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    En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  IndiiCH el Miér Abr 18, 2012 10:55 pm

    sgysgsdgafgajdfadhadghhdghg Esos dos son unos duros y fríos, quiero contiiiiiiiii.
    Evil or Very Mad Evil or Very Mad
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Miér Abr 18, 2012 11:01 pm

    MilagrosLyM escribió:jaja el xavier me dejo con cara de wtf, sube otrooooooo no seas malaaaaaaa jajaja

    Jajaja perdón, no me di cuenta de que se me escapó ese nombre por adaptar.
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  MilagrosLyM el Miér Abr 18, 2012 11:06 pm

    CarmenGabriella escribió:
    MilagrosLyM escribió:jaja el xavier me dejo con cara de wtf, sube otrooooooo no seas malaaaaaaa jajaja

    Jajaja perdón, no me di cuenta de que se me escapó ese nombre por adaptar.

    jajaja ntp sbe otrooo cñ
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Miér Abr 18, 2012 11:22 pm

    Capitulo 5



    Cuando Manuel llegó al hospital al día siguiente se quedó sorprendido, y enfadado, al comprobar que su ex mujer se había marchado ya.
    —¿Dónde ha ido?
    —No tengo ni idea —contestó la enfermera—. Quizá no quiera que usted lo sepa.
    Manuel soltó una palabrota y la enfermera se cruzó de brazos, indignada.
    —Nos pidió expresamente que no le diéramos su dirección.
    —¿Ah, sí?
    —Pues sí —contestó ella, sin dejarse amedrentar—. Y, como usted sabe, los informes de los pacientes son confidenciales. A menos que sea usted un pariente muy cercano, no tiene derecho a saber nada sobre la señora Hogaza.
    —Muchas gracias por su ayuda, señorita —replicó él, sarcástico.
    —De nada, señor Mijares.
    —Ya.
    Manuel salió del hospital y, mientras iba al aparcamiento, sacó el móvil del bolsillo para llamar a su secretaria.
    —Elaine, consígueme la dirección de Lucero Hogaza. Haz lo que tengas que hacer para encontrarla.
    —¿Tú no la tienes?
    —¡Si la tuviera no te la pediría! —exclamó él, impaciente—. Es mi ex mujer. Lo último que quería después del divorcio era saber nada de ella.
    —¿Y para qué quieres ahora su dirección?
    Manuel se pasó una mano por el pelo. El universo entero estaba contra él.
    —Porque la necesito… y deja de hacer preguntas o tu paga de Navidad se verá considerablemente recortada.
    Elaine soltó una carcajada.
    —Te llamaré en diez minutos.
    —Que sean cinco o estás despedida.
    Su secretaria llamó en tres minutos y medio.
    —Lucero vive en Epping —le dijo, orgullosa, antes de darle la dirección—. Pero yo creo que deberías calmarte un poco antes de ir a verla.
    —Gracias por el consejo, pero ya sabes dónde puedes metértelo.
    —Sólo intento ayudar.
    —Ponte a escribir algo en el ordenador… ¿no te pago para eso? —exclamó Manuel. Por supuesto, antes de colgar pudo oír la risita irónica de Elaine—. Mujeres…
    Aunque sabía que tenía razón. Debía calmarse un poco antes de hablar con Lucero.
    ¿De verdad lo odiaba tanto?
    Sí, lo odiaba, aceptó, tragando saliva. ¿Por qué si no iba a desaparecer sin dejar una dirección?
    Cuando llegó al edificio de apartamentos esperó un poco para tranquilizarse. Luego pulsó el botón de su casa, pero no hubo respuesta. Volvió a apretarlo, dejando el dedo durante un buen rato…
    —¿Quién es? —oyó la irritada voz de Lucero.
    —Soy yo.
    Silencio.
    —Vete. No quiero verte.
    —Tenemos cosas que discutir y no podemos hacerlo a través de un portero automático. ¿Quieres que se entere todo el mundo?
    Lucero tardó tanto en contestar que Manuel pensó que lo había dejado en medio de la calle hablando solo. Estaba a punto de apretar el botón cuando ella dijo por fin:
    —Voy a bajar. Podemos hablar en el parque. Quiero que estemos en terreno neutral.
    —Muy bien, como quieras. Pero al menos deja que entre en el portal. Me siento como un idiota esperando en la calle.
    Lucero pulsó el botón que abría el portal y Manuel se colocó frente al ascensor, que estaba bajando en ese momento. Pero no era Lucero, sino una señora mayor con un carro de la compra que lo miró como si fuera un atracador.
    —¿Quién es usted? —le espetó—. ¿Y quién le ha abierto el portal?
    Manuel abrió la boca para contestar, pero Lucero lo hizo por él.
    —No se preocupe, señora Mickleton. Es mi… invitado.
    —¿Cómo has bajado? —exclamó Manuel—. ¿Hay otro ascensor?
    —He bajado por la escalera.
    —¿Diez pisos?
    —Te aseguro que bajar escaleras es mucho más fácil que subirlas.
    Él se quedó boquiabierto.
    —¿Subes andando diez pisos?
    —Antes no, pero desde que nos quedamos encerrados aquel día… además, tengo que hacer ejercicio.
    —¡Por Dios bendito, Lucero! No pensarás seguir haciendo eso, ¿no?
    —Pues sí.
    —Vamos al parque —dijo Manuel entonces, tomándola del brazo—. Esa señora me da escalofríos.
    —¡Le he oído, jovencito!
    —Y oirá muchas más cosas si se queda por aquí —murmuró él, abriendo el portal.
    —¿Por qué eres tan grosero?
    —¿Qué hacía esa señora cotilleando?
    —Es una anciana que vive sola… no tiene familia.
    —Mira, no estoy aquí para hablar de tus vecinos, estoy aquí para hablar de nosotros. Tenemos que resolver esta situación. Y si otra mujer, joven o vieja, vuelve a hacérmelo pasar mal hoy no respondo.
    —Ah, me alegra saber que no soy la única. ¿Quién se ha metido contigo?
    —La enfermera del hospital… o, más bien, el perro guardián del hospital. Qué carácter. Luego a mi secretaria se le olvidó que soy yo quien le paga ofreciéndome consejos sobre mi vida personal. Y ahora esa cotilla del ascensor…
    —Pobrecito, qué pena me das.
    —¿Por qué desapareciste sin dejar una dirección, Lucero?
    —Porque no me apetecía discutir —contestó ella—. Pensé que sería más fácil dejar que pasara el tiempo y tranquilizarnos un poco… ¿cómo me has encontrado, por cierto? Mi dirección no está en la guía.
    Manuel dejó escapar un largo e impaciente suspiro.
    —En algunas, raras, ocasiones, mi secretaria se gana el sueldo.
    Lucero tuvo que hacer un esfuerzo para no sonreír. Estaba empezando a pensar que Manuel había encontrado a la secretaria perfecta, alguien que le hacía frente en lugar de sentirse intimidada.
    —¿Desde cuándo vives aquí?
    —Compré el piso poco después del divorcio.
    —¿Y vives sola?
    —A veces.
    Manuel la miró, sorprendido.
    —¿Te refieres a una compañera de piso… o a un compañero?
    —¿Esto es un interrogatorio?
    Él se mantuvo en silencio hasta que estuvieron sentados en un banco del parque.
    —Lucero… —empezó a decir, tomando su mano—. Quiero que vengas a vivir conmigo.



