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    Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

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    AmandaHLucero
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    Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Lun Nov 05, 2012 2:36 pm

    Estaba a las órdenes de su jefe en la oficina... ¿y en la cama?

    Lucero estaba emocionada ante la posibilidad de trabajar en una de las mejores agencias de publicidad de Sidney después de haber tenido que luchar para llegar a fin de mes y criar a su hija sola. Pero, cuando vio a su futuro jefe, se le encogió el corazón... porque no era la primera vez que veía a Manuel Mijares ... ¿Tenía sentido seguir adelante con la entrevista sabiendo que Manuel recordaba el apasionado encuentro que habían compartido siendo desconocidos?
    Sin embargo, Manuel no dudó en contratarla. Estaba claro que quería conocerla mejor. ¿Qué podía hacer ella? Al fin y al cabo, aquélla era la oportunidad profesional de su vida.
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    AmandaHLucero
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Lun Nov 05, 2012 2:38 pm

    Capítulo 1

    —¿Qué quieres que te regale por Navidad, Lucero? Voy a ir de compras mañana. Sólo quedan dos semanas y odio dejar las cosas para última hora.
    Lucero dejó de ponerse rímel un momento para sonreírle a su anciana amiga y casera.
    —¿Conoces alguna tienda en la que vendan hombres? —preguntó, con un brillo travieso en sus ojos oscuros.
    Anna abrió los suyos como platos.
    —¿Hombres? Pero si hace diez minutos me has dicho que todos los hombres son unos canallas y prefieres vivir sin ellos.
    Lucero se encogió de hombros.
    —Eso fue hace diez minutos. Arreglarme esta noche me ha recordado cuando era joven y alegre... y no sabía nada sobre el sexo opuesto. Lo que daría por volver a ser esa chica otra vez, sólo por una noche. Ya sabes, salir con un chico guapísimo y todo de eso ...
    —Si esa fantasía se hiciera realidad, ¿dónde te llevaría ese chico guapísimo? —preguntó Anna , escéptica.
    —No sé, a algún sitio estupendo a cenar y luego a una discoteca.
    «Y después me llevaría a su piso de soltero y luego ... »
    Ese último pensamiento la sorprendió. Desde que tuvo a Caroline, no había echado de menos a los hombres. No le había apetecido estar con nadie.
    Ahora, de repente, la idea de volver a salir con alguien le resultaba muy agradable. Más que agradable, si era sincera. Casi una necesidad.
    Sus hormonas, aparentemente, habían empezado a ponerse en marcha otra vez.
    Lucero dejó escapar un suspiro cargado de frustración. E irritación. Los hombres no eran necesarios para nada y sólo servían para complicarle la vida. Siempre era así.
    Criaturas inútiles todos ellos.
    ¡Excepto para una cosa!
    Ahora que sus hormonas estaban en marcha de nuevo, debía admitir que no había nada comparable a tener un buen amante.
    El padre de Carol había sido bueno en la cama. Pero también un loco, cuyo espíritu aventurero e irresponsable le había llevado a la muerte mientras hacía snowboard en la montaña. Antes de que Lucerp supiera que iba a tener un hijo suyo.
    Lucero había descubierto, a la augusta edad de veintiocho años, que los miembros del sexo opuesto que eran buenos en la cama, los seductores irresistibles como Fernando , rara vez estaban dispuestos al compromiso. Y sospechaba que si el propio Fernando no hubiese muerto, no se habría quedado con ella y con su hija.
    No, estaba mucho mejor sin un hombre. Por el momento, al menos. Carol sólo tenía cuatro años y era muy impresionable. Lo último que necesitaba era que su mamá empezara a salir con hombres interesados sólo en una cosa. No había futuro en eso. Y no había felicidad.
    Los hombres podían mantener relaciones sexuales sin sufrir y sin comprometerse. Las mujeres... en fin, no era tan fácil.
    Y había tardado mucho tiempo en restañar la herida de Fernando. Por su muerte y por el descubrimiento posterior de que ella no había sido la única mujer en su vida.
    —Lo que de verdad quiero para Navidad —dijo Lucero, mientras guardaba los cosméticos en su bolso— es un trabajo decente en una agencia de publicidad.
    Había trabajado como diseñadora gráfica antes de quedar embarazada, convencida de que, algún día, la ascenderían al puesto de directora creativa. No quería pasar el resto de su vida trabajando en las ideas de otros o dejando que se llevaran los aplausos cuando era ella quien mejoraba los anuncios. Lucero sabía que tenía talento y soñaba con tener su propio equipo creativo algún día, con hacer ella misma la presentación del proyecto a los clientes y conseguir las palmaditas en la espalda... y el dinero de algún prestigioso cliente.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Lun Nov 05, 2012 2:57 pm

