escuchársele, por lo cansado que estaba. Odiaba pensar tanto, odiaba programar un GPS, odiaba ayudar a Manuel en sus misiones. - ¿te molesta si me voy dormir?

    - No has hecho nada.

    - Por supuesto que sí. ¿Crees que programar un jodido GPS es sencillo?

    Manuel negó con la cabeza. En fin, tal vez Ryan tenía razón. Se había pasado la tarde instalando cosas, programando equipos. Quería descansar, en el fondo él también quería.
    Ryan se metió en su habitación.

    Manuel se quitó la ropa, empezando por esa camiseta ceñida, color negro. ¿Pero dónde mierda estaba Lucero? No la había visto en todo el día. Bueno…desde aquella pelea.

    Abrió la puerta de su habitación, mientras sin dejar pasar mucho tiempo, arrecostó su cabeza en aquella almohada. No había podido dormir bien anoche…por Lucero, por ella y su jodida aparición en bragas.

    Cerró los ojos, tan solo un par de segundos, tratando de concentrarse, tratando de buscar el sueño. ¿Y si le ha pasado algo? ¡Mierda! Lucero era una descuidada, una malcriada, podía hacer lo que quisiera cuando quisiera. Se puso de pie, casi al mismo tiempo que se había acostado. De nada servía estar en una lujosa cabaña, con Lucero de responsabilidad.
    Salió hasta el pasillo. Ni un maldito sonido se escuchaba ahí afuera. Todo estaba callado. Silencioso. Miró a todas partes, mientras se cercioraba de que las cámaras siguieran en su lugar. Solo él sabía dónde encontrarlas.

    Entró de un girón a la habitación de Lucero. No le importaba si esta lo hubiera matado después de eso. Gracias al cielo ella…no estaba. Ni ahí, ni en su cuarto de baño. Cerró la puerta. Asustado. El pulso empezó a temblarle. Tensó la mandíbula, mientras regresaba a su habitación. Palpó su Carabina M4 -MP5, escondida en uno de los cajones de su mesa de noche. Si Lucero corría peligro, él no se lo iba a perdonar nunca.
    Pero en vez de encontrar peligro…escuchó el agua de la ducha, proveniente del baño principal de la cabaña. Colocó la Carabina sobre su hombro, recta. Mientras se pegaba a la pared. Curiosamente, la puerta estaba a medio abrir, dejando escuchar claramente el sonido del agua.

    Respiró hondo, y de un solo girón, entró al baño, apuntando al aire. Atento, sin camisa, y apuntándola…Lucero le sonrió.

    - ¿Qué haces? – le preguntó mirándolo. Traía el cabello mojado, mientras su pequeño cuerpo se escondía entre las cortinas del baño. - ¿vas a matarme tú, ahora?

    - No…no…perdona. – cerró y abrió los ojos rápidamente. Tarde unos segundos en darse cuenta de que Lucero estaba desnuda, cubierta, pero lo estaba. Justo en frente de sus ojos. – pensé que te había pasado algo.

    - Te lo dije, te tomas muy a pecho todo esto. – cerró la cortina. Mientras seguía jabonando su cuerpo, suave, delicada. Manuel pasmó su mirada en ella, en su cuerpo…Dios, Lucero terminaría por matarlo. Saboreó sus labios, con cuidado. Dio algunos pasos hasta ella. ¿Qué mierda hacía? hace algunas horas le había dicho que no quería nada…y ahora…lo único que quería era abrir esa jodida cortina, y hacerla gozar profundamente. Hasta que olvidara todo el incidente de hoy en la mañana.

    Y no tardó en hacerlo. Abrió las cortinas del baño…
    encontrándose con una Lucero diferente. Observó como el agua se paseaba deseosamente por su cuerpo, recorriendo aquellos senos que él no había dejado de mirar, desde que la vio. Aquellas caderas, deseables caderas que ahora podía ver personalmente.

    - Manuel, por Dios…vete de aquí. – le rogó. Cubrió ligeramente sus senos. Y todo pudo a ver acabo ahí, si es que en ese momento una sonrisa no salía de sus labios.

