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    Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

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    lauriita29
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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  lauriita29 el Jue Mayo 31, 2012 1:15 am

    Capitulo 9

    Lucero sabía que estaba en un lío. Algo acababa de pasar en el baño, sin que mediara ni siquiera un beso. Algo que había hecho que pasara de la mera lujuria al enganche. Sabía ya que la cuestión no era si iban a acostarse, sino cuándo. Era imposible que él la tocara con tanta ternura si no la deseaba. Y, en cierto modo, saber eso, hacía que se sintiera más cómoda con él.

    Manuel encendió todas las velas colocadas por el dormitorio.
    -Tengo un par de camisetas que me quedan grandes -dijo ella-.A ti te quedarán estrechas, pero al menos no están mojadas -sacó una camiseta que usaba a veces para dormir-. ¿Qué te parece ésta?
    -Gracias.
    -Pues quítate esa mojada.
    -¿Piensas mirar?
    -A menos que tú tengas inconveniente. Una chica tiene que extraer sus placeres de donde pueda.
    -No sé si se me puede considerar un placer.
    -Yo creo que sí.

    Manuel se quitó la camiseta. Y Lucero pensó que tenía un cuerpo para morir por él. Hombros anchos, caderas estrechas y un buen torso entre ambas cosas. Tenía la sensación de que acababa de descubrir al hombre perfecto. Y aunque fuera un tópico, le resultaba muy sexy el modo en que su vello oscuro bajaba desde el ombligo y desaparecía por la cintura del pantalón.
    -Sí eres un placer -declaró.
    Él sonrió.
    -¿Quieres lanzarme esa camiseta?
    Ella suspiró audiblemente.
    -Si no hay más remedio... pero no te sientas obligado a vestirte por mi causa.
    Se la lanzó y él la atrapó con una mano.
    -¿Estás coqueteando conmigo? -preguntó.
    -Sí. Descaradamente.
    -¿Y crees que es buena idea?
    -No. Creo que seguramente sea muy mala idea, pero me gusta. ¿Y a ti?
    -¿Si me gusta o si me parece buena idea?
    -Las dos cosas.
    -Me gusta y sé que es mala idea -se puso la camiseta y escondió su torso.
    ¡Aguafiestas!
    Pero no importaba, ya que Lucero pensaba volver a quitársela muy pronto.

    El dormitorio resultaba muy íntimo a la luz de las velas, sobre todo sabiendo que ella estaba a punto de desnudarse.
    -Espera un momento, no te muevas. Vuelvo enseguida.
    Corrió a la sala y regresó inmediatamente con la cámara.
    -Quiero captar el momento, la preparación, no sólo el producto foral -dijo.
    Cuando hacía fotos, se volvía uno con la cámara. Detrás de la lente podía ser él mismo.
    -¿Quieres fotografiarme cambiándome de ropa?
    -No, pero sí preparándote para hacerlo. Además, así te vas acostumbrando a la cámara. Sólo tienes que olvidar que estoy aquí.
    Lucero lo miró a los ojos, con una mirada encendida que lo reconocía como el hombre al que había besado antes.
    -Eso no puedo hacerlo -musitó.
    -¿Y puedes olvidar que la cámara está aquí? -él estaba orgulloso de la firmeza de su tono, ya que se sentía muy poco firme.
    -Creo que sí.
    Manuel hizo un par de fotos para que ella se fuera acostumbrando. Lu sonrió nerviosa.
    -Relájate -le aconsejó él. Si conseguía que siguiera hablando, se relajaría también-. ¿Te has recogido el pelo porque así resulta más fresco?
    -Sí, pero ahora hace tanto calor que no creo que haya ninguna diferencia.

    Se volvió, se soltó el pasador y el pelo cayó sobre los hombros en una cascada de rizos. Manuel hizo una foto y ella sacudió la cabeza y metió los dedos en el pelo. Lo miró a través del espejo con una mezcla de anhelo e incertidumbre y a él se le aceleró el corazón. ¿Había algo más íntimo y encantador que una mujer soltándose el pelo?
    -¿Mejor? -preguntó ella.
    Otra foto.
    -Perfecto. Sigue con lo que haces.
    Ella levantó los brazos y metió las manos debajo del pelo.
    -Precioso. Así se definen muy bien el cuello, los hombros y los brazos. Un estudio de la perfección. Una obra de arte.
    -No hace falta que digas esas cosas.
    -Lo sé, pero son verdad -y sería mucho mejor sin la interferencia de las líneas del top-. Sigue de espaldas a mí y quítate el top -dijo, pensando sólo en la mejor foto.
    -¿Así es como consigues que se desnuden las mujeres? ¿Con unos cuantos cumplidos? - ella lo miró riendo por encima del hombro.
    -Me has pillado -repuso él con otra risita-. No quiero fotos eróticas, sólo captar la línea de tu espalda sin el top. Apártate del espejo, sigue de espaldas a mí, quítate el top y levántate el pelo como ahora. Un momento. Ahí. Quédate ahí -la apartó del espejo y la colocó delante del candelabro alto de tres brazos, de modo que la luz le diera en la espalda-. Sólo un poco más a la derecha.

    La tocó un poco para expresarle lo que quería hacer. Había tocado cientos de veces a mujeres hermosas que iban menos vestidas que ella, pero tenía la sensación de que era la primera vez. Lo embargaba un anhelo cargado de deseo que amenazaba con derribar su compostura. Inhaló con fuerza.
    Dejó caer la mano y se apartó de ella para agarrarse a la cámara a modo de salvavidas.
    -No hace falta que te quites el top si no quieres -la voz firme de la que se había enorgullecido un momento atrás había desaparecido.
    -Quiero quitármelo -murmuró ella.
    Se lo desabrochó y Manuel lo vio caer hacia delante. Ella bajó los brazos y lo sujetó por delante. La tela que cortaba las líneas y curvas elegantes de la espalda había desaparecido.
    -Maravilloso. Espectacular -hizo una foto tras otra-. Muchas mujeres de rostro hermoso no quedan bien desde este ángulo. Levántate el pelo otra vez. Como has hecho antes.

    Lucero siguió sus instrucciones. Manuel no se había visto nunca atrapado emocionalmente por su trabajo. Era un arte, su arte, y en cierto sentido, era una extensión de sí mismo, pero también había una parte que no era personal, que no involucraba sus sentimientos .Y esa noche no era así.
    Ella se volvió un poco hacia la derecha, lo suficiente para insinuar la redondez de su pecho. Bajó los brazos y volvió el rostro hacia él cubriendo con el pelo los pechos y los pezones, pero revelando a medias la redondez suave de las nalgas. A pesar de que se había vuelto hacia él, su cuerpo expresaba también algo más... como si acabara de decidir algo.

    -Manuel, ¿sabes por qué tenía dudas sobre mi relación con Pablo?
    Él pensó un momento en la pregunta.
    -¿Has conocido también a otro?
    -No exactamente. Me interesa otra persona, sí, pero no he hecho nada por acercarme.
    Él la escuchaba con atención.
    -¿Puedes ser más clara?
    -Antes te prometí que no volvería a echarme en tus brazos y no pienso hacerlo, pero ha llegado el momento de ser sincera y creo que tú debes saberlo. Eras tú.


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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  lauriita29 el Jue Mayo 31, 2012 1:17 am

    Capitulo 10

    A él se le aceleró el corazón. ¿Lucero había tenido dudas de su relación con Pablo porque pensaba en él? No podía creerla. ¿Qué podía atraerla de él?
    -No digas eso, por favor. Puede que Pablo se haya portado mal, pero yo no soy un hombre especialmente bueno y no quiero convertirme en un peón de tu venganza porque Pablo te haya herido en tu orgullo o te haya roto el corazón.
    Ella echó la cabeza atrás con una mirada de rabia y dolor, y pareció no notar que uno de los pezones asomaba a través del pelo. Pero ya lo notaba él por los dos.
    -¿Crees que me he inventado esto para vengarme de Pablo?
    -¿No intentas seducirme?
    -Intento ser sincera, payaso arrogante y sarcástico... y tú me estás empezando a poner rabiosa.
    -Eso ya lo veo. ¿Pero por qué ibas a tener dudas sobre tu relación por mi culpa? Como no fuera porque dejaba de gustarte por tener un amigo como yo.
    Lu parecía cada vez más furiosa.
    -Ésta es la verdad, Manuel. Te guste o no. No sé por qué, pero he empezado a soñar contigo. Con nosotros. Los sueños empezaron después del día que pasamos juntos en la sesión de fotos.
    -¿Qué clase de sueños? -él apenas podía respirar.
    -Sexuales. Y muy explícitos.
    -Sólo son sueños, Lucero.
    -Ya lo sé. Pero esos sueños contigo empezaban a alterar mi relación con Pablo.
    En lugar de aclararse, todo era cada vez más oscuro y lioso. Casi resultaba más fácil cuando Pablo y ella se pertenecían mutuamente. Entonces era fruta prohibida y el papel de Manuel resultaba claro.

    -¿Por qué ibas a permitir que unos cuantos sueños interfirieran con una relación de verdad?
    -No era cuestión de elegir y no han sido sólo unos cuantos sueños. Suceden casi todas las noches. Al principio no quería dormirme porque no quería soñar que hacía el amor contigo -ella bajó la cabeza y se observó las uñas-.Y ahora he llegado al punto en el que estar dormida es la mejor parte del día.
    Levantó la vista.
    -Y me sentía terriblemente culpable porque me parecía que hacía mal en soñar esas cosas estando prometida con Pablo -lo miró a los ojos-. Y más todavía porque lo que tú y yo teníamos en los sueños era mucho mejor que lo que Pablo y yo teníamos en la realidad.
    Sus palabras lo seducían, le ponían los nervios de punta, tensaban su cuerpo como si ella lo hubiera acariciado con las manos.
    -Puede que ya no tengas más sueños de ésos -dijo.
    La joven negó con la cabeza.
    -Cuando ha llamado Pablo esta tarde, estaba en la siesta. Soñaba que estaba a punto de explotar sexualmente... contigo.
    Manuel pensaba que, si se le ocurría entrar en más detalles, el que iba a explotar sería él. Su pene estaba y duro y palpitante.
    -Me sentía como la fulana más grande al este del Mississippi. ¿Sabes lo primero que se me pasó por la cabeza cuando me dijo que esta noche vendríais los dos?
    -Ni idea -contestó él con voz ronca.
    -Un trío. Para que veas lo depravada que me has vuelto. Ahora intento seducirte, pero no para vengarme de Pablo sino porque necesito la realidad del contacto contigo para exorcizar los sueños. Porque tal y como estoy ahora, me temo que no puedo tener nada con otro hombre.


    Cuando tenía siete años y estaba frustrada por su falta de progresos en sus clases de natación, un día había respirado hondo y se había lanzado de cabeza sin pensarlo dos veces. Y desde ese día su filosofía había estado muy clara: nadaría o moriría en el intento. Evidentemente, había aprendido a nadar.
    Y ahora acababa de lanzarse también de cabeza con Manuel. Pero lo que había dicho era cierto. Temía no poder estar con otros hombres. Y si de paso, ella podía servirle de descarga de su amor no correspondido, ¿por qué no?
    Manuel se acercó a ella y empezó a hacer una foto tras otra.
    -Lucero, estoy seguro de que sí puedes estar con otros hombres. Y no tardarás en descubrirlo en cuanto vuelvas a estar en... circulación.