    Capítulo 2

    Entonces trabajaba en Radiohead, una de las mejores agencias de publicidad de Sidney.
    Pero tener a Carol la había hecho redefinir sus prioridades en la vida. Había pensado volver a Radiohead cuando terminase su baja por maternidad, pero cuando llegó el momento decidió que no le apetecía llevar a su hija a la guardería. Quería quedarse en casa y cuidar de ella.
    Pensaba que podría trabajar como freelance porque tenía un ordenador último modelo y todo el software necesario, pero la recesión económica hizo que las agencias recortasen presupuestos y muchos artistas gráficos se quedaron sin trabajo.
    Lucero se vio obligada a pedir el subsidio de desempleo y a dejar el elegante apartamento en el que había vivido hasta entonces. Afortunadamente, encontró sitio en casa de Anna, una señora adorable con una casita preciosa en Roseville, un barrio al norte de Sidney, cerca de la estación.
    Anna había ampliado la casa cuando su madre, ya fallecida, fue a vivir con ella. Era un anexo con un solo dormitorio, pero tenía la entrada aparte, cuarto de baño y un saloncito con cocina francesa que daba a un recoleto jardín. Justo lo que necesitaba una niña de un año que estaba aprendiendo a caminar.
    El alquiler que Anna le cobraba era muy razonable y, a cambio, Liza la ayudaba en la casa y en el jardín. Pero andaba corta de fondos y a duras penas llegaba a fin de mes. Los regalos eran cositas de poca monta en los cumpleaños o en Navidad. Afortunadamente, la última no fue un problema, porque Carol, que tenía tres años, no sabía que sus regalos eran de una tienda de Todo a cien.
    Pero cada día necesitaba más cosas.
    Aunque había sido muy gratificante cuidar de su hija en casa, tenía que hacer algo y, en enero, apuntó a Carol en una guardería y empezó a buscar trabajo.
    Desgraciadamente, sin mucho éxito.
    A pesar de haber dejado su currículum en varias agencias de empleo y haber hecho incontables entrevistas, nadie quería contratar a una diseñadora gráfica que era madre soltera y llevaba fuera del circuito tres años.
    Durante algún tiempo hizo un trabajo horrible, aunque lucrativo, para un detective privado, Marcelo Córdoba . El anuncio del periódico decía que buscaban una recepcionista. No era necesaria experiencia, sólo una buena imagen y una bonita voz. Pero cuando llegó, el puesto de recepcionista ya estaba ocupado y le ofrecieron trabajar como «investigadora».
    Básicamente, la enviaban como señuelo para pillar a hombres que eran infieles a sus esposas. Le decían un sitio y una hora, casi siempre un bar o un hotel, y le daban una fotografía. Su trabajo exigía que vistiera de forma llamativa, que entrase en contacto con el objetivo y coqueteara lo suficiente para que al tipo se le viera el plumero. Cuando había reunido pruebas suficientes, usando un móvil de última generación con vídeo cámara, Lucero desaparecía con la excusa de ir al lavabo.
    Sólo había aguantado media docena de encargos antes de dimitir. Quizá si, una vez, una sola vez, uno de esos hombres se hubiera resistido a sus encantos... Pero no. Todos caían en la trampa. Los canallas, y lo eran todos, no perdían tiempo en hacerle proposiciones. Y cada vez que se excusaba para ir al lavabo se sentía sucia.
    Después de esa experiencia, había aceptado un trabajo de camarera en un restaurante cercano. Pero, por Carol, se negaba a trabajar de noche o durante los fines de semana, aunque las propinas habrían sido mejores. Y cada vez tenía más gastos. Incluso con el subsidio del estado por ser madre soltera, llevar a su hija a una guardería cinco días a la semana le costaba un dineral.
    Lo único bueno era que la niña estaba encantada en la guardería. Tanto que Lucero a veces tenía celos de las profesoras. Había crecido tanto en el último año...
    Demasiado.
    Ahora tenía cuatro años.
    Unos días antes le había preguntado por su padre y no le hizo ninguna gracia que ella intentara irse por la tangente. Lucero se vio obligada a contarle la verdad, que Fernando había muerto en un trágico accidente antes de que ella naciera. Y no, no estaban casados.
    —Entonces, papá y tú no estáis divorciados —murmuró Carol—. Y no va a volver, como el papá de Alejandro.
    Alejandro era su mejor amigo en la guardería.
    —No, Carol —había suspirado Lucero, con lo que le pareció un apropiado tono de tristeza—. Tu padre no va a volver. Está en el cielo.
    —Ah.
    La niña se alejó, con el ceño arrugado.
    Más tarde, Lucero la encontró en una esquina del jardín, manteniendo una seria conversación con su muñeca, la que Anna le había regalado en agosto, cuando cumplió cuatro años. Carol se calló al verla, pero enseguida le preguntó si podían ir a ver al Santa Claus de los grandes almacenes porque tenía que decirle lo que quería antes de que fuera demasiado tarde.
    Evidentemente, con cuatro años una niña era demasiado pequeña para entender la tragedia de la muerte de un padre.
    Pero el recordatorio de que se acercaban las fiestas fue lo que la decidió a hacer un trabajo más para Marcelo Córdoba. El detective le había dicho que lo llamara si alguna vez necesitaba dinero... Y lo hizo, porque las muñecas de Lady Gaga, el regalo que Carol quería para Navidad, eran las más caras del mercado. Le harían falta los cuatrocientos dólares que iba a ganar esa noche para comprar la puñetera muñeca, junto con sus accesorios: un microfono, un unicórnio mágico y un armario lleno de ropa.
    Y hablando de ropa...
    Lucero se estiró la falda del vestido que se había puesto para la misión de esa noche. Era negro, de crepe de seda, con escote halter, el más sexy que había en su armario, pero tenía seis años y temía que empezara a notarse.
    —¿Seguro que estoy bien? —le preguntó a Anna —. Está un poco viejo.
    —No, está muy bien —le aseguró su amiga—. Y no se ha pasado de moda. Estás preciosa, Lucero. Pareces una modelo.
    —¿Una modelo? Sé que tengo buen tipo, pero el resto es bastante normalito. Sin maquillaje, ningún hombre me miraría dos veces. Y, si no me lo recojo, mi pelo es un desastre.
    —Subestimas tu atractivo, Lucero —sonrió Anna.
    Y era verdad.