    Y NO HAY MAS HASTA MAÑANA Cool
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  MilagrosLyM el Miér Abr 18, 2012 11:36 pm

    como la dejas assssssiiiiiiiiiii? te maaaaaatooooooooooo jaja creo que lo de vivir con el es broma ojala no Sad
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Miér Abr 18, 2012 11:41 pm

    MilagrosLyM escribió:como la dejas assssssiiiiiiiiiii? te maaaaaatooooooooooo jaja creo que lo de vivir con el es broma ojala no Sad


    MUAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA Twisted Evil Twisted Evil
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Camilaaa el Miér Abr 18, 2012 11:43 pm

    Me imagino que ya subís el cap. 6, nou? Claro, eso Wink
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Miér Abr 18, 2012 11:51 pm

    Camilaaa escribió:Me imagino que ya subís el cap. 6, nou? Claro, eso Wink

    Sigue imaginando, querida Cam Rolling Eyes JAJAJAJJAJA
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Camilaaa el Miér Abr 18, 2012 11:52 pm

    CarmenGabriella escribió:
    Camilaaa escribió:Me imagino que ya subís el cap. 6, nou? Claro, eso Wink

    Sigue imaginando, querida Cam Rolling Eyes JAJAJAJJAJA
    ¬¬'
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Miche el Jue Abr 19, 2012 12:10 am

    Como la dejas ahiiii? Sad
    Ya me enamore de la Wn, es lo máximo cheers

    Stephany c
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Stephany c el Jue Abr 19, 2012 12:19 am

    Carmenzota, esto está interesante. Chicas, por favor... nada de estarse calentando ni nada de eso. lol!
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Mceleste el Jue Abr 19, 2012 5:26 pm

    me leí toda la webnovela en un día, es B U E N I S I M A *-*
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Mceleste el Jue Abr 19, 2012 5:29 pm

    Stephany c escribió:Carmenzota, esto está interesante. Chicas, por favor... nada de estarse calentando ni nada de eso. lol!