    Circulación. Quería decir en la cama de otro hombre. Y evidentemente, no tenía la menor intención de ser ese hombre. Lu se sintió avergonzada.
    ¿Por qué no podía tener la boca cerrada? ¿Por qué había dejado que unos cuantos sueños eróticos y un beso de primera la convencieran de que había química entre ellos?
    Era obvio que toda la química estaba en su cabeza... en su desequilibrio. Él estaba dispuesto a fotografiarla y antes le había ofrecido consuelo y ella había interpretado mal la situación. Y lo que tenía que hacer ahora era vestirse e intentar mantener su dignidad hasta que volviera la luz y Manuel saliera de su casa y de su vida.

    -Tienes razón. Circularé un poco y resolveré el problema -repuso-. Déjame que me vista.
    Se dirigió al armario. A lo mejor podía encerrarse una hora en él... pero no, porque estaba oscuro. No volvería a estar en su casa sin una linterna.
    -Lucero...
    Manuel le tocó el hombro y ella se quedó paralizada mientras una ola de calor la llenaba por dentro.
    -Por favor, no me toques.
    -Eso no era lo que decías hace un momento.
    Anhelaba que la tocara. ¿Y qué importaba el orgullo después de todo? Ya se había puesto en evidencia.
    -Sabes a lo que me refiero. No creo que pueda soportar que me toques y no sigas más allá. Y puesto que eso no te interesa, lo mejor es que no me toques para nada.
    La mano de él seguía en su hombro.
    -Yo no he dicho que no me interese -sus dedos se movieron por la piel de ella en una caricia suave-. Lo que no quiero es que mañana te arrepientas de esto.
    Ella se giró despacio hacia él.
    -No busco una historia eterna. Te deseo esta noche. Sé que estás enamorado de otra mujer. Déjame ser ella esta noche para ti.

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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  ultra lucerina el Vie Jun 01, 2012 8:38 pm

    Awww' me encanta esta WN esta super HOT!!! pero super padre tambien jejeje ya queremos Conti....!!! lol! cyclops
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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  IndiiCH el Vie Jun 01, 2012 8:51 pm

    dfnhfdhdgjfjs<d contiiiii
    lol! lol! lol!


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    ~Mijares Hogaza Por siempre~❤
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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  diana lucerina el Vie Jun 01, 2012 11:31 pm

    lol! lol! lol! lol! lol! como la piensas dejar aiiiiiii continua andale!!!!!

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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  CarolinaDíaz el Mar Jun 05, 2012 11:59 pm

    como la dejas asi !!!!!!!!!!! por fa ya sube cap
    Contiiiii contiiiiiiiiiasí
    bounce bounce bounce bounce bounce bounce bounce bounce bounce bounce bounce bounce bounce

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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  lauriita29 el Miér Jun 06, 2012 10:59 pm

    Capitulo 11

    -¿Tú te acostarías conmigo sabiendo que puedo fingir que eres otra mujer?
    Ella levantó la barbilla.
    -Sí. Porque te deseo mucho -no era una chica tímida en casi ninguna situación, pero la proximidad de Manuel y la luz de las velas la desinhibían más que nunca-. Aceptaré lo que tengas que ofrecer, excepto un revolcón por lástima.
    -Tú no ocuparías el lugar de ninguna otra. Aquí se trata de ti y de mí. Yo no te insultaría fingiendo que eres otra persona –Manuel le puso un dedo debajo de la barbilla para echarle atrás la cabeza. En sus ojos no había nada de lástima. Ardían de calor y pasión por ella-. Y yo no quiero un revolcón por venganza.
    -Jamás -repuso Lucero. Le echó los brazos al cuello y sintió la tensión de su cuerpo-. Esto no es una venganza.
    Quería saciar aquel deseo que la consumía y quería que él la hiciera sentirse una mujer deseable. Necesitaba subir su autoestima sexual.
    Él le pasó el pulgar por el pómulo.
    -¿De verdad es esto lo que quieres, Lucero? ¿Estás segura de que me deseas a mí? Porque una vez que empiece, parar sería una tortura.

    Ella se apoyó en él y acercó sus caderas a las de él. Su pene estaba duro como una piedra. Lucero tenía las bragas empapadas y le ardía el cuerpo. Frotó los pechos desnudos en la camisa de él y se regodeó en la sensación suave del algodón contra sus pezones endurecidos. Respiró su aroma masculino y le mordisqueó la barbilla. La respiración de él se aceleró.
    -Sí, estoy completamente segura de que te deseo. Y no quiero que pares. Te quiero desnudo encima de mí... -le mordisqueó el lóbulo de la oreja- debajo de mí... -pasó la lengua por sus labios-a mi lado... -notó que él se estremecía- detrás de mí... -el deseo espesaba su voz y palpitaba a través de su cuerpo- pero sobre todo dentro de mí.

    Sus palabras y caricias destruyeron todas las defensas que él había levantado. Acostándose con Lucero, podía perder al único amigo que había tenido en su vida, pero estaba dispuesto a cambiar su amistad y su sentido del honor por una noche con ella. Por abrazarla, tocarla y hacerle el amor. Y si esa decisión le hacía ser menos hombre, tenía el resto de su vida para lidiar con eso. Tal vez se arrepintiera al día siguiente, pero esa noche ella era suya.
    Dejó la cámara en el suelo.
    -Lucero...

    Tomó la cabeza de ella en sus manos. La besó con gentileza, a conciencia, con una promesa callada de que por esa noche se pertenecían mutuamente. Le dijo en un beso todas las cosas que no podía o no quería decir en voz alta... lo mucho que la deseaba, lo hermosa que la encontraba por dentro y por fuera, que ella era la más deseable de las mujeres, que era su Perséfone, pero que después de ofrecerle y aceptar amor esa noche, la dejaría libre.
    Ella le devolvió el besó y se fundió con él.

    El beso se fue haciendo más apasionado, subió de intensidad, y ella introdujo las manos debajo de la camisa de él y le acarició la piel. Sus caricias lo encendieron todavía más. Tomó los pechos de ella en sus manos y jugó con los pulgares en los pezones. Lu se apretó contra él y gimió en su boca abierta. Y Manuel se sentó en la cama y la colocó entre sus muslos.
    Ella se acomodó entre sus piernas.
    -Tengo la sensación de que lleve años esperando tus caricias -musitó ella. Lo besó debajo de la barbilla mientras exploraba su pecho con las manos.
    Bajó los dedos al cinturón y los vaqueros de él.
    -Espera un segundo. Déjame quitarme las botas -dijo Manuel.
    Lucero se levantó y él se agachó a quitarse las botas. Lucero se sacó el pantalón corto y las bragas y los dejó en el suelo delante de él. Manuel terminó de quitarse las botas y levantó la vista.

    La vio desnuda en todo su esplendor y se alegró de estar sentado. Era una mujer redondeada, desde las piernas bien formadas hasta las curvas de las caderas. Tenía una cintura pequeña y pechos llenos. Y al parecer era una defensora de la depilación a la brasileña.
    El deseo lo sacudió con fuerza, tensándole los testículos.
    -Eres tan hermosa que me dejas sin aliento.
    Ella sonrió, y en su sonrisa había una timidez que lo conmovió. Se sentó en la cama detrás de él y rió con suavidad, con el pecho contra la espalda de él. Le pasó las manos por los hombros y le besuqueó el cuello.

    Manuel se volvió y la atrapó debajo de su cuerpo, con los brazos a ambos lados de los hombros de ella. Los ojos de Lucero se oscurecieron, abrió los labios y se pasó la lengua por el de abajo.
    Arqueó la espalda. A la luz de las velas, su piel brillaba como una perla rara. Manuel lamió el hueco de su garganta e inhaló su aroma. Quería hacerle el amor toda la noche, aprender cada centímetro de su cuerpo con la boca, con la lengua, con las manos... Pero hacía tanto tiempo que la deseaba que no creía que pudiera esperar mucho esa primera vez. Le lamió uno de los pezones y ella lanzó un gemido hondo.
    -Manuel... -musitó.
    Él le lamió el otro con la punta de la lengua y volvió al primero para seguir atormentando los dos.
    Estaban ambos húmedos de sudor y la piel de ella resbalaba contra la de él.

    Se colocó de espaldas y lo besó como si no pudiera cansarse nunca. Su lengua se entrelazó con la de él. Sus manos lo exploraban, casi con frenesí, y ella gemía, lo cual lo excitaba aún más. Parecía desearlo tanto como él a ella. Volvió a ponerse de lado y tiró de él. Buscó algo detrás de él. Manuel interrumpió el beso.
    -¿Qué haces?
    -Buscar un preservativo.
    Era tan tonto que había olvidado el preservativo. Eso no le había ocurrido nunca.
    Ella lo miró con ojos luminosos.
    -Tengo miedo de que esto sea otro sueño - dijo-. No quiero despertar. Porque si me despierto, me voy a enfadar mucho.
    Manuel se echó a reír. Ella sabía cómo halagarlo.
    -No es un sueño -le acarició la espalda. La realidad nunca había sido tan dulce.
    Ella le mostró el preservativo con aire de triunfo.
    -Con sabor a fresa -rompió el paquete-¿Te importa que haga los honores?
    -Por favor.
    Lu le puso el preservativo con su mano cálida y él cerró los ojos.
    -Mi placer es tu placer -dijo ella.
    Hasta el momento sólo había rozado su pene; ahora lo apretó y volvió a acariciarlo. Él abrió los ojos.
    -Si no quieres que esto termine aquí, no vuelvas a hacer eso -dijo con voz ronca.
    -Yo estoy preparada si tú lo estás. Llevo semanas soñando contigo. No necesito más preliminares.
    Se inclinó sobre él y le besó el pecho y los pezones hasta bajar al vientre. Lamió su pene rígido y se lo introdujo en la boca. Manuel tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no terminar allí mismo. Ella lo soltó y él pudo respirar de nuevo. El pelo de ella le rozaba el vientre y sus mechones le hacían cosquillas en la piel
    -Esto es mucho mejor que en mis sueños - dijo ella con ojos brillantes por la pasión.
    Se echó hacia atrás, abrió las piernas y sonrió.
    -¿Me vas a penetrar ya o voy a tener que suplicártelo?
    Manuel se colocó entre sus piernas y la rozó con la punta del pene.
    -No es necesario que lo supliques.
    Ella lo abrazó con las piernas y él la penetró con lentitud y tiró hacia atrás hasta que estuvo casi fuera antes de volver a entrar de nuevo igual de despacio. Lucero lanzó un respingo y lo empujó dentro con fuerza.
    -Eres un malvado -gruñó.

