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    Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

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    diana lucerina
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  diana lucerina el Miér Dic 26, 2012 2:55 pm

    siguela!! y q lu no se escape!!!

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Jue Dic 27, 2012 12:37 am

    CAPITULO 11



    —¿Está sonando el teléfono, mamita —decía Carol, tirando de sus vaqueros—. Mamita, ¿no me oyes? Está sonando el teléfono.
    —¿Qué? Ah, sí. Gracias, amor.
    Lucero soltó la camiseta que estaba a punto de colgar en la cuerda y corrió hacia la casa.
    A saber quién sería. Había llamado a Jack a primera hora para contarle el encuentro de la noche anterior... temiendo que notase algo raro.
    Había tomado la decisión de darle el beneficio de la duda al señor Mijares y sólo le contó el incidente con la rubia... no la conversación que mantuvo con ella más tarde. Ni el baile.
    Pero Jack la sorprendió diciendo que la esposa de Mijares había llamado para decir que no quería que volvieran a seguir a su marido. Todo era un malentendido y habían hecho las paces.
    Luego le dijo, con un tonito bastante desagradable, que suponía lo que había pasado en casa de los Mijares esa noche.
    —Es fácil de adivinar. Nuestro objetivo cumplió en la cama. Me habría gustado ser una mosca en la pared de ese dormitorio...
    Esa imagen se había quedado en la cabeza de Lucero toda la mañana. También a ella le habría gustado ser esa mosca para mirar al hombre con el que había bailado, el hombre al que había deseado tan desesperadamente, haciéndole el amor a su esposa.
    Sabía que era absurdo sentir celos de su mujer. Absurdo desear ser ella la que estuviera en la cama. Absurdo, ridículo.

    Pero no podía dejar de pensar en ello. Apenas había pegado ojo la noche anterior y ahora, mientras corría hacia el teléfono, seguía viendo el brillo de deseo en sus ojos, recordaba su voz ronca, su excitación palpable.
    ¿Habría sido sincero cuando le dijo que era la primera vez que le pedía eso a una mujer? ¿Que nunca había sentido algo así?
    Lucero se inclinaba a creerlo. Posiblemente, había bebido más de la cuenta. O llevaba mucho tiempo sin tener relaciones sexuales. Era una tontería pensar que había habido algo especial entre ellos.
    En el fondo, era una romántica. Los hombres pensaban de forma diferente, sobre todo con respecto al sexo. Sólo había sido un revolcón potencial, nada más.
    Quizá, cuando descubrió que había salido corriendo, se sintió aliviado. Quizá se fue a casa, sintiéndose culpable y de verdad hizo las paces con su esposa. Quizá no había usado el deseo que Lucero había incitado en él para hacerle el amor a una mujer que ya no le excitaba.
    Pero, ¿por qué iba a hacer eso? ¿Por sus hijos? Quizá. La Navidad estaba cerca. Una familia debe estar unida en Navidad. Y él odiaba el divorcio. Él mismo lo había dicho. Incluso había querido brindar por el matrimonio...

    Claramente, su matrimonio le importaba.
    Tenía que dejar de pensar en él, decidió Lucero mientras descolgaba el teléfono de la cocina. No volvería a verlo. Fin de la historia.
    —¿Sí? —contestó, sin aliento.
    —¿Lucero Hogaza?
    —Sí, soy yo.
    —Soy Nicholas Hanks, de ambar.
    —¿Perdón? Ah, sí, Ambar, la agencia de empleo. Hacía tiempo que no sabía nada de vosotros.
    —Como te dije hace unos meses, en este momento no hay mucha demanda para diseñadores gráficos. Pero ayer quedó un puesto vacante y me acordé de ti enseguida.
    —¿Ah, sí? ¿Por qué de mí especialmente? —preguntó Lucero, cauta. Conocía a la gente de las agencias de empleo y sabía que a veces eran demasiado optimistas.
    —Porque esta agencia de publicidad quiere alguien que pueda empezar de inmediato. No quieren entrevistar a nadie que ya tenga trabajo.
    A Lucero se le encogió el corazón. Tenía que haber docenas de diseñadores gráficos sin trabajo en Sidney. De nuevo, la posibilidad de conseguir aquel empleo era mínima.
    —¿Cual es la agencia? —preguntó.
    —ArtPop designers.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Jue Dic 27, 2012 12:46 am

    Capitulo 12



    —Ah, me encantaría trabajar para ellos.
    A ella y a cualquier diseñador gráfico. ArtPop era una agencia pequeña comparada con algunos gigantes de la publicidad, pero era la más innovadora. Dirigida por Henrique Ackles, tenía fama de convertir a sus diseñadores gráficos en directores creativos, en lugar de buscar talentos en otras agencias.
    —Sí, ya imaginé que te gustaría. Tienes una entrevista con ellos el lunes a las diez en punto.
    —¿Tan pronto? —murmuró Lucero. Tendría que pedir la mañana libre en el restaurante. Afortunadamente, el lunes era el día más tranquilo...
    —¿Puedes empezar a trabajar de inmediato?
    —Desde luego que sí. Pero seamos sinceros... ¿Ni— cholas? ¿Qué posibilidades hay de que eso ocurra?
    —En realidad, tienes muchas posibilidades. Hemos enviado todos los currículum de artistas gráficos que tenemos y sólo han elegido dos. El tuyo es uno de ellos —contestó Nicholas—. Aparentemente, tienen que contratar a alguien de inmediato y no quieren perder el tiempo. Tengo aquí delante tu currículum y sé que estás capacitada para ese puesto, Lucero. Francamente, me sorprende que no te contrataran en esa agencia a la que te envié hace unos meses.
    Ella dejó escapar un suspiro.
    —A mí no. A pesar de lo que dicen, no quieren contratar a una madre soltera. No lo dicen en voz alta, claro, pero les preocupa que pidas días libres para cuidar de tu hijo... Estoy segura de que ése ha sido el problema.
    —Bueno, en tu currículum dice que eres madre soltera, de modo que en ArtPop ya lo saben. Y, sin embargo, quieren entrevistarte el lunes. Además, llevas a tu hija a una guardería, ¿no?
    —Sí, pero...
    —Pero nada. Tus circunstancias no son diferentes de las de una mujer casada. Lo que cuenta para ArtPop es tu talento y tu capacidad profesional. Impresiónalos y el trabajo es tuyo.
    Lucero tuvo que hacer un esfuerzo para no emocionarse. Había pasado por eso muchas veces y, al final, siempre se llevaba una tremenda desilusión.
    —Hablas como si ya estuviera contratada. Pero hay otro candidato, ¿no?
    —Pues... en verdad, sí.
    —Y supongo que está tan cualificado como yo.
    —Pues... sí y no.
    —¿Qué quieres decir?
    —Nada. Sería muy poco profesional por mi parte decir algo negativo de una cliente —contestó Nicholas. Una. De modo que era una mujer—. Pero déjame aconsejarte sobre lo que debes llevar a la entrevista: nada demasiado llamativo ni demasiado moderno. Podrías pensar que para una entrevista en Ideas Bárbaras debes ponerte algo muy moderno... pero te aseguro que tendrás más posibilidades si llevas algo más normal.
    —¿Un traje de chaqueta, por ejemplo?
    —No, demasiado formal. En estas circunstancias, yo sugiero algo más sencillo.
    —¿Unos vaqueros? Tengo unos nuevos. Podría ponérmelos con una vestido color morado no mucho escuro.
    —Ah, perfecto.
    —Y podría hacerme un moño... ¿me maquillo?
    —No, pero solo un poco.
    —Muy bien.
    Lucero imaginó que la otra candidata debía ser una chica llamativa, que intentaba vender su atractivo sexual. Nada raro en el mundo de la publicidad. Quizá ahora que Henrique Ackles había pasado de playboy a hombre casado quería ir sobre seguro. Y quizá Nicholas le estaba aconsejando que el tipo de mujer fatal no sería buena idea.
    —¿Algo mas?
    —No. Sé tú misma y seguro que todo saldrá bien.
    —Gracias por todo.
    —De nada. Lo único que siento es no haber encontrado antes un empleo para ti.
    —Pero si aún no me lo han dado.
    —Ten lo por seguro. Te lo darán.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Jue Dic 27, 2012 12:57 am