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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  ultra lucerina el Lun Nov 05, 2012 4:20 pm

    Esta Muy Buena Siguelaaaaaaaaaaaaaaaaa Very Happy
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Lun Nov 05, 2012 5:46 pm

    Capitulo 3

    Tenía un cuerpo espectacular; la clase de cuerpo que sólo tienen las modelos de ropa interior. Pechos altos, cintura estrecha, caderas delgadas y piernas interminables. Y parecían aún más largas con los tacones negros .
    Pero no era guapa en el sentido clásico. Tenía la boca demasiado grande, la barbilla más bien cuadrada y la nariz ligeramente larga, pero tênia una sonrisa hermosa que mata a qualquer hombre. Pero también tenía unos ojos rasgados que parecían llenos de promesas sensuales; unos ojos que atraían a los hombres como un imán.
    En cuanto a su pelo… de joven, Anna habría matado por tener el pelo de Lucero. Negro y rizado, cuando se lo dejaba suelto caía sobre sus hombros como una exótica cascada. Cuando se lo recogía, los rizos que se escapaban a ambos lados de su cara le daban un aire mucho más sexy todavía, si eso era posible.
    A Anna no le sorprendió que un detective privado le hubiese ofrecido trabajar como señuelo. Era el arma perfecta para atraer a maridos infieles. Y a los que eran fieles también, seguramente.
    —¿Este es el hombre? —preguntó, tomando una foto que había sobre la mesa.
    —Sí.
    —Es muy guapo.
    A Lucero también le había parecido muy guapo. Mucho más guapo que los otros hombres con los que había tenido que coquetear. Y más joven. Treinta y tantos, seguramente. Pero no tenía ninguna duda sobre el tipo de hombre que era.
    —Guapo, sí, desde luego. Casado y con dos niños pequeños, pero se pasa los viernes bebiendo hasta las tantas en un bar.
    —Muchos hombres beben los viernes por la noche.
    —Dudo que vaya sólo a beber. El bar que frecuenta es un sitio al que van muchas mujeres.
    —Hay mujeres en todos los bares, ¿no?
    —Sí, Anna, pero me refiero a um cierto tipo de mujer —sonrió Lucero—. Su esposa está convencida de que la engaña y quiere saber si es verdad.
    —¿Y que ella esté convencida es una prueba de adulterio? —replicó Anna—. Puede que luego se arrepienta.
    —¿Por qué dices eso?
    —A mí nunca me ha parecido justo que envíen a una chica como tú a tontear con esos hombres. Puede que éste nunca le haya sido infiel a su mujer... A lo mejor trabaja muchas horas y sólo sale a tomar unas copas para relajarse. Y entonces apareces tú, le tientas... y el pobre no puede resistirse.
    Lucero soltó una carcajada. Anna hablaba de ella como si fuera una diosa. Pero no era irresistible. Que se lo preguntasen a todos los hombres que no habían querido contratarla en el último año.
    No, la pobre no sabía de qué estaba hablando. Pero, claro, Dora tenía sesenta y seis años. En su época, seguramente los hombres eran más honorables.
    —Créeme, Anna Para cuando acuden a Marcelo Córdoba y le dan el dinero que les pide, ya no hay ninguna duda de que sus maridos las están engañando. Sólo quieren una prueba para usarla en el divorcio. Grey Mijares, por ejemplo —dijo Lucero, señalando al hombre de ojos azules de la fotografía— no es un pobre trabajador incomprendido. Está engañando a su mujer y está a punto de ser pillado con las manos en la masa... que soy yo. Y ahora, tengo que irme — añadió, guardando la fotografía en uno de los bolsillos interiores del bolso—. Voy a darle un beso a Carol.
    Entró en el dormitorio de puntillas. Su hija había apartado el edredón porque hacía una noche muy agradable, pero Lucero la tapó con la sábana. Hacía poco tiempo que había pasado de la cuna a la cama y parecía una muñequita, tan pequeña...
    Se le encogía el corazón cuando miraba a su hija.
    Eso fue lo que más la sorprendió cuando tuvo a Carol. El inmediato e incondicional amor que sintió en cuanto tuvo a la niña en sus brazos.
    ¿Habría sentido su madre lo mismo cuando la tuvo a ella?
    Seguramente, no. Sospechaba que el amor de su madre había estado marcado por la vergüenza.
    Lucero sacudió la cabeza para desechar esos pensamientos mientras acariciaba los rizos oscuros de Carol.
    —Duerme, cariño mío. Mami volverá enseguida, Te amo —murmuró—. Gracias por cuidar de ella, Anna —dijo luego, cuando volvió a al saloncito.
    —De nada —contestó su amiga.
    —Ya sabes dónde están las galletas.
    —Esta noche ponen una buena película a las nueve… dentro de diez minutos —sonrió Anna, mirando el reloj—. Será mejor que te vayas y, por favor, toma un taxi a la vuelta. Es muy peligroso viajar en tren a esas horas, especialmente un viernes por la noche.
    —Espero no acabar muy tarde —suspiró Lucero.
    Quería aprovechar al máximo el dinero que iba a ganar. ¿Por qué iba a gastarse treinta dólares en un taxi?
    —Lucero Hogaza —la regañó Anna—. Prométeme que vendrás en taxi.
    —Lo haré... si me parece necesario.
    —Eres muy cabezota, jovencita.
    —Lo sé, pero tú me quieres de todas formas —sonrió Lucero. Y después de darle un beso, se colocó el bolso al hombro y salió por la puerta.


