Spaw's por siempre♥


    Besar a un ángel Adaptada

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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Jue Ago 02, 2012 4:55 pm

    Yesse sino te eh dicho que me EN-CAN-TA esta WN pues te lo digo Me EN-CAN-TA esta WN la AMO y por eso te
    pido que la sigas lo mas pronto posibleeee o sino morireee!!!!!! SiiiiiGueeeeeLaaaaa!!!! lol! lol! lol! lol! lol!
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Mar Ago 14, 2012 1:46 am

    Capitulo 62


    Se detuvo detrás de él mientras éste estaba trajinando en la grúa de montaje del circo. La camiseta húmeda se le pegaba a los firmes músculos de la espalda. Recordó el tacto de esa piel tensa bajo las manos, pero en lugar de excitarla ese recuerdo hizo que sintiera asco de sí misma. Sheba Quest, la reina de la pista central, le había rogado a ese hombre que la amara y él la había rechazado. El rencor hizo que se le revolviera el estómago.

    —Tenemos que hablar sobre tu número.

    Él cogió un trapo grasiento y se limpió las manos con él. Manuel siempre había sido un mecánico de primera y reparar la grúa no era un problema para él, aunque ahora mismo Sheba no sentía ningún tipo de gratitud por el dinero que le ahorraba.

    —Dime.

    La mujer levantó la mano para protegerse los ojos del sol, tomándose su tiempo, haciéndole esperar. Tardó un buen rato en hablar.

    —Deberías hacer algún cambio. No lo has hecho desde la última gira y aún queda demasiada temporada para seguir repitiendo lo mismo.

    —¿Qué has pensado?

    Sheba cogió las gafas de sol con las que se retiraba d pelo de la cara.

    —Quiero que Lucero intervenga en tu número.

    —Olvídalo.

    —¿Crees que no podrá hacerlo?

    —Sabes muy bien que no.

    —Bueno, pues tendrá que hacerlo. ¿O es que ahora es ella quien lleva los pantalones en tu casa?

    —¿Qué pretendes, Sheba?

    —Lucero es ahora una Markov. Es hora de que comience a comportarse como tal.

    —Eso es asunto mío, no tuyo.

    —No mientras yo siga siendo la dueña del circo, Lucero sabe cómo meterse al público en el bolsillo y tengo intención de aprovecharlo. —Le dirigió a Manuel una larga y dura mirada. —Quiero que actúe en el espectáculo, Manuel, te doy dos semanas para prepararla. Si se niega a hacerlo recuérdale que, si quiero, todavía puedo denunciarla.

    —Estoy harto de tus amenazas.

    —Entonces limítate a pensar en lo que es mejor para el espectáculo.

    --------------------------

    Manuel terminó de reparar la grúa y se dirigió a la caravana para lavarse las manos llenas de grasa. Mientras tomaba el cepillo de las uñas y el jabón de debajo del fregadero, se obligó a reconocer que Sheba tenía razón. Lucero sabía cómo camelar al público y, aunque no había querido admitirlo antes, ya había pensado en incluirla en el número. Su reticencia provenía de lo difícil que sería entrenarla.

    Todas las ayudantes con las que había trabajado en el pasado habían sido artistas con experiencia y no les daban miedo los látigos. Pero Lucero sentía terror. Si se sobresaltaba cuando no debía...

    Ahuyentó ese pensamiento. Podía entrenarla para que no se sobresaltase y permaneciese completamente inmóvil. Su tío Sergey lo había entrenado a él y lo había hecho tan bien que incluso cuando la función terminaba y aquel pervertido hijo de pu** lo hostigaba por alguna ofensa imaginaria, Manuel no había movido ni un solo músculo.

    Su mente había recorrido aquel tortuoso camino de su infancia más veces de las que quería recordar y no quería remover aquella mier** otra vez, así que apartó a un lado aquellos viejos recuerdos. Había otra ventaja en utilizar a Lucero como ayudante, una más importante que el simple hecho de cambiar el número, le daría a él una razón válida para mandarle menos trabajo, una razón contra la que ella no podría discutir.

    Aún no podía creer que Lucero se hubiera negado a permitir que le facilitara las cosas. Esa mañana Manuel había vuelto a insistir, pero algo en la expresión de su esposa lo había hecho desistir. El trabajo era importante para ella; se había dado cuenta de que Lucero lo consideraba una especie de prueba de supervivencia.

    Pero a pesar de lo que ella pensaba, él no tenía intención de permitir que acabara agotada. Lo supiera Lucero o no, actuar en la pista central con él era mucho menos duro que recoger estiércol de elefante. O limpiar jaulas.

    Mientras se lavaba las manos y se las secaba con una toalla de papel, recordó lo frágil que la había sentido bajo ellas la noche anterior. La manera de hacer el amor de su esposa había sido tan buena que lo asustaba. No se lo había esperado, nunca se hubiera imaginado que Lucero tuviera tantas facetas: inocente y tentadora, infantil e insegura, agresiva y generosa. Había querido conquistarla y protegerla al mismo tiempo, y ahora estaba jodidamente confundido.