    - ¿No era esto lo que querías? – susurró él. Se quitó las botas, dejándolas tendidas sobre el piso. Abrió un poco más las cortinas. Y se introdujo en aquella ducha, pequeña y estrecha, rozando su cuerpo con el de ella. Tan seductor, tan peligroso. – solo…solo dime que me vaya de nuevo, y lo haré. Y me iré. – le pidió. Sabía que con una sola palabra de rechazo, proveniente de los labios de Lucero...bastaría para acabar con ese jodido momento. La miró a los ojos, Lucero era preciosa. De verdad lo era, y aquellas ganas que traía por besarla, por sentir su cuerpo, por escucharla gemir, se hicieron mayores. – Dímelo. – la pegó hasta la pared. Lucero cerró los ojos. – pídeme que me vaya, y así lo haré. – no era él, joder, él no era así. ¿Desde cuándo…desde cuando era tan débil?
    Manuel despertó. Maldito sueño. Traía el torso ligeramente cubierto por una fina capa de sudor, como si verdaderamente ese jodido sueño…se hubiera hecho realidad. ¿Y que más quería él?

    Se restregó los ojos. ¿Qué había soñado?...y con quién. Maldijo para sus adentros, mientras alguien abría rápidamente la puerta de su habitación.

    - Manuel…- murmuró Ryan, mirando a ambos lados de la habitación. Como si se dedicara a buscar a alguien. – mierda, pensé que Lucero estaba aquí.

    - No. – la mente de Manuelse nubló de nuevo, recordando un pequeño y excitante fragmento del jodido sueño de hace rato. - ¿Por qué?

    - No está en ninguna parte de la casa.
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    Mensaje  GMijaroLucerina el Miér Ene 09, 2013 8:21 pm

    Capitulo 6.

    - ¿Tienes información que deba saber? Cambio. – Manuel apretó el botón de orden. Manejaba por las calles de Kaapa, con aquella sudadera negra. Mientras Ryan intentaba revisar las cámaras de seguridad por última vez, deseoso de captar alguna maldita pista. Lucero se les había escapado. Jodidamente su plan había resultado tan perfecto que ni siquiera Manuel se había percatado de su ausencia…sin contar con que había estado soñando con ella antes…

    - El presidente tenía que claro que un promedio de cinco mil hombres llegarían a invadir Washington, o por lo menos eso decían los estudios. Pero, no entendemos por qué…- un pequeño ruido se escuchó desde la otra línea del intercomunicador. Alguien tecleaba. – solo han recibido a cuatro mil, en promedio…cuatro mil ochenta. Escondidos estratégicamente en las afueras de la ciudad, están marcados. Pero nadie sabe donde mierda están los demás.

    Manuel cortó la comunicación. Había escuchado lo suficiente. Otro jodido problema, ocasionado por ella, por Lucero y sus berrinches. Pero eso no lo detendría. El pueblo era pequeño. Y él, era más astuto que esos jodidos rusos.

    Y sí…por supuesto que los tenía…Una jodida fábrica abandonada. No podían esconderse en otro lugar. Estados Unidos estaba esperándolos. Los tenían marcados. Y ellos, sabían perfectamente que el presidente no haría nada sin ella…sin su luz…sin su hija. Era peor que llevarse el 90% de su economía, peor que llevarse a la mismísima estatua de la libertad.

    Estacionó el camión blindado.

    - Ve por atrás. – le ordenó a Ryan. – cubriré la entrada. Si encuentras a uno de esos hijos de puta no dudes en usar el arma.

    - ¿Qué mierda me crees? Por supuesto que lo sé. – Ryan salió del camión, junto a Manuel.

    Desapareció a los pocos minutos. Mientras Manuel quitaba el seguro de su Carabina. Estaba jodido…en el fondo lo estaba. Odiaba que Lucero hiciera lo que quisiera, mientras él estaba a cargo. Y también…sin saber por que... no quería que ella sufriera rasguño alguno. No quería que ningún imbécil la tocara.