    Y Manuel empezó a moverse conmovido. Era como si ella hubiera creado una magia alrededor de ellos que los juntaba en una unión que iba mucho más allá de la parte física. Como si hubiera abierto una parte de sí misma y lo invitara al calor y la luz que había en ella.
    Era muy abierta y generosa y él quería darse también. Le ofreció todo lo que pudo de sí mismo. Se movía cada vez más deprisa y ella se agarraba a la colcha y lo animaba con sus movimientos hasta que los dos entraron juntos y gritando en el orgasmo.
    Su Lucero no era ninguna flor apagada. Era una mujer osada y hermosa y, si él hubiera tenido algún miedo de que lo usara como sustituto de Pablo, habría desaparecido al oírla gritar su nombre una y otra vez.
    ¿Había gritado alguna vez así el nombre de Pablo? ¿Se había arqueado debajo de él como si fuera a morirse si no la tocaba? Manuel no quería pensar en eso, pero no podía evitarlo.
    Lucero yacía inmóvil bajo él, con los ojos cerrados y la respiración jadeante. Una sonrisa lenta entreabrió sus labios. Abrió los ojos.
    -Ha sido... increíble... mucho mejor que los sueños.
    Una sensación extraña se apoderó de él. Tardó un momento en reconocer que era satisfacción, una gran satisfacción. Respondió con otra sonrisa.
    -Desde luego -y, como quería compartir lo que sentía pero no sabía cómo decirlo, la besó lenta y tiernamente.

    Levantó la cabeza y la miró. Su pelo revuelto estaba sobre la cama. Sus ojos eran oscuros y misteriosos, tenía los labios hinchados a causa de los besos y el cuerpo relajado por el orgasmo. Sin pensar lo que hacía, le pasó los dedos por la línea delicada de la mandíbula e inhaló su fragancia. Ella le tomó la mano, acercó los dedos de él a sus labios y los acarició levemente.
    -Manuel... -vaciló.
    -¿Sí?
    -No quiero que te sientas incómodo -ella apartó la vista-.Y no sé cómo decir esto.
    El corazón de él, que apenas acababa de recuperarse de su encuentro sexual, volvió a latir con fuerza.
    -Pues dilo.
    -Oh... esto es muy difícil.
    Manuel apenas podía respirar. ¿Habría descubierto al hacer el amor que sentía algo profundo por él?
    -¿Qué, amor? -los apelativos cariñosos nunca habían formado parte de su vocabulario.
    No se los habían dicho de niño y no los había cultivado de adulto, pero aquél le salió solo.
    -Estoy sudorosa y pegajosa y tengo miedo de oler mal. Necesito una ducha.
    Claro. Manuel se rió de sí mismo y de lo desviado de sus cálculos. Sabía que no era el ser más adorable del planeta. Ni siquiera lo habían querido sus padres. Aquélla no era la declaración de amor que se había atrevido a esperar por un instante, pero ella tenía razón. Los dos estaban pegajosos de sudor y, aunque él podía ser muy tonto, no lo era tanto como para desaprovechar una oportunidad así.
    -¿Quieres que te frote la espalda?
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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  Mceleste el Vie Jun 08, 2012 7:19 pm

    siguelaaaa Lau, está buenísima jajajaja :3
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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  AmandaHLucero el Miér Jun 20, 2012 7:52 pm

    Porfa sub cap !! esta super su WB
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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  kaatiCz el Sáb Jun 23, 2012 9:37 pm

    QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE? porfavor Continuenla Que siguio de la FORTACION ?? ♥ buenisimaaaaaaaaaaaa Shocked Shocked Shocked cyclops cyclops

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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  lauriita29 el Miér Jun 27, 2012 6:41 pm

    Capitulo 12

    -Entra, el agua está muy buena -dijo Lucero. Se echó hacia atrás y apoyó la espalda en la porcelana.
    -Dame un segundo -él salió hacia el baño.
    Puede que estuvieran allí por la fuerza de las circunstancias, pero era muy romántico, con las velas bañando la estancia en una luz suave. Ella había colocado velas pequeñas redondas en platillos en el suelo alrededor de la bañera. No había nada como ser imaginativos.
    La luz de las velas producía una atmósfera de ensueño; pero era algo más que eso. La noche entera resultaba surrealista. Manuel estaba a punto de meterse en una bañera con ella después de haber hecho el amor de un modo fantástico, tierno y explosivo a la vez. Ella había descubierto que, detrás de su reserva, era considerado, y eso le gustaba.
    Manuel volvió con la cámara colgada al cuello e hizo una foto.
    Lu se echó a reír.
    -¿Me has hecho una foto mirándote desde la bañera?
    -Sí. Y es muy sexy.
    Conversar con un hombre desnudo tenía algo interesante y era que, cuando te decía que te encontraba sexy, bueno, podías tener una prueba visual que reforzaba su afirmación. Manuel no mentía... parecía que la encontraba muy sexy
    -No estoy totalmente desnuda en la foto, ¿verdad?
    Él sonrió.
    -No. Desde este ángulo y con el agua a este nivel, no se pueden ver los detalles... lo cual es una pena, pues tú tienes detalles muy buenos.
    -Cuidado, amiguito. Vas a hacer que me lo crea.
    -¿Qué crees que ocurrirá cuando me meta en la bañera contigo? -preguntó él.
    -Ni idea -susurró ella-. Pero como sigas hablando en vez de entrar, se calentará el agua antes de que llegues.
    Manuel se echó a reír.
    -Vas a perder la posibilidad de refrescarte -le advirtió ella.
    -Me gusta el calor -declaró él.
    -Pues se calienta por momentos. ¿Por qué no vienes y descubres lo caliente que está? - ella se sentó en la bañera y se abrazó las rodillas-. No olvides que has prometido frotarme la espalda.
    -Y pienso cumplir esa promesa, pero dentro de un momento. Este ángulo es maravilloso. No te muevas. Precioso. Oh, eso es genial -dijo él, que hacía una foto tras otra.
    -Seguro que eso se lo dices a todas -se burló ella.
    -Se lo digo a todas.
    Lu sintió un vuelco en el estómago. Aquello no era lo que quería oír. Él la miró y le sonrió. Parecía joven y despreocupado, dos palabras que ella nunca había asociado con Manuel. El corazón le brincó en el pecho.
    -Pero después no me meto en la bañera con ellas -dijo.
    -Seguro que no es por falta de oportunidades -comentó ella.
    -Gracias... creo -él casi parecía avergonzado-. He tenido algunas invitaciones.
    Por supuesto. Era demasiado guapo y sensual para que no fuera así. El calor en su interior se hizo más intenso. Él sí quería meterse en la bañera con ella y no con Chloe o con las otras mujeres exquisitas y delgadas a las que fotografiaba. Quedaba el tema de la mujer de sus sueños; claro, pero Lucero no quería pensar en eso porque en aquel momento estaba con ella y estaba desnudo.
    -Deja la cámara.
    Él la miró divertido.
    -¿Crees que soy una marioneta a la que puedes controlar? ¿Siempre eres tan mandona?
    Lo era y lo sabía.
    -Sólo cuando deseo mucho algo.
    Manuel sonrió con picardía.
    -¿Y yo soy algo?
    -Algo muy interesante -replicó ella.