    Al otro lado del recinto, Lucero salió del vagón rojo. A Manuel no le agradaría descubrir que había hecho un par de llamadas a larga distancia con su móvil, pero ella estaba más que satisfecha con lo que había aprendido del guardián del zoo de San Diego. El hombre le había sugerido algunos cambios que ella intentaría llevar a cabo: tenía que reajustar la dieta de los animales, darles vitaminas extras y cambiar los horarios de alimentación.

    Caminó hacia la caravana, donde había visto dirigirse a su marido unos minutos antes. Al terminar las tareas en la casa de fieras había ido a echarle una mano a Digger, pero el hombre le había dicho con un gruñido que no necesitaba su ayuda, así que Lucero había decidido aprovechar esas horas libres para ir a la biblioteca de la localidad. La vio al pasar por el pueblo y quería investigar un poco más sobre los animales. Pero antes tenía que conseguir que Manuel le dejara las llaves de la camioneta, cosa que, hasta entonces, no había conseguido.

    Cuando ella entró en la caravana, él estaba delante del fregadero lavándose las manos. La atravesó una especie de vértigo absurdo. Manuel era demasiado grande para un lugar tan estrecho y Lucero pensó que aquella oscura presencia que él poseía, parecía mucho más adecuada para vagar por un páramo inglés del siglo XIX que para viajar con un circo itinerante del siglo XX. Manuel se volvió y ella contuvo el aliento ante el impacto de esa mirada color ámbar.

    —¿Podrías dejarme las llaves de la camioneta? —dijo Lucero cuando recuperó la voz. —Tengo que hacer unos recados.

    —¿Vas a ir a comprar tabaco?

    —Por si no te has dado cuenta, he dejado de fumar.

    —Estoy orgulloso de ti. —Manuel lanzó la toalla de papel a la basura y Lucero observó cómo la camiseta se le pegaba al pecho húmedo de sudor. Tenía una mancha de grasa en el brazo. —Te llevaré dentro de una hora o así.

    —Puedo ir sola. Esta mañana vi una lavandería al lado de la biblioteca del pueblo. He pensado que podría hacer la colada y, al mismo tiempo, pillar algún libro. ¿Te parece bien?

    —Genial. Pero prefiero llevarte yo.

    —¿Tienes miedo de que te robe la camioneta?

    —No. Es sólo que... la camioneta no es mía. Es del circo y no creo que tú debas conducirla.

    —Soy una conductora excelente. No voy a darle ningún golpe.

    —Eso no puedes asegurarlo.

    Lucero tendió la mano decidida a salirse con la suya.

    —Por favor, dame las llaves.

    —Te acompañaré y aprovecharé para coger un libro de la biblioteca.

    Ella le dirigió su mirada más intimidante.

    —Las llaves, por favor.

    Él se frotó la barbilla con los dedos como si considerase la idea.

    —Hagamos un trato. Desabróchate la camisa y te daré las llaves.
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  diana lucerina el Mar Ago 14, 2012 2:35 pm

    affraid affraid affraid affraid lol! lol! lol! lol! lol! GUELA!!!!! [/color]
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Mar Ago 14, 2012 4:10 pm

    Ahahahahahahahahahhaahhahah Siguelaaaaaaa yayyayayayayyayayayay affraid affraid affraid
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Mar Ago 14, 2012 8:16 pm

    Capitulo 63

    —¿Qué?

    —Es mi mejor oferta. O la tomas o la dejas.

    Al observar el brillo divertido en los ojos de Manuel, Lucero se preguntó cómo alguien tan serio podía tener una naturaleza tan juguetona cuando se trataba de sexo.

    —¿De verdad esperas que yo...?

    —Aja. —Manuel se apoyó en el fregadero y se cruzó de brazos, esperando.

    Una ardiente llamarada de excitación atravesó el cuerpo de Lucero al ver el deseo en los ojos de Manuel. No estaba segura de estar preparada para otro encuentro sexual con él, pero por otra parte... ¿qué daño podía hacerle jugar un rato? La humedad de la blusa le recordó que llevaba toda la mañana trabajando y que estaba sucia. Aunque por otro lado, él también lo estaba y, después de todo, sólo retozarían un poco. Entonces ¿qué importaba lo demás?

    Lo miró por encima del hombro con un gesto altivo.

    —No acostumbro a utilizar mi cuerpo como moneda de cambio. Es ofensivo.

    —Siento que pienses así. —Sacó las llaves del bolsillo y, con exagerada inocencia, las lanzó al aire y las cogió con la mano.

    La suave piel de los pechos de Lucero se erizó bajo la húmeda camisa y los pezones se le pusieron como guijarros.

    —¿De verdad te gustaría que hiciera algo así?

    —Cariño, me encantaría.