    CAPITULO 13



    Ojalá pudiera tener tanta confianza, pensó ella, pero la vida le había enseñado a no hacerse ilusiones.
    —Tengo una llamada en la otra línea, Lucero. Buena suerte para el lunes.
    Ella se percató entonces de que había dejado sola a Carol en el jardín. Y su corazón dio un vuelco, como el corazón de todas las madres.
    Aunque era una niña muy tranquila; no se subía a los árboles, no rompía cosas y le gustaba jugar tranquilamente con sus muñecas. No se parecía nada a su padre. Para empezar, era mucho más lista.
    Aun así, Lucero salió corriendo al jardín. Y, como casi siempre, descubrió a Carol jugando bajo la higuera. Era su casita y cada espacio entre las raíces del viejo árbol, las habitaciones. Su hija podía estar horas jugando allí.
    carol tenía una imaginación muy fertil, como ella de pequeña. Quizá porque las dos eran hijas únicas. O quizá era un talento heredado. O ambas cosas.
    Fuese lo que fuese, las chicas Hogaza eran muy creativas.
    Lucero dejó escapar un suspiro. Deseaba aquel puesto en ArtPop Designers, no sólo por el dinero, sino porque le hacía falta. Ser camarera le sacaba de apuros, pero no quería servir mesas el resto de su vida. Quería usar su cabeza, crear algo, vivir la emoción del mundo de la publicidad.
    —¿Quién era, mamita? ¿Era Anna? — Lucero, que había terminado de colgar la ropa en el tendedero, se inclinó para tomar a su hija en brazos. Era la hora de comer.
    —No, amor, no era Anna. Era un señor.
    —¿Un señor simpático?
    —Sí,Anna, muy simpático.
    —Mamita ¿Es tu novio?
    —¿Qué? No. Sólo es un señor que busca trabajo para la gente. Y parece que ha encontrado un trabajo para mí. Tengo que ir a una entrevista el lunes. Si me lo dan, ganaré más dinero y podré comprar muchas cosas bonitas.
    Carol no parecía impresionada por la noticia. Todo lo contrario.
    —¿Por qué no tienes novio, mamita? Eres muy linda.
    Lucero soltó una carcajada.
    —Pues... no se, porque no he conocido a ningún hombre que me guste para ser mi novio.
    Mientras lo decía, no dejaba de pensar en un hombre de ojos azul cobalto y sonrisa devastadora. Pero no, era mejor así. Había salido de aquel bar justo a tiempo.
    —Además, te tengo a ti, mi amor —sonrió, apretando a la niña contra su corazón—. No necesito un hombre a mi lado.
    Pero ésa era la mentira más grande que le había dicho a su hija desde que le contó que le gustaba ser camarera. Porque la experiencia de la noche anterior le había demostrado que necesitaba algo más. Necesitaba sentirse como una mujer de vez en cuando, no sólo como una madre. Necesitaba los brazos de un hombre, necesitaba sentirse amada por un hombre, que la amase, que la besase,pero no era momento para piensar en eso.
    Pero...Algún día, tendría que encontrar una salida, pensó. Un hombre, evidentemente. Un novio, como Carol había sugerido.
    Pero, ¿quién?
    De nuevo, pensó en el hombre de ojos azules.
    Bueno, evidentemente, no podía ser él porque estaba casado.
    Si consiguiera el trabajo, además de estar haciendo lo suyo, tendría la oportunidad de estar rodeada de amigos. De hombres.
    El mundo de la publicidad estaba lleno de homosexuales, pero no todos lo eran. Tenía que haber un hombre para ella en algún sitio. Un hombre atractivo, inteligente, soltero... y que fuese bueno en la cama.
    Por supuesto, los hombres atractivos, inteligentes, solteros y buenos en la cama solían ser, también, insoportables. Eran hombres que lo tenían todo y no querían saber nada de compromisos. No habría futuro en una relación así.
    Lucero dejó escapar un suspiro. ¿De verdad necesitaba esa complicación en su vida? ¿No sería mejor quedarse como estaba?
    Los hombres no daban más que problemas. Siempre había sido así. Estaba mucho mejor sola, con Carol. Su hija era feliz, ella era feliz. Y sería mucho más feliz si consiguiera ese puesto de trabajo.
    La frustración no era más que algo temporal. Se le pasaría. Algún día.
    Lucero volvió a suspirar.

    —¿Por qué suspiras, mamita? —preguntó Carol—. ¿Estás cansada?
    —Un poquito, mi amor.
    —¿Por qué no tomas un café? Siempre tomas café cuando estás cansada.
    Lucero miró los preciosos ojos castaños de su hija, riendo.
    —Me conoces muy bien, ¿eh?
    —Sí, mamita —contestó la niña, con ese extraño tono adulto que usaba a veces—. Te conozco muy bien. ¡Ah, mira, el coche de Anna! Vamos a contarle lo de tu trabajo.
    —Aún no me lo han dado, Carol. Sólo es una entrevista.
    —Te lo darán, mamita —dijo ella, con la seguridad de una niña de cinco años—. Te darán ese trabajo.Ten lo por seguro mamita.



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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  Leysdania el Jue Dic 27, 2012 1:53 am

    Que linda nena Very Happy ...Que le den el trabajo.. Creo que ya sé por donde está iendo la WN Very Happy

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  diana lucerina el Jue Dic 27, 2012 3:59 pm

    awwwwwwwwww mw encanta siguela!

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Jue Dic 27, 2012 11:43 pm

    Este capitulo le dedico a Leysdania por su Cumpleaños. Gracias por todo =D te quiero