    Él dejó la cámara al lado de la pared y se acercó a la bañera. Ahora que había dejado la cámara parecía más consciente de su desnudez y a ella la conmovió que, a pesar de su arrogancia, no caminara como si su pene y él fueran un regalo de Dios a las mujeres.
    Había tenido muchos sueños calientes con él, así que no la había sorprendido que el sexo fuera tan bueno, pero no había contado con que le gustara él tanto. Y le gustaba. Era tierno, divertido, sexy y... Se metió en la bañera con ella y Lu dejó de pensar.
    Manuel se sentó y estiró las piernas a ambos lados de ella; la colocó en la «V» de su cuerpo como si hubiera sido diseñada sólo para él. La espalda de Lu se apoyaba en su vientre y su pecho y su cabeza descansaba entre el hombro y el cuello de él.
    A pesar de las bromas de antes, él parecía contento de disfrutar del momento. Lu cerró los ojos y se dejó llevar por sus sensaciones. El corazón de él latía contra su espalda y sus brazos eran fuertes y tiernos. Olía a sexo, a sudor y a su aroma particular.
    La luz de las velas bailaba en las paredes y el techo. Vivía uno de esos momentos perfectos y románticos de los que hablan las películas y las novelas románticas. Suspiró, contenta de estar allí en ese momento.
    -¿Cómoda? -preguntó él.
    -Mucho. Eres una buena almohada de baño.
    -Me alegro. Ahora he pasado de marioneta a almohada.
    Lu sonrió y le besó un brazo.
    -Pero eres una almohada de baño muy sexy -sus sueños nunca habían sido tan maravillosos. Ella apreciaba el buen sexo tanto como cualquiera, pero también había algo bueno en aquella comodidad.
    Él le besó el pelo y Lu habría podido jurar que todos sus huesos se habían vuelto de mantequilla. Se derritió contra él.
    -Hay un sitio cerca de la granja de mi abuelo donde solía ir con mi primo Reg -dijo él-. En mitad del bosque hay un estanque con una cascada pequeña. El estanque es lo bastante superficial como para que el sol caliente el agua. Puedes tumbarte a tomar el sol en una piedra llana. El agua, está clara y el aire es dulce. Cuando éramos pequeños, pensábamos que allí vivían las hadas.
    Pintaba una imagen tan clara que a ella le parecía ver el sitio. También veía a un Manuel niño buscando hadas. La embargó un calor que no tenía nada que ver con el deseo físico. Por lo que le había contado Pablo, sabía que Manuel era muy retraído. Quizá fuera la locura de la noche o lo extraño de las circunstancias, pero estaba segura de que era la primera vez que contaba aquello. Y la idea de un niño romántico que creía en las hadas no la sorprendía tanto como la hubiera sorprendido en otro tiempo. Era un hombre complejo, complicado. Antes había querido acostarse con él, pero ahora quería saber más cosas de él.
    -Suena muy bonito.
    -Lo es. Te gustaría.
    -Seguro que sí. ¿Vas a menudo?
    -Antes iba todos los veranos, ahora voy un par de veces al año. Mis abuelos paternos murieron hace varios años, pero mis abuelos maternos viven allí todavía. Son increíbles. Tienen ochenta y cinco años y todavía cultivan una granja pequeña.
    -¿Están muy unidos? -ella sólo había conocido a sus abuelos paternos, que eran todavía más conservadores y estirados que su padre.
    -Todo lo unidos que se puede estar con un océano por medio. De niño pasé veranos increíbles allí.
    -¿Vas con tus padres? -preguntó ella.
    -No.
    Ella sintió que su cuerpo se tensaba y sus brazos aumentaban un poco la presión. Aunque no conocía a sus padres, ya le caían mal. Por lo poco que él le había contado, tenía una imagen de dos personas egoístas y pagadas de sí mismas que no tenían tiempo para su hijo. Ella era la oveja negra de su familia, pero al menos sabía que la querían, aunque no siempre aprobaran lo que hacía.
    -No te imagino en una granja -comentó.
    -Pues debes saber que soy un experto en recoger huevos y ordeñar vacas.
    -No te creo. Eso me gustaría verlo. ¿Tenías novia allí?
    -No.
    -¿Qué les pasa a las chicas? No puedo creer que no tuvieras novia.
    -Devon no es una ciudad como Nueva York o Londres.
    -¿Me estás diciendo que no había chicas en el campo? ¿Nunca conquistaste a ninguna con tu maravillosa técnica de recoger huevos?
    Manuel soltó una risita, pero sonó forzada.
    -Había una... su padre era el vicario -dijo.
    -¡Qué británico! La hija del vicario. ¿Y cómo se llamaba?
    -Jillian Carruthers.
    -¿Y qué fue de Jillian? ¿La sigues viendo cuando vas a Inglaterra?
    -La veo en casi todos los viajes, sí.
    -¡Oh! -de pronto Lu ya no encontró tan divertida la conversación. De hecho, sentía casi náuseas.
    -Se casó con mi primo Reg. Esperan mellizos para el otoño.
    -¡Oh!
    Seguramente no había sido agradable que la chica que le interesaba se casara con su primo. ¿Era Jillian su mujer inalcanzable? Pero Manuel había dicho que la suya no estaba casada.
    -¿Te resulta incómodo verlos? -preguntó.
    -Para nada. Ya hace mucho tiempo de todo eso.
    Lu le acarició el brazo con el pulgar y sintió el juego del músculo bajo la piel.
    -¿Le dijiste alguna vez lo que sentías?
    -Pues sí. Pero antes de que terminara el verano, ella había decidido ya que no era su hombre-. Entonces empezó a salir con Reg y ahí acabó todo.
    Hum. Allí había más de lo que él decía. Hablaba con tono ligero, pero Lu sentía la tensión de su cuerpo.
    -¿Te partió el corazón?
    -Sólo una temporada. Ellos hacen buena pareja. Por algo salieron las cosas así. La vida a veces es sabia.
    Lu no quería que él se retrajera debido al recuerdo de un amor perdido.
    -Pues yo me alegro de que salieran así o ahora no estaría aquí contigo. Jillian no sabe lo que se pierde -se movió y apretó las nalgas contra él para recordarle dónde estaba y con quién-. Creo que eres muy divertido.
    -¿De verdad? -él la besó en el cuello y se rió al ver que ella se estremecía.
    -Sí -repuso la joven -los dientes de él rozaban su hombro y un escalofrío recorrió su cuerpo-.Y a mí personalmente me gusta mucho ese tipo de diversión.
    -La diversión sólo acaba de empezar. Te debo un lavado de espalda -la soltó y ella le pasó el jabón-. Échate hacia delante.
    Lu apoyó los brazos en las rodillas y la cabeza en ellos. Él le pasó los dedos enjabonados por los hombros y bajó por la columna antes de frotarle la espalda en círculos pequeños. Ella se sentía tan a gusto que tenía ganas de ronronear.
    -¡Ahhh! Tú sí que sabes lavar espaldas.
    -Tu espalda tiene líneas muy hermosas -él le tocó el costado-. Esta curva está llena de gracia.
    -Gracias. Pero no se te ocurra parar para ir a por la cámara.
    -No pienso ir a ninguna parte.
    Le lavó con gentileza los costados, rozando los pechos con las yemas de los dedos antes de llegar a las axilas. A Lucero no le habían acariciado nunca las axilas y no sabía que podía ser bueno.
    Levantó la cabeza y los brazos. Manuel bajó sus manos por éstos y ella se apoyó de nuevo en él.
    Él pasó los brazos debajo de sus axilas y le lavó el cuello por delante y la curva de los pechos, debajo de ellos pero sin llegar a tocarlos. Al fin los tomó en sus brazos y ella apoyó la cabeza en su hombro.
    -Sí.
    -¿Esto era lo que querías? -el aliento de él le rozaba el cuello-. ¿Era esto lo que esperabas? -Sí.
    -Yo también -susurró él. Sus dedos encontraron uno de los pezones y ella sintió un calor líquido entre las piernas. A juzgar por el modo en que resucitaba su pene contra la espalda de ella, a él le gustaba tanto acariciar sus pechos como a Dulce que se los acariciara.
    Él hizo un cuenco con las manos y le echó agua por delante para enjuagar el jabón.
    -Ahora la espalda.
    La joven se inclinó hacia delante y él se la aclaró. Volvió a colocarla contra su pecho.
    -¿Te sientes mejor? -recorrió la oreja de ella con la lengua.
    -Mucho mejor.
    -Creo que puedes sentirte mejor todavía - susurró él.
    La besó en el cuello y ella cerró los ojos. Le gustaba que le besaran el cuello, le producía un cosquilleo que le bajaba hasta los dedos de los pies.
    -No sé... ya me siento... muy bien.
    -Veremos.
    Manuel le pasó las mano por el montículo redondo del vientre y ella intentó meterlo para hacerlo más plano.
    -Relájate -le pidió él-.Tienes formas de mujer y eso es bueno. Hay que tener curvas en los sitios apropiados.
    Parecía leer sin problemas el lenguaje corporal de ella. Pasó los dedos por los muslos femeninos.
    -Abre las piernas -dijo con voz espesa.
    Ella obedeció. Manuel deslizó una mano entre sus muslos y separó sus labios con los pulgares.
    -Me encanta tu estilo de depilarte -musitó.
    La primera vez Lu había tenido que tomarse dos margaritas para hacer acopio de valor y pedirle a otra mujer que le hiciera la cera allí. Le había dolido mucho, pero una vez que había probado a estar sin pelos, ya no pudo volver atrás.
    Separó más las piernas.
    -A mí también. Así te siento mejor.
    Y lo sentía... todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo se concentraban entre sus piernas. Él la acarició con un dedo hasta que encontró el clítoris y lo rozó. Ella soltó un gemido y se apretó contra su mano.
    -Tranquila, relájate. No tan deprisa. Cálmate y disfrútalo. Saboréalo. ¿Te ha gustado eso?
    -Sí.
    -¿Y esto? -deslizó un dedo en su interior y ella se esforzó para no arquearse contra él, pero apretó los músculos en torno a él.
    -Sí.
    -Estás mucho más caliente que el agua. Es como hundir los dedos en miel caliente.
    Su voz, baja y sensual, sus palabras, sus caricias, la sensación de su cuerpo detrás de ella, la sensación de su aliento en la piel cuando hablaba, el roce débil de su vello en la espalda, el agua fresca que le lamía la piel caliente... todo se centraba en ella, pasaba por ella.
    Él le acariciaba el clítoris con el pulgar y le introducía a veces un dedo y a veces dos. Con la otra mano le acariciaba el pecho derecho y jugaba con el pulgar.
    Lu se agarró a los lados de la bañera y abrió más las piernas. No podría soportar aquello mucho más, pero tampoco quería que cesara.
    -Más rápido. Sí... sí... así... oh... -levantó las caderas para introducir más los dedos de él en su interior y frotó el clítoris contra la presión del pulgar de él.
    -Eso es, amor mío. Eres muy hermosa. Quiero que tengas un orgasmo. Eso es... -la voz de Manuel la llevó al clímax. Dulce volvió la cabeza y le mordió en el hombro al tiempo que gemía de placer.
    Se dejó caer contra él porque no parecía tener ni un solo hueso en todo el cuerpo. Se sentía tan informe y fluida como el agua que la rodeaba.
    Manuel le dio un beso en el pelo y apretó más los brazos en torno a ella.
    -¡Oh, Lucero!
    -Hum -murmuró ella.
    Frotó la mejilla en su brazo, la única respuesta de la que se sentía capaz en ese momento. Poco a poco se fue recuperando y empezó a ser consciente del pene erecto de él, de los músculos rígidos de su vientre y su pecho, de la tensión que ocupaba sus brazos.
    Se echó hacia delante y se volvió a mirarlo de rodillas. En el rostro de él resultaba palpable el deseo, que brillaba en sus ojos. La joven buscó el jabón con una sonrisa.
    -Te toca a ti.

    -No puedo levantarlo -dijo Dulce con frustración-. ¿Quieres probar tú?
    -Sí. Probaré -Manuel tiró con todas sus fuerzas del cierre de la ventana-. Estos edificios viejos se han pintado tantas veces que en ocasiones se han cerrado las ventanas con la pintura -sintió que empezaba a ceder-. Creo que ya sube.
    La ventana se abrió unos centímetros y Manuel tiró de ella el resto del camino.
    -¡Mi héroe! -exclamó ella con una sonrisa. Y en sus ojos brillaba algo que calentó el corazón de él.
    Era terrible. Se sentía treinta centímetros más alto sólo porque había conseguido abrir una ventana.
    -No es un viento ártico, pero hace más fresco así -la lluvia había aliviado un tanto el calor intenso. Abajo subía vapor desde el pavimento.
    -En casa cuando llueve también hay vapor, pero en Nueva York nunca huele a fresco como en Savannah después de la lluvia -comentó ella con un tono de nostalgia-.Apartó la colcha y la sábana de arriba y se sentó contra los cojines que adornaban el cabecero-. Por lo menos las sábanas están frescas.
    Era evidente que no tenía intención de ir a sentarse en la sala. Y a Manuel le parecía bien. Se tumbó a lo largo del extremo inferior de la cama con una toalla alrededor de las caderas. Ella se había puesto unas bragas negras y un top negro también.
    -¿Echas de menos Savannah? -preguntó él.
    -Algunas cosas. Como el olor después de una lluvia de verano. El sonido de un coche de caballos en los adoquines. El musgo en los troncos de árboles tan viejos y tan grandes que hacen de toldos en las calles. ¿Has ido alguna vez?
    -No, no he viajado mucho fuera de Nueva York e Inglaterra.
    Ella le acarició la pantorrilla con el pie. A Manuel le gustaba el modo que tenía de tocarlo, como si lo necesitara y estuviera en su derecho.
    -El ritmo lento puede volverte loco, pero la ciudad te encantaría.
    Manuel imaginó a ambos disfrutando de un paseo en carruaje por calles adoquinadas y debajo de robles cubiertos de musgo.
    -Es evidente que te gusta. ¿Por qué te marchaste?
    -Me gusta, pero tenía que irme. -¿Tenías o querías?
    -Tenía. Necesitaba salir de mi zona de confort, conocer lugares nuevos y cosas nuevas, descubrirme a mí misma.
    -¿Y te has descubierto? -preguntó él con curiosidad.
    -Creía que sí, pero esta noche me ha confundido. Aunque creo que al fin he descubierto que es un proceso que no se acaba. Cada día trae algo nuevo y diferente, algunos días más que otros... como hoy. Pero sé de cierto que no soy la misma persona que era cuando me marché y eso es bueno.
    ¿Qué sentía de los cambios de ese día? Después del chasco con Pablo, ¿querría volver a su casa? Manuel tenía que preguntarlo.
    -¿Crees que volverás ahora, después de lo que ha pasado con Pablo?
    Lu negó con la cabeza y lo miró con curiosidad.
    -En el futuro cercano, no. Me gusta Savannah y siempre será mi hogar. Me gusta ir de visita, pero Nueva York me ha robado también el corazón. ¿Y tú? ¿Alguna vez has querido vivir en otra parte?
    Era fácil hablar con Lucero y la oscuridad también ayudaba. Manuel se descubría contándole cosas que no había contado nunca.
    -De niño, cuando pasaba los veranos en Devon, quería quedarme allí para siempre. Cuando me hice mayor, me di cuenta de que lo que me atraía eran mis abuelos y no el lugar en sí mismo. Cuando me fui de casa y empecé a vivir solo, empecé a apreciar Nueva York.
    -Mis padres tampoco son muy cariñosos - comentó ella.
    Apenas se tocaban, pero Manuel se sentía más cerca de ella de lo que se había sentido nunca de nadie, Pablo incluido.
    -Pero tú eres cariñosa y extrovertida -comentó-. ¿Cómo lo conseguiste?
    -Soy una anomalía -rió ella.
    -Yo también he sido siempre el que no encajaba -musitó él. Lo había sentido así muchas veces y resultaba liberador poder decirlo.
    -¿Cómo son? -preguntó ella.
    -¿Mis padres? -Lu asintió-. Inteligentes, interesantes, muy cultos. Muy buenos invitados para un cóctel y muy malos padres.
    -¿No tienes hermanos?
    -No, soy solo -y lo había sido en todos los aspectos. No habían formado una familia. Su vida había sido muy solitaria hasta que conoció a Pablo y se hicieron amigos-. ¿Cómo era tener hermanas?
    Lu era una narradora innata. A él le gustaba el ritmo y la cadencia de su voz. Su voz sonaba relajante incluso cuando le contaba sus escapadas de la infancia.
    -Puede que seas la más joven, pero veo que siempre eras la instigadora -comentó él.
    -Ya te lo he dicho... soy la que no encaja - bostezó ella.
    -Pareces cansada.
    -Lo estoy. ¿Qué hora es?
    Manuel miró su reloj luminoso.
    -Casi las doce.
    -Es temprano, pero creo que estoy agotada emocionalmente y tanta diversión...
    -Duérmete.
    -Buena idea.
    Habían hecho el amor dos veces, pero aun así, había una intimidad especial en el hecho de compartir la cama con alguien, de bajar la guardia
    hasta el punto de dormirte...
    -¿Prefieres que me vaya al sofá? -preguntó Manuel.
    -No, quédate conmigo -contestó ella-. Aquí hace más fresco.
    -Bien -Manuel le pasó un dedo por la línea de la nariz y le dio un beso de buenas noches en la frente-. Duérmete. Yo estaré aquí.
    Ella sonrió.
    -Procura dormir también -dijo.
    -Lo haré.
    Manuel permaneció tumbado escuchando los ruidos apagados de una ciudad que no dormía nunca, ni siquiera en un apagón, y la cadencia suave de la respiración de ella. Le apartó el pelo de la cara, contento de tocarla mientras todavía podía, poco dispuesto a desperdiciar durmiendo el poco tiempo que pasaría a su lado. Ella emitió un ruidito de satisfacción.
    -¿Manuel?
    -¿Hum?
    -Me alegro de que haya ocurrido esta noche.
    -Yo también -repuso él.
    A pesar del calor sofocante, ella se acercó más a él y... qué diablos, los dos estaban sudorosos y pegajosos, así que la estrechó contra sí. El muslo de ella se deslizó entre los de él y apoyó el brazo en el pecho masculino. Le dio un beso en el pecho y él se sintió enseguida más enamorado aún de ella.