    Conteniendo una sonrisa, Lucero se desabrochó lentamente el botón superior.

    —Está bien, pero sólo una miradita. —Una vocecilla interior le dijo que estaba jugando con fuego, pero la ignoró.

    —Con una miradita conseguirás la llave de la puerta, pero no la del contacto.

    Lucero se desabrochó otro botón.

    —¿Qué tendría que hacer para conseguir la llave del contacto?

    —¿Llevas sujetador?

    —Sí.

    —Pues quitártelo.

    Lucero sabía que debería poner fin al juego en ese momento, pero se desabrochó el siguiente botón.

    —Bueno, supongo que como eres el responsable de la camioneta, es normal que pongas tú las reglas.

    Se tomó su tiempo con los últimos botones. Cuando estuvieron todos abiertos, agarró las solapas de la blusa y jugueteó con ellas, tomándole el pelo, aunque sabía que lo estaba provocando.

    —Quizá debería pensármelo un poco más.

    —No hagas que me ponga duro. —El ronco susurro de Manuel no era amenazador, pero hizo que Lucero se pusiera a temblar.

    —Ya que te pones así... —abrió la blusa, mostrando un sujetador con un estampado floral.

    —Quítatelo también.

    Lucero se lo acarició con la mano, pero no lo abrió.

    —Haz lo que te digo y nadie resultará herido.

    Lucero no pudo ocultar una sonrisa mientras abría el broche. Se desprendió lentamente de las húmedas copas de encaje que le cubrían los pechos y se exhibió ante él con descarado atrevimiento, sin haberse desnudado del todo, pero con la blusa abierta y los pechos desnudos.

    —Eres preciosa. —El susurrante cumplido de Manuel la hizo sentir la mujer más bella del mundo.

    —¿Lo bastante para que me des la llave del contacto?

    —Lo suficiente para que te dé toda la pu.ta camioneta.

    En dos pasos la tomó entre sus brazos. Manuel bajó la cabeza con rapidez y le cubrió la boca con la suya, y Lucero sintió que el mundo comenzaba a girar como un loco carrusel. Él se deshizo de la camisa de Lucero fácilmente, bajándosela por los hombros; luego la agarró por las caderas y la alzó lo justo para rozarla contra las suyas. Lucero lo sintió duro y exigente, y supo que el tiempo de jugar había terminado.

    La sangre rugió ardiente y necesitada en las venas de Lucero. Separó los labios para que la lengua de Manuel penetrara en su boca mientras él la cogía en brazos y la llevaba a la cama donde la dejó caer sin ningún miramiento.

    —Estoy sucia y sudada.

    —Yo también, así que no hay problema. —Con un rápido movimiento Manuel se quitó la manchada camiseta por la cabeza. —Vas demasiado vestida para mi gusto.

    Lucero se deshizo de los zapatos y se desabrochó los vaqueros, pero al parecer no con la suficiente rapidez para él.

    —¿Por qué tardas tanto? —En unos instantes Manuel le había arrancado la ropa para dejarla tan desnuda como él
    Los ojos de Lucero recorrieron el cuerpo de su marido, los músculos marcados, la piel morena y el vello del pecho donde resaltaba la medalla esmaltada. Tenía que preguntarle por ella. Tenía que preguntarle muchas cosas.

    Cuando Manuel se dejó caer junto a ella, Lucero inhaló el carnal olor a sudor, producto del trabajo duro, y se preguntó por qué no se sentía asqueada. Lo primitivo de aquel encuentro la excitaba de una manera que nunca hubiera creído posible. El desenfreno que sentía la hacía avergonzarse.

    —T-tengo que ducharme.

    —Después. —Manuel cogió un condón del cajón de la mesilla, lo abrió y se lo puso.

    —Pero estoy muy sucia.

    Él le separó las rodillas.

    —Quiero que disfrutes, Lucero.

    Ella gimió y le mordió el hombro cuando se apretó contra ella. Su piel le supo a sal y a sudor; lo mismo que él saboreaba en sus pechos. Se le puso un nudo en la garganta.

    —De verdad, Manuel, tengo que ducharme.

    —Después.

    —Oh, Dios mío, ¿qué me estás haciendo?

    —¿Te gusta?

    —¿Te gusta a ti?

    —Sí. ¿Quieres más?

    —Sí, oh, sí.

    Olores y sabores. Caricias. Sudor y fuerza bajo las palmas de las manos de Lucero mientras Manuel embestía una y otra vez.
    A ella se le pegó el pelo a las mejillas y una brizna de paja le hizo cosquillas en el cuello. Manuel le pasó los dedos por la hendidura del trasero y la puso sobre su cuerpo, manchándole el costado con la grasa del brazo. Le aferró los muslos con las manos y la alzó sobre él.

    —Móntame.

    Ella lo hizo. Se arqueó y bajó con rapidez, moviéndose como le dictaba su instinto, e hizo una mueca de dolor al intentar albergarle en su cuerpo.

