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    En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Vie Abr 20, 2012 8:15 pm

    Capitulo 10


    Entraron en el restaurante, un griego, y, cuando el camarero les sirvió dos copas de vino, Lucero decidió sacar el tema:
    —Quería hablarte de una cosa…
    —¿De qué?
    —¿Vas a representar a Aidan Dangar contra Eliza?
    Manuel tomó un sorbo de vino antes de contestar:
    —No suelo hablar de mis clientes fuera del despacho.
    —¡Por favor! Aidan es amigo tuyo.
    —Tengo muchos amigos.
    —Pues, francamente, no sé cómo —replicó ella—. Debes pagarles por el privilegio de tu compañía.
    Manuel dejó la copa sobre la mesa con exagerada precisión.
    —Ten cuidado, Lucero, no querrás montar una escena en medio del restaurante, ¿no?
    —Sé que vas a representar a Aidan, así que no tiene sentido negarlo.
    —¿Y eso es un problema?
    —Es un problema para Eliza.
    —¿Y?
    —No quiero que representes a Aidan.
    —¿Eh?
    —Quiero que le des el caso a alguno de tus socios más jóvenes.
    Manuel se echó hacia atrás en la silla.
    —¿Y por qué iba a hacer eso?
    Lucero se pasó la lengua por los labios.
    —Porque no creo que puedas ser objetivo.
    —He representado a muchos de mis amigos en los tribunales. Y, por el momento, no tengo ninguna queja.
    —¡Por eso mismo! No quiero que le destroces la vida a Eliza sólo para vengarte de mí.
    Él la miró, pensativo.
    —¿Y si dejara el caso, qué me darías a cambio? ¿Es tan importante como para que volvieras a vivir conmigo?
    —Eso es un chantaje, Mijares.
    —Es posible. Pero si aceptas vivir en mi casa durante todo el embarazo, dejaré el caso.
    Lucero tragó saliva.
    —No puedo…
    —Pobre Eliza —la interrumpió Manuel. Sabía que aquél era un golpe bajo, que estaba portándose como un verdadero canalla, pero haría lo que fuera para recuperarla. Lucero estaba demasiado furiosa con él como para aceptar que pudieran ser amigos.
    No, sería implacable, aprovecharía cualquier ocasión.
    Como aquélla.
    —¡Serás cerdo! Lo dices en serio, ¿verdad? ¿Cómo puedes jugar con la vida de la gente de esa manera?
    —La ley es la ley —contestó él—. Eliza Dangar ha tenido un comportamiento sicótico durante los últimos meses. ¿Te ha dicho algo de eso? No, claro que no. No sería difícil convencer a un juez de que no puede hacerse responsable de sus hijos…
    —No me lo puedo creer… No pensé que pudieras caer tan bajo, José Manuel Mijares.
    —No me he ganado una reputación de abogado implacable por nada, Lucerito. Quizá deberías recordarlo.
    —¡Pero Eliza es la madre de esos niños! Lo está pasando fatal y…
    —En este momento no es capaz de cuidar adecuadamente de sus hijos —la interrumpió Manuel—. Aidan está muy preocupado… Quizá deberías haberte enterado un poco más antes de lanzarte a la yugular. ¿Dónde está la objetividad profesional de la que tanto alardeas?
    —Eres idiota.
    —Eso ya me los has dicho muchas veces.
    —No puedo creer que esté aquí contigo. Debería haber imagino que le darías la vuelta al asunto para salirte con la tuya, como siempre.
    —¿Por eso has aceptado cenar conmigo? ¿Para convencerme de que le dé el caso a un compañero?
    Lucero se puso colorada.
    —No…
    —No me mientas, Lucero. No estás en posición de hacerlo. Si no aceptas vivir en mi casa durante el embarazo, tu amiga perderá la custodia de sus hijos.
    Estaba atrapada. Tenía que elegir y…
    —Podría denunciarte al colegio de abogados por esto.
    —¿Y quién iba a creerte? Soy uno de los abogados más prestigiosos de Sidney y tú eres mi ex mujer. ¿Qué crees que diría un juez? No, me parece que sabes lo que debes hacer.
    —No voy a tener relaciones contigo.
    —¿Te lo he pedido yo? —replicó Manuel.
    —Tú no pides, tú haces lo que te da la gana sin pensar en las consecuencias.
    —Eso no es justo, querida. Tampoco tú pensaste en las consecuencias aquella noche, en el hotel. Además, no es buena idea morder la mano que, al final, podría darte de comer.
    —No pienso aceptar nada de ti. Prefiero morirme de hambre.
    Fue infortunado que, justo en aquel momento, llegara el camarero con la cena. Lucero miró la deliciosa laksa preguntándose si estaba siendo un poco demasiado vehemente.
    —Come, mujer —sonrió Manuel—. ¿Quién sabe? A lo mejor te dejo pagar y todo.
    Lucero deseó tener valor para tirarle el plato a la cara. Pero tenía hambre. Y debía comer, por ella y por el niño.
    Pero mientras comía, intentaba encontrar la forma de salir de aquel embrollo. Vivir con Manuel…
    Imposible.
    No había podido resistirse aquella noche, después de la conferencia, ¿cómo iba a resistirse si dormían en la misma casa?
    Podía imaginarlo. Podía verse a sí misma esperando que llegara de trabajar, contenta de que él le prestase atención durante cinco minutos… como cuando estaban casados.
    Lucero apartó el plato. Acababa de perder el apetito.
    —¿No te gusta?
    —No, ya he comido suficiente.
    —Pero si apenas lo has probado… ¿Qué pasa? ¿Está demasiado picante?
    —Espero que no te dediques a vigilar todo lo que como cada vez que estemos juntos.
    —¿Que no? Si tengo que darte de comer yo mismo, lo haré.
    —Y yo te daré un puñetazo.
    —Ah, una pelea con comida. ¿Te acuerdas de aquella vez… con la nata?
    Lucero tomó un trozo de pan para distraerse. No quería recordar aquel episodio. No quería recordar ninguno.
    —¿Quieres que pida otra cosa?
    —No. Lo que quiero es que te calles.
    —No te gusta recordar el pasado, ¿verdad? —preguntó Manuel en voz baja.
    Lucero no tuvo que contestar porque el camarero apareció con el segundo plato. No, no quería recordar el pasado. No quería recordar su pasado con Manuel.
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Vie Abr 20, 2012 8:41 pm