    JAJAJAJAJA tienes razón eh. Wink
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Jue Abr 19, 2012 9:22 pm

    Mceleste escribió:
    Stephany c escribió:Carmenzota, esto está interesante. Chicas, por favor... nada de estarse calentando ni nada de eso. lol!

    JAJAJAJAJA tienes razón eh. Wink

    JAJAJAJ EXACTO, nada de calentaditas.
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Jue Abr 19, 2012 9:30 pm

    Capitulo 6


    —No —dijo ella, apartando la mano.
    —Muy bien, prometo no tocarte.
    —No te creo.
    Manuel tampoco lo creía. Se excitaba sólo con tenerla cerca. Tendría que ser muy fuerte porque Lucero exudaba una sensualidad irresistible. Al menos, siempre había sido irresistible para él.
    —¿Por qué no quieres? ¿Es una cosa general o por algo en concreto?
    —¿Cómo puedes preguntar eso? No estaríamos en esta situación si tus intenciones no hubieran sido bien concretas en el hotel.
    —Yo no quería hacer el amor aquel día…
    —¡Ja!
    —Te lo juro.
    —Ya, claro. Me temo que no pasaría la prueba del detector de mentiras, señor Mijares.
    —Sí, bueno… —Manuel tuvo que sonreír—. Debo confesar que cuando nos quedamos encerrados en ese ascensor… la verdad es que me pareció muy excitante.
    —Pues no lo demostraste.
    —No podía bajarme los pantalones con una cámara de seguridad grabándolo todo.
    Lucero arrugó el ceño. No se le había ocurrido pensar en la cámara de seguridad. Estaba demasiado ocupada intentando controlar la atracción que sentía por su ex marido.
    —Si no hubiera sido por esa cámara habría sugerido que lo hiciéramos allí mismo. Claro que podríamos haber acabado cayendo al sótano de golpe… Aunque ahora que lo pienso, no sería mala forma de morir.
    Lucero cruzó las piernas primorosamente para disimular que aquella conversación la estaba poniendo nerviosa.
    —Así que esperaste hasta que estuvimos a solas, ¿no? Qué considerado.
    —Mira, te aseguro que no volverá a ocurrir. Sé que no me crees, pero a partir de ahora no te tocaré un pelo.
    —Tú no sabes estar con una mujer sin tocarla.
    —No he tocado a la señora del ascensor, ¿no? Y a mi secretaria tampoco.
    —Entonces, sólo quedo yo.
    —Puedo ser casto.
    —Eso es como pedirle a un león que sea vegetariano.
    —Venga, Lucero, por favor. No quiero perderme esto… el embarazo. Es mi hijo, ¿no? Quiero vivirlo, quiero ver cómo cambia tu cuerpo. No me dejes fuera.
    Lucero se mordió los labios, insegura.
    Se perdería muchas cosas si no la veía durante meses. Y, después de todo, él era el padre del niño. Debía tener algún derecho… aunque a ella no le hiciera ninguna gracia. En su trabajo como abogada en los barrios más pobres de Sidney, había lidiado con muchos padres que sólo podían ver a sus hijos una vez al mes y sabía cómo sufrían por ello.
    Además, esos desmayos la habían asustado. Ella no se había desmayado en toda su vida. ¿Y si se caía por la escalera? Ya era un esfuerzo terrible… ¿cómo sería cuando estuviera de ocho meses?
    Sabía que debería subir en el ascensor, pero… después de la experiencia del hotel le resultaba imposible.
    —¿Puedo pensármelo? —preguntó.
    —Te doy una semana.
    —Dos.
    —Diez días.
    Ella dejó escapar un suspiro.
    —Muy bien, diez días. Entonces te daré mi respuesta.
    Manuel pareció satisfecho con el acuerdo y, después de unos minutos de conversación, volvieron hacia el portal.
    —Te acompaño arriba.
    —No, gracias. Además, yo subo por la escalera.
    —¿Qué? ¿Y si te mareas? ¿Y si te caes?
    —No voy a…
    —Muy bien, si te pones así de cabezota, te subiré en brazos.
    —¿Qué? Tú estás loco… Muy bien, subiré en el ascensor —suspiró Lucero—. Hala, ya puedes irte.
    —En cuanto me dé la vuelta subirás por las escaleras, te conozco. No, creo que esperaré hasta que se cierren las puertas —replicó Manuel, cruzándose de brazos.
    —Eres un hombre muy, pero que muy fastidioso —dijo ella entonces—. ¿Te lo había dicho alguna vez?
    —Unas cien mil veces… una vez al día durante los tres años de matrimonio.
    —Vuelve a tu cueva, aquí no hay sitio para ti —replicó Lucero, pulsando el botón de su planta.
    Cuando las puertas se cerraron, Manuel estaba sonriendo, pero ella tardó nueve plantas y media en tranquilizarse.
    Y entonces se dio cuenta de lo que había hecho. Manuel Mijares, su ex marido, había conseguido que volviera a subir en un ascensor. No había pensado en su miedo en absoluto…
    Sólo había pensado en él.