    —Más despacio, cariño. No voy a ir a ningún sitio.

    —No puedo. —Lo miró a través de una neblina de dolor y deseo y vio la cara de Manuel cubierta de sudor con los labios apretados y pálidos. La suciedad oscurecía esos rudos pómulos eslavos y tenía un poco de paja en el brillante pelo negro. El sudor se deslizaba entre los pechos de Lucero. Volvió a descender sobre él y soltó un jadeo de dolor.

    —Así no, cariño. Shhh... más despacio.

    Manuel le deslizó las manos por la espalda y la atrajo hacia él, apretándole los pechos contra su torso, enseñándole a encontrar un nuevo ritmo.

    Lucero lo abrazó con los muslos y la medalla esmaltada le arañó la piel. Se movió sobre el cuerpo masculino. Lentamente al principio, contoneándose después adorando la sensación de tener el control, de dictar el compás y la profundidad. Ahora ya no había dolor, sólo placer.

    Manuel le aferró las nalgas, pero dejó que siguiera a su ritmo. Lucero sabía por la tensión de esos duros músculos que a él le costaba renunciar al control. Manuel le mordió en la clavícula, sin hacerle daño; como si quisiera utilizar otra parte de su cuerpo para sentirla.

    Lucero se abandonó en medio del sudor y el olor almizcleño. Manuel emitió unos sonidos incoherentes y ella respondió en el mismo lenguaje. Olvidaron cualquier rastro de civilización, regresando a la selva, a la caverna, al mundo primitivo; a un momento suspendido en el tiempo en el que recordaron el origen de la creación.
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  AmandaHLucero el Mar Ago 14, 2012 11:07 pm

    Siguela porfa
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  diana lucerina el Miér Ago 15, 2012 6:03 pm

    ssiiguuuellllaaaa
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  AmandaHLucero el Jue Ago 16, 2012 9:14 pm

    Siguella please
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Jue Ago 16, 2012 11:30 pm

    Awww's jajajajajajajaja Esta Buenisima!!! Siguelaaaaa!!!! jajajajajajajaja la ultima parte me dio algo de risa jajajajajajaaja lo de recordar la creacion jajajajajajajajajajaja!!!! Pero Siguelaaa!!!! Yaaa!!! lol! lol! lol! lol! lol! lol!
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Vie Ago 17, 2012 1:44 am

    Capitulo 64

    Lucero dejó la cama en cuanto pudo y se metió en el cuarto de baño. Mientras el agua caía sobre su cuerpo se estremeció por esa desconocida y salvaje parte de sí misma ¿Era sagrada o profana? ¿Cómo podía abandonarse de esa manera a un hombre al que no amaba? Aquella pregunta la atormentaba.

    Cuando salió del baño envuelta en una toalla, con la piel limpia y el alma confusa, Manuel estaba apoyado en el fregadero. Se había vuelto a poner los vaqueros sucios y sostenía una cerveza en la mano.

    La miró fijamente y frunció el ceño.

    —Vas a complicarlo todo, ¿verdad?

    Ella cogió ropa limpia del cajón y le dio la espalda para vestirse.

    —No sé a qué te refieres.

    —Lo veo en tu cara. Estás dándole vueltas a lo que acaba de ocurrir.

    —¿Y tú no?

    —¿Por qué iba a hacerlo? Es sólo sexo, Lucero. Es divertido y ardiente. Y no hace falta enredarlo más.

    Ella señaló la cama con la cabeza.

    —¿Te ha parecido algo sencillo?

    —Ha estado bien. Eso es todo lo que importa.

    Lucero se subió la cremallera de los pantalones cortos y se puso unas sandalias.

    —Te has acostado con muchas mujeres, ¿verdad?

    —No de manera indiscriminada, si es eso lo que quieres decir.

    —¿Ha sido así siempre?

    Manuel vaciló.

    —No.

    Por un momento, desapareció parte de la tensión de Lucero.

    —Me alegro. Quiero que signifique algo.

    —Lo único que significa es que, aunque nos cueste comunicarnos a nivel mental, nuestros cuerpos no encuentran ninguna dificultad para hacerlo.

    —No creo que sea tan sencillo.

    —Para mí sí.

    —La tierra se ha movido —dijo ella suavemente. —Es algo más que dos cuerpos que se atraen
    .
    —A veces sucede, a veces no. A nosotros nos pasa y punto.

    —¿De verdad crees eso?

    —Lucero, escúchame. Si comienzas a imaginar cosas que no van a ocurrir, lo único que conseguirás es salir herida.

    —No sé lo que quieres decir.

    Manuel la miró fijamente a los ojos y ella sintió como si estuviera mirándole el alma.

    —No voy a enamorarme de ti, cariño. No ocurrirá. Me importas, pero no te amo.