    Capitulo 11


    —¿Hasta cuándo piensas seguir trabajando? —preguntó él.
    —Hasta el último momento.
    —¿No crees que deberías dejarlo antes? Para descansar un poco…
    —No.
    —Bueno, bueno, como tú digas. ¿Crees que estarás preparada cuando llegue el momento?
    Lucero lo pensó.
    —Espero estarlo.
    —Seguro que sí —dijo él—. Seguro que todo irá bien.
    —¿Se lo has contado a tu familia? —preguntó Lucero entonces.
    —No, pero había pensado hacerles una visita esta semana.
    —Se van a llevar un disgusto tremendo.
    —Si decido vivir con mi ex mujer, es asunto mío. Y de mi ex mujer.
    —Si fuera por mí, no viviríamos juntos, te lo aseguro —replicó ella—. Y si no estuviera embarazada, no estaría aquí ahora mismo.
    —No, pero tengo la impresión de que podríamos estar en otro sitio, mucho más cómodo —sonrió Manuel.
    —¿Qué quieres decir?
    —Estoy diciendo que lo nuestro no ha terminado. Lo que hubo entre nosotros no ha muerto, a pesar del divorcio.
    —Lo que hay entre nosotros… si es que hay algo, no es más que atracción física. Se nos pasará con el tiempo —replicó ella.
    —¿Cuánto tiempo? Han pasado cinco años y…
    —El deseo físico no es base para una relación. Tarde o temprano, se acaba.
    —Niégalo todo lo que quieras, pero yo sé lo que siento. Y también sé que a ti te pasa lo mismo. De no ser así, no estaríamos en esta situación.
    —Estamos en esta situación porque fuimos un par de idiotas —replicó ella.
    —Sí, bueno, como quieras —suspiró Manuel—. Yo me encargaré de alquilar tu apartamento, por cierto. Y en cuanto al caso Dangar, se lo pasaré a uno de los socios más jóvenes del bufete.
    Lucero dejó escapar un suspiro de alivio.
    —Sé que voy a lamentar esto. Lo sé, estoy segura.
    —Deja de preocuparte, Lucero. Hemos vivido juntos antes. No somos extraños y tenemos intereses comunes. Estos próximos meses pasarán enseguida y quizá, al final, habremos logrado formar parte de ese pequeño grupo de ex parejas que logran ser amigos.
    Lucero estaba segura de que no sería así, pero no dijo nada.
    Ojalá pudiera mandarlo a paseo, pero… no dejaba de recordar los sollozos de su amiga Eliza, la posibilidad de que perdiera a sus hijos. No, no podría decir que no aunque quisiera.
    Y no quería hacerlo.
    Lucero se puso tensa. No quería decirle que no. Quería vivir con él. Quería verlo cada día, charlar con él, verlo sonreír, quería oler su colonia, quería que tocase su abdomen cuando el niño se moviera, quería que la besara…
    Quería todo eso. Y era absurdo seguir negándolo.
    Manuel dejó la carta de postres sobre la mesa.
    —Para ser una mujer que había jurado no tener hijos, creo que te estás tomando esto muy bien.
    —¿Qué quieres decir con eso?
    —Nada, sólo que nunca habías querido tener niños…
    —Porque estaba intentando abrirme camino en la vida. Es muy difícil hacer las dos cosas a la vez. Además, los niños crean tensión en las parejas. ¿Cuántos matrimonios se rompen en cuanto los hijos aparecen en escena?
    —Pero nosotros iremos un paso por delante, Lucero, porque ya no estamos casados —sonrió Manuel—. Quizá este niño consiga justo lo contrario.
    —¿Reparar nuestro matrimonio? —preguntó ella, incrédula.
    —Podría ocurrir.
    —Y también dicen que existen los milagros, pero yo no lo creo.
    —El matrimonio no se nos dio bien, Lucero, así que deberíamos concentrarnos en las cosas que funcionan.
    —¿Cómo? Me estás obligando a hacer algo que no quiero…
    «Mentirosa», le decía su conciencia.
    —El problema contigo es que la mitad de las veces no sabes lo que quieres —la interrumpió Manuel.
    —¿Qué?
    —Sigues con ese trabajo en el que no ganas un céntimo, vives en un apartamento diminuto y tu coche está para el arrastre. Que yo sepa, apenas tienes vida social… aparte de tus conversaciones con la anciana del ascensor, claro. Por Dios bendito, Lucero, eres una mujer joven y atractiva, no tires tu vida por la ventana.
    —¿Y viviendo contigo no tiraré mi vida por la ventana? —replicó ella, irónica.
    —No. No dejaré que eso ocurra por segunda vez. Te doy mi palabra.
    Ojalá pudiera creerlo. Sabía que sus observaciones no eran del todo desacertadas. Su vida social era casi nula y trabajaba doce horas en el despacho con muy poca recompensa económica.
    Durante los últimos cinco años se había quedado atascada. Su ruptura con Manuel había destruido su confianza en sí misma y sabía que, si no hacía algo pronto, nunca cambiaría nada. Pero vivir con Manuel no iba a solucionar nada en absoluto. La primera vez fue un desastre… ¿cómo una segunda vez, con un niño que ninguno de los dos había planeado, iba a ser mejor?
    Y luego estaba el asunto de lo que sentía por él…
    Seguía enamorada de su marido.
    De hecho, no recordaba haber dejado de estarlo nunca. Cada vez que pensaba en él se le rompía el corazón.
    —Parece que no tengo elección —murmuró.
    —Yo no diría eso. Tienes dos opciones, vivir conmigo o ver cómo tu amiga atraviesa un muy amargo divorcio.
    —Lo harías, ¿verdad? Le destrozarías la vida a Eliza sólo para salirte con la tuya. ¿Tanto me odias?
    Manuel clavó sus ojos en ella durante largo rato. Pero eran inescrutables.
    —¿No crees que deberíamos olvidar el pasado y pensar en el niño? Tenemos muchas cosas que discutir… el nombre, el colegio, todo eso. Personalmente, prefiero olvidarme del pasado. Hablar de ello no cambiará nada.
    Lucero metió la cucharilla en la mousse de chocolate. Tenía razón. No podían cambiar el pasado. Pero si el pasado, que había sido construido con amor, acabó siendo una ruina…
    ¿Qué les depararía el futuro, un futuro basado en el odio y la amargura?

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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Vie Abr 20, 2012 8:54 pm

    Dije que subiría 4 caps porque no subiré hasta el lunes, Rolling Eyes aquí el cuarto.


    ]Capitlo 12


    A pesar de todo, Lucero se mudó al día siguiente. Y cuando llegó a la casa, los recuerdos del pasado la asaltaron.
    El BMW de Manuel estaba en el garaje, de modo que debía haber salido pronto del despacho para recibirla. Qué detalle, pensó, irónica.
    —¿Había mucho tráfico? —preguntó él, a modo de saludo.
    —Horrible —contestó Lucero, sin mirarlo.
    —¿Pasa algo?
    —Nada, me duele un poco la cabeza.
    —¿Quieres una aspirina?
    —No, creo que… voy a darme una ducha y luego me iré a la cama. Estoy cansada.
    —Estás muy pálida. No irás a desmayarte, ¿verdad? —murmuró Manuel, tomando su mano.
    —No —contestó ella, soltándose de un tirón.
    —Lu… —Manuel se aclaró la garganta—. Estaba pensando que podríamos ir a casa de mis padres mañana.
    —¿Para qué? ¿Para que comprueben que estoy embarazada sin necesidad de contratar a un detective? Fíjate, me sorprende que no hayas querido una prueba de ADN, pero seguro que tus padres insistirán en ello.
    —La verdad es que lo pensé —le confesó Manuel entonces.
    Ella lo miró, atónita.
    —¿No crees que el niño sea tuyo?
    —Si no fuera mío no habrías ido a verme. Me odias demasiado, ¿recuerdas?
    —Si quieres una prueba de ADN, por mí no hay ningún problema.
    —No es necesario —suspiró él.
    —Qué generoso.
    —Por Dios bendito, ¿qué quieres que haga? Apareces en mi oficina y me dices que vas a tener un hijo… ¿no te parece normal que dudase?
    —No, no me parece normal.
    —¿Por qué?
    —Porque tú me conoces bien, Manuel Mijares.
    Él apretó los labios.
    —Muy bien, muy bien, perdona. Tienes razón. Es verdad, no debería haber dudado de ti. Es que a veces te pones imposible… pero me gustaría que fueras conmigo a casa de mis padres. Quiero que sepan que ahora vivimos juntos.
    —Díselo por teléfono. Yo no tengo por qué ir.
    —¿Te da miedo mi familia?
    —No, claro que no. Pero no veo por qué voy a tener que soportar sus críticas y sus miraditas de desprecio —contestó Lucero.
    —No van a criticarte. Te lo garantizo.
    —¿Ah, no? A la cara, no. Pero lo harán en cuanto me dé la vuelta, como han hecho siempre.
    Manuel dejó escapar un suspiro. En el pasado, Lucero le había dicho muchas veces que se sentía incómoda con su familia, pero él no quiso creerla. Le avergonzaba reconocer que había tardado tres años en darse cuenta de que tenía razón. Tres años en ver a su familia por lo que era.
    Le gustaría decírselo, decirle que estaba de su lado, pero… sabía que eso no cambiaría nada. Estaba claro que Lucero no sentía más que desprecio por él. Podía verlo en sus ojos. No podía mirarlo siquiera.
    Y era lógico.
    —Tus cosas llegaron hace rato. Mi ama de llaves lo ha colocado todo en una de las habitaciones de arriba.
    —Gracias. Podría haberlo hecho yo —contestó ella, dirigiéndose a la escalera.
    —¿Lu?
    —¿Qué?
    —Sé que esto no es fácil para ti.
    —No me digas.
    —No te preocupes por mi familia —dijo Manuel, pasando por alto el sarcasmo—. No dejaré que interfieran.
    Lucero siguió subiendo al segundo piso sin decir nada.
    Aunque su familia siempre había sido un problema, ellos no eran el obstáculo principal.
    Manuel no la quería.
    Ése era el gran obstáculo.