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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Mar Nov 06, 2012 7:53 pm

    Capitulo 4

    Manuel estaba sentado en la barra, con un vaso de tequila en la mano, pensando en las perversidades de la vida.
    Seguía sin creer lo que le había contado su hermano; que era muy infeliz en su matrimonio y pasaba todos los viernes en aquel bar, en lugar de volver a casa com su familia. Grey incluso le había confesado que a veces iba a la oficina los fines de semana para escapar de la tensión y las discusiones.
    Manuel no podría haberse quedado más sorprendido. Durante años había envidiado a su hermano gemelo por su esposa, sus hijos y lo que él creía una vida perfecta.
    La realidad, aparentemente, no tenía nada que ver. Por lo visto, Paty estaba harta de ser ama de casa. Se aburría y le apetecía estar con otros adultos. Para remate, José , de dos años, se había convertido en un niño insoportable y a Katie, de cuatro, le daba por montar pataletas. Paty estaba harta de todo y, como resultado, su vida sexual se había reducido a cero.Ya no sabia que hacer.
    Grey, que nunca había sido un hombre muy comunicativo, empezó a llegar tarde a casa y, como castigo, su mujer no le dirigía la palabra.
    Su hermano temía que lo abandonase llevándose a los niños con ella y por eso lo había llamado esa noche, desesperado.
    Manuel, que había estado en la oficina hasta muy tarde, resolviendo el problema que les planteaba la dimisión de un diseñador gráfico, había acudido al rescate, como hacía siempre que su hermano gemelo tenía un problema. Llevaba toda su vida rescatando a Grey, desde que eran pequeños.
    —Adoro a mi familia y no quiero perderla —le había dicho diez minutos antes, mientras tomaba uma tequila doble—. Dime qué puedo hacer, Manuel. Tú siempre encuentras una solución para todo.
    Manuel había levantado los ojos al cielo. Por lo visto, Grey creía que iba a solucionarlo todo con su varita mágica. Y era lógico. Al fin y al cabo, había hecho una fortuna enseñando a la gente cómo tener éxito en la vida profesional. Sus seminarios eran muy concurridos. Sus honorarios como orador, tremendos. Su libro, “Como Ganar Mucho en el trabajo”, se había convertido en un best—seller y había sido traducido a varios idiomas.
    Unos meses antes había hecho una gira para promocionar el libro en Brasil y las ventas eran escandalosas.
    Pero esa gira lo había dejado agotado, física y emocionalmente, y desde que volvió a casa decidió recortar sus obligaciones profesionales. Estaba pensando en tomarse unas largas vacaciones cuando su amigo Michel Wilde le había pedido que se encargara de su agencia de publicidad durante el mes de diciembre mientras él se iba a hacer un crucero con su familia.
    Manuel había aceptado sin dudar. Un cambio de rutina era tan bueno como unas vacaciones. Y lo estaba pasando bien. Era interesante saber si sus teorías podían aplicarse a cualquier negocio.
    Desgraciadamente, sus estrategias para tener éxito en el mundo profesional no se trasladaban necesariamente a la vida privada. La suya, especialmente. Con un matrimonio fracasado a sus espaldas y ninguna relación seria entre manos, no era el mejor hombre para dar consejos sobre el matrimonio.
    Pero sí sabía una cosa: no se resuelve un problema en la barra de un bar, tomando una tequila detrás de otra. No se resuelve nada escondiendo la cabeza.
    Por supuesto, ésa era la naturaleza de Grey: tomar el camino más fácil, alejarse de los problemas. Siempre había sido el gemelo tímido, el que necesitaba protección. Aunque muy inteligente, Grey nunca había tenido su seguridad, su ambición. Que hubiese elegido ser contable no sorprendió a nadie.
    Aun así, Manuel entendía que no debía haber sido fácil ser su hermano gemelo. No era fácil seguir a alguien con una personalidad tan arrolladora.
    Pero ya era hora de que Grey se enfrentase a la vida cara a cara; a la vida y a sus responsabilidades. Tenía una mujer maravillosa y dos niños estupendos que lo necesitaban.
    Y estaba actuando como un cobarde.
    Pero no se lo había dicho. La primera regla cuando aconsejaba a los ejecutivos era nunca criticar, todo lo contrario. Animar y halagar funcionaba mucho mejor que señalar los defectos de alguien.
    Con esa teoría en mente, Manuel le había dado a su hermano una de sus mejores charlas, diciéndole lo estupendo que era. Un buen hermano, un buen hijo, un buen marido y un buen padre. Incluso le dijo que era un contable extraordinario. ¿No le hacía la declaración de la renta todos los años?
    Manuel le aseguró que su mujer lo quería y no pensaba dejarlo por nada del mundo.
    A menos que no se sintiera querida. Y, seguramente, ése era el problema.
    Después, lo había enviado a casa para decirle a su mujer que la quería y que lamentaba no haber estado a su lado cuando lo necesitaba. Debía jurarle que, en el futuro, no volvería a pasar.
    —Y cuando Paty caiga llorando en tus brazos, hazle el amor como no se lo has hecho en mucho tiempo. Como se el mundo se acabara —había añadido, como nota final.
    Grey vaciló, pero Manuel le prometió pasar por su casa al día siguiente para darle apoyo moral.
    Aunque esperaba que, para entonces, todo se hubiera solucionado.
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  IndiiCH el Miér Nov 07, 2012 10:29 pm

