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    Besar a un ángel Adaptada

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    ultra lucerina
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Mar Abr 30, 2013 3:59 pm

    Queremos continuación queremos Continuación !!!! jeje lol!
    Excelente WN me Fascina ;
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Mar Abr 30, 2013 9:49 pm

    Capitulo 113

    —Estás agotada —dijo Manuel cuando ella dejó el tenedor sobre el plato. —Los dos necesitamos dormir. Nos acostaremos temprano.
    Lucero se levantó de la mesa, cogió sus cosas y entró en el baño; se permitió el placer de darse una larga ducha. Cuando salió, la suite estaba a oscuras, alumbrada sólo por la tenue luz que se filtraba por la abertura en las cortinas. Manuel estaba acostado boca arriba en uno de los lados de la enorme cama.
    Ella estaba tan cansada que casi no se mantenía en pie, pero el pecho desnudo de Manuel impidió que se acercara a la cama.
    —Está bien —susurró él en la oscuridad. —No te tocaré, cariño.
    Lucero permaneció donde estaba hasta que se dio cuenta que le daba lo mismo si la tocaba o no. No le importaba lo que él hiciera porque no sentía nada.
    Manuel metió las manos en los bolsillos del impermeable y se apoyó en la cerca contra huracanes que marcaba el borde del recinto donde pasarían los dos días siguientes. Estaban en Monroe County, Georgia; la fresca brisa de esa mañana del mes de octubre traía la esencia del invierno.
    Brady se acercó a él.
    —Tienes un aspecto horrible.
    —Bueno, tú no pareces estar mucho mejor.
    —Mujeres —bufó Brady. —No se puede vivir con ellas, pero tampoco sin ellas.
    Manuel ni siquiera logró esbozar una sonrisa. Puede que Brady tuviera problemas con Sheba, pero al menos su relación con Heather iba viento en popa. Pasaban mucho tiempo juntos, y era un entrenador más paciente que nunca. Algo que daba frutos, porque las actuaciones de Heather habían mejorado sustancialmente.
    Lucero y él habían regresado diez días antes y todos se habían dado cuenta de que a Lucero le pasaba algo malo. Su esposa ya no se reía ni rondaba por el recinto con su coleta rebotando al viento. Era educada con todos —incluso ayudaba a Heather con los deberes, —pero todas las cualidades especiales que la hacían ser como era parecían haber desaparecido. Y todos esperaban que él tomara cartas en el asunto.
    Brady cogió un palillo del bolsillo do su camisa y se lo puso en la boca.
    —Lucero no parece la misma.
    —Son los primeros meses de embarazo, nada más.
    Brady no pareció convencido.
    —Echo de menos cómo era. Bueno, no echo de menos que meta la nariz en mis asuntos como solía hacerlo, eso te lo aseguro, pero sí que añoro la manera en que se preocupaba por todos. Parece que ahora sólo le interesan Sinjun y los elefantes.
    —Lo superará.
    —Supongo.
    Observaron en silencio cómo un camión descargaba heno. Manuel miró cómo Lucero lavaba a Puddin. Le había dicho que no quería que siguiera trabajando, pero ella le respondió que se había acostumbrado a hacerlo. Luego había intentado que se mantuviera alejada de los elefantes a excepción de Tater, temiendo que alguno le hiciera daño. Lucero lo había mirado sin responder y había hecho lo que le vino en gana.
    Brady se cruzó de brazos.
    —Creo que deberías saber que anoche volví a verla dentro de la jaula de Sinjun.
    —¡Maldita sea! Te juro que la esposaré para que se mantenga alejada de la jaula de ese tigre.
    —Me asusta cómo está. Odio verla así.
    —Bueno, pues no eres el único.
    —¿Por qué no haces algo?
    —¿Qué me sugieres? He hecho traer uno de mis coches desde Connecticut para que no tuviera que desplazarse en la camioneta, pero me dijo que le gustaba la camioneta. Le he comprado flores, pero las ignora. Intenté que nos trasladáramos a una caravana RV nueva, pero casi le dio un ataque cuando se enteró, así que lo dejé pasar. Ya no sé qué hacer. —Manuel se pasó una mano por el pelo. —Pero ¿por qué te cuento todo esto? Si supieras algo de mujeres no andarías detrás de Sheba.
    —No pienso discutir contigo.
    —Lucero se pondrá bien. Es sólo cuestión de tiempo.
    —Puede que tengas razón.
    —Te aseguro que la tengo.
    Si se lo repetía lo suficiente, tal vez se convertiría en realidad. La echaba de menos. Ahora Lucero ya no lloraba. Aquellas lágrimas repentinas que habían sido parte de ella como el aire que respiraba, habían desaparecido; era como si se hubiese anestesiado para no sentir nada. Recordaba cómo solía lanzarse a sus brazos desde la rampa del camión, su risa, cómo le acariciaba el pelo. La necesitaba como nunca había necesitado a nadie... Y para colmo, la noche anterior había tocado fondo.
    Hizo una mueca sólo de recordarlo.
    Estaba soñando que Lucero le sonreía como antes, con su cara iluminada por completo y ofreciéndose a él. Se había despertado acurrucado contra ella. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que habían hecho el amor y la deseaba demasiado para alejarse.
    Le deslizó la mano por la cadera y por el vientre redondeado. Ella se despertó al momento y se tensó bajo sus caricias, pero no se apartó. Ni siquiera se resistió cuando le separó los muslos y se colocó encima. Lucero se mantuvo inmóvil mientras él añadía un pecado más a la lista de los que ya había cometido contra ella. Se había sentido como un violador y esa mañana ni siquiera se había afeitado para no verse en el espejo.
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Mar Abr 30, 2013 10:51 pm

    Esta buenisimaaa siguelaaa!! Very Happy lol!
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Mar Abr 30, 2013 11:55 pm

    Lastima que ya se vaya a acabar Sad eso si me pone triste!!! pale Crying or Very sad
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Jue Mayo 02, 2013 9:52 pm