    Eleanor y Bryce Mijares fueron fastidiosamente amables con Lucero al día siguiente, en su mansión de Vaucluse.
    —Lucero, querida —la saludó Eleanor, besando al aire, como era su costumbre—. ¿A que está guapísima, Bryce?
    —Desde luego que sí —contestó el padre de Manuel—. Has engordado un poco y estás más guapa.
    —Lucero está embarazada —anunció Manuel, sin más preámbulo.
    Sus padres se miraron, estupefactos. Aunque Lucero debía reconocer que Eleanor se recuperó enseguida.
    —Embarazada… ¡pero ésa es una noticia maravillosa! No sabía que hubieras vuelto a casarte, Lucero. ¿Quién es tu marido?
    Lucero levantó los ojos al cielo.
    —No he vuelto a casarme.
    —El niño es mío —dijo Manuel.
    Su madre lo miró, perpleja.
    —¿Estás seguro?
    —Por supuesto.
    —¿Has hecho una prueba de paternidad? —preguntó Eleanor—. Sólo para evitar las dudas…
    Lucero tuvo que resistir la tentación de salir de allí dando un portazo.
    —Yo soy el padre del niño, no tengo la menor duda.
    —¿Y cuándo vais a casaros… de nuevo? —insistió su madre.
    —No vamos a casarnos.
    —¿Que no vais a casaros? —la máscara de amabilidad de Eleanor Mijares había desaparecido por completo—. Pero tenéis que casaros. ¿Qué pensará la gente?
    —Me importa un bledo lo que piense la gente. Esto es entre Lucero y yo, nadie más.
    —Pero con un niño en camino…
    —¿Qué queréis tomar? —intervino Bryce para aliviar la tensión.
    Lucero no podía creer la hipocresía de los Mijares. Había sentido su desaprobación desde el día que Manuel se los presentó, aunque ellos intentaban esconderla tras una fachada de amabilidad cuando su hijo estaba presente. Eso había causado muchas discusiones entre Manuel y ella en el pasado. Él la acusaba de ser paranoica y ella de estar ciego y ver sólo lo que quería ver… Era una discusión constante.
    Sus tres hermanas no eran muchos mejores. Aún recordaba las risitas aquel infausto día, cuando llegó directamente de la universidad a lo que creía una cena informal en vaqueros y camiseta, y se encontró con una cena de gala, con invitados importantes para el bufete. Recordaba la expresión de sus hermanas, de sus padres… incluso de Manuel, todos mirándola como si fuera una pordiosera. De todas formas, Lucero insistió en quedarse y sólo cuando volvió a casa le dijo a Manuel lo que pensaba.
    Había sido una escena muy desagradable…

    Manuel cerró la puerta de golpe, el sonido retumbando por toda la casa.
    —¿Se puede saber qué demonios te pasa? ¿Te das cuenta de lo mal que lo he pasado? Por Dios bendito, Lucero, yo tengo que trabajar con esa gente…
    —¿Tú lo has pasado mal? ¿Y cómo crees que lo he pasado yo oyendo las risitas de tus hermanas?
    —Si apareces en casa de mis padres en vaqueros para una cena formal, es lógico…
    —Nadie me había dicho que era una cena formal.
    —Mi madre dice que te llamó.
    —Pues tu madre miente. ¿A quién vas a creer, a tu madre o a mí, Manuel?
    Él hizo un gesto de desesperación.
    —Te portas más como una niña malcriada que como una esposa, así que la decisión no va a ser tan fácil —replicó, tirando el abrigo sobre el sofá—. Sé lo que has querido hacer esta noche, Lucero, querías avergonzarme delante de toda esa gente para poder machacar de nuevo tus puntos de vista feministas, pero sólo has conseguido quedar mal…
    —Yo no quería…
    —Nadie va a tomarte en serio hasta que crezcas un poco —la interrumpió él—. Pensé que me había casado con una mujer inteligente, pero lo que me encuentro una y otra vez es una niña petulante que no puede controlar su temperamento…
    Lucero no sabía lo enfadada que estaba hasta que el primer jarrón se hizo pedazos contra la pared… al lado de la cabeza de Manuel.
    Después, el silencio era tan espeso que podría cortarse con el proverbial cuchillo.
    —Yo que tú no lo haría —dijo Manuel al ver que iba a tomar otro jarrón—. Podrían no gustarte las consecuencias.
    Ella le dijo exactamente lo que pensaba de sus estúpidas consecuencias y le tiró el jarrón, observando con perversa satisfacción cuando Manuel tuvo que apartarse de un salto.
    Ese fue el principio del fin.


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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Mceleste el Vie Abr 20, 2012 9:24 pm

    escondan las tijeras JAJAJA pobre Manuel, Carmen deberias subir caps los sábados así como hace venevision que pasan las novelas los sábados Smile JAJAJA please(?) :c
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Camilaaa el Vie Abr 20, 2012 10:56 pm

    jajajajajajaja baguala la Lucero (seguro no entienden mis términos uruguashhhos) XD
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Vie Abr 20, 2012 11:26 pm

    Camilaaa escribió:jajajajajajaja baguala la Lucero (seguro no entienden mis términos uruguashhhos) XD

    Que coño es eso? confused jajaja
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Mceleste el Sáb Abr 21, 2012 12:44 pm

    CarmenGabriella escribió:
    Camilaaa escribió:jajajajajajaja baguala la Lucero (seguro no entienden mis términos uruguashhhos) XD

    Que coño es eso? confused jajaja

    Camila¿? podrías escribir en términos Venezolanos(?) gracias.
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Camilaaa el Sáb Abr 21, 2012 5:08 pm

    Mceleste escribió:
    CarmenGabriella escribió:
    Camilaaa escribió:jajajajajajaja baguala la Lucero (seguro no entienden mis términos uruguashhhos) XD

    Que coño es eso? confused jajaja

    Camila¿? podrías escribir en términos Venezolanos(?) gracias.