    Esta buenísima ajkdgkdglkhk Wink


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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  Leysdania el Miér Nov 07, 2012 11:00 pm

    Muy bonita la WN ... quería comentar desde que colocastes el 1er cap pero no podía Very Happy ... continúale que me gusta!!!
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Jue Nov 08, 2012 9:16 pm

    Capitulo 5

    Un divorcio en la familia era más que suficiente. A sus padres les daría un ataque si Grey y Paty también se separaban.
    Manuel tomó un trago de tequila, preguntándose por qué se había casado com Helena . Fue una decisión equivocada. Su matrimonio había estado gafado desde el principio.
    —Hola, Guapo.
    Manuel giró la cabeza y vio a una guapa rubia dejándose caer seductoramente en el taburete de al lado. Todo en ella, y había mucho, estaba a la vista. Pensaba que nunca habia visto a uma mujer tan hermosa como ella .Por un momento, sus hormonas se pusieron en marcha. Hasta que la miró a los ojos.
    Eran bonitos, sí, pero vacíos. El nunca podría sentirse interesado por una mujer de ojos vacíos.
    Helena tenía unos ojos inteligentes.
    Una pena que no hubiese querido tener hijos.
    —Parece que necesitas compañía —dijo la rubia, llamando al camarero para pedirle una copa de champán—. ¿Has tenido un mal día?
    —No. He tenido un buen día... pero no tan buena noche —contestó él, sin dejar de pensar en Grey.
    —La soledad es horrible.
    —A lo mejor yo quiero estar solo.
    —Nadie quiere estar solo, Guapo..
    Manuel la miró, pensativo. Tenía razón, nadie quería estar solo. El tampoco. Pero un divorcio, incluso uno amigable, hacía que un hombre se lo pensara dos veces. Habían pasado um año y três mese desde que se separó de Helena, tres desde que consiguieron el divorcio. Y aún no había encontrado a nadie. Ni siquiera había sucumbido a las ofertas de una noche.
    Las mujeres solían dejar caer que estaban disponibles para una noche, o un fin de semana, o lo que fuera. Pero Fernando no estaba interesado en eso. El había esperado encontrar lo que tenía Grey, una mujer que no estuviera interesada en llegar a lo más alto, una mujer que quisiera dejar de trabajar durante unos años para ser esposa y madre.
    Ahora no estaba seguro de que existieran mujeres así. Las que le resultaban atractivas eran inteligentes, educadas, guapas. Chicas que trabajaban duro y jugaban duro. No querían convertirse en amas de casa.
    —Venga, anímate un poco —dijo la rubia—. Pide otra tequila, hombre.
    Manuel sabía que, probablemente, no debería hacerlo. No había cenado nada y la tequila se le estaba subiendo a la cabeza. No estaba interesado en la rubia, pero tampoco le apetecía volver a una casa vacía. Tomaría otra copa con ella, pensó, y luego saldría a cenar algo.Y puede pasar algo a mas.....
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Jue Nov 08, 2012 9:24 pm