    Tiró la puerta. Adentro no se escuchaba ni el más mínimo ruido. Pero sabía que era ahí donde esos idiotas se escondían. Conocía a la perfección, debido a sus largos estudios, los camiones rusos. No podía fallar. No ahora.

    Un par de hombres se asomaron por el pasillo más oscuro. Manuel no dudo en disparar, sin ni siquiera saber de quién se trataba. Identifico perfectamente aquellos uniformes. Mierda…los rusos estaban. Se acercó, frío, hasta uno de ellos, que se retorcía en el suelo.

    - ¿Dónde mierda está tu jefe? – le preguntó. Coloco sus piernas a ambos lados del cuerpo. La sangre empezó a brotar de su boca. - ¿Dónde demonios están los demás?

    Nadie respondió a su pregunta. Aquel hombre yacía muerto sobre el suelo, al igual que el otro. Continuó su camino. Veía a lo lejos una habitación. Luces prendidas. Escuchó gemidos. Escuchó risas. Maldijo para sus adentros…ojala y esos gemidos no provengan de Lucero.

    Se pegó a la pared, escuchando más de aquellos ruidos. Necesitaba comprobar si ella no estaba adentro…necesitaba saber si Lucero no estaba ahí, no quería que fuera participe de aquella matanza. Se giró, y observó vagamente por el espacio de la puerta y el borde. Lo que pensaba. Prostitutas, y los hijos de perra. El asco recorrió su mente. Al menos nadie peligraba ahí adentro. Espero un par de segundos, para girarse, y abrir la puerta. Apunto claramente al gran grupo de imbéciles que tenían sexo en la menos indicada etapa de sus vidas.

    - ¡Aléjense! – gritó él. Mirándolas. Gritos, provenientes de ellas. Cogieron sus cosas, ropas, mallas, juguetes, entre sus manos. – lárguense de aquí ahora. – ellas se apartaron. A la pared. Por suerte y solo eran tres, jodidamente ellos eran más. - ¿les gusto, hijos de puta? ¿estuvo bueno, cierto? – sonrió. Ellos no salían en sí, del asombro. Uno de ellos miró su arma por el rabillo del ojo. – pues será el último polvo de sus putas vidas. – disparó. Al unísono. Las balas parecían gotas en una lluvia. Cada una directa a cada uno de ellos. Las mujeres gritaron. Saliendo rápidamente de aquella asquerosa escena. Pero él…había sido inteligente. Solo había dejado vivo a uno, un jodido cobarde que ahora se cubría el rostro con las manos. Solo, sin armas, frente a Manuel- ¿Dónde está ella? – le preguntó amputándole la cabeza – dime, al menos que quieras terminar como ellos.

    - Está en el cuarto de al frente. – murmuró el ruso, con dificultad. La mandíbula le temblaba. Estaba a punto de mojarse los pantalones.

    - Bien…- sonrió Manuel, asintiendo. – lástima que sigues siendo uno de ellos.- le disparó sin compasión. Él nunca tenía compasión. Observó cómo se retorcía de dolor, sin oportunidad de vivir. Pateó un par de veces a los que yacían muertos sobre el piso, por si las moscas. Todo en orden.


    - ¿Dónde mierda estas Lucero? – murmuró para sí mismo. Abrió la puerta, cerrada por el ruido de los disparos. Y sí…justo como lo había dicho el ruso, una puerta se ubicaba justo en frente de él. No se escuchaba ruido alguno ahí, ¿Cómo saber si no se trataba de una trampa?
    Una idea empezó a ocupar su cabeza. Golpeó la puerta con el arma, dos, tres, veces. Y espero a que los ruidos vinieran por sí solos.

    Un grito ahogado se escuchó desde adentro. Sí, sí Manuel, es ella. Es Lucero. Abrió la puerta de un tirón.

    - Vaya…- susurró, golpeando el arma con la palma de sus manos. – con que aquí estabas.

    No dudo en fijarse en lo que traía puesto. Aquellas bragas que él deseaba quitarle con los dientes. ¿Pero por que estaba así? Semidesnuda. Sus ojos, humedecidos, lo miraban al borde de las lágrimas. Una felicidad enorme embargó su corazón. Al menos la veía ahí, con vida. Como quería.