    buuuueno jajajaja les explico.. son los caballos que no están domados y son bellacos, como rebeldes, entienden?
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Mceleste el Sáb Abr 21, 2012 7:01 pm

    Camilaaa escribió:
    Mceleste escribió:
    CarmenGabriella escribió:
    Camilaaa escribió:jajajajajajaja baguala la Lucero (seguro no entienden mis términos uruguashhhos) XD

    Que coño es eso? confused jajaja

    Camila¿? podrías escribir en términos Venezolanos(?) gracias.

    buuuueno jajajaja les explico.. son los caballos que no están domados y son bellacos, como rebeldes, entienden?

    ahahaha e.e no era mas facil que dijeras eso a que dijeras "Baguala"¿? e.e
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  IndiiCH el Sáb Abr 21, 2012 7:40 pm

    sdgsdghsdghgghgfgads Lucero, toda una asesina(?
    bounce bounce bounce bounce
    AAA
    conti jafhgafhafghf! lol! lol! lol!
    lol! lol! lol! lol!
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Miche el Lun Abr 23, 2012 9:31 am

    djakdnsmnafuiehgjnrgvc Continuaaaa.....
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Lun Abr 23, 2012 8:22 pm

    Este cap va para Maria Elizabeth que me pidió que se lo dedicara geek

    Capitulo 13

    —¿Quieres champán, Lucero? —la voz de Bryce, falsamente alegre, la devolvió al presente.
    —No, gracias.
    —Un poco de alcohol no te hará daño, mujer —dijo la señora Mijares.
    —Lucero no puede tomar alcohol —contestó Manuel por ella—. Está embarazada.
    Ella lo miró, sorprendida. Aja, de modo que las cosas no eran tan ideales en el hogar de los Mijares…
    Eleanor hacía lo que podía para mantener la cara, pero la tensión se mascaba en el ambiente.
    —¿Manuel te ha dicho que Phoebe, Imogen y Harriet están a punto de terminar un Master? —preguntó Bryce.
    —No, no lo sabía.
    —Yo no entiendo por qué quieren complicarse la vida con tantos estudios —suspiró la señora Mijares—. El matrimonio de Harriet se está resintiendo, desde luego. Neil ha amenazado con dejarla varias veces, pero ella no quiere hacerle caso.
    —¿Por qué no quiere Neil que su mujer tenga estudios universitarios? —preguntó Lucero.
    Eleanor abrió la boca para contestar, pero pareció pensárselo mejor.
    —Bueno, cuéntanos, Lucero… ¿qué has hecho todos estos años? —preguntó su marido—. Trabajar para algún bufete importante, supongo.
    Lucero estaba segura de que Bryce Mijares sabía perfectamente dónde trabajaba y sólo hacía la pregunta para remarcar las diferencias entre Manuel y ella.
    —Como sabes, Bryce, es muy raro que una mujer logre convertirse en socia de un bufete importante.
    —Venga, papá —intervino Manuel, conciliador—. No vamos a discutir. Lucero y yo queríamos anunciar que vamos a tener un hijo y que hemos decidido vivir juntos. No quiero que se disguste.
    Sabía que su preocupación era por el niño y no por ella, pero se alegró de que interviniera a su favor.
    Durante la cena, preparada con la típica pompa de la familia Mijares, todos seguían tensos. Eleanor ni siquiera probó bocado y no se molestó en disimular.
    Bryce intentaba animar la conversación, pero no dejaba de llenar su copa, como si así pudiera evitar la mirada de su hijo.
    Cuando terminaron el postre, pasaron al saloncito en el que se serviría el café. Lucero quería irse de allí lo antes posible, pero tuvo que soportar el silencio, roto sólo por el ocasional ruido de las tazas de porcelana al posarse sobre el plato.
    Después de lo que le parecieron unas horas interminables, Manuel se levantó.
    —Nos vamos. Mañana tengo que levantarme temprano y Lucero debe estar agotada.
    —Sí, claro, claro —asintió Eleanor, sin poder disimular su alivio.
    Una vez en el coche, Manuel se volvió hacia ella.
    —¿Lo has pasado muy mal?
    —Regular.
    —¿Sólo regular?
    —Tus padres ya no parecen tan contentos contigo. ¿Por qué, les has decepcionado?
    Manuel miró la carretera, en silencio.
    —Algo así —contestó por fin.
    —¿En qué sentido? ¿Tiene algo que ver conmigo?
    —Es posible… la verdad es que tardé algún tiempo en darme cuenta de que mis padres son… unas personas muy frívolas. Ellos miden a la gente sólo por el dinero que tengan o por su apellido, no por el carácter o la fibra moral. Y un día me di cuenta de que, si no hacía algo, acabaría siendo como ellos —contestó Manuel, mirándola de reojo—. Tú, por supuesto, ya habías visto el parecido.
    Lucero no contestó.
    —Hace un par de años, mi madre hizo un comentario desdeñoso sobre ti. Supongo que lo había hecho más de una vez, pero sólo entonces me di cuenta… y entendí cómo debía haber sido para ti. Eras tan joven, tan inexperta entonces… no podías competir con los Mijares.
    —¿Incluyéndote a ti? —preguntó Lucero.
    Manuel esperó hasta que estuvieron en el garaje para contestar:
    —Incluyéndome a mí. Y aquí estás otra vez, en la línea de fuego. Todo por una absurda jugarreta del destino.
    Estaba mirándola a los ojos y Lucero tuvo que carraspear, nerviosa. Los de Manuel se habían oscurecido, cargados de pasión…
    Y no protestó cuando inclinó la cabeza para buscar sus labios. No sólo no protestó, sino que le devolvió el beso con toda su alma. Sintió la instantánea reacción cuando él la apretó contra su pecho, una reacción tan primaria que no podía controlarla.
    Manuel bajó una mano para acariciar sus pechos, apartando hábilmente el top para acariciar el sensible pezón con la punta de los dedos. Sus pechos siempre habían sido muy sensibles, pero con las hormonas del embarazo, el placer era casi insoportable.
    Manuel se apartó entonces, mirándola con los ojos nublados de pasión.
    —¿Por qué no seguimos dentro?
    Lucero recuperó el sentido común de inmediato. ¿En qué había estado pensando? ¿Por qué se había dejado llevar así? ¿Qué creía, que las cosas volverían a ser como antes, como si no hubieran pasado aquellos cinco años?
    Sí, Manuel por fin había visto cómo eran sus padres, pero eso no cambiaba nada.
    No la quería.
    Lucero sabía que no habría vuelto a su vida si no estuviera embarazada. El Manuel que había conocido en el pasado no dejaba que nada ni nadie se interpusiera en su camino. Si la hubiera querido, habría ido a buscarla a pesar del divorcio, habría hecho algo…
    Pero no hizo nada.
    —No —dijo por fin.
    —¿No quieres que sigamos dentro?
    —Ni dentro ni fuera.
    —Ya veo.
    Lucero abrió la puerta del coche, pero en unos segundos Manuel estaba a su lado.
    —Me deseas, pero estás dispuesta a castigarte a ti misma para vengarte de mí.
    —Ya te he dicho que no estoy interesa en tener relaciones contigo —replicó ella.
    —Vas a tener un hijo mío, cariño. ¿Qué estás haciendo, reservándote para alguien especial?
    —Pues sí, la verdad es que estoy reservándome para alguien especial.
    —¿Ah, sí? ¿Quién? ¿Alguien que yo conozca?
    —No me apetece seguir hablando de esto.
    —No, claro —replicó él—. No te gusta sentarte en el banquillo de los acusados. Ese puesto ha sido para mí durante todos estos años.
    —Si eso es lo que te corresponde…
    —Hice lo que pude, Lucero. Trabajé horas y horas, pero no era suficiente para ti. Tú querías lo que yo no podía darte.
    —Sí, claro, me dabas todo lo que el dinero puede comprar, pero había una cosa que no estabas dispuesto a darme, José Manuel Mijares.
    —¿Qué?
    —A ti mismo.
    —Supongo que ahora vas a contarme en detalle todas las veces que te dejé sola, todas las ocasiones en las que no te demostré cariño o no dije lo que debería haber dicho… Lo que tú querías era un modelo de marido perfecto, pero eso no existe. Yo no soy una marioneta, Lucero. Soy un hombre con sentimientos y con problemas, como todo el mundo. Me equivoqué muchas veces, sí. Pero también tú te equivocaste.
    —Mira, déjalo…
    —Muchas veces me habría gustado contarte con lo que me enfrentaba en el trabajo, pero no lo hacía porque sabía que a ti sólo te importaban tus cosas, tus problemas. Que te importaba un bledo lo que me pasara a mí.
    —¡Eso no es verdad! ¡Yo siempre estaba dispuesta a escucharte!
    —¿Ah, sí? Siempre estabas hablando de la injusticia de esto o lo otro, que el matrimonio era una institución diseñada para mantener a la mujer en casa… ¿nunca se te ocurrió pensar que también yo tenía que soportar injusticias? Yo tenía que traer dinero a casa mientras tú estabas en la universidad, pero ¿me quejé alguna vez? Trabajaba ochenta y cuatro horas a la semana con objeto de crear un futuro para los dos, pero no sabía que tú trabajabas el doble para destruirlo.
    —En nuestro matrimonio sólo podía haber una carrerea y ésa era la tuya —replicó Lucero—. Y me habría gustado saber eso antes de casarme.
    —Por Dios bendito… ¿qué querías que hiciera, una lista de todos los problemas con los que podríamos tener que enfrentarnos para decidir si te interesaba o no?
    —Yo hice lo que pude…
    —¡Y yo también!
    —Sí, pues está claro que ninguno de los dos hizo suficiente —dijo Lucero por fin.
    —Sí, esto está claro —suspiró él—. En fin, ya sabes dónde está tu habitación. Buenas noches.
    Lucero lo observó desaparecer por el pasillo, pensativa. ¿Sería posible… sería posible que la culpa no fuera sólo de Manuel?