    Manuel miró la tarjeta que su secretaria le había llevado con el correo.
    —¿Qué es esto?
    —Una cita para la consulta del ginecólogo. Tu ex mujer la ha enviado, por si acaso querías ir con ella. Tiene que hacerse una ecografía.
    —¿Y cómo sabes tú todo eso? —exclamó Manuel.
    Elaine señaló las orejas de un osito de peluche que sobresalían de una bolsa.
    —Pistas, señor Mijares —contestó, imitando su voz—. Pistas que son pertinentes para el caso.
    —Ya veo que no tienes suficiente trabajo —murmuró él, irritado.
    —¿De cuántos meses está?
    —De cuatro.
    —Ah, entonces nacerá en invierno.
    —No sé cuándo es la fecha del parto —confesó él, golpeando su cuaderno con el bolígrafo—. En junio, me imagino.
    —Entonces, la conferencia que, según tú, fue una completa pérdida de tiempo, no lo fue después de todo, ¿eh? —sonrió Elaine.
    Manuel la fulminó con la mirada, pero ella soltó una risita.
    —No te preocupes, yo creo que serás un padre estupendo.
    —Pues no lo hice tan bien como marido. A saber qué clase de padre podría ser yo.
    —¿Es pertinente preguntar qué falló en tu matrimonio?
    Manuel se levantó, fulminándola de nuevo con la mirada.
    —No, no es pertinente.
    —¿Se lo has dicho a tu familia?
    —No, estoy intentando reunir valor.
    —Buena suerte.
    —Sí —murmuró él, pasándose una mano por el pelo—. Suerte es justo lo que necesito.


    Última edición por CarmenGabriella el Jue Abr 19, 2012 10:11 pm, editado 1 vez
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  IndiiCH el Jue Abr 19, 2012 10:01 pm

    sdadhagafhgahff cap.7 por fa (:
    AMO como se tratan JAJAJAJA.
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Jue Abr 19, 2012 10:09 pm