    CAPITULO 14



    ArtPop Designer estaba al norte de Sidney, no mucho lejos de la estación. Eso era bueno , porque no tenía coche.
    Llegó al vestíbulo muy temprano, con sus mejores vaqueros, un vestido no mucho corto, un poco arriba de las rodillas de color morado no mucho escuro. Del brazo llevaba una chaqueta, por si tenían el aire acondicionado a toda marcha, y un maletín en la otra mano.
    Se había recogido el pelo en una coleta, con un pañuelo blanco y negro que le había prestado Anna. Apenas llevaba maquillaje y los pendientes eran unas crucecitas de plata.
    Y el reloj. Ella no podía vivir sin reloj.Era una costumbre.
    En ese momento, lo estaba mirando. Las diez menos veinte. No pensaba subir a la agencia todavía para que no pensaran que estaba desesperada. Sólo los desesperados llegaban tan pronto. En lugar de eso, fue al lavabo para comprobar de nuevo su aspecto.
    En realidad, su imagen sería considerada muy conservadora en el mundo de la publicidad. Pero ella nunca había vestido de forma llamativa, incluso cuando podía hacerlo.
    Por fin, salió del lavabo y tomó el ascensor. Llevaba meses sin hacer una entrevista de trabajo y tenía los nervios en el estómago. No porque no se sintiera capacitada. A ella nunca le había faltado confianza en su talento. Pero después de haber hecho tantas entrevistas sin éxito, empezaba a preguntarse si alguna vez iba a encontrar trabajo en su campo.
    Aquella era la mejor oportunidad que le habían ofrecido en varios meses.
    Cuando salía del ascensor, se preguntó si estarían entrevistando a la otra candidata. Y si los habría impresionado tanto que no se tomarían la molestia de hablar con ella. Con su mala suerte, la recepcionista podría decirle: -Muchas gracias por venir, pero el puesto ya está ocupado-. Pero no podia pensar eso.
    Lucero respiró profundamente, intentando tranquilizarse. A Henrique Ackles le había gustado su currículum y tendría la decencia de entrevistarla, por lo menos.
    La recepción de ArtPop Designers era acorde con su imagen: moderna y llena de color, con las paredes pintadas de rojo, el suelo de mármol negro y enormes sofás de piel beige.
    La recepcionista era rubia, pero no exagerada ni muy llamativa. De unos treinta años, llevaba un traje oscuro y la miraba sonriente.
    —Hola. Tú debes ser Lucero Hogaza.
    —Sí, soy yo —contestó ella, secándose el sudor de las manos en los vaqueros—. Llego temprano, creo.
    —Eso es mejor que llegar tarde. O no venir en absoluto —sonrió la chica—. Voy a llamar a Karen para decirle que estás aquí. Karen es la ayudante personal del señor Ackles —le explicó—. Siéntate un momento, por favor.
    —Gracias.
    —Ha llegado Lucero Hogaza, Karen —oyó que decía la recepcionista por teléfono—. Sí... ahora se lo digo.
    Ella se había sentado y hacía lo imposible por mostrarse tranquila. Aunque por dentro era un manojo de nervios.
    —El señor Mijares no ha terminado la entrevista con la otra candidata y...
    —¡El señor Mijares! —exclamó Lucero, levantándose de un salto.
    —El señor Ackles está de viaje. El señor Mijares se encarga de la agencia hasta que vuelva.
    —Ah, ya veo —Lucero respiró profundamente. Qué tontería pensar que ese Mijares sería el mismo Mijares del viernes. Mijares no era un apellido tan raro. Además, su señor Mijares era contable. ¿Cómo un contable iba a dirigir una agencia de publicidad, aunque fuese temporalmente?
    —Por cierto, me llamo Lucia —dijo la recepcionista—. Será mejor que nos vayamos conociendo. No debería decir esto, pero creo que tú le gustarás más que la chica que está dentro.
    —¿Por qué? —preguntó Lucero.
    No había terminado la frase cuando oyeron un portazo.
    —Juzga por ti misma —dijo Lucia en voz baja.


    ( Perdon por mi español, es que no se muy bien, porque hablo portugues y aprendi el español viendo las novelas de Lu. xoxo las quiero)

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Jue Dic 27, 2012 11:51 pm

    CAPITULO 15



    En ese momento, una criatura asombrosa apareció en recepción. Que daba mucho miedo.
    Lo primero que sorprendió a Lucero fue su pelo naranja, que parecía cortado con un hacha. Con un hacha oxidada.
    Lo segundo fue la cantidad de pendientes que llevaba en la cara. En las orejas, en la nariz, en las cejas, en los labios, en la barbilla...
    A saber qué otras partes de su anatomía llevaba perforadas. Posiblemente, muchas.
    Afortunadamente, la chica iba tapada hasta el cuello. Su estilo, sin embargo, era una combinación de punky y siniestro y la ropa parecía sacada de un cubo de la basura. Y las botas militares habían visto días mejores. Muchos días mejores.
    —Dile a Henrique Ackles que me llame cuando vuelva, si sigue interesado —murmuró aquel miembro de la familia Adams mientras se dirigía al ascensor—. No trabajaría para ese tío aunque fuera el último empleo que quedase en la tierra. No sabe lo que es una persona creativa. No tiene ni idea.
    En cuanto desapareció, Lucia miró a Lucero con una sonrisa en los labios.
    —¿Lo entiendes ahora? Me parece que tienes el puesto asegurado.
    Lucero no podía creer que el destino hubiera sido tan amable con ella.
    —Eso espero. Necesito este trabajo.
    El teléfono sonó inmediatamente.
    —Sí, Karen. La mando para allá ahora mismo. Y no te preocupes, ésta sí le gustará —dijo Lucia, antes de colgar—. Te toca. Es la última puerta al final del pasillo.
    Lucero tragó saliva.
    —Una cosa más. ¿Sabes cómo se llama el señor Mijares
    —Manuel . ¿Por qué? . Lucero suspiró, aliviada.
    —No, por nada. Conocí a un Mijares una vez y... afortunadamente, no es el mismo.
    —Siempre hay uno de ésos en el pasado —rió Lucia.
    Cierto. Pero no era en el pasado para ella. Había sido sólo dos días antes y con sólo pensar en él seguía poniéndose a temblar.
    Los nervios empezaron a desaparecer al saber que no era Christian Grey de Mijares. Y tampoco podía negar que se alegraba de que la competencia no tuviese nada que hacer. Claramente, Nicholas, de Ambar, no había aconsejado bien a la del pelo zanahoria. Y si lo había hecho, la chica no había seguido su consejo.
    La puerta al final del pasillo era el despacho de la ayudante personal de Henrique Ackles. No era tan original como la recepción, pero sí espacioso y moderno. La propia Karen no era lo que esperaba: de unos cuarenta y tantos años, era una pelirroja natural, más bien gordita y simpática.
    —¡Ah, gracias a Dios! —exclamó al ver a Lucero—. ¿Has visto a la otra?
    —Sí, la he visto. Pero la verdad es que no es raro ver gente como ella en el mundo de la publicidad. Me dio mucho miedo.
    Probablemente se cree una artista de vanguardia y tiene que llevar una imagen a juego.
    —Aquí no contratamos artistas de vanguardia —bromeó Karen—. Contratamos gente con ideas innovadoras que sabe trabajar. Y que trabaja mucho. I Que le gusta la art ¿Lucia te ha dicho que el señor Ackles está de viaje?
    —Sí.
    —Mejor. Entonces entenderás por qué yo hago parte de la entrevista. El señor Mijares es un buen director y un motivador excelente, pero no tiene experiencia en el mundo de la publicidad. Yo llevo muchos años con el señor Ackles y sé qué le gusta —murmuró Karen, mirando su currículum—. Y tu currículum me gusta mucho. ¿Podrías enseñarme tu carpeta de trabajo?
    Lucero sacó del maletín una carpeta que incluía copia de sus mejores trabajos y algunos anuncios propios que haría si la dejaran.
    —Ah, éste es buenísimo. Rebecca, tu jefa, estará encantada contigo. Rebecca es una de nuestras ejecutivas. Su ayudante dimitió la semana pasada después de un pequeño altercado porque ella le recriminó su falta de motivación... faltaba mucho al trabajo y creemos que tenía un problema con las drogas —suspiró Karen—. El caso es que necesita un buen diseñador gráfico porque tiene que terminar varios encargos antes de Navidad. Además, pedirá un permiso por maternidad dentro de unos meses... va a tener otro niño. Y cuando eso ocurra, esperamos que tú puedas hacer su trabajo. En Ambar me han dicho que eres una persona ambiciosa y que tu objetivo es ser directora creativa.
    —Sí, es verdad. Los diseños al final de la carpeta son ideas originales, no son campañas en las que haya trabajado.
    —A ver... —Karen empezó a pasar páginas—. ¿Esto es tuyo, el anuncio de electrodomésticos?
    —Sí.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Jue Dic 27, 2012 11:58 pm