    Capitulo 114

    —Sigue hablando con Heather —dijo Brady. —Pero no como solía hacerlo. Heather está tan preocupada como todos nosotros.
    Heather terminó los tacos que Sheba había preparado y se limpió los dedos en la servilleta de papel.
    —¿Quieres saber lo que me dijo mi padre ayer por la noche?
    Sheba la miró desde el fregadero.
    —Claro.
    Heather sonrió ampliamente, luego resopló.
    —Me dijo: «Bueno, Heather, saca tus cosas del sofá. Que te quiera tanto no significa que quiera mancharme el culo de maquillaje.»
    Sheba se rio.
    —Tu padre sabe cómo engatusar a la gente.
    —Sheba, aquel día en el aeropuerto... —Heather parpadeó. —Mi padre tenía los ojos llenos de lágrimas.
    —Te quiere mucho.
    —Supongo que sí. —Su sonrisa se desvaneció. —Me siento culpable de ser tan feliz cuando Lucero está tan jodida. Ayer dije «joder» delante de ella y ni siquiera se inmutó.
    Sheba pasó un paño por la encimera de la cocina.
    —No hacéis más que hablar de ella. Me pone enferma.
    —Eso es porque no la soportas. No entiendo por qué. Quiero decir que sé que Manuel y tú estuvisteis saliendo y todo eso, pero a ti ya no te interesa él y Lucero está muy deprimida. ¿Qué es lo que tienes contra ella?
    —Lo que pasa es que Sheba no puede aguantar que haya alguien que no la considere el ombligo del mundo. —Brady estaba al lado de la puerta, aunque ninguna de las dos lo había oído entrar.
    Sheba se volvió hacia él hecha una furia.
    —¿No sabes llamar a la puerta?
    Heather suspiró.
    —¿Vais a empezar a discutir otra vez?
    —Yo no discuto —dijo Brady. —Es ella.
    —¡Ja! Se cree que puede decirme lo que tengo que hacer y no pienso consentirlo.
    —Eso es lo que él dice de ti —señaló Heather con paciencia. Y luego, aunque pensaba que gastaba saliva inútilmente añadió: —Si os casarais de una vez por todas estaríais tan ocupados dándoos órdenes mutuamente que nos dejaríais en paz a todos los demás.
    —¡No me casaría con él por nada del mundo!
    —¡No me casaría con ella aunque fuera la última mujer de la tierra!
    —Entonces no deberíais acostaros juntos. —Heather imitó lo mejor que supo a Lucero Markov. —Papá, sé que sales a hurtadillas todas las noches para dormir con ella, pero mantener relaciones sexuales con otra persona sin estar enamorado de ella es inmoral.
    Sheba se puso roja. Su padre abrió y cerró la boca un par de veces como si fuera una carpa dorada, luego comenzó a farfullar.
    —No sabes lo que dices, señorita. Sheba y yo sólo somos amigos, eso es todo. Tuvo problemas con el depósito de agua y yo...
    Heather puso los ojos en blanco.
    —No soy imbécil, papá.
    —Escúchame...
    —¿Qué clase de ejemplo crees que me estás dando? Ayer mismo leí algo sobre madurez psicológica en mis deberes, y parece que tengo dos cosas en mi contra.
    —¿Cuáles?
    —Perdí a mi madre y soy producto de una familia desestructurada. Eso y lo que veo que hacen los dos adultos más influyentes de mi vida hace que tenga muchas posibilidades de acabar embarazada antes de cumplir los veinte años.
    Brady arqueó las cejas hasta que prácticamente se perdieron en el nacimiento del pelo, y Heather llegó a pensar que perdería c! control. Aunque Brady ya no le daba el mismo miedo que antes, no era estúpida.
    —Me piro. Nos vemos, chicos.
    Cerró de un portazo al salir de la caravana.
    —¡Qué cabrita!
    —Siéntate —dijo Sheba. —Sólo intenta decirnos algo.
    —¿Qué?
    —Que deberíamos casarnos. —Sheba se llevó un trozo de carne a la boca. —Lo que demuestra lo poco que sabe de la vida.
    —No la has entendido bien.
    —Aún no se ha dado cuenta de lo incompatibles que somos.
    —Excepto ahí dentro. —Brady señaló con la cabeza el dormitorio de la parte de atrás.
    —Bueno, lo cierto es... —Una astuta sonrisa se extendió por la cara de Sheba— que parece que los chicos de las clases bajas tenéis vuestra utilidad.
    —Pues claro que la tenemos. —La tomó entre sus brazos y ella se apretó contra él. Comenzó a besarla, pero se apartó porque los dos tenían cosas que hacer y una vez que empezaban no habría nada que los detuviera.
    Brady notó la preocupación en los ojos de Sheba.
    —La temporada termina —dijo ella. —En un par de semanas estaremos en Tampa.
    —Nos veremos en invierno.
    —¿Quién ha dicho que quiera verte?
    Sheba mentía y los dos lo sabían. Estaban muy a gusto juntos, pero Brady tenía el presentimiento de que ella quería algo que él no podía darle.
    Enterró los labios en el pelo de Sheba.
    —Sheba, tengo que protegerme de ti. Creo que te amo, pero no puedo casarme contigo. Soy un hombre orgulloso y tú siempre estás pisoteando mi orgullo.
    Ella se tensó y se alejó de él, lanzándole una mirada tan desdeñosa que Brady se sintió como una cucaracha.
    —Creo que nadie ha hablado de matrimonio.
    Brady no sabía expresarse bien, pero había algo importante que quería decirle desde hacía tiempo.
    —Me gustaría casarme contigo, pero me resultaría imposible estar casado con alguien que disfruta humillándome todo el tiempo.
    —¿Qué dices? Tú también me humillas.
    —Sí, pero yo lo hago sin querer y tú no. Hay una gran diferencia. Lo cierto es que te crees mejor que los demás. Piensas que eres perfecta.
    —Nunca he dicho eso.
    —Entonces cuéntame algo malo de ti.
    —Ya no soy tan buena trapecista como antes.
    —No hablo de eso. Hablo de algo que tengas dentro, algo que no sea como debería ser. A todos nos pasa.
    —No me pasa nada malo, no sé de qué me hablas.
    Brady negó tristemente con la cabeza.
    —Te conozco, nena. Y hasta que no resuelvas eso, no hay esperanza para nosotros.
    La soltó y se dio la vuelta para marcharse, pero antes de que él llegara a la puerta, Sheba comenzó a gritar:
    —¡No sabes nada de mí! Que sea dura no quiere decir que sea una mala persona. ¡No lo soy, maldita sea! ¡Soy buena!
    —Además, eres una esnob —repuso él, mirándola. —Sólo te importa lo que tú sientes. Hieres a los demás. Estás obsesionada con el pasado y eres la persona más engreída que he conocido nunca.
    Por un momento Sheba se quedó atontada, pero luego volvió a gritar:
    —¡Mentiroso! ¡Soy buena! ¡Lo soy!
    El grito furioso de Sheba hizo que Brady se estremeciera. Supo que ella le atacaría y logró salir antes de que estrellara el plato de tacos contra la puerta.