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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  IndiiCH el Lun Abr 23, 2012 8:33 pm

    —Muy bien. Cuida del niño mientras yo no estoy.
    Wtf? jajajajaja
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Lun Abr 23, 2012 8:40 pm

    Indii escribió:—Muy bien. Cuida del niño mientras yo no estoy.
    Wtf? jajajajaja

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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Mariaeliz el Lun Abr 23, 2012 8:44 pm

    QUe capituloo *-* que bellos, se aman ya que lo dejen de ocultar jajaja grashias hija What a Face
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  MilagrosLyM el Lun Abr 23, 2012 8:49 pm

    que maneras de tratarse jajaja otro caaap Sad
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  IndiiCH el Lun Abr 23, 2012 9:02 pm

    CarmenGabriella escribió:
    Indii escribió:—Muy bien. Cuida del niño mientras yo no estoy.
    Wtf? jajajajaja

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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Lun Abr 23, 2012 11:39 pm

    Capítulo 14

    Cuando Lucero bajó a la cocina a la mañana siguiente, Manuel estaba haciendo café.
    —Buenos días.
    —Lu, sobre lo de anoche…
    —No, déjalo. Es mejor que no hablemos de eso.
    —No tengo intención de discutir. Sólo quiero dejar claro que… que puedes decir que no.
    —Ya lo sé.
    —Sí, claro —Manuel se aclaró la garganta, nervioso.
    —Supongo que nos dejamos llevar… pero no volverá a pasar.
    —Sí, bueno —suspiró él—. En fin, me voy. Tengo una vista dentro de una hora. Te llamaré por la tarde.
    —No tienes que molestarte.
    —No es molestia —dijo Manuel, levantando su barbilla con un dedo—. ¿De acuerdo?
    —De acuerdo.
    —Muy bien. Cuida del niño mientras yo no estoy.
    Lucero intentó sonreír, pero le resultaba imposible.
    —Lo haré.

    Ir a trabajar esa mañana le resultó agotador. El calor del mes de enero y el atasco eran insoportables y cuando llegó a su despacho tenía la blusa completamente empapada de sudor.
    Por primera vez, se percató de lo vieja y destartalada que era su oficina…
    A media mañana, no podía dejar de pensar en un despacho con vistas al mar y por la tarde soñaba con tener aire acondicionado y una secretaria que supiera usar un ordenador.
    Cuando por fin llegaron las seis, estaba medio dormida sobre su escritorio.
    Lucero se levantó, estirándose… y tuvo que llevarse una mano al abdomen al sentir un horrible pinchazo. En ese momento sonó el teléfono.
    —¿Sí? —contestó, casi sin voz.
    —Lucero, soy yo —dijo Manuel.
    —Sí…
    —¿Qué te pasa?
    —Nada… es que hace mucho calor.
    —Cuarenta grados a la sombra. ¿Qué tal por ahí?
    —Bien.
    —¿A qué hora llegarás a casa?
    A casa.
    Qué normal sonaba eso.
    —Si todo va bien, dentro de una hora —contestó.
    —¿Qué te pasa? Suenas rara. ¿Estás bien?
    —Sí… estoy bien.
    —¿Un día duro en la oficina?
    —Como siempre.
    —¿Por qué no me esperas ahí? Iré a buscarte. Mi coche tiene aire acondicionado.
    —Me voy ahora mismo, así que no te molestes.
    —No es molestia.
    —Déjalo, el viaje me relajará.
    —Si el tráfico de Sidney te parece relajante estás para que te aten —intentó bromear Manuel—. Conduce con cuidado. El niño que llevas a bordo es mío.
    —¿Cómo voy a olvidarlo? —murmuró Lucero, irónica.


    Manuel se quedó mirando el auricular, preguntándose si debía insistir. Sonaba rara, como si le faltara el aliento.
    Pero Elaine entró en su despacho en ese momento.
    —Aquí está el informe del caso Dangar. Pero no le hará gracia que se lo des a Michael. Quiere que lo lleves tú personalmente.
    Manuel dejó escapar un suspiro.
    —Lo llamaré mañana, a ver si puedo tranquilizarlo.
    Elaine se cruzó de brazos.
    —¿Estás diciéndome que no vas a representarlo?
    —No es asunto tuyo.
    —A ver si lo adivino… —los ojos azules de Elaine brillaban, malévolos.
    —Si insistes…
    —Como nunca antes te he visto pasarle un caso a nadie, supongo que es porque no quieres discutir con cierta persona.
    —Sigue.
    —¿Esa persona es tu ex mujer?
    —¿Por qué no te vas a casa y le preparas las zapatillas a tu marido, como toda buena esposa debería estar haciendo a estas horas?
    Elaine soltó una carcajada.
    —¿Eso es lo que esperas que haga Lucero ahora que ha vuelto contigo?
    —Me temo que Lucero haría algo muy diferente con mis zapatillas. No creo que las pusiera donde yo quiero.
    —Es muy simpática —dijo su secretaria—. No entiendo cómo se enamoró de ti.
    —¿Qué quieres decir con eso?
    Elaine cambió el peso del cuerpo al otro pie.
    —Sigues enamorado de ella, ¿verdad?
    Manuel apartó la mirada.
    —Te pago para que organices mi vida pública, no para que te metas en mi vida privada.
    —No puedo organizar tu vida pública si tu vida privada es un desastre.
    —Mi vida privada no es un desastre.
    —¿Ah, no? —sonrió Elaine.
    Pero antes de que Manuel pudiera contestar, salió del despacho, dejándolo con una negativa en los labios.