    CAPITULO 16



    La página tenía un fondo rojo fuerte para destacar los electrodomésticos de color blanco. Tumbada encima había una rubia tipo Mae West, con un vestido de noche blanco, acariciando los electrodomésticos con unas manos de uñas muy rojas. Sobre ella, la frase: No son los electrodomésticos de tu vida, sino la vida de tus electrodomésticos, como una parodia de la famosa frase de Mae West:
    -No son los hombres de tu vida, sino la vida de tus hombres-.
    —Es muy bueno —dijo Karen.
    Lucero sonrió.
    — Muchas Gracias.
    —Tenemos una firma de electrodomésticos como cliente... esto les iría muy bien. Tengo que enseñárselo a Jensen, es el que lleva esa cuenta. Ya me imagino a Rebecca y a Jensen peleándose por ti —rió Karen entonces—. Pero, claro, el señor Mijares tiene que decir la última palabra... aunque estoy segura de que eso es una formalidad. Ven, vamos a su despacho. Espero que se haya recuperado de la última candidata... deberías haber visto su cara cuando abrió la puerta. Culpa mía, claro. Su currículum era buenísimo, pero en realidad no había sitio aquí para ella.
    —¿Te importa si te pregunto por qué? La imagen puede ser engañosa. Podría haber tenido mucho talento a pesar de los piercing.
    —Y lo tenía. Era una buena diseñadora, pero no habría podido llegar más lejos. H quiere que su gente tenga una imagen determinada. Después de todo, un director creativo tiene que tratar con los clientes y algunos de ellos son muy conservadores.
    Henrique cree que la primera impresión es muy importante y Manuel está de acuerdo con él. Y tú, Lucero Hogaza, causas una buena impresión.
    —Pero si voy en vaqueros...
    —Vaqueros nuevos —sonrió Karen—. Y me encanta tu pelo. Es divino.
    Lucero no podría haberse sentido más segura de sí misma.
    El destino había sido bueno con ella, por una vez.
    Pero cuando el hombre que estaba sentado en el sillón de Henrique Ackles levantó la cabeza, su corazón se detuvo.
    Oh, no, no, no. porque ? ¿Cómo podía ser? La recepcionista había dicho que se llamaba Manuel, no Christian.
    Pero era él. Sin dulda alguna. No había olvidado uno solo de sus rasgos. Y, además, iba vestido de la misma forma, con un traje italiano, corbata y camisa blanca.
    Cuando los ojos castaños se clavaron en ella lo vio levantar las cejas, sorprendido.
    —Sí, estoy de acuerdo —sonrió Karen—. Mucho mejor que la señorita Jaegers. Es Lucero Hogaza y aquí está su carpeta de trabajo. Le he echado un vistazo y es estupenda, así que os dejo —añadió, volviéndose hacia Lucero—. Tranquila —le dijo en voz baja antes de salir.
    Ella se quedó parada en medio del despacho, sin saber qué hacer. El destino no había sido bueno con ella después de todo. Le había presentado la mejor oportunidad de su vida... para arrebatársela después. Porque aquel señor Mijares, se llamara como se llamara, no iba a contratarla.
    Si le contaba la verdad, se sentiría humillado y amenazado. Si no le contaba la verdad, tendría que volver a esa otra realidad, más sórdida: que le gustaba muchísimo y que, a pesar de saber que estaba casado, había estado a punto de irse con él a la cama.
    No, eso no era así. Si mantenía su trabajo como señuelo en secreto, ella no tenía por qué saber que estaba casado. Al fin y al cabo, no llevaba alianza.
    Y en ese caso, ¿cómo iba a explicarle su repentina desaparición?

    Decir simplemente que se lo había pensado mejor sonaría... un póco infantil, ¿no? El podría pensar que sólo había querido tomarle el pelo.
    También podría decirle que una chica en el lavabo le advirtió que era un hombre casado...
    Eso salvaría su orgullo y su reputación, pero difícilmente la de Mijares.
    El problema era que, estando casado, le había pedido que se fuera a un hotel con él.
    Recordar ese momento provocó un escalofrío que la recorrió de arriba abajo. La atracción salvaje, el deseo que había despertado en ella un completo extraño...
    No había salida, excepto la puerta.
    —Será mejor que me vaya ahora mismo —consiguió decir—. Devuélveme mi carpeta y me iré.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  diana lucerina el Vie Dic 28, 2012 10:12 pm

    siguela!! me encantaaaaaaaaaaaaaa

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  Leysdania el Sáb Dic 29, 2012 2:54 am

    No había podido escrbir antes... pero muuuuuuchas gracias Very Happy No te olvidastes de la dedicatoria jahhahah Very Happy y la WN está super... gracias por adaptarla Very Happy

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Lun Ene 07, 2013 6:15 pm

    CAPITULO 17


    Manuel raramente tenía miedo, pero lo tenía en aquel momento. Aquella mujer iba a plantarlo.......... nuevamente.
    No podía permitírselo después de haberla encontrado. La idea de no volver a verla le había perseguido durante todo el fin de semana.
    Por supuesto, le gustaría saber por qué lo había plantado en el bar. La única razón que se le ocurría era que se lanzó demasiado rápido.
    Pero ahora no sabía qué pensar.
    Sin embargo, nada había cambiado desde el viernes por la noche. Ver aquellos ojos increíbles lo devolvía a la pista de baile, consumido por el deseo de llevarla a la cama.
    ¿A la cama? Esa idea lo hizo reír. La cama estaba muy lejos. La pasión que provocaba en él esa mujer demandaba algo mucho más rápido: una pared, el suelo, incluso el escritorio.Estaria buenissimo.
    Fernando tragó saliva. Se estaba volviendo loco. Y volvería a perderla si ella adivinaba lo que estaba pensando.
    —Lo del viernes no tiene nada a ver con eso —le dijo, con asombrosa compostura—. Ahora estamos hablando de trabajo. Aunque quizá deberíamos quitarnos de en medio el pasado... ¿te importaría sentarte y decirme por qué te fuiste?
    Ella no se movió. Manuel intentaba no mirarla , pero era una mujer magnífica. Y tan sexy con esos vaqueros que era un crimen.Lo volvia loco
    —¿Para qué? —preguntó Lucero entonces—. No puedo trabajar para ti.Eso no es cierto. Supongo que estarás de acuerdo.
    Claro que no lo estaba, pero quizá ella temía que la acosara. Y quizá con razón, a juzgar por cómo la deseaba en aquel momento. Pero podía controlarse cuando era necesario. Lo último que deseaba era asustarla. Hacía mucho tiempo que no sentía por una mujer lo que había sentido por ella el viernes por la noche. En realidad, no recordaba haber sentido nunca lo que sintió el viernes.Con Lucero todo era diferente.

    Normalmente, podía controlar sus instintos, analizar la situación, usar el juicio crítico para saber si el objeto de su deseo era o no una pérdida de tiempo.
    Pero no había sido así en aquella ocasión.
    Quizá por eso lo había obsesionado durante todo el fin de semana. No sabía nada sobre ella, excepto que había ido sola a un bar, vestida para matar. Y ésa no era una gran recomendación.
    Y, aun así, seguía deseándola como un loco.
    Pero no pensaba dejarla escapar por segunda vez. Quería experimentar la magia que había sentido en sus brazos una vez más. Y sería una pena que no lo llevara a ninguna parte. Estaba harto de pensar en el futuro, de planearlo todo. Había olvidado lo interesante que era actuar de forma impulsiva y su vida empezaba a convertirse en un aburrimiento.
    Deseaba a aquella mujer e iba a tenerla, fuera buena para él o no.
    —Pero, en realidad, no trabajarás para mí —le dijo—. Trabajarás para Henrique Ackles. Yo sólo estaré aquí durante el mes de diciembre. Después, cualquier relación profesional entre nosotros habrá terminado.
    Ella seguía mirándolo con expresión recelosa... ¿Por qué? Le gustaba, pensó entonces. El viernes había sentido lo mismo que él... hasta que fue al lavabo.
    Y Manuel se quedó helado cuando no volvió a aparecer.
    —¿Qué pasó el viernes? ¿Por qué cambiaste de opinión? ¿Porque te fuiste?
    —Pues...es muy dificil- hiso una larga pausa.
    Colorada hasta la raíz del pelo resultaba encantadora. Quizá no era una calentona como había pensado. Ni una chica alegre, de las que van de bares los fines de semana buscando una diversión barata.
    —No es un delito cambiar de opinión, Lucero. Aunque a él se lo pareció el viernes. Se puso furioso al ver que no aparecía.
    —No cambié de opinión —dijo ella entonces.
    —¿Entonces? ¿Que paso?