    Capitulo 7



    Lucero bajó la revista al ver que Manuel entraba en la sala de espera.
    —Hola. ¿Cómo estás?
    —Bien —contestó ella, intentando no mirarlo. Pero era difícil porque parecía ocupar toda la sala. Sentado a su lado, con las piernas estiradas…
    Lucero no pudo evitar recordar esas piernas entre las suyas, su duro cuerpo masculino explotando en el fiero momento en el que los dos perdieron el control…
    El problema era que ella no tenía control cuando estaba con su ex marido.
    Manuel había sido su primer y único amante. La llevó a la cama en la segunda cita sin que ella protestara, a pesar de todo lo que su madre le había enseñado sobre los hombres.
    Se había enamorado de Manuel en cuanto lo conoció, en la boda de su amiga Eliza. Él era el padrino, ella una de las damas de honor… y desde el primer momento hubo chispas entre los dos.
    Sus ojos marrones la habían desnudado en la iglesia y Lucero sintió un escalofrío recorriendo su espalda. Cuando Manuel la besó, en el aparcamiento del hotel, esa misma tarde, sus sentidos se vieron desbordados. Nada en su limitada experiencia la había preparado para algo como aquello. No estaba preparada para sentir aquellas manos deslizándose por su espalda, ni para sentir su erección bajo los pantalones…
    —Gracias por pedirme que viniera —dijo Manuel.
    —Sí… bueno, gracias por venir.
    Con el rabillo del ojo vio que él miraba el reloj y luego tomaba una revista de la mesa.
    —Siento haber llegado un poco tarde. Tenía una reunión con un cliente y se alargó más de lo que esperaba.
    —¿Un caso difícil?
    —Niños pequeños y un par de propiedades. No va a ser fácil.
    —¿A quién representas, a la esposa o al marido?
    —Al marido —contestó Manuel, después de vacilar un momento.
    —Seguro que harás lo que sea mejor para todos —murmuró ella, irónica.
    Y a Manuel lo molestó ese tono. Que siguiera tan enfadada con él después de tantos años le dolía.
    —Siempre intento ser justo.
    Lucero cerró la revista y se volvió para mirarlo.
    —¿Serías tan justo si representaras a la mujer?
    —Si la mujer fuera justa en sus demandas, sí. A veces las mujeres pueden ser brutales en un caso de divorcio. Sobre todo, cuando hay niños de por medio.
    Lucero no tuvo tiempo de contestar porque la enfermera la llamó en ese momento.
    —¿Lucero Hogaza?
    Ella se levantó, preguntándose cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se vio a sí misma como la sofisticada Lucero Hogaza.
    ¿Habría dejado de existir?
    ¿Habría vuelto a ser Lucerito?
    La Lucerito que amaba a Xavier con toda su alma…
    La Lucerito que había sufrido tanto durante el divorcio y que aún no se había recuperado…
    El médico les explicó el procedimiento antes de poner el gel conductor sobre su abdomen.
    —¿Quieren saber el sexo del bebé? —preguntó el doctor Green, moviendo el aparato arriba y abajo.
    —Sí.
    —No.
    Manuel la miró.
    —Muy bien… no.
    —No hay seguridad total en este período del embarazo. Además, si les gustan las sorpresas, lo mejor es esperar hasta el parto.
    Luego siguió moviendo el aparato y les mostró la cabeza del feto, la espina dorsal, que empezaba a desarrollarse, las manitas, los pies…
    —Todo va como es debido —sonrió el doctor Green—. ¿Está tomando calcio?
    —Calcio, hierro, vitaminas…
    —¿Ha vuelto a desmayarse?
    —No.
    —Estupendo —murmuró el ginecólogo, pulsando un botón para sacar una copia de la ecografía—. Tiene que volver en dos semanas, pero mientras tanto cuídese. La enfermera le dará cita para la próxima vez e información sobre unas clases de preparación al parto, por si está interesada.
    Mientras Lucero recibía la tarjeta para la próxima cita, Manuel se encontró a sí mismo mirando la ecografía. No podía creerlo. Aquél era su hijo. El niño que había deseado cinco años antes para reparar su destrozado matrimonio…
    Qué ironía que hubiera sido concebido cuando su matrimonio ya estaba roto. Le emocionaba la idea de abrazar al niño, de verlo nacer, acompañarlo en su primer día de colegio…
    Pero controló esos pensamientos al recordar el estado de su relación con Lucero.
    Aquello seguía siendo una zona de guerra y, por el momento, no parecía posible levantar la bandera blanca. Pero quizá si lo intentaba de verdad, si hacía un esfuerzo…
    Tenía que hacerlo. Tenía que convencerla.
    Lucero guardó la tarjeta en el bolso y salió con Manuel de la consulta.
    —¿Podemos cenar juntos esta noche?
    —No —contestó ella.
    —¿Por qué no?
    —Porque no. Me he tomado la mañana libre y tengo mucho trabajo.
    —Llama y di que estás enferma.
    —Es que no estoy enferma.
    —Pues fíngelo, por mí.
    —No creo que a mis clientes les hiciera ninguna gracia. Tengo un montón de citas esta tarde, lo siento.
    —Porque aunque estás esperando un hijo mío, no quieres saber nada de mí, ¿es eso? —preguntó Manuel.
    —Exactamente, señor Mijares.
    —No pienso aceptar un no como respuesta. Creo que me conoces lo suficiente como para saber que es verdad.
    Lucero no se molestó en contestar y Manuel dio un paso atrás cuando ella entró en el coche y cerró de un portazo. Luego la vio alejarse calle abajo. Estuvo a punto de seguirla, pero sabía que, si lo hacía, era capaz de demandarlo por acoso.
    No estaba acostumbrado a perder el control, ni a dejar que fuera otra persona quien tomara las decisiones… Incluso durante la ruptura, él siempre había llevado la iniciativa… aunque su conciencia lo molestó durante meses por cómo lo había llevado todo.
    Su reputación de abogado implacable había manchado también su vida personal y todos pensaban que era un hombre cínico y frío, cuando, en realidad, era todo lo contrario.
    Seguía sintiendo algo por Lucero, pero no sabía lo que era. Durante años había intentando aplastar esos sentimientos. La deseaba, pero muchos ex maridos seguían viendo a sus mujeres como una posesión, incluso después de un amargo divorcio.
    ¿Era él así? ¿Incapaz de hacer las paces, de olvidar? ¿Incapaz de darle la misma libertad a la que él se creía con derecho?
    Había tenido varias amantes en los últimos cinco años, nada serio, pero la idea de que Lucero estuviera con otro hombre… Manuel tuvo que apretar los puños ante la oleada de celos que lo invadió de repente.
    No podía soportar la idea de que ella estuviera con otro hombre. Sentía náuseas al imaginarla abrazando a otro, besando a otro, haciendo el amor con otro hombre que no fuera él.
    La quería a su lado.
    Así de sencillo.
    Quería que volviera con él.
    Como fuera… aunque tuviera que urdir un plan, cualquier tipo de plan, para conseguirlo.
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Jue Abr 19, 2012 10:16 pm