    Lucero decidió en el último minuto pasar por la consulta del ginecólogo porque, aunque el dolor había desaparecido, estaba preocupada.
    El doctor Green fue consolador, pero realista.
    —Lucero, un embarazo no va siempre como uno querría. Tienes buena salud, pero trabajas demasiadas horas, deberías descansar un poco más. Tienes la tensión alta y eso no es bueno para el niño. ¿Has pensado tomarte unas vacaciones? Un par de semanas sería estupendo.
    —No sé…
    —¿Y tu vida personal? Sé que la relación con el padre del niño es… complicada. ¿Has llegado a un acuerdo con él?
    —Algo así —contestó Lucero, preguntándose qué diría el médico si le contara el ultimátum de su ex marido.
    Un ultimátum al que ella se había agarrado como a un salvavidas.
    —Bueno, pues mi consejo es que te tomes un par de semanas libres. Ven a verme después y, si tu salud no ha mejorado, podrías considerar trabajar a tiempo parcial hasta que nazca el niño.
    Lucero salió de la consulta preguntándose cómo se había complicado tanto su vida en tan poco tiempo. Cuatro meses antes era una mujer soltera, una abogada dedicada por entero a su trabajo. Volver a ver a Manuel lo había cambiado todo… lo había puesto todo patas arriba, más bien.
    Sus aspiraciones profesionales habían quedado atrás para dejar sitio al niño. Su hijo, que era lo único importante en aquel momento.



    Última edición por CarmenGabriella el Mar Abr 24, 2012 12:07 am, editado 1 vez
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Miche el Lun Abr 23, 2012 11:43 pm

    OMG!!! Surprised
    Amo como se tratan pq a pesar de eso se aman *-* Shocked
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Mar Abr 24, 2012 12:05 am

    HEY! Perdonenme esta. Pensé que todo el cap estaba adaptado, pero me pelé un parrafo :S
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Camilaaa el Mar Abr 24, 2012 8:36 am

    Me encantaaaaaa esto<3 Son divis ñlkjhgfds.
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Mar Abr 24, 2012 10:50 pm

    Capítulo 15


    Manuel paseaba por el salón, con el cuello tenso de tanto mirar el reloj. ¿Dónde estaba?
    La había llamado al móvil, pero estaba apagado. ¿Y si había tenido un accidente? Quizá estaba sangrando en alguna parte, sola…
    La idea era tan insoportable que tuvo que pasarse una mano por la cara, como para borrar esa torturadora imagen.
    Entonces se abrió la puerta y, sin pensar, se lanzó al pasillo como una fiera.
    —¿Dónde demonios has estado?
    Lucero se echó hacia atrás, asustada.
    —¿Se puede saber qué te pasa?
    —Estaba preocupado. Perdona, no quería gritarte.
    —Es que pasé por la consulta del ginecólogo.
    —¿Por qué? ¿Te ha pasado algo?
    —Me ha dado un dolor en la oficina…
    —¿Dónde?
    —Aquí —contestó ella, señalándose el abdomen.
    —¿El niño? —preguntó Manuel.
    —El niño está bien —le aseguró Lucero—. Pero tengo que tomarme las cosas con calma, según el doctor Green.
    —¿Por qué no te tumbas un rato? Yo te traeré la cena. El ama de llaves ha dejado algo en el horno, sólo tengo que calentarlo.
    —Por favor, no te molestes. Me voy a la cama.
    —Lucero, tienes que comer. Y si el médico ha dicho que tienes que tomártelo con calma, debes hacerle caso. Estás agotada y eso no es bueno para el niño.
    —Mira, esa charla ya me la ha dado el médico —replicó ella, irritada—. No necesito otra.
    —¿Qué ha dicho el doctor Green?
    Lucero dejó escapar un suspiro mientras se sentaba en el sofá.
    —Que tengo la tensión alta. Por eso se me hinchan los tobillos y me canso tanto.
    —¿Y eso es peligroso para el niño?
    —Si sigue así, podría serlo.
    —¿Qué vas a hacer? —preguntó Manuel.
    —No lo sé. Tengo muchísimo trabajo, no puedo hacerlo sólo por las mañanas.
    —¿Puedo ayudarte en algo?
    Lucero no pudo evitar una sonrisa.
    —No te imagino en mi destartalada oficina escuchando historias tristes. Será mejor que sigas con tus clientes de Armani, Manuel. En mi zona, la cosa es salvaje.
    —La ley es la ley aquí y en los suburbios —replicó él.
    —La única diferencia es que aquí la gente puede pagar por la justicia y en los suburbios no. Tú sirves a los ricos, Manuel, como hicieron tu abuelo y tu padre. Pero en los suburbios hay gente que necesita justicia tanto como los que tienen una buena cuenta corriente.
    —Así que tú has sacrificado tus aspiraciones profesionales para ayudarlos.
    —No ha sido de forma intencionada. Pero, en general, los abogados como tú miran por encima del hombro a la gente como yo, a los que intentamos hacer algo por los demás.
    —No necesariamente.
    —¿Ah, no? Pero tú piensas que he sacrificado mi carrera.
    —Lo que creo es que trabajas demasiado —suspiró Manuel—. Y ahora, sube a tu habitación. Te llevaré la cena dentro de un rato.