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Lun Ene 07, 2013 6:25 pm

    CAPITULO 18



    Lucero decidió que tenía que encontrar una explicación o parecería una tonta.
    —Una Mujer... en el lavabo, me dijo que estabas casado —contestó a toda velocidad—. Yo... Yo no me acuesto con hombres casados.
    Sin duda, la excusa lo había sorprendido porque parpadeó un par de veces. Y luego hizo una cosa extrañísima.
    Sonrió.
    —Casado —murmuró, con una risita—. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? ¡Casado! —repitió, soltando una carcajada.
    —A mí no me hace ninguna gracia —le espetó Lucero. Mucha gente joven se tomaba el estado civil a broma, pero ella no.
    —Ah, pero es que tiene mucha gracia. Yo no estoy casado —dijo Manuel entonces—. El que está casado es mi hermano. Mi hermano gemelo. Somos gemelos idénticos. Lleva algún tiempo yendo a ese bar, así que es comprensible que una chica lo haya confundido conmigo.
    Lucero abrió la boca y la volvió a cerrar. El hombre con el que había tonteado, el hombre al que había deseado con todas sus fuerzas el viernes por la noche, no era el hombre que estaba marcado como objetivo.
    Aunque la revelación era asombrosa, explicaba las pequeñas diferencias: el corte de pelo, el color de los ojos... y su personalidad. El hombre de la fotografía parecía más suave.
    Y no había nada suave en Manuel Mijares.
    Entonces se dio cuenta de algo, mucho más importante: Manuel Mijares era soltero. Y disponible. No había ninguna razón para no decirle que sí, si le pedía que saliera con él.
    Y lo haría. Podía verlo en sus ojos.
    Un cosquilleo ¿o era un escalofrío? recorrió su espalda. Y ella que había decidido no complicarse la vida con un hombre...
    Por supuesto, no había anticipado que sería ese hombre. Manuel Mijares era completamente diferente.
    —Entonces, ¿no estás casado?
    —No. Me divorcié hace unos meses.
    Esa noticia no la emocionó. No sabía por qué. Quizá porque sabía que los hombres recién divorciados sólo buscaban una cosa. Era como si, después de haberse separado de sus mujeres, sólo tuvieran sexo en la cabeza. Había conocido a muchos en el restaurante y, normalmente, le daba asco cómo la miraban, como si fuera un trozo de carne.
    ¿Era eso lo que Manuel Mijares había pensado el viernes por la noche, que era un trozo de carne? Había ido sola al bar... ¿Por qué iría una mujer sola a un bar más que para conocer a un hombre? Y la única excusa que le había dado para no irse con él era que lo creía un hombre casado.
    Ahora que sabía que no lo era, debía pensar que se acostaría con él a la primera oportunidad.
    —No estoy casado, no tengo hijos y no tengo novia. Para que no haya más malentendidos.
    Lucero parpadeó. Eso era poner las cartas sobre la mesa. ¡Sólo faltaba que le dijera que no tenía ninguna enfermedad contagiosa!
    —¿Ahora quieres trabajar aquí?
    —¿Me estás ofreciendo el puesto?
    —Claro que sí.
    —¡Pero si ni siquiera has mirado mi carpeta de trabajo!
    —No hace falta. Confío en el criterio de Karen. Ella tiene más experiencia que yo en este campo. Sólo quería verte en persona, para ver si tenías el estilo y la presencia que Henrique exige de sus empleados.
    Lucero arrugó el ceño. «En persona». Quizá no le ofrecía el trabajo por su talento creativo, sino porque quería verla más «de cerca».
    Pero si era sincera consigo misma, ella quería lo mismo. Cada vez que la miraba, y la miraba todo el tiempo, no podía pensar más que en estar entre sus brazos otra vez.
    ¿No había llegado a la conclusión de que necesitaba a un hombre en su vida? ¿Un novio, un amante? ¿Por qué no Manuel Mijares? No estaba casado y era un hombre tremendamente interesante. Sería una locura luchar contra una atracción tan fuerte como aquélla.Lo queria.... lo queria ahora.
    —Aunque te estuviera comparando con la otra candidata, estaría muy contento de ofrecerte el puesto —siguió él—. Si sigues interesada, claro está.
    Lucero sospechaba que le estaba preguntando si seguía interesada en él, además del trabajo.
    —Sí, claro que sí —contestó.
    —Muy bien —sonrió Manuel.
    Era muy listo. E increíblemente seguro de sí mismo.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  Leysdania el Lun Ene 07, 2013 6:33 pm

    Ahora si trabajará ahí!!!! Que pasará??

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  Tefiiz el Lun Ene 07, 2013 7:21 pm

    ay no manches no la dejes ahí..!
    jeje esta muy buena
    siguela Smile

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  diana lucerina el Lun Ene 07, 2013 10:21 pm

    siguela me encantaaa

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Mar Ene 22, 2013 10:08 am

    CAPITULO 19



    La excitaba y la ponía nerviosa a la vez. Una extraña combinación. Siempre le habían atraído los hombres fuertes, pero Manuel Mijares representaba algo más que fuerza física. Tenía un carisma excepcional y un magnetismo turbador. Su mirada de acero tenía la capacidad de robarle la fuerza de voluntad, pero era su sonrisa lo que más daño podía hacer. Sospechaba que, si se convertían en amantes, podría obligarla a hacer muchas cosas. Cosas salvajes. Cosas perversas.Y eso a ella le gustava, pero no podia.
    Ese pensamiento envió un escalofrío erótico por su espalda. De repente, se le doblaron las rodillas.
    — será mejor que me siente.
    Cuando levantó la cabeza, después de cruzar las piernas primorosamente, él estaba mirando su currículum.
    —Veo que eres madre soltera.
    Lucero levantó la barbilla.
    —¿Algún problema?
    —En absoluto. Admiro a una mujer que puede hacerse cargo de un hijo sin contar con la ayuda de un hombre.
    —¿Quiero decir si es un problema para ocupar el puesto de trabajo?
    —No tiene por qué serlo. Tu hija va a una guardería, ¿no?
    —Así es. Pero algún día podría tener que quedarme en casa, si está enferma. O si ocurre alguna emergencia.
    —Las condiciones laborales en ArtPop son muy flexibles. Lo único que se exige es que el trabajo esté hecho y que se acuda a las reuniones. Tu jefa también tiene una hija y está esperando otro, así que supongo que será comprensiva. Y hablando de Rebecca, lo mejor será que te la presente. Llamó antes para decir que necesitaba a alguien en el ordenador de inmediato.
    —¿Quieres que empiece ahora mismo? —preguntó Lucero.
    El levantó una ceja.
    —¿Alguna razón para no hacerlo?
    —No, supongo que no. Pero tendré que llamar a la guardería para decirles que iré un poco más tarde a recoger a Carol.
    —¿Eso es un problema?
    —No, pero... no sé a qué hora salen los trenes... tengo que ir a buscarla antes de las seis.
    —¿No tienes coche?
    —No —contestó Lucero—. No tengo mucho dinero que podamos decir, entiendes?.
    —Pues ahora podrás. Tu salario es de sesenta y cinco mil dólares al año.
    Lucero se quedó sin aire en los pulmones.
    —Lo dirás de broma. ¿Sesenta y cinco mil dólares al año?
    Antes de tener a Carol sólo ganaba cuarenta mil.
    —Tu salario será revisado una vez al año, con posibles aumentos dependiendo de los resultados.
    —Pero eso es increíble.
    —No te preocupes. Tendrás que demostrar lo que vales.
    —Lo haré.
    Sus ojos se encontraron una vez más y Lucero se preguntó si, de nuevo, la conversación tenía un doble sentido. Esperaba que no. No quería pensar que, bajo esa impresionante fachada, Manuel Mijares no era más que otro aprovechado.
    —Podrías alquilar un coche. Grey siempre dice que alquilar es la opción más sensata en los negocios. Mi hermano es contable.
    Lucero ya lo sabía, aunque no podía decírselo. ¿En qué trabajaría Manuel Mijares? Karen le había dicho que era un buen director y un buen motivador. Pero, ¿para qué empresa?
    —Sólo tienes que decirme qué clase de coche quieres.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Mar Ene 22, 2013 10:19 am