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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  lauriita29 el Miér Jun 27, 2012 6:42 pm

    al ratito creo les subo otros 2 caps, si no por lo menos uno mas. perdón, no he podido subir caps en muchísimo tiempo, he estado súper súper ocupada!!! pero allí están!! Smile
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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  diana lucerina el Miér Jun 27, 2012 8:54 pm

    essta geniiiiiiiiiiiiiiiiiiiiall me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa lol! lol! lol! lol! lol! lol! lol! lol! lol! lol!
    otrooooooooooooo otrooooooooo

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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  lauriita29 el Jue Jun 28, 2012 4:30 pm

    Capitulo 13

    -¡No! ¡Vuelve!
    Manuel se incorporó de golpe, desorientado por la cama extraña, las velas y una mujer que gritaba. Claro. Lucero. Su cama. El apagón.
    -¿Qué pasa? -se puso en pie y agarró a Lucero, que temblaba como una hoja.
    -Peaches -ella tragó aire con fuerza y señaló la ventana-. Ha salido al alféizar -se aferró a él-. No tiene uñas en las patas de delante. ¿Y si resbala?
    Ella quería a aquel gato. Manuel no vaciló, no pensó, se asomó a la ventana.
    -¿Lo ves? -preguntó ella.
    Peaches parecía haberse dado cuenta del error cometido y estaba inmóvil en el saliente, un par de metros más allá.
    Lu bajó la voz.
    -Ven, precioso. Ven aquí. Tengo algo para ti -le temblaba la voz.
    Peaches aulló con histeria felina, pero no se movió. Genial. Si la gente del siguiente apartamento abría la ventana, el gato seguramente se asustaría y caería a la calle.
    Lu volvió a aferrarse a su brazo y Manuel intentó calmarla.
    -Tranquilízate.
    -Voy a salir a por él -dijo ella.
    -De eso nada.
    -No puedo dejarlo ahí.
    -Iré yo.
    -No. No puedo dejar que hagas eso. Y además, a ti no te conoce.
    Manuel no pensaba permitirle que saliera a aquel alféizar mojado. Bajó la vista... había siete pisos hasta el suelo y no, no le permitiría salir de ningún modo.
    -Los animales asustados responden mejor a los extraños en una situación de peligro. Lo vi en un documental -mintió para mantenerla alejada del saliente. La apartó de la ventana-. Espera aquí y yo te lo pasaré.
    No le dio ocasión de discutir. Subió a la ventana y salió al alféizar. Era mucho más estrecho de lo que parecía desde dentro.
    Se agarró al marco de la ventana con la mano izquierda y se puso en pie despacio, luchando por mantener el equilibrio. Apoyó la mano derecha en la pared de ladrillo y deseó que el saliente estuviera hecho del mismo material y no de mármol mojado y resbaladizo. Abrazó el edificio.
    Cometió el error de mirar abajo y el vértigo se apoderó de él. La cabeza le dio vuelta. Apretó los dientes y recuperó el equilibrio. No le gustaban nada las alturas.
    -Manuel, vuelve aquí -la cabeza de Lu asomó por la ventana, cerca de sus rodillas.
    -Volveré cuando tenga al gato -mantuvo los ojos fijos en el edificio y en Peaches.
    -¿Y cómo lo vas a hacer?
    Ella había elegido un mal momento para iniciar una conversación.
    -No lo sé. Lo estoy pensando.
    -¿Y no crees que deberías haberlo pensado antes de salir ahí?
    Él avanzó hacia Peaches, y la toalla, cuyo nudo se había aflojado al subir a la ventana, resbaló un poco por sus caderas. Genial. Sólo llevaba una toalla y se estaba cayendo. Moviéndose muy despacio y con mucho cuidado, se la quitó y se la echó al hombro. Mejor enseñar el trasero a siete pisos de altura que tropezar con la toalla.
    ¡Maldición! Ni siquiera iba a morir con dignidad. Con honor, tal vez, pero con dignidad no.
    Pero él podía hacer aquello. La clave para no morir estaba en moverse despacio. O al menos eso esperaba.
    Pero no sabía si tenía muchas probabilidades de agarrar al gato. La maldita bestia lo había mordido antes, cuando había intentado acariciarlo. Manuel hizo lo único que podía hacer... siguió avanzando hacia el gato y le habló en voz baja.
    -Bien, amigo. Agárrate con fuerza. ¿Ves?, ahí está el truco. Puede que tú tengas siete vidas, pero yo sólo tengo una...
    -¿Qué? -preguntó Lu.
    Él volvió la cabeza en su dirección con cuidado.
    -Hablo con el gato. Danos un minuto, ¿vale? Y te agradeceríamos mucho que no hicieras ruido ni movimientos repentinos.
    Miró de nuevo a Peaches y siguió hablando.
    -Con franqueza, creo que soy muy joven para morir, pero aunque no lo sea, no quiero morir estrellándome desnudo contra el suelo. Y quién sabe, puede que tú ya hayas agotado tus siete vidas.
    El gato lanzó otro aullido estremecedor. Un murmullo de brisa enfrió el sudor que caía entre los hombros de Manuel.
    -Escúchame bien. Yo te sujeto, volvemos a entrar ahí y juro que la convenzo para que te ponga otro nombre. Si yo me llamara Peaches, también estaría aquí fuera. Pero por mi honor que te cambiaremos el nombre en cuanto volvamos ahí dentro.
    Peaches aplastó las orejas. Aquello no era buena señal.
    Manuel ya casi estaba allí... sólo unos centímetros más...
    -Voy a pasar por encima de ti para ir al otro lado.
    Respiró hondo. Levantó el pie derecho y lo pasó por encima del gato, con lo que Peaches quedó entre sus dos piernas y él podía agarrarse al marco de la ventana del vecino de Lu.
    Bajó la vista hacia el gato. Éste lo miraba a él. O más concretamente, una parte de él. Peaches contemplaba su pene colgante con un brillo malicioso en los ojos, como si acabara de descubrir un juguete.
    -¡Ni se te ocurra! -Manuel cubrió su pene con una mano protectora.
    Una mujer mayor apareció de pronto en la ventana.
    -¡Pervertido! -gritó.
    Se apartó y bajó la persiana.
    Manuel, sobresaltado, clavó los dedos en el marco.
    Tranquilo. Tranquilo.
    Recuperó el equilibrio y pasó el pie izquierdo por encima del gato. ¡Bien! Apartó la mano del pene. Ahora ya sólo faltaba la parte más terrorífica.
    -Te voy a envolver en esta toalla, pero necesito que te quedes muy quieto o perderé el equilibrio y nos caeremos los dos.
    Pasó la toalla de su hombro a sus manos.
    -Tranquilo. Recuerda que vas a tener un nuevo nombre. Uno interesante, un nombre de macho, uno que vaya con tu imagen -mientras hablaba se agachó y envolvió al gato en la toalla con cuidado-. No pierdas la calma. Sólo falta un minuto para que estemos a salvo.
    Sorprendentemente, Peaches no ofreció resistencia y no se movió cuando él se lo colocó bajo el brazo, como si fuera un balón de fútbol americano. Manuel no supo cuánto tardó... a él le parecieron horas... pero siguió hablando de vuelta hacia la ventana de Lu y al fin le pasó el gato y la joven lo apretó contra sí. Manuel usó la mano libre para agarrarse al borde de la ventana abierta.
    -¿Necesitas ayuda para entrar? -preguntó ella.
    -Sólo déjame espacio -pasó los pies primero.
    Cuando al fin pisó suelo firme le empezaron a temblar las rodillas. Nunca le había parecido tan maravilloso estar encerrado entre cuatro paredes. Se volvió y cerró la ventana de golpe. Antes de volver a abrirla, se asarían como cerdos en el infierno.
    Peaches, perdida ya la paciencia, se soltó de los brazos de Lu y salió corriendo de la habitación.
    Lu se volvió hacia él con ojos llameantes. -Eso ha sido lo más estúpido e beep que he visto en mi vida -gritó.
    -¿Eh? ¿Pero qué dices? ¿Por qué no me das las gracias?
    -¿Las gracias? ¿Las gracias? -la voz de ella subía de tono a cada palabra-. ¿Tengo que darte las gracias cuando podías haber muerto ahí fuera, beep? -se acercó y le golpeó el pecho con las manos-. Podías haberte caído. ¡He pasado tanto miedo! Y estabas desnudo. Y podías haber muerto.
    ¡Dios! Estaba casi histérica por él. Manuel le sujetó las muñecas e intentó no hacerle daño.
    -Calla, calla, no pasa nada, yo estoy bien. Y tú estás bien. Los dos estamos bien.
    Lu apoyó la cabeza en su pecho y él le pasó la mano por el pelo. Ella le echó los brazos al cuello y lo estrechó con fuerza.
    -No vuelvas a hacer una cosa así. Nunca en mi vida había pasado tanto miedo. Si llegas a caerte...
    Lo besó en la boca con una pasión hija del miedo y la furia. Apretó la boca contra la suya y liberó en él la adrenalina provocada por la aventura. Manuel le devolvió el beso como si quisiera devorarla.
    Era cierto. Podía haber muerto allí fuera. Pero no había muerto y estaba en sus brazos. Y parecía que a ella le importaba muchísimo que se hubiera jugado la vida.
    Se tambalearon abrazados hasta la cama, cada uno de ellos empeñado en comerse vivo al otro. Cayeron sobre el colchón y esa vez fue Manuel el que sacó el preservativo del cajón con mano temblorosa. Antes la había deseado, soñado con ella, le había hecho el amor, pero nunca había conocido nada así, una necesidad tan abrumadora de enterrarse en ella para celebrar haber vuelto con vida del saliente... para reclamar su premio.
    Mientras se ponía el preservativo, ella se desnudó y se tumbó de espaldas con las piernas separadas y el sexo brillante... preparada.
    -No. Date la vuelta. Ponte de rodillas.
    Ella cerró las piernas pero siguió tumbada de espaldas.
    -Primero apaga todas las velas -dijo.
    Desde luego, no era la mujer más lógica que había conocido.
    -Pero la oscuridad te da miedo.
    -Me da más miedo lo grande que es mi trasero. Y estamos perdiendo el tiempo -tendió la mano y le acarició el pene.
    Manuel se apartó y se dejó caer de rodillas al lado de la cama. Ella lo miró con recelo y no poca frustración.
    -Estoy aquí para arrodillarme ante el altar de tu magnífico trasero. ¿Por qué crees que he salido ahí fuera? ¿Por el gato o para poder ver después tus ojos verdes? No, amor mío. He salido ahí fuera por esto -le acarició una nalga y clavó los dientes en ella. Lu parecía no saber si echarse a reír o pegarle, pero por suerte, todavía brillaba el deseo en sus ojos.
    -Ya te lo dije antes -siguió él-. Esto -acarició la curva de las nalgas- puede hacer que los hombres caigan de rodillas. Yo estoy de rodillas y me gustaría verte a ti de rodillas y con tanta luz como sea posible para ver esta obra de arte en acción.
    No pensaba ceder en ese punto. No sólo era verdad lo que decía, que quería verla retorcerse y moverse mientras le hacía el amor desde atrás, sino que también quería que superara aquel complejo ridículo y comprendiera que su trasero era motivo de celebración, no algo que había que esconder en la oscuridad.
    Mordisqueó el trasero en cuestión y, convencido de que la acción valía más que las palabras, se dedicó a demostrarle cuánto apreciaba sus atributos. Se tomó tiempo besando... lamiendo... succionando aquel terreno dulce. Y ella lo recompensó con gemidos de apreciación y retorciéndose contra su boca.
    Ardía de deseo por ella, estaba enganchado con su trasero y el aroma de su excitación resultaba enloquecedor, con su humedad deslizándose entre los labios de ella. Probó el sabor de su néctar con la lengua.
    -Chris...
    Miró el rostro sonrojado de ella desde su posición entre sus muslos.
    -¿De verdad me vas a negar algo que me haría tan feliz?
    La joven, jadeante, se dio la vuelta con tal rapidez que lo tomó por sorpresa. Cuando se levantó, ella estaba ya de rodillas, con las piernas separadas y las nalgas en el aire. Su sexo brillante resultaba una invitación.
    -Me vas a volver loca. Hazlo como quieras, pero hazlo de una vez -ella lo miró por encima del hombro y se dio una palmada en la nalga-. Si esto es lo que quieres, monta de una vez, vaquero.
    Manuel subió a la cama detrás de ella y deslizó un dedo entre las nalgas.
    -Me he acercado al templo de lo divino. ¿Puedo entrar?
    -¡Maldita sea, Manuel! No está bien que me hagas reír cuando me has puesto tan caliente.
    Él deslizó su pene cubierto por el preservativo a lo largo del canal de ella y lo frotó contra su clítoris.
    -Quiero ofrecerte un sacrificio.
    Lu se echó hacia atrás y terminó de introducirlo en su interior.
    -¡Sí! -gritó-. Ya estoy contenta. ¿Tú estás contento?
    Ella estaba caliente y estrecha y él comenzó a moverse.
    -No, estoy pletórico -contestó.