    Se acercó a ella, atada de manos y pies, encadenada a la pared. Sus brazos, marcados por aquella asquerosa cadena, estaban a punto de caerse rendidos. Le jodía verla así.

    La miró de nuevo. Precioso conjunto. A pesar de estar atada, se veía sensual, como siempre. Pasó sus manos por la cintura de Lucero, buscando alguna cadena que él perfectamente sabía…era completamente inexistente. Suave, lento, disfrutando al máximo de aquella sensación. Pasó sus ojos por sus senos, redondos, perfectos. Mordió levemente su labio inferior. Sus manos, fueron a parar hasta su espalda, suave y preciosa, desatando el nudo que tenía en la nuca, le quitó el pañuelo de los labios. Lucero se tumbó a llorar. Manuel sostuvo su frágil cuerpo. No podía ser que él hubiera permitido eso. Que él hubiera permitido que Lucero llorara-

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    Mensaje  Leysdania el Miér Ene 09, 2013 9:40 pm

    Pobre Manuel se siente culpable de lo ocurrido con Lu, pero ella es tan rebelde también... ESTÁN EN GUERRA ENTIENDE!!!!!
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    Mensaje  GMijaroLucerina el Sáb Abr 06, 2013 4:41 pm

    Capitulo 7.

    Manuel trató de controlar sus impulsos. Se contuvo, a pesar de que quería abrazarla, calmarla, mientras probaba aquellos labios que lo tenían soñando.

    - Lo siento…- susurró ella. Con la cabeza hundida en el torso de Manuel. – me equivoqué yo…

    - ¿Te qué?

    - Me equivoqué. – repitió, mirándolo a los ojos. No podía negar que Manuel era más de lo que imaginaba, era más, mucho más deseable.

    - Así me gusta. – sonrió. Satisfecho. Era lo que quería escuchar. – acarició su pierna, levemente, Lucero ni siquiera podía notarlo.

    -Manuel , perdóname, por favor, lo siento, ahora sé…ahora lo entiendo. – farfulló rapidísimo. Abrazó a Manuel, sin permiso alguno, solo lo hizo. Manuel sintió como Manuel apretaba sus senos sobre su torso. Exquisito.

    - No vuelvas a hacer esto. No vuelvas a asustarme así. – le pidió, abrazándola. Qué más da…no podía resistirse ni un segundo más con una mujer así, al frente, semidesnuda.

    - Te lo prometo. – se separó, para mirarlo. – no volverá a suceder.

    Lo abrazó de nuevo. Manuel cerró los ojos, ¿Cómo era posible que eso estuviera pasando? …de nuevo, ese jodido sueño volvía a su cabeza. Quería volverlo realidad, ahora más que nada.

    Escuchó sus sollozos, sus lágrimas empezaban a mojarle la cazadora. Sin querer, o tan solo por un maldito impulso, colocó su manos sobre la cabeza de Lucero, acariciándosela, al igual que su pierna. Pasmó sus labios en el cabello de Lucero, bridándole un pequeño beso. ¿Él, una muestra de cariño? ni a su propia madre.

    - No quiero que llores. Ellos ya no están… Lucero, escúchame…- levantó su mirada hasta él, para poder mirarla, para poder disfrutar de ese momento con ella. – no volverán a hacerte daño, nunca más.

    - Lo sé…es solo que…, fue…- su voz, entrecortada, le hacía pensar una y mil cosas a Manuel. Maldijo para sus adentros.

    - ¿Te hicieron algo? – le preguntó. Ya los había matado, pero como le hubiera gustado a verlos hecho sufrir un poco más. Lucero no podía sufrir, no mientras él estuviera a cargo de ella.
    Ella negó con la cabeza.

    - Ven, salgamos de aquí. – la cargó entre sus brazos. Basta de peleas, ya no valía la pena pelear con alguien a quien…empezaba a darle cariño. Lucero reposó su cabeza sobre el poderoso torso de Manuel. Rodeó su cuello. Maldecía una y mil veces a verle desobedecido, siempre tuvo razón, siempre intento protegerla. Por su bien. Ahora lo entendía, y se sentía así…protegida por él, por sus brazos, ni un jodido ruso la molestaría de nuevo, no mientras Manuel estuviera.