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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  AnyeMl el Jue Mayo 02, 2013 10:56 pm

    SIGUELA Shocked affraid lol!
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Jue Mayo 02, 2013 11:02 pm

    Buenisimaaaaaa!!!! Siguela pronto!!! Very Happy lol!
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  mirkis el Vie Mayo 03, 2013 4:09 pm

    Siguela! Very Happy
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Vie Mayo 03, 2013 9:47 pm

    Capitulo 115

    Mientras daba vueltas esa noche por el recinto, Lucero se dio cuenta de que hubiera preferido seguir actuando con Manuel. Al menos hubiera estado ocupada. Cuando le había dicho que no iba a volver a la pista con él, no sintió ni alegría ni decepción. Le dio igual. En las últimas semanas había descubierto un dolor mucho más profundo que cualquiera que pudiera provocarle con el látigo.
    Observó el bullicio de la multitud al otro lado del recinto. Los niños cansados se aferraban a sus madres y los padres llevaban en brazos a los más pequeños con manchas de manzana de caramelo en las bocas. Antes, ver a esos padres hubiera hecho que los ojos se le llenasen de lágrimas de emoción, pues imaginaba a Manuel llevando en brazos a su hijo. Pero ahora tenía los ojos secos. Junto con todo lo demás, había perdido la capacidad de llorar.
    Como el circo permanecería allí esa noche, los empleados tenían la urde libre y se habían dirigido al pueblo en busca de comida y alcohol. El recinto se fue quedando en silencio. Mientras Manuel se ocupaba de Misha, ella se puso una de las viejas sudaderas de su marido y se movió entre los elefantes dormidos hasta llegar a Tater. Se arrodilló y se acurrucó entre las patas delanteras del animal y dejó que le apoyase la trompa en las rodillas.
    Se arrebujó dentro de la sudadera de Manuel. La suave prenda olía a él, a esa particular combinación de jabón, sol y cuero que ella habría reconocido en cualquier parte. ¿Llegaría a perder todo lo que amaba?
    Oyó unos pasos. Tater se incorporó sobre los cuartos traseros y Lucero vio un par de piernas enfundadas en vaqueros que no tuvo ninguna dificultad en reconocer.
    Manuel se puso en cuclillas a su lado y apoyó los codos en las rodillas, dejando colgar las manos entre ellas. Parecía tan triste que por una fracción de segundo quiso consolarlo.
    —Por favor, sal de ahí —susurró él. —Te necesito tanto.
    Lucero apoyó la mejilla contra la arrugada piel del pecho de Tater.
    —Creo que me quedaré aquí un rato más.
    Manuel hundió los hombros y pasó un dedo por el suelo.
    —Mi casa... es grande. Hay una habitación de invitados con una buena vista del bosque que hay al sur.
    Lucero soltó el aliento con un suave suspiro.
    —Hace frío esta noche. Va a nevar.
    —He pensado que podríamos convertirla en una habitación infantil. Es una estancia agradable, soleada, con un gran ventanal. Tal vez podríamos tener allí una mecedora.
    —Siempre me ha gustado la nieve.
    Los animales se movieron y uno de ellos bufó en sueños. Tater levantó la trompa de la rodilla de Lucero y la pasó por los hombros de Manuel. El tono suave de Manuel no disimuló su amargura.
    —¿No vas a perdonarme nunca? —Ella no dijo nada. —Te amo, Lucero. Te amo tanto.
    Ella oyó el sufrimiento en su voz, vio la vulnerabilidad en su cara y, si bien sabía que era debido a lo culpable que se sentía, Lucero había sufrido demasiado dolor para encontrar placer en infligírselo a otro, en especial a alguien que era tan importante para ella.
    —Tú no sabes cómo amar, Manuel.
    —Puede que eso fuera cierto antes, pero ya no lo es.
    Tal vez fuera por lo cómoda que se sentía bajo el corazón de Tater, o tal vez fuera el dolor de Manuel, pero Lucero sintió que la gélida barrera que rodeaba su corazón comenzaba a agrietarse. A pesar de todo, todavía lo amaba. Se había mentido a sí misma cuando se dijo que no lo hacía. Él era su alma gemela y su corazón siempre le pertenecería. Con esa certeza llegó un conocimiento más profundo y amargo. Si volvía a caer víctima del amor que sentía por él, podría acabar destruida y, por el bien del bebé, no podía permitir que eso ocurriera.
    —¿Es que no lo ves? Sólo te sientes culpable.
    —Eso no es cierto.
    —Eres un hombre orgulloso. Has violado tu código del honor e intentas arreglarlo. Lo entiendo, pero no voy a dejar que mi vida se base en unas palabras que no sientes de verdad. Este bebé es demasiado importante para mí.
    —El bebé también es importante para mí.
    Ella hizo una mueca de dolor.
    —No digas eso, por favor.
    —Te probaría mi amor si pudiera, pero no sé cómo hacerlo.
    —Tienes que dejarme ir. Sé que eso heriría tu orgullo y lo siento, pero vivir contigo así es demasiado duro para mí.
    Él no dijo nada. Ella cerró los ojos e intentó ocultarse tras la helada barrera que la había mantenido en pie hasta entonces, pero Manuel había provocado demasiadas grietas.
    —Por favor, Manuel—susurró entrecortadamente. —Por favor, deja que me vaya.
    La voz de Manuel apenas era un susurro.
    —¿Es eso lo que quieres de verdad?
    Lucero asintió con la cabeza.
    Jamás había pensado que lo vería tan derrotado, pero en ese momento la chispa que ardía en el interior de Manuel pareció apagarse.
    —Vale —dijo con voz ronca. —Que sea como tú quieras.
    Si eso era lo que quería, ¿por qué le dolía tanto?
    A su lado se movió una sombra, pero los dos estaban demasiado absortos en su sufrimiento para darse cuenta de que alguien más había escuchado la conversación
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  mirkis el Sáb Mayo 04, 2013 1:19 am