    -¿Quieres que haga qué? De eso nada. No pienso hacerlo Lu se colocó de espaldas y resopló con fuerza. Ella se sentía satisfecha después de un revolcón fabuloso y él tenía que estropearlo todo.
    Manuel saltó de la cama y se dirigió hacia la puerta.
    -¿Adónde vas? -preguntó ella.
    -A por la cámara.
    -¿Necesitas la cámara para hablar de esto?
    -No, la necesito para captar el aspecto que tienes ahora. Recuerda que tengo que captar a la auténtica Lucero.
    Volvió poco después con la cámara colgada. Ella le lanzó una mirada altiva y giró la cabeza.
    -Perfecto. Lucero enfadada.
    Ella giró la cabeza.
    -No estoy enfadada.
    -¿No? ¿Y tú cómo lo llamarías?
    -Ofendida. No tenías derecho a prometerle a mi gato que le cambiaría el nombre. Me encanta el que tiene. Si tú quieres bautizar a un animal, cómprate uno.
    Le importaba un bledo si sonaba grosera. Toda su vida le habían dicho lo que tenía que hacer, cuándo y cómo tenía que hacerlo. Al fin vivía sola y no estaba dispuesta a que nadie, por mucho placer que le diera en la cama, le cambiara el nombre a su gato. Peaches era suyo y Manuel podía irse al diablo.
    -Estaba desesperado. No se me ha ocurrido otra cosa. Y le he dado mi palabra.
    -Pues deberías haberme consultado antes.
    -¿Qué? ¿Querías que iniciara negociaciones contigo desde el alféizar de la ventana, donde por cierto estaba desnudo?
    -No hay ninguna necesidad de ser sarcásticos.
    -No hay ninguna necesidad de ser irracionales, Lucero.
    Dejaría pasar aquel comentario porque la otra opción era matarlo. ¡Y pensar que había empezado a gustarle mucho! ¡Agh! La ponía furiosa.
    -¿Te he pedido yo que salieras? No. De hecho, te he pedido que no lo hicieras.
    -¿De verdad pensabas que te iba a dejar salir a ti?
    Lu no podía recordar haber estado nunca tan furiosa.
    -¡Vaya, salió el macho! ¿Crees que eres más valiente que yo sólo por ser hombre?
    -¿Valiente? -él echó atrás la cabeza y soltó una carcajada, pero no parecía muy divertido-. El valor no ha tenido nada que ver con eso. Tenía tanto miedo que no podía ver con claridad.
    -¿Y la irracional soy yo? ¡Ja! Si tanto miedo tenías, ¿por qué no me has dejado salir a mí?
    -Porque no podía... me parecía que era lo que tenía que hacer.
    Salió del dormitorio. Típico de un hombre largarse en mitad de una conversación que no iba como él quería.
    Lu se puso las bragas y el top y salió tras él.
    -Me convence tu explicación -dijo con ironía-. Me convence mucho.
    -¿No puedes dejar el tema? -Manuel se sentó en el sofá.
    -No, no puedo. ¿Qué quieres que haga si me gusta tener algo de lógica en mi vida?
    -¿Lógica? Tú no eres precisamente la mujer más lógica que he conocido.
    -Eso tiene gracia, viniendo de un hombre que sale desnudo al saliente de un séptimo piso y le promete a mi gato cambiarle el nombre sin mi permiso porque le parece que es lo que tiene que hacer.
    -¿Quieres lógica? A ver qué te parece esto. He salido ahí porque, si no lo hacía yo, lo harías tú y yo no podría soportar que te ocurriera algo –Manuel cerró la boca con fuerza, como si hubiera dicho ya demasiado. Y, bueno, la verdad era que había dicho mucho.
    ¿Había salido porque estaba preocupado por ella? La embargó un calor que no tenía nada que ver con el sexo y sí mucho con la emoción. No había sido para hacerse el macho y el valiente, lo había hecho por ella.
    -¡Oh! -musitó.
    -Así que siento que te hayas enfadado, pero le he prometido otro nombre.
    Manuel no era un maníaco del control que intentaba dirigir sus asuntos. Y Lu se sentía culpable.
    -Creo que mi reacción ha sido un poco exagerada.
    -Creo que sí. ¿A ti te gustaría ser un gato malo y llamarte Peaches? -él se estremeció visiblemente.
    -Está bien. Vamos a ver qué se te ocurre a ti. ¿Qué propones?
    -Es tu gato.
    -Según una cultura antigua, después de salvarle la vida, ahora te pertenece a ti.
    A él parecía horrorizarlo la idea.
    -Pero yo no lo quiero.
    -No te lo voy a dar; es sólo en un sentido figurativo. Te doy la tarea de ponerle nombre.
    -Pero no la quiero.
    -Pues lo siento. Tú le has prometido un nombre nuevo, así que dale uno.
    -¡Pero yo no sé poner nombre a animales!
    Lu puso los ojos en blanco. Aquel hombre era sexy, ilógico y exasperante.
    -¿Cómo que no sabes ponerles nombre? Hazlo y en paz. ¿Nunca has tenido un animal?
    -No.
    Tenía que estar bromeando.
    -¿Ni gatos ni perros ni un hámster?
    -No.
    -¿Ni una rana?
    -No. A mis padres no les gustaban los animales.
    Lu apretó los dientes. ¿Qué clase de personas eran capaces de descuidar a su hijo y encima le negaban un animal? A pesar de lo estirados que eran sus padres, en su casa había habido un perro, un hámster y varios peces de colores a lo largo de los años. Hasta una rana habría sido mejor que nada.
    -No me gustan nada tus padres -declaró. Estaba deseando decirles lo que pensaba.
    Manuel pareció sobresaltarse, como si lo sorprendiera que le disgustaran sus padres por su causa. De pronto sonrió.
    -No te preocupes -dijo-. Tú tampoco les encantarías a ellos. Eres demasiado... suelta para su gusto.
    -¿Suelta? Eso me gusta -y ella no quería caer bien a personas así-. Pero no te vas a librar de bautizar al gato. O le cambias el nombre o se queda con Peaches y no cumples tu promesa.
    -Eres una mujer muy dura -protestó él-. Brutus.
    -No. No puedo vivir con un gato llamado Brutus. Prueba otra vez.
    -Magnus.
    Lu hizo una mueca.
    -Olvídalo. He tenido una idea genial. Le pondré yo el nombre.
    -Me parece bien. ¿Cómo se va a llamar?
    -Manuel. Le pondré tu nombre.
    Y sorprendentemente, él no pareció molesto ni enfadado, sino más bien complacido de que le pusieran su nombre a un gato.