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    Mensaje  GMijaroLucerina el Sáb Abr 06, 2013 5:11 pm

    Capitulo 8.

    Lucero camina lentamente hasta la habitación de Manuel. No tiene sueño. Se le ha ido, debido a las porquerías por las que había vivido ese mismo día. Tiene miedo, o tal vez solo…usa aquella excusa para acercársele.

    Manuel duerme. Por fin descansa, vaya día de mierda el de hoy. Pero no lo negaría, de no ser por las locuras de Lucero, no hubiera tenido la oportunidad de sentir su cuerpo más de cerca. Se movió lentamente en la cama. Pensando en ella, en el fanfarrón que se armaría si alguien se enteraba que se moría por follar a la hija del presidente. De pronto, oye pasos, abre los ojos inmediatamente, tiene los cinco sentidos puestos, siente a alguien detrás de él. Se voltea… Lucero está a su lado, su rostro angelical, trae un camisón que le da hasta el muslo, despeinada, guapísima, preciosa, tan sencilla, pero sensual como a él le gustaba.

    - ¿Qué haces aquí? – fue lo primero que se atrevió a preguntar.

    - No me culpes por no poder dormir.

    - Sí, pero…

    - ¿Pero qué? – preguntó ella. Mnh…todos los hombres tienen un punto débil, pensó. Suavemente subió sobre el abdomen de Manuel, este…perplejo, y por más que hubiera querido, no pudo detenerla. Sus piernas le rodearon el cuerpo. – esta es mi casa. Puedo ir a donde yo quiera…- se excusó. – y hacer lo que yo quiera.

    Los ojos de Manuel se pasearon por el cuerpo de ella, expuesto, sobre el suyo. Joder, sentía como sufría de una erección instantánea. Por ella. Lucero desabrochó un botón, el primero de aquel camisón a cuadros. Manuel jadeó, cerró los ojos. Vamos, contrólate, pensó. Tenía que hacerlo, aún recordaba cuando, hace muchísimo tiempo, la mujer del comandante Rusell había intentando pasarse de amistosa con él, aquella rubia de cuerpo generoso, muy generoso a decir verdad, él lo había rechazado.

    - Lucero, bájate ahora. – le ordenó, como un padre a su hija. Lucero sonrió. Eso le gustaba, saber que Manuel fingía estar en desacuerdo…cuando en verdad se moría de ganas… entonces lo besó. Juntaron sus bocas, tan sensual y completo. Manuel abrió los ojos, no podía aguantar tantas ganas, por más fuerte que él fuera. Sus manos apretaron sus caderas, ahora Lucero fue la sorprendida. Su corazón se aceleró tanto, sentía los espasmos recorrer su cuerpo. Abrió los ojos…Manuel le comía la boca, había comprobado lo que creía.

    - Mnh…- gimió. Lucero se inclinó para besar el torso desnudo de Manuel, estaba a punto de caer, era lo que quería. - lo necesito Manuel…- susurró. Él apretó su cuerpo contra el de ella. – necesito que me hagas el amor…- continuó besando sus labios, mordiéndolos, probando su aliento. – lo necesito…
    No supo cómo. Pero para ella fue la sorpresa esta vez, Manuel arrancó su camisón, los botones restantes, desesperado, dejó la camisa hecha trizas, y así quería dejarla a ella, que sintiera en verdad…que lo que le proponía era algo de locos, que le haría el amor como nunca ningún hombre se lo había hecho antes. Que la haría disfrutar, al máximo, la llenaría de placer, hasta el punto de no poder más. Le quitó el camisón, ahora no pensaba, no tenía sentido común. Lucero lo hacía perder el control de sí mismo.