    Capitulo 6

    El bar que Grey Mijares frecuentaba los viernes se llamaba El Sótano, así que no debería haberle sorprendido que hubiese que bajar una escalera. Una escalera estrecha. Una escalera que la hacía caminar con mucho cuidado sobre sus tacones. Lo último que deseaba era caerse de bruces.
    La música llegó a sus oídos una décima de segundo después que el humo.
    Pop
    No era Lady Gaga, pero daba igual. No estaba allí para pasarlo bien. Estaba allí para hacer un trabajo.
    El mazas que había en la puerta la miró de arriba abajo, complacido.
    —Uma Diosa —murmuró, cuando pasaba a su lado.
    Lucero no contestó. Siguió adelante, con la cabeza bien alta, intentando acostumbrarse a la penumbra del local. Eran las once en punto. Los que habían ido a tomar una copa después de trabajar ya se habrían marchado a casa y los que empezaban el fin de semana todavía estaban llegando.
    No había estado nunca en aquel bar, pero Lore le contó que era un sitio frecuentado por hombres que querían echar una canita al aire.
    La decoración era estilo años veinte y uno, con mesas de madera y lámparas de oro. El grupo de pop ocupaba una esquina y, frente a ella, había una pista de baile.
    La barra, semicircular, estaba al fondo, con una docena de taburetes de cuero. Detrás de las botellas, un enorme espejo que reflejaba las caras de los que estaban tomando una copa.
    Sólo había media docena de personas y reconoció a su objetivo de inmediato.
    Estaba en el medio, con una rubia a su izquierda. A su derecha había varios taburetes vacíos. La rubia se inclinó para decirle algo y él le hizo un gesto al camarero.
    ¿Le habría pedido que la invitase a una copa? ¿Estaba haciendo en ese momento lo que su mujer sospechaba que hacía?
    Con un poco de suerte, no tendría que tontear con él. Podría grabarlos con la vídeo cámara del móvil sin tener que soportar a aquel cerdo.
    Mientras se acercaba a la barra, sentía como un nudo en el estómago. Le seguía asqueando hacer ese trabajo.
    «Piensa en el dinero», se dijo, mientras se sentaba en un taburete a la derecha de su objetivo.
    «Piensa en la carita de Carol el día de Navidad, cuando vea que Santa Claus le ha traído exactamente lo que esperaba».
    Casi había recuperado la compostura cuando dejó el bolso sobre la barra. Así, como quien no quiere la cosa, sacó el móvil y, fingiendo que leía sus mensajes, lo colocó en posición para grabar la escena que tenía lugar a su izquierda.
    —Gracias —dijo la rubia cuando el camarero puso una copa de champán delante de ella—. ¿Por qué brindamos, guapo?
    Cuando el camarero se apartó, Lucero pudo ver de nuevo la cara de su objetivo reflejada en el espejo.
    Sin duda, era un hombre guapo, más guapo que en la fotografía. Parecía más maduro, además. Quizá la foto que llevaba en el bolso era un poco antigua porque también llevaba el pelo cortado de otra forma. El color era el mismo, castaño claro, pero lo llevaba muy corto, con la parte de arriba un poco levantada con gomina, un look muy juvenil.
    Y ese corte destacaba sus ojos azules.
    Ese era otro rasgo que parecía diferente. Sus ojos. En la foto parecían azul cielo, con una expresión soñadora. En realidad, eran azul cobalto. Y nada soñadores, más bien irónicos.
    —Por el matrimonio —estaba diciendo, mientras levantaba su copa.
    —¡Por el matrimonio! —exclamó la rubia—. Esa es una institución caduca. Prefiero brindar por el divorcio.
    —El divorcio es una de las lacras de nuestra sociedad —replicó él—. No pienso brindar por eso.
    —Por el sexo, entonces. Brindemos por el sexo —dijo la rubia, con tono seductor.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  Leysdania el Vie Nov 09, 2012 4:45 pm

    Ok ... esos brindis medios extraños jajja
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  diana lucerina el Sáb Nov 10, 2012 11:58 am

    siguelaaaaa
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Mar Nov 13, 2012 3:59 pm

    CAPITULO 7

    —Diosa, me parece que te has equivocado de hombre —replicó él, sarcástico—. Siento haberte dado una impresión errónea, pero no estoy en el mercado para lo que tú quieres.
    Lucero estuvo a punto de caerse del taburete. ¿Qué estaba pasando? ¿Un hombre de honor? ¿Habría tenido razón Anna después de todo?
    —¿Estás seguro? —murmuró ella, pestañeando como una muñeca.
    —Muy seguro.
    —Pues tú te lo pierdes, rey.
    La rubia bajó del taburete y se contoneó hasta una mesa... pero no estuvo sola más de diez segundos porque otro hombre se acercó de inmediato. Lucero miró el espejo y descubrió que su objetivo, por fin, se había fijado en ella. Cuando sus ojos se encontraron, le dio un vuelco el corazón. Hacía años que no reaccionaba así por ningún hombre.
    Estuvieron mirándose durante más tiempo. Debería haber girado la cabeza, pero no era capaz.
    De repente, un hombre se sentó en el taburete de al lado, devolviéndola a la realidad.
    —¿No nos hemos visto antes, guapa? —le preguntó el tipo, con aliento a cerveza—. ¿Puedo invitarte a una copa?
    Debía tener unos cuarenta años, bajito y borracho, con un traje barato en nada parecido al traje italiano que llevaba su objetivo.
    —No, gracias —dijo Lucero, muy digna—. Me gusta pagar mis copas.
    —Una de esas feministas, ¿eh? Mejor para mí. Así me sale más barato.
    —Y también me gusta beber sola —insistió ella.
    El borracho soltó una risotada.
    —Una chica tan sexy como tú no debería hacer nada sola. ¿Qué te pasa, guapa? ¿Tu novio te lo hizo pasar mal o es que no soy suficientemente joven para ti? Créeme, sigo teniendo lo que hace falta. Mira, deja que te lo enseñe...
    El tipo estaba, literalmente, intentando bajarse la bragueta cuando salió despedido del taburete.
    —Deje que yo le enseñe algo, amigo... la puerta.
    Lucero observó, boquiabierta, cómo su objetivo, convertido en caballero andante, llevaba al borracho hasta la puerta del local. Intercambió unas palabras con el de seguridad y, mientras la maza se llevaba al borracho, su caballero andante volvió a la barra.
    Y aquella vez, Lucero se encontró admirando algo más que su cara.
    Sus anchos hombros, por ejemplo. O cómo había manejado la situación. Y su sonrisa.
    Esa sonrisa era pura dinamita. Y algo más... pero nada puro.
    De repente, volvió a sentir el anhelo de estar en los brazos de un hombre guapo. Y aquel hombre era guapísimo.
    Pero estaba casado, se recordó a sí misma. Y sentándose en el taburete que había dejado vacante el borracho.
    Lucero recordó entonces lo que Anna había dicho: que no era justo enviar a alguien como ella para tentar a un hombre.
    Pero la rubia era muy atractiva. Si quería sucumbir a la tentación, ¿por qué no lo había hecho con ella?
    A lo mejor no le gustaban las rubias, pensó. A lo mejor le gustaban las mujeres morenas de piernas largas. A lo mejor le gustaban las mujeres que no eran tan descaradas.
    Había muchas razones para que un hombre se sintiera atraído por una mujer y no por otra.
    Y se sentía atraído por ella. Podía verlo en sus ojos. Y en su sonrisa.
    —Gracias —dijo Lucero.