    Cómo herían esas palabras. ¿De verdad era amor lo que quería de él? Ciertamente, lo deseaba. Lo respetaba. ¿Pero cómo era posible llegar a amar a alguien que sentía tan poco aprecio por ella? En lo más profundo de su alma sabía que a ella le resultaría muy difícil amar a un hombre como Manuel Markov. Él necesitaba a alguien tan terco y arrogante como él, alguien obstinado e imposible de intimidar, una mujer que no se echara a temblar ante todos esos oscuros ceños y que le respondiera de la misma manera. Una mujer que se sintiera como en casa en el circo, que no temiera a los animales ni el trabajo agotador. Necesitaba a Sheba Quest.

    Los celos la inundaron. Aunque reconocía la lógica de que Manuel y Sheba eran perfectos el uno para el otro, su corazón rechazaba la idea.

    Vivir con él le había enseñado algo de orgullo, y Lucero irguió la cabeza.

    —Lo creas o no, no me he pasado todo el tiempo pensando en cómo voy a conseguir que te enamores de mí. —Cogió la cesta de ropa que se iba a llevar a la lavandería. —De hecho, no quiero tu amor. Lo que sí quiero son las llaves de la maldita camioneta.

    Las cogió del mostrador y salió corriendo hacia la puerta. Él se movió con rapidez para bloquearle el paso. Manuel le quitó la cesta de las manos.

    —No pretendo hacerte daño, Lucero —dijo. —Me importas. No quería que fuera así, pero no puedo evitarlo. Eres dulce y graciosa, y me encanta mirarte.

    —¿De veras?

    —Aja.

    Lucero alargó la mano para limpiarle con el pulgar una mancha del pómulo.

    —Bueno, a pesar de que eres un hombre con muy mal genio, también me gusta mirarte.
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  diana lucerina el Vie Ago 17, 2012 5:15 pm

    hay XD! me encanta!! siiiguela!!
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Sáb Ago 18, 2012 2:07 am

    Capitulo 65

    —Me alegro.

    Ella sonrió e intentó coger de nuevo la cesta de la ropa sucia, pero él no se la dio.

    —Antes de que te vayas... Sheba y yo hemos hablado. A partir de ahora tendrás una nueva tarea.

    Ella lo miró con cautela.

    —Ya estoy ayudando con los elefantes y con las fieras. No creo que tenga tiempo para hacer nada más.

    —A partir de ahora, ya no te encargarás de los elefantes, y Trey se hará cargo de la casa de fieras.

    —Los animales son responsabilidad mía.

    —Bien. Puedes supervisarlo si quieres. El hecho es, Lucero, que le gustas al público y Sheba quiere aprovecharse de ello.

    Actuarás conmigo. —Ella clavó los ojos en él. —Comenzaré a entrenarte mañana.

    Lucero se dio cuenta de que le rehuía la mirada.

    —¿Entrenarme para que haga qué?

    —Tu trabajo consistirá en estar quieta y hermosa.

    —¿Y qué más?

    —Tendrás que ayudarme. No será difícil.

    —Ayudarte. ¿A qué te refieres con eso de ayudarte?

    —Sólo eso. Lo hablaremos mañana.

    —Dímelo ahora.

    —Sostendrás algunas cosas, eso es todo.

    —¿Sostenerlas? —Lucero tragó saliva. —¿Las arrancarás de mi mano?

    —De tu mano —Manuel hizo una pausa, —de tu boca.

    Lucero palideció.

    —¿De mi boca?

    —Es un truco fácil. Lo he hecho centenares de veces, y no debes preocuparte de nada. —Manuel abrió la puerta y le puso la cesta en los brazos. —Si quieres pasarte por la biblioteca, será mejor que te vayas ya. Te veré más tarde.

    Con un suave empujón la echó afuera. Lucero se dio La vuelta para decirle que de ninguna manera pensaba actuar en la pista central con él, pero Manuel le cerró la puerta en las narices antes de que pudiera pronunciar una sola palabra.

    ------------------

    —¿Puedes intentar mantener los ojos abiertos esta vez?

    Lucero notó que Manuel estaba perdiendo la paciencia con ella. Estaban detrás de las caravanas, en un campo de béisbol a las afueras de Maryland, un sitio muy parecido al que habían estado los días anteriores y llevaban así casi dos semanas. La joven tenía los nervios tan tensos que estaban a punto de estallar.

    Tater estaba cerca de ellos, alternando suspiros de amor por su dama con remover el barro. Después de que Lucero se hubiera enfrentado al elefantito unas semanas atrás, Tater había comenzado a escaparse para buscarla y, finalmente, Digger lo había castigado con el pincho. La joven no había podido tolerar tal cosa, así que le había dicho que ella se encargaría de cuidar al elefante durante el día cuando vagara por ahí. Todos —excepto la propia Lucero—parecían haberse acostumbrado a ver trotando a Tater detrás de ella como si fuera un perrito faldero.

    —Si abro los ojos daré un respingo —señaló Lucero mientras su marido empuñaba el látigo— y me dijiste que me harías daño si daba respingos.