    Ahhh siguelaaa! affraid
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  diana lucerina el Sáb Mayo 04, 2013 12:28 pm

    sube massssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss!
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Dom Mayo 05, 2013 12:09 am

    Haahahhaha buenisima siguela yaaaaa !!! ahahahahah affraid affraid lol!
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Dom Mayo 05, 2013 12:15 am

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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  AnyeMl el Lun Mayo 06, 2013 11:50 am

    Qué nou se vaya Crying or Very sad Rolling Eyes
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Lun Mayo 06, 2013 9:53 pm

    Capitulo 116

    ¡Manuel!
    Él alzó la cabeza del motor de la grúa con rapidez en cuanto oyó la voz de Lucero gritando su nombre y sonando exactamente igual que solía hacerlo. Se sintió esperanzado. Quizás aún no se había acabado todo. Tal vez Lucero no quiso decir lo que dijo dos noches atrás y no tendría que llevarla al aeropuerto esa misma tarde.
    Arrojó al suelo la llave inglesa que estaba usando y se volvió para mirarla. Sus esperanzas se desvanecieron en cuanto vio la expresión de su esposa.
    —¡Sinjun no está! Han descargado a todos los animales y el no estaba entre ellos. También falta Trey.
    Brady salió desde detrás de la grúa donde estaba intentando ayudar a Manuel.
    —Seguro que es cosa de Sheba. Me apuesto lo que sea.
    La cara de Lucero palideció de ansiedad.
    —¿Te ha comentado algo?
    —No, pero se ha comportado como una verdadera arpía estos dos últimos días.
    Lucero miró a Manuel y, por primera vez desde que la había ido a buscar al zoológico de Chicago, él sintió que lo miraba de verdad.
    —¿Sabías algo de esto?
    —No, no me ha dicho nada.
    —Sabe lo que sientes por ese tigre —dijo Brady. —Supongo que lo ha vendido a tus espaldas.
    —Pero no puede hacer eso. ¡Es mío! —Lucero se mordió el labio como si se diera cuenta de que lo que había dicho no era cierto.
    —Antes fui a ver a Sheba —dijo Brady, —pero había desaparecido. Fue Shorty quien trajo su RV, pero el Cadillac no estaba por ningún lado.
    Lucero cerró los puños.
    —Le ha hecho algo terrible a Sinjun. Lo sé.
    Manuel quiso consolarla, pero sospechaba que Lucero tenía razón.
    —Haré algunas llamadas a ver si averiguo algo. ¿Por qué no habláis con los empleados por si alguien sabe algo?
    Pero nadie sabía nada. Durante las dos horas siguientes hablaron con todos y sólo descubrieron que nadie había visto a Sheba desde la tarde anterior.
    Lucero estaba cada vez más histérica. ¿Dónde estaba Sinjun? ¿Qué había hecho Sheba con él? Había descubierto bastantes cosas sobre el tráfico ilegal de animales viejos del circo, sabía que era improbable que el tigre acabara en un zoo. ¿Qué le ocurriría a su tigre?
    Se hizo tarde para llevar a Lucero al aeropuerto. Manuel había insistido en que ella se quedara con su padre hasta decidir lo que quería hacer, pero ahora eso no tenía importancia. Lucero Pasó junto al Lexus gris con matrícula de Connecticut —otra muestra más de lo culpable que se sentía Manuel— y se sentó en la parte trasera de la camioneta que la había trasladado durante todo el verano hasta llegar a esa desolada noche de octubre. Desde allí, observó el recinto.
    Pasó la primera función y luego la segunda. La gente llegó y se fue. Aquel lugar era la última parada antes de poner rumbo a Tampa. De nuevo los empleados del circo habían ido al pueblo junto con algunas de las showgirls y el recinto estaba desierto. Tenía frío, pero esperó a que Manuel se hubiera cambiado de ropa y se marchara a atender a Misha para regresar a la caravana.
    Desde la puerta vio su maleta, que yacía olvidada encima de la cama. Se acercó a ella mientras se quitaba la vieja sudadera gris. Tras terminar de desnudarse en silencio, comenzó a recolocar la ropa vacilando ante el desordenado cajón donde Manuel guardaba la suya. Se arrodilló, deprimida, y abrió el último cajón. Apartó a un lado los vaqueros de Manuel para ver lo que sabía que estaba oculto debajo: un sonajero barato de plástico, un patito amarillo, una caja de galletas con forma de animales, un babero con la imagen de un conejo y un ejemplar de un libro del doctor Spock.
    Había descubierto todo esos objetos unos días antes cuando estaba buscando otra cosa; Manuel nunca los había mencionado. En ese momento tocó el sonajero con la punta de un dedo e intentó imaginar por qué razón había comprado todo eso. Si pudiera permitirse creer que...
    No. No podía pensar eso, tenía demasiado que perder.
    Cerró el cajón y, cuando regresaba a la camioneta, vio el Cadillac de Sheba aparcado al lado de la RV y oyó gritos en el interior del circo. Manuel también los había oído y se acercó a la vez que ella. Se encontraron en la puerta trasera.
    —Quizá sería mejor que esperaras aquí —dijo él.
    Lucero lo ignoró y entró.
    El circo estaba iluminado por un solo foco, que arrojaba una luz difusa sobre la pista, dejando el resto en penumbra. Lucero se vio envuelta por los familiares olores a serrín, animales y palomitas de maíz. Iba a echarlo mucho de menos.