    Lucero estaba sentada en la cama, más fresca después de ducharse y sintiéndose un poco más humana, cuando Manuel entró con una bandeja.
    —A cenar —sonrió, sentándose al borde de la cama.
    —¿Vas a quedarte ahí?
    —Me gusta mirarte.
    —Ya me imagino por qué —murmuró ella.
    —Es muy divertido observar cómo tratas de desafiarme cuando, en el fondo, lo que quieres es rendirte.
    —Ah, claro, porque todas las mujeres necesitan un hombre que les diga lo que tienen que hacer, ¿no? —replicó Lucero, irónica.
    —No, no creo eso. Pero sé que a veces te peleas conmigo cuando el oponente real eres tú misma. ¿Por qué, Lu? No es ninguna vergüenza necesitar a alguien.
    —Yo no te necesito.
    —Los dos sabemos que no es verdad. ¿Por qué si no fuiste a contarme lo del niño?
    —Porque tenías derecho a saberlo…
    —Fuiste porque sabías que ibas a necesitar ayuda. Podrías haberte librado del niño sin decirme nada —replicó Manuel.
    —Ni siquiera se me ocurrió pensar en un aborto. Además, cuando me enteré ya estaba casi de tres meses.
    —Si lo hubieras sabido antes, ¿habrías abortado?
    —No —contestó ella.
    —No tenías que decírmelo —insistió Manuel—. Podrías haber fingido que el niño era de otro hombre, por ejemplo. ¿Por qué te pusiste en contacto conmigo?
    Lucero intentó cazar un trocito de zanahoria con el tenedor.
    —Ya te he dicho por qué.
    —¿Sabes lo que yo pienso?
    —No, pero seguro que tú vas a decírmelo.
    —Yo creo que, en el fondo, querías que yo te resolviera el problema. Aunque no quieres admitirlo, viniste a mí para que te ayudase con algo que es increíblemente importante, más que tú y yo.
    —No necesito que tú resuelvas nada, Manuel —replicó ella, dejando el tenedor sobre el plato.
    Manuel pinchó un trocito de carne y levantó el tenedor.
    —Abre la boca.
    Levantando los ojos al cielo, Lucero obedeció.
    —¿Lo ves? No ha sido tan difícil.
    —La verdad es que nunca había estado tan cansada. Debe ser el calor.
    —Antes te gustaba el verano —murmuró Manuel, ofreciéndole el vaso de zumo.
    —Ya, pero desde que estoy embarazada las cosas son diferentes.
    —¿Tienes antojos?
    «Sólo tú», pensó ella.
    —No.
    —Si te apetece algo especial, dímelo.
    —Estás siendo muy amable, Manuel.
    —Porque tengo interés en el asunto —sonrió él.
    —A muchos hombres les da miedo ser padres.
    —Pues a mí no. La idea de tener un hijo me parece un privilegio asombroso. Además, no estaba seguro de que eso fuera a pasarme.
    —Pero supongo que habrías vuelto a casarte…
    Manuel se encogió de hombros.
    —No pensaba cometer el mismo error dos veces.
    —Podrías haber tenido un hijo sin casarte —objetó Lucero.
    —Lo sé, pero ninguna de las mujeres con las que he salido parecía muy interesada en el asunto.
    —Tener un hijo es una decisión importante.
    —Y por mi culpa, tú no has podido tomarla.
    Lucero arrugó el ceño.
    —Fue culpa de los dos.
    —No, pero debería haber sido más responsable.
    —Y yo —suspiró ella—. Fue un error. Estábamos excitados por lo del ascensor. En cualquier otro momento, no habría pasado.
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Mar Abr 24, 2012 11:00 pm

    Capítulo 16


    —¿Tú crees?
    Lucero tragó saliva.
    —Estoy… segura.
    —Pues no pareces muy convencida.
    —No te puedes imaginar la vergüenza que me dio después —murmuró ella, apartando la mirada.
    —Yo tampoco estaba muy contento conmigo mismo —admitió Manuel—. Pero por diferentes razones.
    —¿Qué quieres decir?
    —Estaba enfadado conmigo mismo por no haber salido corriendo detrás de ti —contestó él, mirándola a los ojos—. Para decirte lo bien que lo había pasado en el ascensor.
    —¿Lo pasaste bien en el ascensor? —preguntó ella, incrédula.
    —Te tenía para mí solo después de cinco años. Me llevé una desilusión cuando nos rescataron.
    —No puedes decirlo en serio.
    —Pues lo digo en serio —sonrió Manuel—. Piénsalo, Lu. ¿Cuándo hemos hablado como lo hicimos en ese ascensor?
    Sí, habían hablado mucho, era verdad. Y habían discutido mucho también.
    —No recuerdo una sola vez en la que hubiéramos hablado de nuestros objetivos en la vida… o de lo que haríamos si aquél fuera nuestro último día en el planeta —siguió Manuel—. Siempre estábamos tan ocupados discutiendo sobre idioteces, como quién ganaba más dinero.
    —Esas también eran cosas importantes.
    —Sí, pero no tanto. ¿Qué más da quién gane más dinero? Deberíamos habernos sentido felices estando juntos, construyendo un futuro para nuestros hijos.
    —Entonces yo no quería tener hijos.
    —Pero yo esperaba que cambiases de opinión.
    Lucero dejó escapar un suspiro.
    —Cuando supe que estaba embarazada me puse furiosa —le confesó—. No podía creer que me hubiera pasado algo así. Pero luego empecé a pensar en el niño…
    —¿Y ahora?
    —Ahora tengo la impresión de que ha sido cosa del destino. Absurdo, ¿no?
    Manuel acarició su pelo.
    —A mí me parece muy lógico.
    —¿Por qué has hecho eso? —murmuró Lucero.
    —Me gusta tocarlo. Es muy suave…
    Ella volvió la cara para besar su mano.
    —¿Por qué has hecho eso?
    —Porque quería hacerlo.
    —¿Por qué?
    —Me gustan tus manos.
    Manuel sonrió.
    —Me parece que debería irme… antes de que mis manos empiecen a hacer cosas que no deberían hacer. Buenas noches, Lu —murmuró, inclinándose para darle un beso en los labios.
    —Buenas noches —dijo ella, con voz entrecortada—. Te quiero —añadió cuando se cerró la puerta.
    Luego se volvió y le dio un puñetazo a la almohada.
    —¡Maldita sea!


    Lucero llamó a su oficina por la mañana para decir que no iría a trabajar en dos semanas por orden del médico. Acababa de colgar cuando Manuel entró en la habitación con una bandeja en la mano.
    —¿No sabes que hay que llamar a la puerta?
    —Buenos días —sonrió él—. ¿Por qué te has despertado tan gruñona?
    —Por nada. Pero deberías llamar antes de entrar.
    —Pensaba enviar a la señora Fingleton, pero he pensado que preferirías verme a mí. En fin, veo que me he equivocado —murmuró Manuel, dejando la bandeja sobre la cama antes de dirigirse a la puerta.
    —¿Manuel?
    —Mira, Lucero, tengo una vista dentro de media hora —dijo él, con expresión aburrida—. Nos vemos por la tarde.
    La puerta se cerró de golpe, haciendo ondas en su taza de café. Lucero miró el alterado líquido, preguntándose si podría acostumbrarse a vivir sin su amor.

    Lucero bajó a la cocina y, después de presentarse a la señora Fingleton, decidió visitar a Eliza Dangar en Hunters Hill.
    Pero cuando llegó a la casa, se percató de que el antes inmaculado jardín estaba descuidado, las malas hierbas creciendo por todas partes. Llamó al timbre y al no recibir respuesta fue a la parte de atrás para comprobar si el coche de Eliza estaba en el garaje.
    Allí estaba, con las sillitas de los niños en el asiento trasero. Sorprendida, iba a marcharse cuando oyó el llanto de un niño en el interior de la casa.
    —¿Eliza? ¿Estás ahí?
    La puerta tardó mucho en abrirse y cuando lo hizo, Lucero estuvo a punto de caerse de espaldas. Su amiga Eliza, antes una mujer guapa y con un cuerpazo, estaba escuálida, demacrada, con el pelo sucio sujeto por un par de horquillas.
    —¡Eliza…! ¿Estás bien?
    —Claro que estoy bien —contestó ella, a la defensiva—. ¿Por qué no has llamado antes de venir? No estoy vestida para recibir a nadie.
    —Mujer, soy yo, no tienes que esconder la cesta de la ropa sucia —intentó bromear Lucero.
    Eliza la hizo pasar y Lucero se quedó perpleja al notar el mal olor. Olía a basura, a pañales sucios… ¿Qué estaba pasando allí?
    —¿Dónde están los niños?
    —Amelia está en la guardería y Brody debería estar durmiendo, pero es imposible.
    Cuando entraron en el salón, descuidado y sucio como el resto de la casa, Lucero tomó al lloroso niño en brazos.
    —¿Qué te pasa, chiquitín? —murmuró, sintiendo que la embargaba una ola de ternura. Brody no dejaba de llorar y le cantó una canción… una canción que recordaba de su infancia, algo que le cantaba su madre antes de que la depresión la hundiera en la miseria.
    El declive en la apariencia de su amiga era un triste recordatorio de su infancia. Y también su casa estaba sucia, descuidada…
    Cuando Brody se quedó dormido, Lucero lo dejó en su cunita y se volvió hacia Eliza, que estaba fumando un cigarrillo.
    —¿Cuándo has empezado a fumar?
    —¿Y tú cuándo has empezado a engordar? —replicó su amiga.
    Lucero decidió tomar al toro por los cuernos.
    —Estoy embarazada.
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Camilaaa el Miér Abr 25, 2012 5:55 pm