    -Parece contento con su nuevo nombre. ¿Tú qué piensas? -preguntó Lucero.
    Manuel el gato estaba sentado encima del frigorífico con los ojos cerrados y sin hacerles ningún caso. Manuel el hombre pensaba que estaba loca y que resultaba adorable.
    -Está loco de alegría.
    Lu se echó a reír y él hizo mentalmente una foto. Quería recordar siempre aquel momento. Estaban metidos en una conversación absurda en una cocina que era un horno sin electricidad, y no recordaba haber sido nunca tan feliz.
    Ella se puso de puntillas y lo besó en los labios.
    -Aunque no te guste admitirlo, eres un hombre muy agradable.
    Su ternura lo sorprendió.
    -¿No me has llamado beep hace poco?
    -No son mutuamente exclusivos. Se puede ser las dos cosas.
    Lo miraba de un modo que hacía que a él se le acelerara el corazón. Pero ella se equivocaba. El noventa y nueve por ciento del tiempo era beep y ella estaba despechada por lo de Pablo y le adjudicaba cualidades que no tenía.
    -Tendrás que hablar con Pablo -dijo.
    -No, no tengo que hacerlo. Pero supongo que lo haré.
    -Tienes que cerrar ese punto o tendrás que buscarlo más tarde para quitarte una adicción al Prozac -comentó él.
    -Me conoces muy bien -ella le tiró un paño de cocina a la cabeza.
    Él lo atrapó con la mano.
    -Parece que lo has asimilado bien.
    -No soy propensa a la histeria.
    Manuel enarcó las cejas, recordando la escena que había hecho ella cuando él había vuelto a la habitación. Había estado al borde de la histeria. Por él. Todavía le costaba creerlo.
    -Bueno -rectificó ella-. Si creo que alguien que me importa puede morir, eso es distinto, pero en líneas generales no soy propensa a la histeria -lo miró de arriba abajo y detuvo los ojos en la parte delantera de su pantalón-. Y tú me has ayudado a superar mi dolor por el rechazo.
    -Me alegro de haber servido de algo.
    -Puede que no me creas en absoluto, pero casi me siento aliviada. No de que Pablo sea gay y me haya engañado, eso me cuesta aceptarlo. Pero creo que los dos sabíamos que algo no funcionaba. Y cuando empecé a soñar contigo... bueno, eso hace que pienses que no estás preparada para meterte en el matrimonio.
    A Manuel lo sorprendía todavía haber sido el objeto de sus fantasías.
    -Los sueños no son un buen indicador -musitó-. ¿Habrías anulado el compromiso si Pablo no se hubiera acostado con otra persona?
    Lu pensó un momento la pregunta.
    -No lo sé. Espero que no. No lo odio, pero no me gusta su infidelidad ni que te haya encargado contármelo a ti.
    -¿Todavía lo quieres? Es evidente que lo has querido.
    -No estoy segura -ella se tocó el punto del dedo donde había estado su anillo de compromiso-. Lo quería. Y supongo que, cuando se me pase el enfado, lo querré todavía -él sintió un nudo en el estómago-. Pero no como debería quererlo para casarme con él. Nos divertimos juntos, pero entre nosotros no hay pasión auténtica.
    Lo miró a los ojos.
    -No hay intensidad. ¿Me comprendes? Manuel apartó la vista. La comprendía muy bien.
    -Pablo y yo no tenemos eso.
    Cierto que era una mujer adulta y podía tomar sus propias decisiones. Pero en algún punto había estado lo bastante segura para querer casarse con Pablo. Él sabía de primera mano que podía ser ilógica y emocional y no quería que tomara una decisión de la que luego se arrepintiera.
    -La pasión no dura. Se quema y evoluciona a otra cosa -dijo, haciendo de abogado del diablo.
    -No soy ninguna ingenua. No creo que la gente siga teniendo eso después de veinte años. O quién sabe. A lo mejor sí. Pero sí sé que debes tenerlo al principio. El amor no puede ser algo completamente cómodo, como unas pantuflas viejas. Tiene que ser como unos zapatos de tacón de aguja, sexy, excitante y que valga la pena la incomodidad. Y si eso es lo que ha encontrado Pablo, mejor para él.
    Se encogió de hombros y sonrió.
    -Eso es original -comentó él-. Nunca había oído comparar el amor con zapatos.
    -Yo no sabía que sentía así hasta que... bueno, hasta que empezaron los sueños. Y ahora que Pablo me ha obligado a reconsiderarlo todo... No sé lo que pensarás tú, pero yo creo que el sexo entre nosotros ha sido increíble.
    Manuel tendría que haber sido tonto o haber estado muerto para no haber sentido orgullo. Sonrió.
    -Lo ha sido, ¿verdad?
    -Y ya que hablamos de Pablo, quiero que sepas que no tengo intención de contarle lo que ha pasado esta noche.
    Aquello borró la sonrisa de su cara.
    -¿Porque te avergüenzas?
    -No -lo miró como si estuviera loco-. Porque es tu amigo y no quiero interponerme entre ustedes. Pero, sobre todo, porque no quiero que pienses que me he acostado contigo para vengarme de él. Me he acostado contigo porque me volvías loca en mis sueños y cuando te tuve aquí... fue aún peor.
    -¿Peor?
    -Tú ya me entiendes. El sonido de tu voz, el contacto de tus manos en mis hombros, tu olor...
    Lu lo excitaba sin ni siquiera tocarlo. Y sólo había una respuesta lógica para eso.
    Manuel la hizo retroceder hasta la encimera y la besó.


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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  lauriita29 el Jue Jun 28, 2012 4:31 pm