    Brady y Sheba estaban discutiendo al lado de la pista. Brady la asía del brazo claramente furioso.
    —Lucero no te ha hecho absolutamente nada. ¿Por qué la has tomado con ella?
    Sheba se zafó de él.
    —Hago lo que me da la real gana, y ningún carnicero como tú va a mangonearme.
    —¿No te cansas de ser una arpía?
    Lo que fuera que Sheba iba a decir murió en sus labios.
    —Vaya, vaya, mira a quién tenemos aquí.
    Lucero dio un paso adelante para enfrentarse a ella.
    —¿Qué has hecho con Sinjun?
    Sheba se tomó su tiempo para contestar, jugando con ella al gato y al ratón para demostrar su poder.
    —Sinjun ha salido rumbo a su nuevo hogar. Los tigres siberianos son animales muy valiosos, ¿lo sabías? Incluso los más viejos. —Se sentó en la primera fila de asientos y cruzó las piernas en una postura que parecía demasiado estudiada. —Ni siquiera yo sabía lo que ciertas personas pueden llegar a pagar por ellos.
    —¿De qué personas hablas? —inquirió Manuel, deteniéndose junto a Lucero. —¿Quién lo ha comprado?
    —Por ahora nadie. El caballero en cuestión no lo recogerá hasta mañana por la mañana.
    —Entonces, ¿dónde está?
    —Está a salvo. Trey está con él.
    A Manuel se le acabó la paciencia.
    —¡Déjate de rodeos! ¿A quién vas a vendérselo?
    —Había varias personas interesadas, pero Rex Webley ofreció el mejor precio.
    —Jesús. —La expresión de la cara de Manuel hizo que Lucero se estremeciera de inquietud.
    —¿Quién es Rex Webley? —preguntó.
    —No digas ni una sola palabra Sheba, esto es algo entre tú y yo —intervino Manuel, antes de que ella pudiera contestar.
    Sheba le dirigió una mirada condescendiente antes de volverse hacia Lucero.
    —Webley tiene un coto de caza ilegal en Texas.
    Lucero no lo entendió.
    —¿Un coto de caza ilegal?
    —Hay gente que le paga a Webley para ir a cazar ciertos animales allí —dijo Brady con disgusto.
    Lucero pasó la mirada de Sheba a Brady.
    —¿Para cazarlos? Pero nadie puede cazar tigres. Son una especie en peligro de extinción.
    Sheba se levantó y entró en la pista con decisión.
    —Eso hace que sean más valorados por los hombres ricos que ya están aburridos de cazar piezas comunes y a los que les importa un comino la ley.
    —¿Has vendido a Sinjun para que lo cacen y lo maten? —dijo Lucero con voz horrorizada cuando por fin comprendió lo que Sheba le estaba diciendo. Un montón de imágenes horribles cruzó por su cabeza.
    Sinjun no tenía el temor que un tigre normal siente hacia la gente. No se daría cuenta de que esos hombres querían lastimarle. En su mente vio su cuerpo abatido por las balas. Lo vio sobre la tierra con su pelaje negro y naranja manchado de sangre. Se acercó rápidamente a Sheba.
    —¡No te lo permitiré! Te denunciaré a las autoridades. Te detendrán.
    —No, no lo harán —repuso Sheba. —No es ilegal vender un tigre. Webley me ha dicho que su intención es exhibir a Sinjun en su rancho de caza. Eso no va contra la ley.
    —Sólo que no va a exhibirlo, ¿verdad? Lo va a matar. —Lucero se sintió mareada. —Iré a las autoridades. Lo haré. Detendrán todo esto.
    —Lo dudo —dijo Sheba. —Webley lleva años sorteando la ley. Tendrías que tener un testigo que jurara que vio cómo lo mataban, lo que no ocurrirá ni en sueños. Y en cualquier caso, sería demasiado tarde para hacer nada, ¿no?
    Lucero nunca había odiado tanto a otro ser humano.
    —¿Cómo puedes hacer esto? Si tanto me odias, ¿por qué no me haces daño a mí? ¿Por qué tienes que tomarla con Sinjun?
    Manuel entró en la pista y se enfrentó a Sheba.
    —Te pagaré el doble que Webley —ofreció.
    —Esta vez no conseguirás nada con tu dinero, Manuel. No comprarás a Sinjun como hiciste con Glenna. Puse una condición cuando apalabré la venta.
    Lucero lo miró con rapidez. Manuel no le había dicho que había sido él quien había comprado a Glenna. Sabía que había hecho los arreglos necesarios para que fuera instalada en el zoo Brookfield, pero no que había sido su dinero el que lo había hecho posible. La gorila tenía un nuevo y precioso hogar gracias a él.
    —¿Por qué haces esto? —preguntó él. —La gente de Webley no recogerá a Sinjun hasta el amanecer. —La expresión de Sheba se volvió astuta. —Será entonces cuando firme los papeles, pero siempre puedo cambiar de idea.
    —Ah, así que llegamos al meollo del asunto, ¿verdad, Sheba? —susurró Manuel con voz apenas audible.
    Sheba miró a Lucero, que todavía estaba fuera de la pista al lado de Brady.
    —Eso te gustaría, ¿verdad, Lucero? Que detuviera todo esto. Puedo hacerlo, ya lo sabes. Con una simple llamada telefónica.
    —Claro que puedes —siseó Manuel. —¿Qué tengo que hacer para que hagas esa llamada?
    Sheba se volvió hacia él y fue como si Brady y Lucero hubieran dejado de existir, quedando sólo ellos dos frente a frente en medio de la pista; algo para lo que ambos habían nacido. Sheba acortó la distancia que había entre ellos moviéndose sinuosamente, casi como una amante, pero no existía ni pizca de amor entre ellos.
    —Ya sabes lo que tienes que hacer.
    —Dímelo de todas maneras.
    Sheba se giró hacia Daisy y Brady.
    —Dejadnos solos. Esto es entre Manuel y yo.
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Mar Mayo 07, 2013 1:49 pm