    —Tienes el blanco tan alejado de tu cuerpo que podrías estar bailando El lago de los cisnes y ni siquiera te rozaría.

    Había algo de verdad en lo que decía. El rollo de periódico que sostenía en la mano medía más de treinta centímetros y, además, ella tenía el brazo extendido. Pero cada vez que Manuel agitaba el látigo arrancando un trozo del extremo, ella daba un salto. No podía evitarlo.

    —Puede que mañana consiga abrir los ojos.

    —En tres días estarás en la pista central. Es mejor que los abras ya.

    Lucero abrió los ojos de golpe al oír la voz sarcástica y acusadora de Sheba que estaba donde Manuel había dejado los látigos enroscados en el suelo. Tenía los brazos cruzados y el sol arrancaba destellos a su pelo, que brillaba como las llamas del infierno.

    —Ya deberías haberte acostumbrado. —Se agachó con rapidez y cogió uno de los rollos de papel de diez centímetros que había en el suelo. Ésos eran los blancos de verdad, los que se suponía que Lucero debía sostener en la función, pero hasta ese momento Manuel no había podido convencerla para que practicaran con algo que midiera menos de treinta centímetros.

    Sheba comenzó a hacer rodar uno de los pequeños rollos entre los dedos como si fuera un pitillo, luego se acercó a Lucero y se detuvo a su lado.

    —Quítate de en medio.

    Lucero retrocedió.

    Sheba miró a Manuel con un destello desafiante en los ojos.

    —Aprende cómo se hace.

    Se puso de perfil, echó el pelo hacia atrás y se colocó el rollo entre los labios.

    Por un momento Manuel no hizo nada, y Lucero notó que había una vieja historia entre la dueña del circo y él, una historia de la cual Lucero no sabía nada. Parecía como si Sheba desafiara a su marido, pero ¿para que hiciera qué? Manuel levantó el brazo tan repentinamente que ella apenas vio el movimiento de su muñeca.

    «¡Zas!» El látigo restalló a pocos centímetros de la cara de la mujer y el extremo del rollo desapareció.

    Sheba no se movió. Se mantuvo tan serena como si estuviera asistiendo a un cóctel mientras Manuel agitaba el látigo una y otra vez, rompiendo un trocito de rollo cada vez. Poco a poco, lo fue acortando hasta que sólo quedó el cabo entre los labios de la mujer.

    En ese momento lo cogió y se lo tendió a Lucero.

    —Ahora veamos cómo lo haces tú.

    Lucero reconocía un reto cuando lo veía, pero esa gente se había criado tentando al peligro. Ella no tenía que demostrar su valor, sentía que ya lo había hecho cuando se había enfrentado a Tater.

    —Quizás en otro momento.

    Manuel suspiró y bajó el látigo.

    —Sheba, esto no funciona. Continuaré haciendo el número yo solo.

    —¿Te tiene dominado, Manuel? Cinco generaciones de sangre circense y le has dado el nombre de Markov a alguien que no tiene valor para entrar en la pista central contigo.

    Los ojos verdes de Sheba se oscurecieron con desprecio cuando miró a Lucero.

    —No te estamos pidiendo que andes por la cuerda floja ni que montes a pelo. Lo único que tienes que hacer es estar allí de pie. Pero ni siquiera eres capaz de hacerlo, ¿verdad?

    —Lo siento, pero no valgo para esto.

    —¿Y para qué vales entonces?

    Manuel dio un paso adelante.

    —Ya basta. Lucero se ha encargado de los animales aunque no tendría por qué haberlo hecho, y están en mejores condiciones que nunca.

    —No la defiendas. —Lucero sintió el impacto de los ojos de Sheba con la misma intensidad que si fuera el impacto del látigo. —¿Sabes algo de la familia Markov?

    —Manuel no me ha hablado mucho de su pasado. —Y tampoco le había hablado mucho de su presente. Cada vez que intentaba preguntarle por la vida que llevaba fuera del circo, él cambiaba de tema. Sospechaba que había ido a la universidad y que la medalla esmaltada que llevaba colgada del cuello era una reliquia familiar, pero nada más.

    Déjalo, Sheba —le advirtió él.

    Ella no le hizo caso y sostuvo la mirada de Lucero con firmeza.

    —Los Markov son una de las familias más famosas en la historia del circo. La madre de Manuel era la mejor montando a pelo. Manuel podría haber sido un campeón ecuestre de no ser por su altura.

    —A Lucero no le importa nada de eso —dijo él.

    —Sí que me importa. Continúa, Sheba.