    CAPITULO 20



    —la verdad es que no lo sé. Tengo que pensármelo.
    —Si me dices el modelo por la mañana, podría estar listo por la tarde. Mientras tanto, no me importa llevarte a casa.
    Lucero lo miró. Desde luego, no perdía el tiempo.
    —No hace falta. Puedo llamar alguien para que vaya a buscar a Carol.
    —¿Un amigo?
    La pregunta parecía sin importancia, pero había curiosidad en sus ojos. Era una locura pensar que estaba celoso, pero tenía la impresión de que así era.
    —No —contestó—. Es una señora mayor, mi casera. Y también una buena amiga.
    —No me importa llevarte a casa. Además, me gustaría tener la oportunidad de hablar contigo fuera de la oficina.
    —Muy bien —asintió ella, un poco incómoda—. Gracias.
    —De nada —sonrió Manuel.
    Lucero contuvo un suspiro. Era muy sexy. ¿Cómo iba a decirle que no?
    Pero no quería que pensara que era presa fácil.
    Ella sabía lo que muchos hombres pensaban de las madres solteras. Las consideraban desesperadas. Desesperadas por tener compañía, por encontrar a un hombre que pudiera ofrecerles la seguridad económica que, evidentemente, no les había ofrecido el padre de su hijo.
    Pero ella no era así. Ella siempre se había enorgullecido de ser autosuficiente. Después de Marcelo, no había querido apoyarse en un hombre para nada. Ni siquiera para el sexo.
    Hasta que conoció a Manuel Mijares.
    Ahora no dejaba de pensar en él. Y estaba deseando que la llevara a casa. Se le puso piel de gallina sólo de pensarlo.
    Cuando debería estar concentrándose en el magnífico puesto de trabajo que acababa de ofrecerle...
    —Ahora que ya está decidido, debería empezar a trabajar, ¿no crees?
    El se levantó despacio, abotonándose la chaqueta.
    Era un hombre alto, fuerte, con unos hombros anchísimos.
    Desnudo sería impresionante.
    Lucero contuvo un suspiro. Estaba metida en un lío, en un buen lío.
    —Por aquí —dijo Manuel, señalando la puerta.
    Afortunadamente, no la tocó. Pero su mirada la ponía nerviosa.
    No era totalmente diferente a los otros divorciados que la perseguían en el restaurante, pensó. La diferencia estaba en ella. Los otros no la hacían temblar con una mirada, no la hacían olvidar los consejos de su madre sobre los hombres.
    No, eso no era verdad. No había olvidado los consejos de su madre. Sabía lo que Manuel Mijares quería.
    La diferencia era que ella quería exactamente lo mismo.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Mar Ene 22, 2013 10:29 am



    CAPITULO 21



    Lucero no podía creer lo rápido que había pasado el día y lo amable que era todo el mundo con ella en ArtPop, especialmente su jefa.
    De unos treinta años, Rebecca era una morena atractiva, casada, con una niña de tres años y otro en camino. Era una persona amable y, a la vez, eficiente y muy precisa con las instrucciones. Sabía lo que quería y esperaba que las cosas se hicieran a su manera.
    Lucero estaba acostumbrada a eso. En Radiohead la habían entrenado bien.
    Pero prefería ArtPop porque había un ambiente de trabajo muy agradable. Eran pocos empleados, unos veinte, y casi todos asomaron la cabeza en su despacho para saludarla.
    Bueno, llamarlo «despacho» no era del todo apropiado. Más bien, un cubículo. La sala de trabajo de Artpop era un espacio abierto separado por paneles. El de Rebecca era grande pero nada elegante, sin moqueta, sin puerta, con una ventana que daba a la calle.
    Aun así, era una zona limpia y funcional, con ordenadores de última generación. A Lucero le encantó trabajar con un Macintosh G5, mucho más rápido que su Imac.
    Afortunadamente, porque su predecesor había dejado las cosas patas arriba. Tenía tanto trabajo que, cuando llegó la hora del almuerzo, decidió comer un sándwich en su mesa. Margaret, la recepcionista, le llevó un café.
    «Seremos buenas amigas», pensó Lucero.
    Sólo pudo descansar un poco después de comer y aprovechó para hacer tres llamadas. La primera, al restaurante, para decir que dejaba su trabajo. Afortunadamente, no le pusieron ninguna pega. La segunda, a la guardería para avisar de que llegaría tarde. Como esperaba, a Carol le dio lo mismo... ¡niña traidora! La tercera, a Anna, que se puso a dar saltos de alegría cuando le dijo que había conseguido el trabajo.
    Desgraciadamente, no pudo contarle nada sobre el fiasco de los hermanos Mijares porque Rebecca estaba a su lado.
    En realidad, le gustaba trabajar cerca de Rebecca. Aparentemente, en ArtPop cada director creativo trabajaba con un diseñador gráfico a su lado, como una especie de ayudante personal. Y, en su opinión, ésa era la mejor manera de entrenar a futuros directores creativos. Ahora entendía que Henrique Ackles nunca hubiese tenido que contratarlos en otras agencias. No le hacía falta.
    —Hora de irse, chicas. Son las cinco.
    Lucero giró la cabeza al oír la voz de Manuel. Estaba apoyado en el panel y tuvo la impresión de que llevaba ahí un rato. Le sorprendía haber podido apartarlo de sus pensamientos durante casi todo el día. Pero, en cuanto sus ojos se encontraron de nuevo, volvió a sentir un escalofrío.
    Lo deseaba igual que lo había deseado el viernes por la noche, pero ahora el deseo iba acompañado de miedo y preocupación.
    Su vida desde que Carol nació había sido tan sencilla... Quizá un poco aburrida y sí, solitaria a veces. Pero sin estrés.
    Si mantenía una relación con Manuel Mijares, aunque fuera una relación fortuita, él empezaría a hacer demandas sobre su tiempo. Y, como madre soltera con un trabajo de nueve a cinco, Lucero sabía que no tendría mucho tiempo libre.
    —¿Qué tal nuestra nueva chica, Rebecca?
    —Estupenda —contestó ella—. Es muy buena en su trabajo. Y sospecho que será muy buena en el mío también. Algún día —añadió, haciéndole un guiño.
    Lucero no sabía qué decir como respuesta a tantos halagos, de modo que se quedó callada.
    —Será mejor que nos vayamos —dijo Manuel entonces—. A esta hora hay mucho tráfico. Voy a llevarla a casa —le explicó a Rebecca—. Tiene que ir a buscar a su hija a la guardería y no sabe si llegará a tiempo.
    —Sí, ya me ha contado que vas a rescatarla —sonrió Rebecca—. Bueno, pues adiós. Y gracias por todo. Nos vemos mañana a las ocho y media.
    —¿Ocho y media? —repitió Manuel—. Pensé que el horario era de nueve a cinco.
    —Lucero y yo hemos decidido que nos viene mejor de ocho y media a cuatro y media. Las guarderías abren a las ocho y así tenemos más tiempo para estar con las niñas por la tarde.
    —Ah, muy bien —se encogió él de hombros.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  Danny Centeno el Mar Ene 22, 2013 4:46 pm