    Awww'sss ME FASCINAAAA! esta Nove!!! *O* affraid affraid affraid cyclops
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  mirkis el Mar Mayo 07, 2013 2:10 pm

    Buenisima. Ojala Lucero no se vaya...siguelaaa Very Happy
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Miér Mayo 08, 2013 9:12 pm

    Capitulo 117

    —¡Esto es una locura! Eso es lo que es. ¡Si hubiera sabido lo que estabas maquinando, juro por Dios que te hubiera sacudido hasta que olvidaras tal gilipollez! —explotó Brady.
    Sheba ni siquiera se inmutó ante aquel arrebato de ira.
    —Si Lucero y tú no os vais de aquí, será el final del tigre.
    —Marchaos —dijo Manuel. —Haced lo que dice. Brady se volvió hacia él.
    —No dejes que te corte las pelotas. Lo intentará, pero no dejes que llegue a ese extremo —dijo con amargura. Parecía como si hubiese perdido la fe en todo lo que creía.
    —Lo intentaré —repuso Manuel suavemente.
    Lucero le dirigió una mirada suplicante, pero él estaba concentrado en Sheba y no se dio cuenta.
    —Venga, Lucero. Vámonos de aquí. —Brady le pasó el brazo por los hombros y la llevó hacia la puerta trasera. Tras tantos meses aprendiendo a luchar, Lucerointentó resistirse, pero sabía que Manuel era la única esperanza de Sinjun.
    Una vez fuera, respiró hondo. Era una noche fría y comenzaron a castañetearle los dientes.
    —Lo siento, Lucero. No pensé que llegaría tan lejos —susurró Brady, abrazándola.
    Dentro se oyó la desdeñosa voz de Manuel sólo un poco amortiguada por la lona de la carpa.
    —Eres una mujer de negocios, Sheba. Si me vendes a Sinjun te compensaré generosamente. Todo lo que tienes que hacer es poner el precio.
    Fue como si Brady y Lucero hubieran echado raíces en ese lugar; sabían que debían irse pero eran incapaces de hacerlo. Luego Brady cogió a Lucero de la mano y la hizo atravesar las sombras hasta la puerta trasera, donde no podían ser vistos pero tenían una vista parcial de la pista central.
    Lucero vio cómo Sheba acariciaba el brazo de Manuel.
    —No es tu dinero lo que quiero. Ya deberías saberlo. Lo que quiero es doblegar tu orgullo.
    Manuel se apartó, como si no pudiera soportar su contacto.
    —¿Qué ******* quieres decir?
    —Si quieres al tigre, tendrás que suplicar por él.
    —Vete al infierno.
    —El gran Manuel Markov tendrá que ponerse de rodillas y rogar.
    —Antes prefiero morir.
    —¿No lo harás?
    —Ni en un millón de años. —Manuel apoyó las manos en las caderas. —Puedes hacer lo que te dé la gana con ese puto tigre, pero no me pondré de rodillas delante de ti ni de nadie.
    —Me sorprendes. Estaba segura de que lo harías por esa pequeña boba. Debería haber imaginado que no la amas de verdad. —Por un momento Sheba levantó la mirada a las sombras de la cubierta, luego volvió a mirarlo. —Lo sospechaba. Debería haberme fiado de mi instinto. ¿Cómo podrías amarla? Eres demasiado despiadado para amar a nadie.
    —Tú no sabes lo que siento por Lucero.
    —Sé que no la amas lo suficiente como para ponerte de rodillas y suplicar por ella. —Lo miró con aire satisfecho. —Así que yo gano. Gano de todas maneras.
    —Estás loca.
    —Haces bien en negarte. Una vez me arrodillé por amor y no se lo recomiendo a nadie.
    —Jesús, Sheba. No hagas esto.
    —Tengo que hacerlo —la voz de la dueña del circo había perdido todo rastro de burla. —Nadie humilla a Sheba Quest sin pagarlo. Lo mires como lo mires, serás tú quien pierda hoy. ¿Estás seguro de que no quieres reconsiderarlo?
    —Estoy seguro.
    Lucero supo en ese momento que había perdido a Sinjun. Manuel no era como otros hombres. Se sostenía a base de acero, valor y orgullo. Si se rebajase, el hombre que era se destruiría. Inclinó la cabeza e intentó darse la vuelta para marcharse, pero Brady le bloqueaba el paso.
    —Sabes la ironía de todo esto, Lucero lo haría —dijo Manuel con voz tensa y dura. —Ni siquiera se lo pensaría dos veces. —Soltó una carcajada que no contenía ni pizca de humor. —Se pondría de rodillas en menos de un segundo porque tiene un corazón tan grande que es capaz de responder por todos. No le importan ni el honor ni el orgullo ni nada por el estilo si el bienestar de las criaturas que ama está en peligro.
    —¿Y qué? —se burló Sheba. —No veo aquí a Lucero. Sólo te veo a ti. ¿Qué será, Manuel, tu orgullo o el tigre? ¿Vas a renunciar a todo por amor o te aferrarás a ese orgullo que tanto te importa?
    Hubo un largo silencio. Cuando las lágrimas comenzaron a deslizarse por la cara de Lucero, ésta supo que tenía que escapar. Pasó junto a Brady, pero se detuvo cuando oyó el fiero comentario de éste.
    —Qué hijo de puta.
    Se giró con rapidez y vio que Manuel seguía de pie frente a Sheba, en silencio, con la cabeza alta, pero sus rodillas comenzaban a doblarse. Esas poderosas rodillas Romanov. Esas orgullosas rodillas Markov. Poco a poco, su marido se dejó caer en el serrín, pero Lucero supo que jamás había parecido más arrogante, ni más inquebrantable.
    —Suplícamelo —susurró Sheba.
    —¡No! —la palabra surgió de lo más profundo del pecho de Lucero. ¡No dejaría que Sheba le hiciera eso, ni siquiera por Sinjun! ¿De qué serviría salvar a un magnífico tigre si con ello destruía a otro? Atravesó la puerta a toda velocidad y entró en la pista, haciendo volar el serrín mientras corría hacia Manuel. Cuando llegó hasta su marido lo cogió del brazo y tiró de él para que se pusiera en pie.
    —¡Levántate, Manuel! ¡No lo hagas! No se lo permitas.
    Él no apartaba la mirada de Sheba Quest. Sus ojos parecían llamas ardientes.
    —Tú me lo dijiste una vez, Lucero. Nadie puede humillarme. Sólo yo puedo rebajarme.
    Manuel levantó la cabeza, con la boca fruncida en un gesto de desprecio. Aunque estaba de rodillas, jamás había parecido tan regio. Era el zar en persona. El rey de la pista central.
    —Te lo ruego, Sheba —dijo con firmeza. —No permitas que le ocurra nada a ese tigre.
    Lucero se aferró al brazo de Manuel y se dejó caer de rodillas a su lado.
    Brady soltó una exclamación.
    Y Sheba Quest curvó los labios en una media sonrisa. La expresión que tenía en la cara era una irritante combinación de admiración y satisfacción.
    —Qué ******* eres. Al final será verdad que la amas después de todo.
    Miró a Lucero, arrodillada al lado de Manuel.
    —Por si aún no te has dado cuenta, Manuel te ama. Tu tigre estará de vuelta mañana por la mañana. Ya me lo agradecerás en otro momento. Ahora, ¿tengo que seguir haciendo yo el trabajo sucio o piensas que puedes encargarte tú sola de esto sin volver a joderlo todo?
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  mirkis el Jue Mayo 09, 2013 3:42 am