    Capitulo 14

    Lucero pasó las manos por el pecho sudoroso de Manuel. La reconciliación había subido su temperatura, pero la cocina era como un horno.
    Recordó algo que había leído una vez en una revista. Parecía el momento perfecto para probarlo.
    -¿Quieres un polo? Si la electricidad tarda mucho en venir, se van a derretir de todos modos. Por lo menos estará frío.
    Él se movió un poco, de modo que ella ya no estaba atrapada entre la encimera y el cuerpo duro de él.
    -Sí. Hace años que no tomo un polo.
    -Yo los compro cuando hace este calor. Son dulces y tienen menos calorías que los helados -abrió el congelador-. Estupendo. Siguen congelados. ¿Cereza, fresa o uva?
    -Definitivamente, cereza.
    Lu le pasó uno.
    -También es mi favorito.
    Desenvolvió el suyo y lo lamió despacio, primero por un lado y después por el otro.
    -Hum.
    Miró a Manuel, se metió el polo en la boca y chupó con fuerza. Lanzó un gemido.
    Manuel la miraba apretando el suyo en la mano.
    -No sé si puedo verte comer un polo sin tener un infarto -se apoyó en la encimera como si tampoco supiera si podían sostenerlo las piernas.
    Lu sonrió y mordisqueó la punta. Le encantaba ver cuánto lo excitaba. Se bajó el top y liberó sus pechos.
    -¿Qué te parece esto?
    Pasó el polo por los pezones.
    -¡Vaya! Esto te enfría con rapidez.
    Manuel hizo un ruidito con la garganta.
    -Lucero...
    Definitivamente, había un bulto en la bragueta de su pantalón.
    -¿Quieres que nos llevemos esto al dormitorio? Me parece que estaremos más cómodos allí -y no tenía intención de hacer el amor delante de su gato. Tomó un tazón.
    -Vamos -él le tomó la mano y casi la arrastró por el pasillo hasta el dormitorio.
    -Humm. Me gustan los hombres entusiastas.
    -Tu polo y tú han suscitado mi entusiasmo -repuso él.
    Ella levantó del suelo la toalla con la que había salido él a por el gato, la extendió en la cama y se sentó en el borde.
    Manuel intentó abrazarla, pero ella se escabulló.
    -Una cosa es el entusiasmo y otra la impaciencia. Todavía no es hora. Acabamos de empezar a disfrutar del polo.
    Volvió a pasarlo por los pezones y después por el vientre y por la parte de arriba de los muslos.
    -Lucero, por favor.
    Se sentía una mujer perversa...Y le gustaba.
    -Puedo decirte dónde necesito enfriarme un poco.
    Se tumbó de espaldas, apoyada en un codo. Colocó un pie sobre la cama y se abrió, con lo que Manuel pudo ver claramente lo húmeda que estaba ya.
    -Lucero... -gimió.
    El beso del hielo en la parte interior del muslo le provocó una sensación intensa. Acercó despacio el polo a los labios.
    Se sentía perversa y muy excitada. Introdujo un poco el polo y lo movió.
    -¡Oh!
    Estaba duro y helado y ella estaba caliente. Manuel se quitó los pantalones sin dejar de mirarla. Ella introducía y sacaba la punta del polo y se lamía los labios.
    Manuel se acercó al borde de la cama.
    -Chupa el mío.
    Lu estaba tan cerca del orgasmo que podría haber explotado cuando oyó el tono erótico de él. Manuel le rozó los labios con su polo y se lo introdujo en la boca.
    Lu no se había sentido nunca tan excitada como en ese momento. Estaba caliente por dentro, el polo se derretía en ella en un tiempo récord, deliciosamente frío contra su calor. Y la expresión de Manuel...
    Lamió el polo de él arriba y abajo.
    -Parece que tienes calor -dijo-. Yo sé cómo refrescarte. Con algo frío en la superficie y caliente por dentro.
    Manuel no esperó una segunda invitación. Se puso un preservativo y la penetró.
    -¡Oh! -exclamó Dulce. Nunca había sentido nada tan placentero como el tacto del pene de Manuel contra la piel fría. Calor y frío. Dureza y suavidad.
    Era tan agradable que sabía que no podría durar mucho.
    Manuel se despertó con un sobresalto. Tardó un momento en darse cuenta de que sonaba su móvil, que estaba en sus pantalones en algún lugar del suelo oscuro. Saltó de la cama y los buscó a tientas.
    Cuando consiguió encontrarlos, había dejado de sonar. Miró su reloj. ¿Quién podía llamar a esa hora de la madrugada?
    Lu se incorporó sobre un codo.
    -¿Quién llama?
    -Voy a verlo -marcó el buzón de voz.
    -Manuel, soy tu padre. Llámame cuando oigas esto. Espera, no puedes llamarme aquí -colgó.
    -Mi padre -dijo Manuel a Lucero, que estaba ya bien despierta-. Primero me pide que lo llame y después dice que no puedo llamarlo. Pero voy a probar de todos modos.
    Se sentía aprensivo. Sus padres no lo llamaban nunca. Aquello no podía ser nada bueno.
    Antes de que tuviera tiempo de hacer la llamada, sonó de nuevo su móvil.
    -¿Papá?
    -Manuel, gracias a Dios que contestas. Estoy en el hospital City North. Creemos que tu madre ha tenido un infarto.
    Las palabras de su padre fueron como un puñetazo en el estómago. Chris se sentó en la cama.
    -¿Dónde está ahora?
    -Aquí, en el hospital.
    -No, quiero decir si está en la UCI.
    -No. Le están haciendo un electro en Urgencias. Necesita que vengas -hubo una pausa-. Yo necesito que vengas.
    Manuel no vaciló. Para bien o para mal, eran sus padres.
    -Voy para allá. Puede que tarde, pero voy para allá. Llevo el móvil encima. Llámame si cambia algo.
    Colgó el teléfono y notó con sorpresa que le temblaban las manos.
    -¿Qué pasa?
    -Mi madre ha tenido un infarto -decir aquello en voz alta le hizo sentir náuseas.
    -¡Oh, Manuel! -Dulce lo abrazó por detrás-. ¿En qué hospital?
    -El City North.
    Ella lo soltó y salió de la cama. Abrió un cajón de la cómoda y se puso un pantalón corto de correr. Manuel se puso los vaqueros y la camiseta. Ella se puso un sujetador deportivo.
    -¿Qué haces? -preguntó él.
    -¿A ti qué te parece? Me visto. El City North está al noroeste de aquí. No tengo coche y no sé si podremos encontrar un taxi a estas horas, pero podemos ir corriendo -miró las botas Doc Marten de él-. Si crees que puedes correr con eso. Mis deportivas no te valen.
    -¿Podemos?
    Lu se recogió el pelo en una coleta y lo miró por el espejo de la cómoda.
    -Voy contigo.
    -No es necesario.
    -Sí lo es.
    -¿Y si no quiero que vengas?
    -¿Me estás diciendo que no me quieres allí?
    El problema era que lo asustaba hasta qué punto la quería allí. Lo asustaba lo fácil que era querer apoyarse en ella cuando había vivido tanto tiempo solo. ¿Y qué importaba que él la quisiera allí o no? Conocía a Lu y sabía que iría de todos modos.
    -¡Qué diablos! Vente si quieres.
    -Muy amable -ella lo besó en la mejilla-. Pero te perdono. Sé que estás preocupado por tu madre.
    Se puso unas deportivas y se ató los cordones con rapidez.
    Lo miró.
    -¿Estás listo?
    -Sí. ¿Seguro que sabes adónde vamos?
    -Seguro. Tengo un gran sentido de la orientación.
    -Me alegro. Yo no tengo ninguno.
    Manuel encendió una vela pequeña y apagó el candelabro de tres brazos. Lu apagó las velas que había dejado encendidas en la sala. Su apartamento parecía un horno. Todavía no habían empezado a correr y a Manuel le corría ya el sudor por la piel.
    Lucero se reunió con él en la puerta. Se colocó una riñonera.
    -Apaga esa vela y déjala aquí. Nos hará perder mucho tiempo en la escalera.
    Manuel la tomó de la mano y le dio un beso en la boca. Ella tenía pánico a la oscuridad, pero no quería retrasarlo en el viaje hasta su madre.
    -Eres una mujer increíble. La conservaremos en el primer tramo de escaleras para que podamos contar cuántas hay de un rellano a otro. Si luego se apaga, podemos contar en la oscuridad.
    -Buena idea -salieron al pasillo y ella cerró la puerta tras ellos-. La escalera está por aquí.
    Agarró la mano libre de él y lo condujo por el pasillo oscuro. Manuel abrió la puerta pesada que daba a las escaleras. Una vez allí, apretó la mano de Lu con más fuerza.
    -¿Preparada? -preguntó.
    -Vamos allá.
    Manuel contó en voz alta las escaleras hasta el primer rellano. Sólo faltaban seis pisos más. La vela había temblado varias veces en los últimos escalones y eso que no iban deprisa. A ese paso tardarían siglos en llegar abajo.
    Lu lo detuvo en el rellano del sexto piso.
    -Apágala, Manuel.
    -¿Estás segura?
    Ella respiró hondo.
    -¿Me darás la mano?
    -Prometo que no te soltaré pase lo que pase.
    -Entonces vamos -ella se volvió y sopló la vela, con lo que quedaron sumidos en la oscuridad.
    Al principio avanzaron con cautela y después acabaron formando un ritmo. Manuel contaba en voz alta y apretaba la mano de Lucero. Pronto llegarían al primer piso. No habían tardado mucho, pero seguro que a Lucero le había parecido una eternidad, a juzgar por el sudor que cubría su mano.
    Una ola de calor los golpeó al salir del edificio. De los tejados y las escaleras de incendios llegaban algunas voces y una mujer reía calle abajo. En la distancia sonó un claxon. La atmósfera festiva anterior había desaparecido del todo.
    -Es como un cuento de hadas donde hubieran echado un conjuro, ¿verdad? -preguntó ella.
    Manuel estaba de acuerdo. La ciudad que nunca dormía estaba sumida ahora en una duermevela intranquila.
    -Es como el gigante dormido, ¿verdad?
    -Exacto. Oye, sé que estás ansioso por llegar, pero no olvides que hay diez kilómetros y tenemos que controlar el paso. Creo que se pondrá bien, Manuel. Ya está en el hospital y en buenas manos.
    -Tú muestra el camino y yo te sigo.
    Lucero echó a correr en dirección este a través de la oscuridad, hacia Nueva Jersey, y Manuel la siguió. Al doblar una esquina, ella giró al norte. Manuel procuraba adaptarse a su paso y corrieron juntos un rato en silencio. Sólo pasaron a unos cuantos coches y algún peatón que otro.
    Necesitaba aquella carrera para calmarse. No estaba muy unido a sus padres, pero no quería que le ocurriera nada a su madre. Intentó poner voz a lo que sentía porque sabía que Lucero lo entendería.
    -No debería tener tanto resentimiento, Lucero, pero no puedo evitarlo. Siempre han sido un grupo de dos, conmigo mirando desde fuera. Ellos se tenían el uno al otro y yo tenía mi resentimiento. Fue mi compañero durante la infancia y la adolescencia. Son muchos años y ahora me cuesta abandonarlo. Pero lo más extraño es que la quiero mucho y... -se interrumpió, pues estaba al borde de las lágrimas.
    -Claro que la quieres, es tu madre. Y puedes tener mucho resentimiento, pero no implica que no los quieras. La vida es así. Nuestros padres nos fastidiaron a nosotros y nosotros lo haremos con nuestros hijos. Es la ley de la naturaleza. Pero eso no significa que no te quieran y no significa que tú no los quieras.
    Sus palabras calmaban el alma perturbada de él y el calor opresivo de la noche absorbía el golpeteo rítmico de sus pasos. Manuel ignoraba la mordedura de una ampolla en el talón izquierdo. Las Doc Marten no eran el zapato ideal para correr. Era increíble cómo hablar con ella hacía que se sintiera mejor.
    -¿Cómo llegaste a ser tan lista? -preguntó.
    Ella no tuvo tiempo de responder. Los alumbró un foco y una voz gritó:
    -¡Alto! ¡Policía!
    Lu tropezó y Manuel la sujetó por el brazo. Se pararon y se quedaron esperando en la acera.
    Cegados por la luz, oyeron cerrarse la puerta de un coche y unos pasos que se acercaban.
    -¿A qué viene tanta prisa? ¿No es raro ir corriendo vestido de negro en mitad de una noche así? ¿Huyen de algo o alguien en particular?
    Manuel no necesitaba en ese momento un policía arrogante. ¿Aquel hombre no tenía nada mejor que hacer?
    -¿No tiene nada...?
    Lu le dio un pisotón en el pie y lo interrumpió.
    -Buenos días, agente -dijo con su acento meloso del sur-.Vamos al hospital City North. La madre de Manuel ha tenido un infarto. Yo no tengo coche y no hay taxis, así que vamos corriendo -Lu sonrió al policía, que seguía siendo una silueta sin rostro fuera del círculo de luz-. Sé que parece raro, pero Manuel no tenía ropa de correr en mi apartamento y por eso corre vestido de negro.
    -¿De dónde es usted?
    ¡Maldición! Hacía un calor espantoso, era una hora horrible, estaban en
    mitad de un apagón y aquel poli se ponía a ligar con ella.
    -De Savannah.
    -Ah, un melocotón de Georgia.
    Lucero se echó a reír.
    -Y usted parece un chico malo de Nueva York.
    -Nacido y criado aquí. Eh, ¿qué les parece si los llevo al hospital?
    Antes ella había acusado a Manuel de ser muy macho y él no lo había sido nunca. Pero ahora sentía un impulso irreprimible de decirle a aquel poli que se metiera su coche...
    -Estaría muy bien. Nos gustaría llegar al hospital lo antes posible, ¿verdad, Manuel? -ella volvió a darle un pisotón.
    -Ah, sí. Cuanto antes mejor.
    Lu bajó de la acera y tiró de Manuel hacia el coche. El policía les abrió la puerta trasera. Lucero le sonrió.
    -Es usted muy amable.
    Subió al asiento de atrás con los pantalones cortos abrazando cada curva de su hermoso trasero. Y sí, el imbécil de la placa también se dio cuenta. Manuel subió detrás de ella. Unos barrotes de acero los separaban de la parte delantera. Era la primera vez que estaba en un coche patrulla. Sonó la radio y el policía dijo su posición y adónde se dirigía.
    Lu apretaba la mano de Manuel mientras conversaba con Dan Berthold, el policía-chófer. Con las calles desiertas, al agente Berthold no parecía importarle violar la ley que supuestamente tenía que defender y pocos minutos después paraban en el hospital, que destacaba como un rayo de luz en la oscuridad circundante.
    -¿Le importa dejarnos en Urgencias? -preguntó Lu.
    -Claro que no -Berthold rodeó el edificio hasta la puerta de Urgencias, paró el coche y saltó al suelo para abrir la puerta de atrás.
    A Manuel no le pasó desapercibido el modo en que miraba las piernas de Lucero cuando ella salía. Reprimió el impulso de darle un puñetazo. Atacar a un policía que lo había llevado con su madre no parecía buena idea, aunque se lo mereciera por mirar a Lu así.
    La joven le estrechó la mano.
    -Muchas gracias por todo.
    -Ha sido un placer -Berthold miró a Manuel-. Espero que se ponga bien, amigo.
    Le tendió la mano y Manuel se la estrechó. A lo mejor aquel hombre no era tan malo después de todo. Habían llegado mucho antes que corriendo.
    -Gracias por traernos.
    -De nada.
    Berthold lanzó una última mirada de apreciación al trasero de Lucero y subió al coche.
    -Le gustas.
    Lu puso los ojos en blanco.
    -Nos ha traído al menos un cuarto de hora antes que si hubiéramos venido corriendo - miró las puertas-.Vamos. Cuando entremos no te preocupes por mí. Te esperaré en el vestíbulo.
    Manuel se detuvo antes de empujar la puerta.
    -No. Quiero que vengas conmigo.
    -No me importa esperar en el vestíbulo. No quiero entrometerme.
    Él le acarició la barbilla con el dorso de la mano porque necesitaba tocarla.
    -Me gustaría mucho que vinieras conmigo.
    -Entonces iré -ella le tomó la mano-.Vamos a buscar a tu madre.
    Entraron en el caos brillante de Urgencias y la bendición del aire acondicionado. Manuel miró a su alrededor, sin saber adónde tenía que ir. Lu tiró de él.
    -¿Cómo se llama tu madre?
    -Letitia Marbury. No tomó el apellido de mi padre al casarse.
    Lu se acercó al mostrador y minutos después sabía ya dónde estaba su madre. Le puso una mano en el brazo.
    -Ve tú delante. Tengo que lavarme la cara.
    -Esperaré -ahora que estaba allí, no quería seguir por miedo a lo que podía encontrarse.
    -No. Vete. Necesitas unos minutos a solas con ellos. Yo iré en diez minutos -lo besó en la mejilla y lo empujó en dirección a los ascensores-
    Te prometo subir enseguida -le tocó el brazo-.Vamos, Manuel. Ella te espera.
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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  AmandaHLucero el Dom Jul 08, 2012 4:09 pm

    Ya te tardaste mucho para sub cap
    porfa ya quiero otro cap
    me tienes loca !
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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  diana lucerina el Dom Jul 08, 2012 8:35 pm

    SIGUELAAA CUUANTO MAS NOS VAS HACER ESPERAR??¿¿¿-.+
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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

    Mensaje  ultra lucerina el Jue Jul 19, 2012 1:49 pm

    Querenos Sub Cap Pero Ya como se te ocurre dejarnos haci wey!!!! Shocked affraid confused

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    Re: Noche Tentadora [Adaptada] *Capítulo 13 & 14*

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