    —Su madre formaba parte de la quinta generación de artistas rusos que actuaron para los zares. Lo más interesante de los Markov es que la historia de su familia se transmite a través de las mujeres. No importa con quién se hayan casado, los hombres han renunciado a su propio apellido para mantener el de Markov y pasarlo a sus hijos. Pero los hombres Markov han sido también grandes artistas con el látigo y algunos de los mejores jinetes que se hayan visto en el circo.
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  diana lucerina el Sáb Ago 18, 2012 10:16 am

    siiiguelaaaaaa
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Dom Ago 19, 2012 4:16 am

    Capitulo 66

    Manuel comenzó a recoger los rollos de periódico y a meterlos en una vieja bolsa de lona.

    —Vamos, Lucero. Por hoy es suficiente.

    La expresión de Sheba se volvió amarga.

    —Los Markov siempre han seguido la tradición y han elegido bien a sus esposas. Al menos hasta llegar a Manuel. —Hizo una pausa. En sus ojos asomó un helado desprecio. —No estás a su altura, Lucero, no mereces llevar el apellido Markov.

    Tras decir eso se giró y se marchó, con un paso tan regio que hizo que sus ropas desarregladas parecieran dignas de una reina.
    Lucero se sintió despreciable.

    —Tiene razón, Manuel. No valgo para nada.

    —Tonterías. —Manuel enrolló los látigos y los apoyó sobre el hombro. —Sheba considera la tradición del circo tan sagrada como la religión. No le hagas caso.

    Lucero miró la bolsa con los rollos de periódico. Se acercó y sacó uno con decisión.

    —¿Qué haces?

    —Dar la talla como mujer Markov.

    —Por el amor de Dios, suelta eso. Te he dicho que pases de ella. Sheba siempre ha tenido una visión distorsionada de la historia de los Markov. Mi tío Sergey era el mayor bastardo que he conocido en mi vida.

    —Te agradezco que intentes que me sienta mejor, pero no puedo ignorar lo que ha dicho. —Caminó hacia el lugar donde habían estado practicando antes y se puso de perfil. —Estoy cansada de ser siempre la peor.

    Se puso el rollito en los labios; las rodillas le temblaban más que nunca. Si Manuel fallaba, le golpearía en la cara y, quizá, dejaría una cicatriz en su piel y en su alma.

    —Déjalo, Lucero. —Ella cerró los ojos. —Lucero...

    Ella se sacó el rollito de la boca para hablar, pero no le miró.

    —Por favor, Manuel, hazlo de una vez. Cuanto más me hagas esperar, más difícil será para mí.

    —¿Estás segura?

    No estaba segura en absoluto, pero se puso de nuevo el rollito en la boca y cerró los ojos, rezando por no dar un brinco.

    Lucero gritó cuando oyó el chasquido del látigo y sintió una corriente de aire en la cara. El sonido retumbó en sus oídos.

    Tater abrió la boca y soltó un barrito.

    —¿Te he dado? ¡Maldita sea, sé que no te he dado!

    —No..., no..., estoy bien. Es sólo... —Respiró hondo y recogió el rollito que había dejado caer, observando que Manuel había sesgado un trocito del extremo. —Es sólo que estoy un poco nerviosa.

    —Lucero, no tienes por qué...

    Ella se colocó el blanco de nuevo en la boca y cerró los ojos.

    «¡Zas!»

    Lucero gritó otra vez.

    —Si sigues gritando comenzaré a ponerme nervioso —dijo Manuel en tono seco.

    —¡No gritaré! Pero por Dios, no pierdas los nervios. —Cogió el rollito, era mucho más corto de lo que había sido en un principio.

    —¿Cuántas veces más?
    —Dos.

    —¿¿Dos??—chilló.

    —Dos.

    Esta vez colocó el rollito justo en el borde de los labios.

    —Estás haciendo trampa.

    El sudor corría entre los pechos de Lucero cuando volvió a colocarlo. Respiró hondo.

    «¡Zas!» Otra corriente de aire le agitó un mechón de pelo contra la mejilla. Casi se desmayó, pero de alguna manera logró contener el grito. Sólo una vez más. Una vez más.

    «¡Zas!» La joven abrió lentamente los ojos.

    —Ya está, Lucero, se acabó. Ahora sólo tendrías que saludar al público.

    Estaba viva y sin marcas. Atontada, lo miró y habló con un ronco susurro.

    —Lo he hecho.

    Él sonrió y soltó el látigo.

    —Pues claro que sí. Estoy orgulloso de ti.

    Con un gran grito de alegría, corrió hacia él y se arrojó a sus brazos. Manuel la atrapó automáticamente. Cuando la estrechó contra su cuerpo, una lenta oleada de calor recorrió el cuerpo de Lucero. Él debió de sentir lo mismo porque se echó atrás y la dejó en el suelo.
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  diana lucerina el Dom Ago 19, 2012 6:16 pm

    lol! lol! lol! lol! siguelaaaa esta muy genial pero kisiera q manuel se enamorara o fuera mas tierno
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  YesseMH el Miér Ago 22, 2012 12:38 am

    Capitulo 67

    Lucero sabía que Manuel no aceptaba que se hubiera negado a hacer el amor con él desde aquella tarde de sudor y sexo que la había perturbado tan profundamente. Su período le había dado una excusa perfecta durante unos días, pero había terminado hacía media semana. Le había pedido un poco de tiempo para aclararse las ideas y, aunque Manuel había estado de acuerdo, no le había gustado nada.