    Buenisima novelaaaaa! Ya quiero otro capitulo! Very Happy
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Jue Mayo 09, 2013 8:36 pm

    Otro Cap Otro Cap Otro Cap!!! ANDALEEEEE!! OTRO CAPITULOOO!! *O* lol! lol! lol!
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Jue Mayo 09, 2013 9:35 pm

    Capitulo 118

    Lucero clavó la mirada en ella, tragó saliva, y asintió con la cabeza.
    —Bien, porque ya estoy harta de que todos estén preocupados por ti.
    Brady comenzó a maldecir por lo bajo.
    Manuel entrecerró los ojos.
    Y Sheba Quest, la orgullosa reina de la pista central, pasó majestuosamente junto a ellos con la cabeza en alto y su brillante pelo rojizo ondeando como un estandarte del circo.
    Brady la alcanzó antes de que llegara a la puerta trasera, pero antes de que él pudiera decir algo, ella se volvió y le clavó el dedo índice en el pecho con tanta fuerza como pudo.
    —¡Y que nunca vuelva a oírte decir que no soy buena persona!
    Lentamente, una picara sonrisa reemplazó la mirada atontada en la cara de Brady. Sin decir palabra, se inclinó y se la cargó al hombro.
    Arrodillados todavía en el serrín de la pista, Lucero sacudió la cabeza con desconcierto y miró a Manuel.
    —Sheba lo tenía planeado todo. Sabía que Brady y yo no podríamos resistirnos a escuchar a escondidas. De alguna manera sabía cómo me sentía y ha preparado toda esta charada para que vea que es verdad que me amas.
    Los ojos que cayeron sobre ella eran tan duros y fríos como el ámbar, y además estaban furiosos.
    —Ni una palabra. —Ella abrió la boca. —¡Ni una palabra!
    El orgullo de Manuel había quedado maltrecho y no se lo estaba tomando demasiado bien. Lucero supo que tenía que actuar con rapidez. Después de haber llegado hasta ahí, no iba a perderlo ahora.
    Le empujó en el pecho con todas sus fuerzas y, pillado por sorpresa, Manuel cayó en el serrín. Antes de que pudiera incorporarse, ella se sentó a horcajadas sobre él.
    —No seas tonto, Manuel. Te entiendo. —Le metió los dedos entre los oscuros cabellos. —Te lo ruego. Hemos llegado demasiado lejos para que hagas el tonto ahora; ya lo he hecho yo por los dos. Aunque en parte fue por tu culpa, que lo sepas. Me has repetido tantas veces que no sabías amar que, cuando realmente lo hiciste, pensé que sólo te sentías culpable. Debería haberlo sabido. Debería...
    —Deja que me levante, Lucero. Ella sabía que podía quitársela de encima con facilidad, pero también sabía que no lo hacía por el bebé. Y porque la amaba.
    Se inclinó hacia él. Le rodeó el cuello con los brazos y apretó la mejilla contra la suya. Extendió las piernas sobre las de él y apoyó los dedos de los pies encima de sus tobillos.
    —Creo que no. Ahora estás un poco furioso, pero se te pasará en un par de minutos, en cuanto lo reconsideres todo. Hasta entonces, no pienso dejarte hacer nada que puedas lamentar más tarde.
    Lucero creyó sentir que él se relajaba, pero no se movió, porque Manuel era un tramposo redomado y esa podía ser una de sus tácticas para pillarla con la guardia baja.
    —Levántate ya, Lucero.
    —No.
    —Acabarás lamentándolo.
    —Tú no me harías daño.
    —¿Quién ha dicho nada sobre hacer daño?
    —Estás furioso.
    —Soy muy feliz.
    —Estás muy furioso por lo que Sheba te ha obligado a hacer.
    —Ella no me obligó a hacer nada.
    —Te aseguro que sí. —Lucero alzó la cabeza para dirigir una amplia sonrisa a aquella cara ceñuda. —Lo ha hecho muy bien. De veras. Si tenemos una niña podemos llamarla como ella.
    —Sobre mi cadáver.
    Lucero inclinó de nuevo la cabeza y esperó, acostada sobre él como si fuera el mejor colchón anatómico del mundo.
    Manuel le rozó la oreja con los labios.
    —Quiero casarme antes de que nazca el bebé —susurró Lucero acurrucándose más contra él. Sintió la mano de Manuel en su pelo.
    —Ya estamos casados.
    —Quiero hacerlo de nuevo.
    —Dejémoslo sólo en hacerlo.
    —¿Te vas a poner vulgar?
    —¿Te levantarás si lo hago?
    —¿Me amas?
    —Te amo.
    —No suena como si me amases. Suena como si estuvieras rechinando los dientes.
    —Estoy rechinando los dientes, pero eso no quiere decir que no te quiera con todo mi corazón.
    —¿De veras? —Lucero alzó de nuevo la cabeza y le brindó una sonrisa radiante. —Entonces, ¿por qué tienes tantas ganas de que me levante?
    Manuel esbozó una sonrisa picara.
    —Para poder probarte mi amor.
    —Empiezas a ponerme nerviosa.
    —¿Temes no ser lo bastante mujer para mí?
    —Oh, no. Definitivamente eso no me pone nerviosa. —Lucero inclinó la cabeza y le mordisqueó el labio inferior. En menos de un segundo, él lo convirtió en un beso profundo y sensual. A Lucero se le saltaron las lágrimas porque todo era maravilloso.
    Manuel comenzó a besarle las lágrimas y ella le acarició la mejilla.
    —Me amas de verdad, ¿no?
    —Te amo de verdad —dijo él con voz ronca. —Y esta vez quiero que me creas. Te lo ruego, cariño.
    Ella sonrió a través de las lágrimas.
    —Te creo. Vámonos a casa.
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  diana lucerina el Sáb Mayo 11, 2013 10:47 am

    subi masssssss
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  mirkis el Sáb Mayo 11, 2013 4:02 pm