    Y por ser el día de las lucerinas, ahí va otro Razz

    Capitulo 8



    El último cliente de Lucero acababa de salir de su despacho cuando su secretaria le pasó una llamada. Era una antigua amiga, Elizabeth Dangar.
    —Eliza… —Lucero buscó una explicación para no haberla llamado en tanto tiempo. Había querido hacerlo, pero la relación de Aidan, su marido, con Manuel, se lo impidió—. Quería llamarte, pero he estado liadísima y…
    —Lu… —al otro lado del hilo oyó un sollozo—. Tengo que hablar contigo. ¿Estás sola?
    —Sí, sí. ¿Qué ocurre? ¿Los niños están bien?
    —Aidan quiere el divorcio.
    Lucero estuvo a punto de soltar el teléfono. Elizabeth y Aidan Dangar eran posiblemente la pareja más estable de su entorno. Su amor parecía tan genuino, tan auténtico…
    ¿Pero no lo había sido el suyo por Manuel?
    —No sé qué decir… ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a pedir la custodia de Amelia y Brody?
    —No tengo ninguna posibilidad —sollozó Eliza.
    —¿Por qué no? Ningún juez le daría la custodia a tu marido. Los niños son muy pequeños.
    —¿Seguro? ¿Y si quien lleva el caso es tu ex marido? Es un abogado implacable, él podría conseguirlo.
    —¿Manuel representa a Aidan? —preguntó Lucero.
    —Por supuesto. Fueron juntos a la universidad y todo eso. Además, Manuel disfrutará destrozándome la vida… porque sabe que tú y yo somos amigas.
    Aunque Lucero no quería admitirlo, su amiga seguramente tenía razón.
    —No sabes cómo lo siento.
    —Tienes que hablar con él, Lu. Tienes que convencerlo para que no lo haga.
    —¿Con quién quieres que hable, con Aidan?
    —No, con Manuel. Sé que hace años que no lo ves, pero por favor habla con él. Convéncelo para que no acepte el caso.
    Lucero se preguntó qué diría su amiga si supiera la verdad.
    —Tú eres mi única esperanza —siguió Eliza—. No tengo dinero para pagar a un buen abogado…
    —Yo podría representarte —sugirió Lucero—. No te cobraría nada, por supuesto.
    —¿Lo harías? ¿Te enfrentarías al abogado más duro de Sidney?
    —¿Por qué no?
    —¡Pero estuvisteis casados durante tres años!
    —¿Y eso qué tiene que ver? Yo también soy abogado.
    —No te ofendas, Lu, pero te comería viva. No puedo dejar que lo hagas. Después del divorcio lo pasaste fatal. ¿Puedes imaginar lo que pasaría si tuvieras que enfrentarte con él en un tribunal?
    Lucero sabía que no era el momento de contarle la verdad, pero tendría que hacerlo tarde o temprano. El embarazo empezaba a notarse y si tenían que verse…
    —Mira, hablaré con Manuel.
    —¿De verdad?
    —Intentaré convencerlo para que no represente a Aidan. ¿Quién sabe? Quizá consiga convencerlo para que le pase el caso a algunos de sus socios más jóvenes. Y, mientras tanto, tú podrías ir a un consejero matrimonial…
    —No, Aidan no quiere saber nada.
    —Entonces, podrías hacer terapia. A veces es muy beneficioso tener a alguien con quien hablar…
    —¿Por qué dices eso? ¿Qué crees, que estoy loca? —exclamó su amiga.
    —No, no, claro que no. Pero es una ayuda y…
    —Tú fuiste a uno y no te sirvió de nada.
    —No, es verdad. Mi matrimonio con Manuel estaba roto… En fin, déjalo. Intentaré encontrar un abogado que te represente. Alguien que esté especializado en derecho de familia, pero no cobre los honorarios que cobra el señor Mijares.
    —Eres un ángel, Lu. Sabía que tú me ayudarías.
    —Por supuesto…
    Al fondo empezó a oír el llanto de un niño.
    —Tengo que colgar. Llámame en cuanto sepas algo, por favor.
    —Sí, sí. Y no te preocupes. Iré a verte en cuanto pueda.
    —Gracias —se despidió Eliza—. Y buena suerte.
    —Sí, desde luego —murmuró Lucero mientras colgaba—. Me va a hacer falta.
    Luego se quedó pensando… y antes de que pudiera cambiar de opinión marcó el número del despacho de Manuel.
    Y contestó él mismo.