    - Nena…- murmuró él, apretó su cuerpo contra el de ella, fuerte, no quedaba espacio entre los dos. – no sabes cuánto te deseo, cuánto deseo todo esto…- Lucero lo miraba extasiada, recorría sus ojos por los labios deseables de Manuel. Su cuerpo se volvía frágil cada vez que Manuel la tocaba. Este la posicionó rápidamente bajo su cuerpo.

    - ¿Entonces por qué no…- Manuel la interrumpió con un beso en los labios, intenso, feroz, como él ahora. Y no podía, Lucero se lo acababa de recordar. Pero vamos, tenía a una mujer expuesta bajo su cuerpo, una mujer que deseaba más a nada…más que a nadie. Lucero corrió las sábanas, su piernas desnudas frotaron las de Manuel, bajando aquel pantalón de pijama, hasta al máximo, Manuel sintió el tacto de su piel con la suya, bajo su pecho…sintió como Lucero jugueteaba con sus piernas, tanto que hasta había bajado la parte de abajo de su pijama. Bajó la mirada, para observar sus cuerpos juntos, le encantaba la imagen. La volvió a subir, sintiendo como Lucero pasaba su lengua por sus labios, por su pecho, haciéndolo gemir. Empezó a jadear, al igual que ella. Se sostuvo con los brazos, para poder bajar por el cuerpo de Lucero , hasta llegar a sus pechos, duros…de la pura lujuria, mordió uno de ellos…Lucero gimió con fuerza, mientras ella también trataba de cumplir parte de su faena. Sus manos viajaron por la cintura de Manuel, hasta el final, hasta llegar a aquel bulto, que había notado…era gracias a ella.

    - Manuel…- susurró, con los ojos cerrados, sintiendo su erección. – házmelo. Hazme el amor ya… - le rogó. Manuel le mordió el hombro, bajando por sus pechos de nuevo…observó la mano de Manuel sobre su erección, mnh…cuanto le gustaba. Se posicionó a su misma altura, moviéndose en círculos sobre ella, su erección chocaba la feminidad de ella, rozaba tan fuertemente haciéndola entrar en éxtasis, enredada en la máxima fascinación, en el placer. Pero no era suficiente, necesitaba sentirlo de verdad…sin ropa ni nada de por medio.

    - Quiero algo más…- murmuró en su oído. Manuel se estremeció, aún más.

    - Preciosa, no…no puedo darte nada más.
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    Mensaje  Danny Centeno el Sáb Abr 06, 2013 8:40 pm

    Shocked AYYYY DIOJ MIO!!!
    otro capitulo please!! bounce

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    capituloooo

    Mensaje  alelucerina el Sáb Mayo 25, 2013 11:08 pm

    sube otro capitulo yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa no nos puedes dejar asiiiiii tongue tongue tongue tongue tongue pirat pirat pirat pirat pirat
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    Mensaje  ultra lucerina el Miér Mayo 29, 2013 4:31 pm

    OH POR DIOS!!! Shocked Entro Al Foro y Me Encuentro Con Esto ESTA MEGA BUENA Siguela PERO YAAAA!!! affraid affraid affraid lol!
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    Mensaje  GMijaroLucerina el Miér Jul 17, 2013 7:45 pm

    Capitulo 9.

    Lucero abrió los ojos, recuperando al menos un porcentaje de su sentido común. Manuel la miraba, joder, ¿Cómo es que podía negarlo? …si se le notaba en todo el cuerpo que…moría por tirarse un buen polvo con ella.

    - Manuel…no empieces…- murmuró ella. No se perdería esa oportunidad. Sus manos acariciaron el duro miembro de Manuel por sobre los bóxers, él bajó la mirada, deliciosos movimientos. Se estremeció, mucho…muchísimo, mientras involuntariamente cerraba los ojos. – sé que te gusta esto…- Lucero siguió, cada vez aquellos movimientos se volvían más penetrantes. Su mano izquierda bordeó la cintura de Manuel, mientras seguía hablando. – sé que tampoco puedes aguantar tanto, me deseas… me lo has dicho…y te lo estoy pidiendo, quiero que hagamos el amor, ahora… - una voz tan femenina, tan sensual. Su mano izquierda se encargó de bajar lentamente los bóxers.