    Queremos otro capitulo Very Happy
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Dom Mayo 12, 2013 1:02 am

    MASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS affraid
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Lun Mayo 13, 2013 9:30 pm

    Capitulo 119

    Lucero y Manuel se casaron por segunda vez diez días después en un campo al norte de Tampa. La ceremonia tuvo lugar al amanecer porque la novia insistió en contar con la presencia de un invitado que los demás hubieran preferido que olvidara.
    Sinjun descansaba a los pies de Lucero, y ambos estaban unidos por una larga correa plateada. Un extremo rodeaba el cuello del tigre y el otro envolvía la muñeca de la joven. Como resultado de la presencia del felino, el número de personas que asistían a la ceremonia nupcial a las seis de esa mañana de octubre era bastante reducido. Y parecían bastante nerviosas.
    —No sé por qué no pudo dejarlo en la jaula —le susurró Sheba a su marido, el hombre con quien se había casado unos días antes en una ceremonia celebrada en la pista central que finalizó con una actuación en el trapecio de los hermanos Tolea.
    —A mí me vas a hablar de mujeres tercas —repuso él. —Estoy casado con una.
    Ella le dirigió una mirada de complicidad.
    —Tienes suerte.
    —Sí—asintió Brady, —tengo suerte.
    Al lado de ellos, Heather acarició la trompa de Tater mientras miraba a Lucero con aire crítico. Si ésa fuera su boda, decidió, llevaría puesto algo más bonito que unos viejos vaqueros, sobre todo —y Heather lo sabía de buena tinta— cuando no podía abrocharlos en la cintura. De hecho, se había puesto una de las enormes camisas azules de Manuel para ocultarlo.
    De todas formas, Lucero estaba muy guapa. Tenía las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes, y se había puesto una tiara de brillantes en forma de margaritas en el pelo. Manuel se la había regalado por sorpresa, junto con un anillo de diamantes tan grande que era una suerte para todos que aún no hubiera salido el sol o se habrían quedado ciegos.
    Ese verano había habido tantos cambios en la vida de Heather que todavía le costaba asimilarlos. Sheba no iba a vender el circo de los Hermanos Quest y a Heather le parecía genial que su padre y ella estuvieran intentando tener un bebé. Sheba era una madrastra la mar de guay. Le había dicho a Heather que podía empezar a salir con chicos ese año, aunque su padre había añadido que lo haría sobre su cadáver, y se había convertido en una persona casi tan cariñosa como Lucero.
    Lucero le había comentado a Heather que se matricularía en la universidad donde daba clases Manuel tan pronto como naciera el bebé para poder trabajar después en una guardería, y que los dos se irían a Rusia en diciembre para adquirir piezas para ese museo tan grande del que Manuel era asesor. A pesar de todo, harían la gira del verano siguiente con el circo de los Hermanos Quest, y Lucero incluso le había dicho que volvería a actuar con Manuel en la pista central. Le había confesado que ya no le daban miedo los látigos porque ya había experimentado lo peor que podía pasarle.
    Manuel comenzó a formular sus votos con una voz ronca y profunda y, cuando bajó la mirada hacia Lucero, su expresión era tierna como si tuviese ante sus ojos lo que más amaba en el mundo. Lucero, naturalmente, rompió a llorar y Jill tuvo que ofrecerle un pañuelo de papel. La joven respiró hondo y se dispuso a decir sus votos.
    —Yo, Lucero Devreaux Markov, te tomo a ti... —Hizo una pausa.
    Manuel la miró y arqueó una ceja.
    —No me digas que has vuelto a olvidarte de mi nombre. —Parecía exasperado, pero Heather hubiera jurado que quería reírse.
    —Claro que no. Es que no conozco tu primer nombre y acabo de darme cuenta ahora.
    —Ah... —Manuel se inclinó y se lo susurró al oído.
    —Perfecto. —Lucero sonrió entre lágrimas y volvió a mirarlo a los ojos. —Yo, Lucero Devreaux Markov, te tomo a ti, José Manuel Romanov Markov... Mientras Lucero seguía hablando, Manuel le apretó la mano y Heather hubiera jurado por Dios que él también tenía lágrimas en los ojos.
    Sinjun se levantó y se estiró hasta alcanzar toda su longitud. Sheba se puso nerviosa y se arrimó al brazo de Brady buscando protección. A Heather no es que le volviera loca el tigre, pero no era tan miedica como Sheba.
    Su madrastra había dado una gran sorpresa a la pareja cuando les entregó a Sinjun como regalo de boda. Manuel ya había mandado construir un lugar para el tigre detrás de su casa en Connecticut. Seguro que molaba ser tan rico. Aunque nadie lo hubiera mencionado, Heather pensaba que Tater pasaría también el invierno en el granero que Manuel tenía en Connecticut en lugar de quedarse con el resto de los elefantes en Tampa.
    —Yo os declaro marido y mujer.
    Lucero y Manuel se miraron el uno al otro y, por un instante, dio la impresión de que se habían olvidado del resto del mundo. Por fin, Manuel recordó que era el momento del beso y se inclinó para besar a su esposa. Heather no pudo asegurar que fuera un beso francés, pero no le hubiera extrañado nada. Mientras se besaban, Tater los espolvoreó con briznas de heno como si éstas fueran arroz.
    Todos se echaron a reír menos Sheba, que seguía pendiente de Sinjun.
    Lucero soltó la correa del tigre. Luego lanzó un gritito de alegría y rodeó el cuello de Manuel con los brazos. Él la alzó y la hizo girar, aunque lo hizo con mucho cuidado para no lastimar al bebé.
    Cuando se detuvo, la besó de nuevo.
    —He conseguido a la mejor mujer Markov de todas.
    Lucero adoptó esa mirada tan descarada que incluso Heather pensaba que era preciosa.
    —Y yo tengo al mejor de los hombres Markov.
    Todo aquello le parecía tan ridículo que Heather comenzó a sentir vergüenza ajena, pero no se cortó un pelo a la hora de vitorear, porque le gustaban los finales felices.
    Luego se dio cuenta de que aquello no era un final en absoluto. Al mirar a su alrededor, a todas esas personas que amaba, supo que sólo era el comienzo de una nueva vida.
    Fin

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