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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  IndiiCH el Jue Abr 19, 2012 10:47 pm

    ghjnghhdfdfghfghgffsdg quiero maaajjj Carmeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen.!
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  MilagrosLyM el Jue Abr 19, 2012 11:01 pm

    como lo dejas asiii noooooooooooooooooooooo Sad
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Camilaaa el Jue Abr 19, 2012 11:07 pm

    Otro, otro, otro \O/ Sé que no queres dejarnos así, daleeeeee. Tenes las re ganas de subir otro. jajajajaja
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Miche el Jue Abr 19, 2012 11:15 pm

    hahahahahaha! Quiero otro capp Laughing
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Jue Abr 19, 2012 11:27 pm

    Que golosas que son toditas jajaja les subí 3, que mas quieren? ¿Que les suba la novela completa? Jajajajaja
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  Mceleste el Vie Abr 20, 2012 11:25 am

    aahaha sube el otro :c
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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

    Mensaje  CarmenGabriella el Vie Abr 20, 2012 3:30 pm

    Capitulo 9



    —¿Has despedido a tu secretaria?
    —Estoy pensándomelo, pero no… aún no la he despedido. Son casi las siete y media y Elaine no hace horas extra. ¿Qué querías? ¿Has cambiado de opinión sobre la cena?
    —Pues sí, mira.
    —¿Y eso?
    —Se me ha abierto el apetito.
    —Pues debes estar muy hambrienta para haber cambiado de opinión.
    —No te lo puedes imaginar —replicó ella, irónica.
    —Estupendo. Iré a buscarte en media hora… si no pillo ningún atasco, claro.
    —Aún no estoy en casa.
    —¿Quieres que vaya a buscarte a la oficina?
    —No, tengo que ir a cambiarme. Nos vemos en mi casa dentro de una hora.
    —Esperaré fuera. No quiero encontrarme con la bruja del otro día.
    —No me digas que te dan miedo las ancianitas indefensas.
    —No, las que me dan miedo son las jóvenes, guapas y embarazadas. Nos vemos en cuarenta y cinco minutos.
    —Una hora.
    —Cincuenta minutos y el reloj está en marcha —replicó Manuel que, después de colgar el teléfono, se levantó haciendo un gesto de victoria—. ¡Sí!