    Me encantaaa tu WN! Very Happy Siguelaaaaa! bounce Smile

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Dom Ene 27, 2013 12:34 am

    CAPITULO 22



    Ese gesto le recordó a Lucero que los hombres como Manuel mijares no tenían hijos de los que preocuparse. Sólo se preocupaban por sí mismos.
    Los hombres hacían eso muy bien, se recordó a sí misma. -Así que no pienses que va a llevarte a casa por solidaridad. Te lleva a casa porque quiere ligar contigo-.
    Le sorprendió que ese pensamiento no le pareciera mal. Quizá no debería haber estado sola tanto tiempo, se dijo. Conteniendo un suspiro, Lucero apagó su notebook, tomó el bolso y se levantó.
    —Adiós, Rebecca. Gracias por ser tan amable conmigo. Hasta mañana.Besos
    —Es una chica encantadora, ¿verdad? —sonrió Manuel mientras bajaban en el ascensor.
    —Sí, mucho —asintió ella—. Y muy buena en su trabajo.
    —Henrique no contrata a nadie que no lo sea.
    —Espero que no se lleve una desilusión conmigo.
    —Estoy seguro de que no será así. Por aquí —murmuró Manuel, cuando las puertas se abrieron. Estaban solos en el garaje, pero no la tocó, no se acercó siquiera—. Es éste —dijo, deteniéndose ante un elegante coche blanco.
    El interior era de cuero negro y olía a nuevo. Lucero no sabía qué modelo era y no pensaba preguntar. Ella no sabía nada de coches. Lo cual le recordó...
    —Por cierto, no voy a alquilar un coche todavía.
    —¿Por qué no?
    —Antes de lanzarme de cabeza, me gusta pensar las cosas bien.
    —¿Eso es una costumbre, un hecho o una advertencia para mí?
    —¿Necesitas una advertencia?
    Manuel arrancó y salió del garaje sin decir nada. Y siguió en silencio hasta que tuvo que detenerse en un semáforo.
    —Mira, dejémonos de jueguecitos —le espetó, volviéndose para mirarla—. Fuiste al bar la otra noche buscando compañía masculina. Si no te hubieran dicho que yo era un hombre casado, te habrías acostado conmigo.
    Lucero decidió que había llegado el momento de decir la verdad. No tenía por costumbre ir a bares a ligar con extraños.
    —Nadie me dijo que estuvieras casado —le confesó, levantando la barbilla—. Me lo he inventado.
    —¿Qué? Primero dices... ¡¿sabes que? vete al diablo! —exclamó él, mientras arrancaba de nuevo.
    —¡Conduce y escucha! —le espetó Lucero, con el tono que usaba para meter a Carol en la cama cuando se ponía revoltosa.
    Manuel obedeció, sorprendido por el tono autoritario. Su silencio le dio la oportunidad de contarle la verdad, empezando por su trabajo como señuelo para una agencia de detectives porque necesitaba el dinero. Le contó que odiaba ese trabajo y lo había dejado, pero que tuvo que hacerlo por última vez para poder comprarle a Carol un buen regalo de Navidad.
    Manuel la miró, incrédulo, cuando le contó no sólo que nunca había estado en este bar sino que nunca iba sola a un bar. Y estuvo a punto de meterse en el carril contrario cuando le dijo quién era su objetivo. Incluso le contó que le había dado a Jack un informe positivo porque le vio rechazar a la rubia.
    —Por supuesto, entonces no sabía que tú no eras Grey.
    Manuel se quedó sin palabras durante unos segundos.
    —Muchas gracias por no destrozar el matrimonio de mi hermano. ¿Por que lo hiciste, te sentías culpable?
    —¿Culpable? ¿Por qué?
    —A ver, reina, seamos serios. Si yo hubiera sido un pobre hombre casado y aburrido y tú hubieras entrado en el bar con ese cuerpazo tampoco habría sido capaz de resistirme.
    —No exageres, no es para tanto.
    —Créeme, sí lo es. Y eres una buena actriz, además. Yo habría jurado que te gustaba, que de verdad querías hacer el amor conmigo.
    Podía decirle que no era así... o tomar una salida más fácil.
    —Te encontraba atractivo, es verdad —admitió, poniéndose colorada—. Pero no me habría ido al hotel contigo. No me acuesto con extraños.
    Esa era su historia y no pensaba contar nada más.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Dom Ene 27, 2013 12:43 am

    CAPITULO 23


    —Yo tampoco sabía tu nombre, pero me daba igual.
    —Sí, bueno, tú eres un hombre. Eres de una especie completamente diferente. Las mujeres somos un poquito más selectivas.
    —No todas las mujeres.
    Posiblemente estaba acordándose de la rubia.
    —Sí, es verdad. Y también sé que las madres solteras tienen cierta reputación de ser... digamos, presa fácil. No quiero que cometas ese error si estás pensando pedirme que salga contigo. Y supongo que así es. Si no, ¿por qué me llevas a casa?
    Manuel se volvió de nuevo para mirarla.
    —Parece que me tienes pillado. ¿Qué puedo decir? Sí, me gustaría salir contigo. Y sí, hasta ahora, mis intenciones no eran del todo honorables.
    —¿Y ahora?
    —Sigo queriendo acostarme contigo. Pero también me gustaría conocerte fuera de la cama. Eres una mujer muy interesante, Lucero Hogaza.
    Ella, cortada, miró su reloj para disimular. Eran casi las cinco y media y estaban todavía en Chatswood. Habría ido mucho más rápido en el tren.
    —Entonces, ¿quieres salir conmigo? —insistió Manuel.
    Lucero no volvió la cabeza. Sabía que la estaba mirando, pero... esos ojos suyos la afectaban tanto como su sonrisa.
    —Quizá —contestó.
    —¿Cuándo?
    —No me metas prisa, Manuel.
    Manuel. Lo había llamado Manuel.
    —¿Qué tal el viernes por la noche? Supongo que el viernes pasado dejaste a tu hija con alguien.verdad?
    Podríamos salir a cenar y luego a tomar una copa, o lo que quieras. Al cine, al teatro. Lo que te apetezca.
    Acostarse con él estaría bien, pensó, sorprendiéndose a sí misma. Pero su orgullo era más importante.
    —No sé si podré. Además, sigo sin saber nada de ti. Al menos, tú has leído mi currículum. Yo ni siquiera sé qué haces o por qué te ha encargado Henrique que cuides de su negocio mientras está de viaje.
    —Encontrarás la respuesta a esas preguntas sobre tu escritorio, mañana por la mañana. Es más fácil que intentar explicarte a qué me dedico. Tardaríamos toda la noche.
    Lucero parpadeó. Eso sí era interesante.
    —Muy bien, pero no sé nada de ti. Has dicho que estabas divorciado... ¿cuánto tiempo estuviste casado y por qué te divorciaste?
    —Estuve casado tres años y fui yo quien pidió el divorcio.
    —¿Por qué? ¿Tu mujer te engañaba? ¿que paso?
    La idea le parecía ridícula. Si Manuel fuera su marido, nunca miraría a otro hombre.
    —No que yo sepa —contestó él—. Penelope y yo teníamos diferencias de opinión sobre el asunto de los hijos. Deberíamos haberlo hablado antes de casamos, supongo, pero... ¿has visto a ese tío que se me ha puesto en medio? Con un cuatro por cuatro, claro —exclamó Manuel, enfadado—. Son peor que los camioneros. ¿Por qué una persona sensata necesita un tanque para conducir en la ciudad? Yo no lo entiendo... ¿Por dónde iba? Ah, sí, mi divorcio. Mira, me di cuenta de que no podía hacerla cambiar de opinión sobre los niños, así que decidí cortar por lo sano. Fue una separación muy civilizada, en realidad. Seguimos siendo amigos.
    Lucero intentó disimular su decepción. Manuel Mijares no quería tener hijos. Muy bien. Era una buena advertencia.
    —Ya veo.
    —¿Y tú? ¿Por qué no estás con el padre de tu hija?
    Le podría haber contado la versión larga, pero decidió que seguramente no estaría interesado.
    —Murió en un accidente. Antes de que naciera Carol.
    —Ah, lo siento, de verdad. Espero que su familia te apoyase.
    —Nunca les dije que estaba embarazada. Marcelo no se llevaba bien con sus padres y, francamente, por lo que me había contado, a mí no me gustaban mucho. Además, viven en México.
    —¿Y tus padres?