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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  Leysdania el Mar Nov 13, 2012 9:16 pm

    oie no se vale... yo leía emocionado hasta que no encontré más texto debajo... eso no se vale!!! jajaja
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  diana lucerina el Jue Nov 15, 2012 5:58 pm

    siguela esta buenisiiima
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Vie Dic 21, 2012 11:57 am

    diana lucerina escribió:siguela esta buenisiiima
    Perdon por no seguir la WN, pero despues de la navidad sigo, saludos

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  Leysdania el Vie Dic 21, 2012 4:03 pm

    Ok... esperé para después de fiesta... Sería bueno uno para el 27 como regalo de cumple jajajaa
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Sáb Dic 22, 2012 10:08 pm

    Leysdania escribió:Ok... esperé para después de fiesta... Sería bueno uno para el 27 como regalo de cumple jajajaa
    jajajaj claro q si, pondre uno en dedicacion a ti =D
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  Cherey Valentina el Dom Dic 23, 2012 11:08 am

    Neta esta muy buena. Tienes que seguirle. Very Happy PD: Tienes una obsesión con Grey ¿verdad? Jajajajajaja yo también ._.
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Dom Dic 23, 2012 10:52 pm

    Cherey Valentina escribió:Neta esta muy buena. Tienes que seguirle. Very Happy PD: Tienes una obsesión con Grey ¿verdad? Jajajajajaja yo también ._.
    okey, en el miercoles subo cap, es que estoy de viaje, pues si , jajajjaja la obcecion por Grey es grande

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  Leysdania el Lun Dic 24, 2012 12:27 am

    AmandaHLucero escribió:
    Leysdania escribió:Ok... esperé para después de fiesta... Sería bueno uno para el 27 como regalo de cumple jajajaa
    jajajaj claro q si, pondre uno en dedicacion a ti =D

    Gracias... sería un buen detalle Very Happy
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Miér Dic 26, 2012 12:03 am

    Capitulo 8



    Puedes invitarme a una tequila para agradecérmelo —sonrió él—. A menos que lo de beber sola lo hayas dicho de verdad.
    Vete de aquí ahora mismo, guapa - le decía su conciencia.
    Aquel tipo no era buena gente.
    —Sólo no queria que elle me tocara—se oyó decir a sí misma.
    —No sabes cuánto me alegro. ¿Quieres tomar algo? Después de todo eso, un caballero no deja que una señora lo invite a una copa o algo de eso.
    Sólo estoy haciendo mi trabajo - se dijo Lucero a sí misma.Para eso la pagaban, para tontear con el objetivo, para comprobar que elle estaba traicionando a su mujer.
    Si, pero no devo disfrutar de eso - pensó.
    —Una soda, gracias.
    El levantó una ceja.
    —Vienes a un bar a tomar una soda? Qué miedo. Eso puedes comprarlo en cualquier máquina.
    —A lo mejor he venido a buscar un hombre para un ratito —dijo Lucero entonces, esperando que él metiera la pata.
    —No creo que una mujer como tú tenga que hacer eso. Debes tener hombres haciendo cola en la puerta de tu casa.
    En realidad, así era. Pero ninguno que le interesara. Los hombres que querían salir con ella la tenían encasillada en dos tipos: camarera pasional o madre soltera desesperada, dependiendo de dónde y cómo los hubiera conocido.
    En cualquier caso, sabía muy bien lo que querían de ella, y no era conversación precisamente.
    Siempre decía que no.
    Los revolcones de una noche no le atraían lo más mínimo. El sexo no la había interesado porque, ella no solo sabe, hasta esa noche.
    —Otra Tequila doble, porfavor —oyó que le decía al camarero—. Y una coca-cola con wisky para la señorita —añadió, con una sonrisa picara.
    —¿Y si no me gusta la coca-cola con wisky?
    —Tú y yo sabemos que los cargan muy poco. Sólo sabrá a coca-cola.
    —Sí, es verdad —sonrió ella.
    —¿Tenía razón ese tipo? —preguntó él entonces, mientras el camarero se disponía a servir las copas—. ¿Tu último novio te dejó? ¿Por eso estás sola? lo que paso?
    Ella se encogió de hombros.
    —Algo así.No se.
    —Ah, una mujer misteriosa. Eso me gusta,y mucho.
    —Pero ¿Por qué?
    —Normalmente, las mujeres se lanzan a contarme su vida un minuto después de haberlas conocido.
    —¿Te ocurre a menudo?
    —Demasiado a menudo.
    —¿La rubia ha hecho eso?
    —En realidad, no. Pero ella tenía otros planes para esta noche. Y parece que se ha salido con la suya.
    Lucero vio que la rubia salía del bar con el hombre que se había acercado antes. No había que ser un genio para saber dónde iban o qué iban a hacer.
    —La mayoría de los hombres habrían aprovechado la oportunidad.
    —Yo no soy como la mayoría de los hombres.
    -Pues... es lo que veo.
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Miér Dic 26, 2012 12:14 am