    - No. – la miró a los ojos. Parecía una niña, una niña con el cuerpo más deseable que sus ojos habían podido ver. La detuvo. Si no hacía algo que lo distrajera ahora, la follaría sin compasión al primer llamado. – tú más que nadie sabes que esto está mal. – se levantó, caminando, intentando que se le bajara la erección. No podía voltearse a mirar, del tan solo hecho de imaginarse a Lucero sobre su cama, desnuda, y completamente caliente, como él.

    Lucero alcanzó su camisón, hecho trizas, con las manos, lo puso sobre sus pechos, cubriéndolos, se arregló un poco el cabello. Caminó de rodillas hasta el borde de la cama, y pasó sus manos por lo abdominales de él. Manuel cerró los ojos, si tan solo ella supiera cuantas ganas tenía de hacerle el amor, de tumbarla en esa jodida cama, de hacerla gemir tan fuerte, que nunca lo olvidaría. Su cuerpo ardía, una llama, no Dios, peor que eso … y… sí Dios, lo que pensaba… Lucero le besaba la espalda. Sintió sus tibios labios detrás. Gimió.

    - Lucero, déjalo…- gimió de nuevo. Aunque no hacía nada para detenerlo.

    Y para sorpresa de él, ella se separó.

    - Bien, ya entiendo. – dijo completamente cabreada. Jodida. Se cubrió los senos y bajo apresurada de la cama. – vale, no me deseas.

    - No es eso.

    - ¿Entonces qué?

    - Está mal. Esto… Lucero esto no puede pasar entre los dos.

    - ¿Por qué no? ¿tienes novia? , o ya sé…claro, estás enamorado. – lo miró mal. Una gran oleada de celos invadió su corazón. ¿Otra chica? – joder Manuel, me lo hubieras dicho antes. – para no hacerme ilusiones, pensó, muy dentro de ella.
    Mnuel la cogió de las caderas y la apretó contra su cuerpo. Teniéndola tan cerca, ambos jadeaban, Lucero le robó un beso, pequeño…Manuel provocaba una y mil cosas en ella.

    - Te deseo…te deseo más que a nadie…no sabes todo lo que pienso cuando te veo, todo lo que me imagino contigo cada vez que te escucho gemir para mí… - Lucero no pudo evitar gemir, las palabras de Manuel no hacían más que dejarla con ganas de más. – pero tengo una regla, algo que debo cumplir…

    - ¿Qué? – le preguntó ella.

    - Debo protegerte Lu. – la agarró del trasero, cargándola. – esa es mi misión. – besó suavemente el hombro de ella, llegando hasta su cuello.

    - Y las estás cumpliendo. - Lucero lo besó en los labios, suave, un beso sencillo. – eres el mejor en lo que haces, y yo…

    - No, no nena…no sigas. – le pidió.Manuel mordió su labio inferior. Se inclinó para besar su pecho, para subir por su cuello luego. Encontrándose con sus labios. – no puedo…
    Lucero lo besó de nuevo, tan tiernamente, un beso que él no dudaría en recordar. Se separó.

    - Tal vez yo pueda hacer que eso cambie. – le dijo mirándolo. Manuel no puedo evitar sonreír, se despeinó el cabello, más de lo que ya lo tenía. Ella se acercó por última vez a su oído. – me debes una camisa, guapo. – Manuel se estremeció, recordando… ¿Cómo mierda es que había llegado a rompérsela? , la calentura volvía, y sus ganas de tirársela también. – buenas noches. – se despidió. Y vaya que no sería una buena noche para Manuel, no después de aquella visita…Lucero desapareció, moviendo las caderas. Manuel la miró toda, de pies a cabeza, y pensar que todo ese cuerpo femenino podía ser suyo. Ella era distinta, tanto que hasta por primera vez, una mujer, esa mujer le había robado una sonrisa…esa noche, y en ese mismo momento, él sonreía, sonreía por ella.
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    Mensaje  Majo el Vie Jul 19, 2013 8:08 pm

    Yisus y despues DDDDD:! me gusta!!!

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