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Dom Ene 27, 2013 12:49 am

    CAPITULO 24



    Lucero hizo una mueca.
    —Mi madre también fue madre soltera, pero en sus tiempos era mucho peor. Es irlandesa y católica... en fin, se mudó a Australia cuando yo era muy pequeña, pero para entonces ya era una mujer amargada.
    —¿Sigue viviendo aquí?
    —No, hace un par de años volvió a Irlanda. Se llevó un disgusto cuando supo que yo estaba embarazada, me dijo que estaba loca. Pero te aseguro que somos muy diferentes.
    —No lo dudo. Tú tienes mucha personalidad, Lucero Hogaza. Eres muy valiente.
    —¿Valiente? No lo creo —suspiró Lucero—. La verdad es que pasé mucho miedo. Por no hablar de la depresión. No una depresión posparto, sino preparto. Pero no podría haber hecho otra cosa. Carol es mi niña y, aparte de los problemas económicos, ha sido una experiencia increíble. No la cambiaría por nada del mundo. Además, ahora tengo un trabajo decente y se acabaron los problemas de dinero.
    Recalcó eso porque no quería que pensara que necesitaba ayuda de ningún hombre.
    —He leído en tu currículum que has trabajado de camarera. ¿Qué tal?
    Ella se encogió de hombros.
    —Ya te puedes imaginar. Pero es lo único que encontré, además del trabajo con Jack Keegan. ¿Tú sabes lo que cuesta una muñeca de Lady Gaga?
    —Pues sí, la verdad es que sí lo sé. Tengo que regalarle una a mi sobrina. Podríamos ir juntos de compras.
    Lucero sonrió.
    —¿Piensas seducirme en la sección de muñecos de peluche? ¿Qué quieres, ahorrarte una cena?
    Manuel soltó una carcajada.
    —No creo que un hombre tacaño pudiera seducirte, Lucero.
    —Uno lo hizo. Y el resultado es Carol.
    —¿Y vas a castigarme a mí por eso?
    —Digamos que ahora tengo más cuidado. Además, no has tenido suerte. Anna compró la muñeca el sábado, así que tendrás que comprar la muñeca de Lady Gaga tú solito. Un consejo, por cierto, hazlo pronto o te quedarás sin ella.
    —Lo haré —sonrió Manuel—. Estamos llegando a Roseville, por cierto.
    Lucero miró de nuevo su reloj.
    —Vamos a llegar justo a tiempo.
    —¿Y si llegas tarde qué pasa?
    —Que te ponen una multa por cada cuarto de hora.
    —¿Y si ha habido un accidente y estás retenida en un atasco?
    —Por eso pienso tomar el tren a partir de ahora.
    Pero así te harás una idea de lo estresante que es ser madre soltera. No tengo mucho tiempo libre.
    Gira ahí, en esa calle. Es una casa pintada de pink.
    No tiene pérdida.
    —¿Trabajarías si no tuvieras que hacerlo? —preguntó él, mientras doblaba la esquina.
    —No tengo que trabajar. Podría quedarme en casa cobrando el subsidio. Pero no creo que ése sea un buen ejemplo para Carol. Yo creo que si uno puede trabajar, debe hacerlo. Además, me gusta tener dinero. El subsidio es un asco, te lo aseguro.
    —¿Y si estuvieras casada y tu marido ganase mucho dinero? ¿Trabajarías entonces?
    Lucero sonrió.
    —Yo no suelo fantasear, Manuel.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Dom Ene 27, 2013 12:51 am

    CAPITULO 25



    —Estaba pensando en la mujer de mi hermano, Paty. No trabaja y yo pensé que era feliz, pero por lo visto no es así. Le aconsejé que contratara a una niñera y fuese al gimnasio, pero tengo la impresión de que eso no es más que una solución temporal. Creo que necesita algo más.
    —Debería buscar una buena guardería y ponerse a trabajar, aunque sea a tiempo parcial. O hacer trabajo voluntario. Seguramente necesita la compañía de un adulto. Y algún reto, además de ser madre y esposa.
    —Sí, es un buen consejo —suspiró Manuel—. Ah, ahí está la casita pink. Y faltan dos minutos para las seis. ¡Lo hemos logrado!
    —Afortunadamente —dijo ella, saliendo del coche—. Muchas gracias, Manuel. Por favor, no me esperes. Mi casa está a diez minutos de aquí. Hasta mañana.
    Sin esperar respuesta, cerró la puerta y entró corriendo en la guardería.
    Manuel se quedó mirándola, con una sonrisa en los labios.
    —No vas a librarte de mí tan fácilmente, adorada.
    Después de quitar la llave del contacto, salió del coche, se cruzó de brazos y esperó pacientemente el retorno de Lucero.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Dom Ene 27, 2013 12:55 am

    CAPITULO 26



    Salió cinco minutos después, llevando de la mano a un diminuto doble de sí misma: rizado pelo oscuro, piel clara, barbilla cuadrada.
    La expresión de Lucero al verlo fue una mezcla de sorpresa e irritación. Pero en los ojos de su hija había curiosidad.
    —Carol, te presento al señor Mijares.
    —¿Eres el jefe de mi mamá? ¿El que la ha hecho llegar tarde? —preguntó la niña, muy seria.
    —Sí, soy yo. Pero voy a compensarte llevándoos a casa y pidiendo luego un par de pizzas para que tu mamá no tenga que cocinar —sonrió él, abriendo la puerta del coche. Cuando levantó la mirada para ver cuál era la reacción de Lucero, ella estaba sonriendo—. ¿Algún problema, Carol? —preguntó, al ver que la niña vacilaba.
    —Mi mamá no me deja subir a un coche que no tiene sillita de seguridad. Y no me deja comer pizza. Dice que es comida basura.
    —Ah, ya veo. Mi gozo en un pozo —suspiró Manuel—. Bueno, pues iremos andando. Luego volveré por el coche mientras tu mamá y tú decidís qué se puede cenar.
    —Los lunes siempre cenamos con anna —contestó la diminuta fuente de información—. Y hoy es lunes, ¿verdad, mami?
    —Sí, beba —contestó su madre, con gran satisfacción—. Jaque mate, me temo.
    Manuel apretó los dientes. No iba a salirse con la suya.
    —El ajedrez es sólo un juego, esto es la guerra. Reconsideraré mis tácticas mientras vamos a tu casa.
    Luego activó la alarma del coche y se volvió hacia el enemigo con una de sus sonrisas.
    —¿Puedo llevar tu mochila, jovencita?
    —La llevo yo, muchas gracias —contestó la niña. Aunque fue necesaria la ayuda de su madre para colocársela a la espalda.
    —¿Una pequeña feminista?
    —No. Un espíritu independiente. Hay que serlo para sobrevivir —contestó Lucero.

    —Podrías tener razón.
    —Sí, suelo tenerla —replicó ella, irónica.
    —Muy bien, ¿qué tal si tú llevas la mochila y yo te llevo a ti? —sin esperar la siguiente objeción, Manuel se colocó a la niña sobre los hombros, una pierna a cada lado de la cabeza—. Enreda los brazos en mi cuello, yo te sujetaré los pies.
    —¡Mami, mira qué alta!
    -Si mi amor.
    Pero cuando agarró los pies de la niña, una ducha de arena cayó sobre su traje.
    —¿Qué demonios...?
    —Le gusta jugar en la arena.
    —Ah, ya.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

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