    Capitulo 9



    Pues... es lo que veo.
    Cuando el camarero sirvió las copas, Lucero se agarró a su coca-cola como si fuera un salvavidas. Aunque por fuera parecía muy tranquila, por dentro estaba de los nervios. Le gustaba aquel hombre. Más que gustarle, lo encontraba fascinante. Y sexy. Muy sexy.Demasiadoo.
    —¿Y tú? —preguntó, para ver si confesaba que estaba casado.
    —¿Yo qué?
    —¿Tu última novia te dejó? ¿Por eso estás aquí? ¿Que fue lo que paso?
    El tomó un sorbo de tequila, muy pensativo. Lucero empezaba a ponerse muy, muy nerviosa. Por muy mal que se llevara con su mujer, debería estar en casa con su familia. Le había oído decir que el divorcio era una de las lacras de la sociedad... ¿Quería encontrarse en medio de uno?
    Por fin, él levantó la mirada.
    —¿Qué te parece si no hablamos del pasado? A veces creo que hablo demasiado —murmuró, dejando el vaso sobre la barra—. Ahora están tocando algo decente. Vamos a bailar.
    Lucero se echó hacia atrás.
    —¿Bailar? pues no se - Se estaba haciendo la dificil.
    —No me digas que no —sonrió él, bajando del taburete—. Sólo es un baile. Cuide el bolso de la señorita, por favor —le dijo al camarero—. Y será mejor que guardes el móvil. No querrás que te roben un aparato último modelo como ése.
    Lucero vaciló, pero unos segundos después guardaba el móvil en el bolso y dejaba que la llevase a la pista.
    Sólo es un baile, se decía a sí misma.No va a passar nada.
    El problema era que había bailes y bailes.
    Era una canción lenta, sensual. Y él la apretaba contra su torso de tal forma que tuvo que enredar los brazos alrededor de su cuello. Sus pechos se levantaron, restregándose contra el torso masculino. El acariciaba su espalda de arriba abajo y el calor de sus manos la quemaba a través del vestido. Se sentía mareada, excitada.
    Y no era la única. Podía sentir la erección del hombre rozando su estómago.Y eso le gustava mucho.
    —¿Me creerías si te digo que no he hecho esto en mucho, mucho tiempo? —preguntó él entonces, con voz ronca.
    —¿Hacer qué?
    —Conocer a una mujer en un bar y pedirle que venga a un hotel conmigo.
    Lucero dejó de respirar. Dejó de pensar. El mundo parecía estar patas arriba. Una voz la tentaba: -di que sí, di que sí-. Sí a lo que él quisiera.
    Nunca en su vida había sentido lo que estaba sintiendo en aquel momento. Ni siquiera con Fernando.
    Aquello era otra cosa, algo mucho más poderoso e infinitamente más peligroso.
    —¿Lo harías? —preguntó él, mirándola a los ojos. Lucero no dijo una palabra. Pero sus ojos debieron darle la respuesta.
    —Sin nombres —murmuró—. Por ahora. No hasta después. No quiero decir nada que pueda estropear este momento. Porque nunca antes había sentido nada así. Dime que a ti te pasa lo mismo... Admítelo Dime que me deseas como yo te deseo a ti.Ya dimelo
    —Lucero no podía decirlo, pero cada fibra de su ser la obligaba a apretarse contra el cuerpo del hombre.
    —Hablas demasiado, es verdad —murmuró por fin.
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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  AmandaHLucero el Miér Dic 26, 2012 12:17 am

    Capitulo 10



    El dejó escapar un suspiro. ¿De alivio? ¿O estaba intentando aplacar la tensión sexual que había entre ellos?
    —Entonces vendrás conmigo. Ahora mismo.
    No era una pregunta, era una afirmación. Una orden.
    Sería un amante increíble - pensó Lucero. Dominante, experto, exigente. La clase de amante con la que había fantaseado tantas veces: Y que, de repente, deseaba con todas sus fuerzas.A Ella le gustava mucho eso, pero lo que ella debia hacer?
    —Yo... tengo que ir antes al tocador —consiguió decir, desesperada por apartarse de él, aunque fuera un momento. Y, cuando hubiese recuperado la cordura, saldría corriendo.
    —Supongo que a mí también me vendría bien una visita al baño. Nos encontraremos en la puerta.No te vayas sin mi, entendio?
    -Si, entendi - Mentio ella.
    No se encontraron en la puerta. Lucero estuvo menos de veinte segundos en el tocador y después de recuperar su bolso, fue corriendo hasta la estación de Wynyard.
    Sólo había pasado media hora desde que entró en el bar. Pero le parecía como si hubiera pasado una eternidad.

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    Re: Amor En Horas De Trabajo - Miranda Lee [ Adaptada ]

    Mensaje  Leysdania el Miér Dic 26, 2012 1:28 am

    Awwwwwwww!!!!... Que no se escappe jajajaja

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