    —Sólo un truco más —dijo él— y luego terminamos.

    —Quizá deberíamos dejarlo para mañana.

    —Es el truco más fácil. Venga, vamos a hacerlo antes de que pierdas el valor. Ponte dónde estabas.

    —Manuel...

    —Venga. No te dolerá. Te lo prometo.

    A regañadientes, Lucero regresó al lugar donde había estado antes.

    Manuel cogió el látigo más largo y lo sostuvo entre los dedos.

    —Colócate frente a mí y cierra los ojos.

    —No.

    —Confía en mí, cariño. Esta vez tienes que tener los ojos cerrados.

    Lucero hizo lo que le decía, pero entreabrió uno de los ojos para ver lo que él hacía.

    —Levanta los brazos por encima de la cabeza.

    —¿Los brazos?

    —Levántalos por encima de la cabeza. Y cruza las muñecas.

    Ella abrió los dos ojos.

    —Creo que me olvidé de decirle a Trey algo sobre la nueva dieta de Sinjun.

    —Todas las mujeres Markov han hecho este truco.

    Resignada, Lucero levantó los brazos, cruzó las muñecas y cerró los ojos, diciéndose a sí misma que no podía ser peor que sostener un rollito con los labios.

    «¡Zas!»

    Apenas había percibido el chasquido del látigo cuando sintió que éste le rodeaba y le ataba las muñecas con fuerza.

    Esta vez el grito le salió del alma. Dejó caer los brazos tan rápidamente que sintió que se le dislocaban los hombros. Se miró con incredulidad las muñecas atadas.

    —¡Me has dado! Dijiste que no me tocarías, pero lo has hecho.

    —Estate quieta, Lucero, y deja de gritar de una vez. No te ha dolido.

    —¿No me ha dolido?

    —No.

    Ella miró sus muñecas y se dio cuenta de que él tenía razón.

    —¿Cómo lo has hecho?

    —Destensé el látigo antes de chasquearlo. —Manuel hizo un movimiento con la muñeca para que el látigo se aflojase, y la liberó.

    —Es un truco muy viejo, pero el público lo adora. Aunque, después de que te ate las muñecas, debes sonreír para que todos sepan que no te he hecho daño. Acabaré en la cárcel si no lo haces.

    Lucero se examinó una muñeca y luego la otra. Se dio cuenta con asombro de que estaban intactas.

    —¿Y si te olvidas de destensar el látigo antes de apresarme las muñecas?

    —No lo haré.

    —Podrías cometer un error, Manuel. Es imposible que siempre te salga bien.

    —Claro que sí. Llevo años haciéndolo y nunca he lastimado a nadie. —Comenzó a recoger los látigos y ella se maravilló de aquella perfecta arrogancia, pero al mismo tiempo se sintió inquieta.
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  diana lucerina el Miér Ago 22, 2012 3:04 pm

    siguela esta muy buena!!! me encanta??
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ultra lucerina el Vie Ago 24, 2012 2:50 pm

    Siguelaaaaaaaaaaaaa!!! hay pero que la proxima vez sean mas largos los cap! Pero Igual Gracias! Very Happy
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  AmandaHLucero el Lun Ago 27, 2012 12:48 pm

    Siguela porfaaa

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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  ♥MijaroLucerina♥ el Lun Sep 03, 2012 7:30 pm

    Síguela, siguela, síguela Exclamation
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  AmandaHLucero el Mar Sep 04, 2012 12:40 pm

    siguelaa porfis , esta buenissima la WN
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  Cherey Valentina el Jue Oct 04, 2012 8:21 pm

    Tengo una pregunta. La WN que da a si o no as subido mas capítulos? POR QUE EN SERIO SI QUEDA A SI MORIRÉ Crying or Very sad Y la verdad quiero ver que pasaaaaaaaaaaaaa bounce affraid Suspect !

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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  Leysdania el Jue Oct 04, 2012 9:07 pm

    Todavía falta... descuida solo que se demora un "poquito" en subir los cap. jajjaj
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  Cherey Valentina el Vie Oct 05, 2012 2:27 pm

    Leysdania escribió:Todavía falta... descuida solo que se demora un "poquito" en subir los cap. jajjaj

    Que Que What???.... Exclamation Pero no puedo esperar.. *Bueno si puedo* pero cuanto tiempo sera falta mucho?????..... O_O Quiero ver si si se enamorannnnn!!!! bounce bounce bounce bounce bounce
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    Re: Besar a un ángel Adaptada

    Mensaje  AmandaHLucero el Sáb Oct 20, 2012 7:39 pm

    Siguelaaaaaaaaaaa porfis

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    Re: Besar a un ángel Adaptada

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