    Lucero acababa de ponerse un vestido cuando sonó el portero automático anunciando la llegada de Manuel.
    Intentaba controlar los nervios mientras se ponía un poco de brillo en los labios, pero le temblaban las manos. ¿Por qué? ¿Por qué estaba temblando?, se preguntó.
    Después de mirarse al espejo por última vez, se dirigió a la escalera, respirando profundamente.
    Él estaba en la acera, con un pantalón gris oscuro y una camisa blanca, tan alto, tan guapo como siempre. Y Lucero se puso tan nerviosa como siempre.
    Se preguntó entonces si dejaría de afectarla algún día, si algún día podría verlo como a cualquier otro hombre.
    —¿Sigues bajando por la escalera?
    —Así me ahorro una fortuna en gimnasios —contestó ella.
    —Lo que estás haciendo es arriesgar la salud de tu hijo.
    Lucero arrugó el ceño.
    —De eso nada. El ejercicio es muy bueno para las mujeres embarazadas. Ayuda a controlar el peso y te da fuerzas para el momento del parto.
    —¿Y por qué no vas a nadar?
    Ella levantó los ojos al cielo.
    —Mira, Manuel, trabajo doce horas al día. ¿De dónde quieres que saque el tiempo?
    —Yo tengo piscina en casa.
    Lucero apartó la mirada. Porque recordaba bien esa piscina… que casi hervía con la pasión de sus encuentros.
    —¿Qué clase de comida te apetece?
    —No sé… elige tú.
    Manuel la miró, sorprendido.
    —¿Que elija yo? Me das miedo. Ese cambio de actitud tan repentino…
    —Me da igual dónde vayamos. Tengo hambre.
    —A ver, dímelo. ¿Qué pasa?
    —Nada.
    —Te pasa algo.
    —Tengo hambre y quiero cenar. Además, si no recuerdo mal, fuiste tú el que sugirió que cenáramos juntos.
    Manuel le abrió la puerta del coche.
    —Ya. ¿Has pensado en mi oferta?
    —Aún tengo cuatro días para decidir.
    —Lo sé, pero me gustaría saber cómo va el asunto.
    —¿No podemos hablarlo en otro momento?
    —¿Por qué no ahora?
    —Porque no quiero discutir mientras conduces.
    —O sea, que la respuesta es no.
    —¿Qué esperas que haga? —suspiró Lucero—. ¿Que meta todas mis cosas en el coche y me mude a tu casa?
    —En cierto momento de tu vida, eso es justo lo que habrías hecho.
    —Eso fue hace mucho tiempo, Manuel. Y ya no soy una cría ingenua. Hay muchas cosas que no haría si pudiera volver atrás.
    —¿Por qué no lo dices claramente? Lamentas haberte casado conmigo.
    —No fue exactamente un lecho de rosas, no —suspiró ella.
    —Yo estaba empezando mi carrera… ya sabes lo difícil que es eso. Hice lo que pude, Lucero, pero enseguida me di cuenta de que nunca podría estar a la altura de tus expectativas.
    —¿Mis expectativas? Eras tú el que tenía una lista de lo que querías y no querías en una esposa —exclamó Lucero—. No querías una mujer con una carrera, ni con ambiciones, ni con cerebro…
    —Eso no es verdad y tú lo sabes. No me importaba en absoluto que trabajases y…
    —Tú no tienes ni idea de lo que hay que sufrir para salir adelante cuando no tienes a nadie que te apoye —lo interrumpió ella—. Tú heredaste el despacho de tu padre, por Dios bendito. ¿Eso era tan difícil?
    —¡Pero tuve que pasar una entrevista junto con un montón de candidatos!
    —¿Alguno de ellos era una mujer?
    Manuel suspiró.
    —No, creo que no.
    —Pues claro que no. El bufete Mijares&Mijares es conocido por su misoginia. Ninguna mujer habría solicitado el puesto. Los que están arriba no tienen el menor interés en mirar hacia abajo.
    —No creo que sea culpa mía que todos los colegas de mi padre sean hombres. Mi abuelo abrió ese bufete y mi padre y yo sencillamente hemos seguido sus pasos.
    —¡Pues eso! No te das cuenta de que ocupas una posición de privilegio porque nunca has tenido que luchar para que te tratasen de forma justa.
    —¿Podemos cambiar de tema, por favor? —suspiró él—. No quiero tener otra de tus discusiones feministas en las que, como siempre, acabo cruzando las piernas por si acaso tienes la tentación de sacar las tijeras.
    —Qué tonterías dices. No puedo creer que un hombre con tres hermanas pueda ser tan machista.
    —Mira, Lucero, a mí me encantan las mujeres. No tengo nada en contra de que reciban el mismo salario y tengan las mismas oportunidades. Pero las mujeres tienen hijos y el período en el que tenerlos es ideal para una mujer coincide con el período ideal para concentrarse en la vida profesional. Es así. La mayoría de las mujeres tienen que elegir entre su carrera y una vida familiar, es casi imposible tener ambas cosas.
    —Porque los hombres se niegan a cambiar. Recientemente, he leído un estudio que hablaba de la contribución masculina en el hogar. Cero, por supuesto. La mujer sigue teniendo que trabajar fuera y dentro de casa…
    —Que sí, que sí —la interrumpió Manuel—. Estoy de acuerdo, tienes razón. Sé que la mayoría de los hombres no hacen nada en casa.
    —Alguien como tú es posible que no lo sepa, pero millones de mujeres tienen que trabajar todos los días y cuidar de su familia a la vez. No tienen tiempo para nada más ni, por supuesto, dinero para pagar niñeras, jardineros y cocineros. Estoy hablando del mundo real, Manuel. Y no siempre es bonito.
    —Hablas como si yo viviera en un mundo aparte…
    —Porque es así. No conoces la realidad porque has vivido en un mundo de riqueza y privilegios. Tu madre nunca tuvo que trabajar fuera de casa y en casa tenía gente que lo hacía por ella.
    —¿Y tus padres? Nunca me has hablado mucho de ellos. ¿Tu madre trabajaba?
    —Sabes que no me gusta tocar ese tema.
    Manuel arrugó el ceño mientras buscaba un sitio para aparcar.
    —Pues yo creo que ahí reside el problema.
    Lucero no se molestó en contestar. Salió del coche y se dirigió a la acera sin esperarlo.
    —¿Podemos cambiar de tema? —preguntó él entonces, tomándola del brazo.
    —Discutir contigo es agotador.
    —Es que has perdido práctica. Pero pronto te acostumbrarás, estoy seguro.

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    Re: En La Cama de Su Ex Marido [Adaptada] ~ EPÍLOGO [Terminada]

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