    —¿Tienes antojos?
    «Sólo tú», pensó ella.
    ñllkjhgfdsdfghjkl<3 Muriendo en 3, 2, 1...
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Miér Abr 25, 2012 7:48 pm

    Capitulo 17

    —¿Que estás embarazada? ¿Tú?
    Lucero asintió.
    —No me lo puedo creer… ¿quién es el padre?
    —Esto sí que no te lo vas a creer.
    —¿Quién?
    —Manuel.
    —Me estás tomando el pelo…
    —No, el padre es Manuel.
    —¡Ay, Dios mío!
    —Eso es exactamente lo que dijo él.
    —¿Y cómo ha pasado?
    —Pues… como suelen pasar estas cosas, me imagino.
    —Ya sabes a qué me refiero. Pensé que no habíais vuelto a veros después del divorcio.
    —No, pero nos vimos durante una conferencia… en fin, el caso es que pasó. No debería, pero…
    —Creí que lo odiabas a muerte —dijo Eliza, apagando el cigarrillo y encendiendo otro de inmediato.
    —Lo odiaba… o eso creía.
    —Sigues enamorada de él, ¿verdad?
    Lucero se dejó caer sobre un sillón.
    —El amor es una emoción que no se puede apagar y encender cuando uno quiere.
    —Dímelo a mí —murmuró Eliza.
    —¿Tú sigues enamorada de Aidan?
    Su amiga miró el cigarrillo, pensativa.
    —No tienes que decirme que ya no soy la mujer con la que se casó. Lo sé, y también sé que ha encontrado a otra.
    —¿Tiene una aventura?
    Eliza tiró el cigarrillo, con expresión amargada.
    —Es normal. No soy precisamente la esposa del año.
    —Estás agotada, mujer. Y yo te entiendo, con dos niños pequeños…
    Los ojos de su amiga se llenaron de lágrimas.
    —No puedo seguir así. No puedo…
    Lucero la abrazó, intentando consolarla.
    —Se te pasará, ya lo verás…
    Pero Eliza se apartó de golpe.
    —¿Cómo se me va a pasar? ¡Tú te acuestas con el enemigo!
    —Manuel no va a representar a Aidan.
    —¿No?
    —Hablé con él y… lo convencí para que le pasara el caso a un compañero más joven.
    —¿Hablaste con él o te acostaste con él?
    —Es más complicado que eso. Estamos viviendo juntos, pero… no tenemos relaciones. Es una especie de arreglo —contestó Lucero, sorprendida por la actitud de su amiga.
    —¿Y crees que eso va a durar? ¿Se te ha olvidado lo que sufriste hace cinco años? Manuel te rompió el corazón.
    —Puedo cuidar de mí misma, no te preocupes.
    —Sí, claro, yo decía lo mismo y mira lo que me ha pasado.
    —¿Qué te ha pasado, Eliza? —preguntó Lucero.
    —No lo sé… Yo era tan organizada, tan feliz, lo tenía todo tan controlado. Y entonces, poco a poco empecé a perder los nervios. Un día le di una bofetada a Amelia… y Brody me vuelve loca cuando llora —murmuró su amiga, enterrando la cara entre las manos—. No sé qué me pasa. No como, no puedo dormir… tengo ataques de pánico cuando voy al supermercado…
    —¿Has ido al médico?
    —No pienso ir a un psiquiatra.
    —Me refiero a tu médico de cabecera. Podrías tener una depresión post-parto o un desequilibrio hormonal…
    —Un diagnóstico no va a salvar mi matrimonio, Lu. Especialmente con Manuel defendiendo a Aidan.
    —Ya te he dicho que no va a defenderlo. Me lo ha prometido.
    —Y supongo que también te habrá prometido quedarse a tu lado cuando nazca el niño —replicó Eliza, irónica—. No seas tonta, Lu. Esta mañana me ha llamado Aidan para decir que Manuel va a conseguir que me quiten los niños.
    —¿Qué?
    Manuel le había mentido. Le había hecho creer que un compañero llevaría el caso, pero no tenía intención de hacerlo. Todo había sido una trampa, una trampa vergonzosa y despreciable para convencerla de que viviera con él.
    —Mira… vamos a limpiar un poco todo esto —dijo, para calmarse—. Luego pensaremos en algo.
    —¿Qué vamos a pensar? Ya no hay nada que hacer —suspiró su amiga, derrotada.
    Varias horas después, la casa de Eliza estaba como nueva y Lucero volvió a casa… a casa de Manuel, satisfecha. Además, había logrado que su amiga le prometiera ir al médico para hablarle de su depresión.
    Pero tenía que hablar con Manuel. Vaya si tenía que hablar con él.
    Cuando por fin llegó a casa, le estaba esperando en el salón.
    —¿Qué tal?
    —Bien, he tenido un día muy interesante.
    —¿Ah, sí?
    —Mucho —contestó Lucero.
    —Tengo la impresión de que hay algo que no me cuentas. ¿Por qué no me ahorras el esfuerzo de intentar adivinarlo?
    —No debería ser muy difícil. Después de todo, tú eres un abogado brillante, ¿no?
    —Mira, Lucerito, ha sido un día muy largo. ¿Por qué no cortas el rollo y dices lo que tengas que decir?
    —¡Me has mentido!
    —¿Yo? ¿En qué?
    —Dijiste que no ibas a defender a Aidan. Usaste esa promesa para convencerme de que viniera aquí.
    —Es costumbre hablar con el cliente antes de hacer ningún cambio…
    —Estás evadiendo la cuestión.
    —No estoy evadiendo nada. Aún no he hablado con Aidan, pero mi secretaria tenía que llamarlo para decir que el caso lo llevará uno de mis compañeros.
    —No te creo.
    —Eso es cosa tuya —suspiró él.
    —¿Cuál era el plan, Manuel? ¿Traerme a tu casa para ver si así podías meterte en mi cama otra vez? ¿Tú crees que cometería el mismo error dos veces?
    Manuel tuvo la poca vergüenza de sonreír.
    —Si quieres que te sea sincero, me parece que no me costaría mucho.
    —Inténtalo si te atreves —replicó ella, furiosa.
    —¿Eso es una invitación? Sé que prometí no tocarte, pero si has cambiado de opinión…
    —¡No te acerques a mí!
    —Eres la única persona capaz de decir una cosa con la boca mientras tus ojos comunican exactamente lo contrario —murmuró él acariciando su pelo—. Además, me miras con esos ojos…
    —¿Qué dices?
    —Me miras como invitándome, Lu. Y te tiemblan los labios, como si estuvieras llamando a los míos.
    —¡No digas tonterías! —exclamó ella.
    —Deja de luchar, cariño. ¿Para qué luchar contra lo inevitable?
    —Manuel… —Lucero no sabía qué iba a decir, pero su nombre escapó de sus labios sin que pudiera evitarlo—. Por favor…

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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

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